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Ricardo lll (William Shakespeare) por el Teatro Atalaya.

Teatro Barakaldo.- Compañía Teatro Atalaya.

Lleno absoluto. Y la magia del grupo Atalaya. Y, una vez más, el teatro como arma estética y cultural. No hay exageración al afirmar que el elenco andaluz dirigido por Ricardo Iniesta, al margen de los numerosos premios conseguidos, es tal vez el mejor de cuantos pisan los teatros españoles hoy día. La razón de ocupar este lugar de excepción se debe, sin duda, a un trabajo riguroso, serio y concienzudo,  que no renuncia a la investigación para llegar al hecho dramático y expresarse con una voz personal, propia, y un planteamiento coherente en una actuación eficaz que roza la perfección encima de las tablas.  En el caso que nos ocupa, la representación del drama histórico Ricardo III, de William Shakespeare, sobre una obra de Tomás Moro, el esfuerzo previo llevado a cabo por Ricardo Iniesta para desnudar de ornamento el texto original y profundizar de forma inteligente en la interpretación de las claves históricas nos ayuda a extraer la enseñanza encerrada en el mensaje sobre la falta de escrúpulos cuando se trata de conseguir el poder y de los crímenes contra la humanidad llevados a cabo para conseguirlo. Porque la figura del rey Ricardo III, contrahecho, deforme y espantoso, más psicológica y  humananmente  que lo que aparentaba físicamente, sirve de vehículo para denunciar el fenómeno actual, aunque disfrazado con otras estrategias, influencias, presiones, crímenes, asesinatos y guerras. La lógica del guerrero que representa Ricardo III es la misma de quienes se escudan en los gobiernos actuales en sus ambiciones de dominio económico, político y militar.

El tema, como he mencionado, de la lucha por el poder a través de las intrigas, la muerte y los asesinatos, se pone en escena con los recursos dramáticos adecuados mediante una escenografía ideada por Joaquín Galán en la que el elemento simbólico de la muerte se representa en las lanzas desplegadas sobre cada espacio en el que se va desarrollando la trama: la Corte, el salón real, la cárcel, el campo de batalla, el castillo o las alcobas. A veces son tronos, otras mesas, olas, espejos en los que se reflejan la crueldad o la desesperación, espadas o lanzas que, finalmente, se abatirán sobre el tirano en una escena final apoteósica.

Pero si la obra finaliza así, acompañada de la música de Mikel Laboa en un doble homenaje al cantante fallecido y a todas las víctimas de las tiranías, no resulta menos impactante el comienzo, cuando se  nos muestra la vida en la Corte, las intrigas, recelos, alianzas, amores, pactos y traiciones, en unos pasos de danza esperpénticos de los personajes, moviéndose, encontrándose, buscándose o huyéndose por las estacias palaciegas y reales. La iluminación de Alejandro Conesa  es otro recurso, un personaje más,  perfectamente imbricado en el montaje que llena el espacio de acción y tensión dramática, apoyada siempre en el trabajo musical de Emilio Morales.

No desdeña el grupo Atalaya el uso de recursos dramáticos expresivos como el teatro de sombras o el teatro balinés, y con un esmerado trabajo de expresión corporal, entre el comienzo y el final de la obra no dejan los actores y actrices que decaiga el ritmo y la tensión en ningún momento. A  la dificultad de reducir la obra a 90 minutos de representación de las probables 4 horas que llevaría la interpretación de la original, hay que añadir el problema de adaptar los versos yámbicos utilizados por W.Shakespeare, al español. La naturalidad de este tipo de verso en lengua inglesa y la fuerza fonética del mismo, encuentra difícil acomodo en nuestro idioma. El resultado de este esfuerzo se ha traducido en un texto magnifícamente inteligible en la dicción perfecta de los intérpretes sin perder la fuerza expresiva original ni el ritmo acentual.

Pero todo este trabajo de equipo sería baladí sin los actores y actrices sobre el escenario. A la cabeza del reparto que hace posible esta explosión de arte en escena figura el actor Jerónimo Arenal. De su actuación, de su trabajo esmerado sobre el personaje del rey Ricardo III, de quien disecciona hasta el último gesto o pensamiento, sólo cabe el más rendido reconocimiento. No sólo hace creíble la figura del tirano, sino que nos transmite el temor y hace sentir el verdadero horror de sus crímenes. No me cuesta alabar y aplaudir su trabajo de ayer como tuve la ocasión y el placer de aplaudir su anterior trabajo en Ariadna, en un papel más corto pero no menos importante dando forma y vida al dios Dionisios, de lo que dejé constancia en su momento en esta bitácora.

Al placer de aplaudir la tarea del elenco del Teatro Atalaya y la de Jerónimo Arenal a su cabeza, me cabe el de haber tenido la ocasión de saludarle y estrechar su mano al final de la representación para hacerle llegar una pequeña parte del entusiasmo que él nos regala sobre las tablas, en forma de admiración.

Podría continuar escribiendo sobre obra y actores más y mejor si fuera crítico teatral, pero -todavía con la emoción reciente del espectáculo de ayer tarde- será mejor invitar a quien tenga la paciencia de leer hasta aquí a experimentar el teatro en estado puro acudiendo a la próxima representación de este Ricardo III de W.Shakespeare en la creación del grupo Atalaya, porque -y concluyo- William Shakespeare más el Teatro Atalaya es un fórmula explosiva que no deja indiferente a nadie.

Julio G. Alonso

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14 Responses to “Ricardo lll (William Shakespeare) por el Teatro Atalaya.”


  1. enero 17, 2011 en 2:17 pm

    Cómo echo en falta….aquí en esta tierra nuestra….poder disfrutar de buenas obras de teatro…de ese teatro apasionante.

    Gracias por la información y por hacer que nos traslademos a Barakaldo.

    abrazotedecisivo, Julio

    • enero 17, 2011 en 2:35 pm

      Sí, amiga Sara, es una verdadera pena que en León no haya una actividad teatral parecida. El caso es que muchos de quienes amamos el teatro se nos despertó el gusanillo en los años 6o y 70 en León, al calor de unos certámenes de teatro joven de carácter nacional. Yo mismo, dirigiendo y actuando con el grupo de Magisterio, conseguí llegar a la fase nacional quedando en primer lugar en la fase provincial y luego en la regional, creo que con Galicia, Asturias, Zamora y Salamanca. En la fase nacional de Santander creo recordar que quedamos en tercer lugar. Fue la primera vez que nos grabaron para televisión, aunque nunca vi las imágenes grabadas. ¡Toda una estupenda experiencia! Más tarde, en Barcelona, participé con Los Cátaros que dirigía Alberto Miralles durante unos ocho meses. Y ahí terminó todo. Bueno, todo no, pues queda mi devoción por el teatro y procuro no perderme ninguna de las buenas obras que traen al Barakaldo o al Arriaga y el Campos en Bilbao.
      Abrazos muy decisivos.
      Salud

  2. enero 17, 2011 en 2:20 pm

    La anterior soy yo, Julio, Sara…no sé por qué me salió ese icono, ¡¡¡ah!!! perdón, es que no sé qué le pasa a este portátil que no puedo entrar con mi cuenta… estaba con la cuenta de mi hija, y sale con la de ella, pero…. vamos, que te puedo asegurar que soy SARA jajajajaja
    otro abrazotedecisivo.

    • enero 17, 2011 en 2:27 pm

      Pues, amiga Sara, empiezo por agradecerte la aclaración. Es verdad que el icono, muy simpático y familiar, es diferente. Pero no hay problema. El problema son estos aparatos, que sólo saben funcionar de una manera. Son poco creativos, aunque muy eficientes. Ando yo loco intentando averiguar cómo se insertan presentaciones y vídeos, y ná de ná
      Agradecido por el doble abrazotedecisivo.
      Salud

  3. enero 17, 2011 en 2:21 pm

    Y con mi cuenta …que lo conseguí…otro abrazotedecisivo de esos de teatro jajajaja. ainssss esto del internet…a veces…me saca de quicio.

  4. 7 Santiago Fernández
    enero 17, 2011 en 10:37 pm

    Amigo Julio.

    Tu crítica y elogios hacia el grupo Atalaya son encomiables, creo que ellos debieran conocerla . Desde luego hay pocas personas que habiendo visto la obra teatral sean tan elogiosas como lo eres tú.
    Yo he seguido un poco la trayectoria de este grupo sevillano y sus grandes representaciones, y no me resisto a presentar en este contexto la crítica general que han hecho la mayoría de los críticos teatrales:

    “Atalaya estrenó el pasado mayo Ricardo III del insigne autor inglés, uno de los textos más actuales e inquietantes del autor inglés, a cuyo universo se acerca por primera vez el grupo sevillano. El comentario unánime de quienes lo han presenciado es que, sin duda, se trata del espectáculo más imponente y completo en los 27 años de su trayectoria”

    Ya sé que este no es el lugar para hablar sobre esta magnífica obra,ni yo soy quién para comentar en profundidad esta joya literaria; pero me apetece y hoy tengo algo de tiempo.

    Decir que Shakespeare es uno de los mejores dramaturgos capaces de expresar los sentimientos de la condición humana es una perogrullada. Pero, hay que reseñarlo. Si en Romeo y Julieta expresa los sentimientos del amor, en El rey Lear , el paternalismo, en Otelo, los celos y en Macbet, la inseguridad. En Ricardo III expresa el ansia de poder en un momento de guerra civil de Inglaterra. Sin duda, Ricardo III es una tragedia apasionante, en la que Shakespeare se sirve de un episodio histórico para sondear y zambullirse en los abismos del alma humana. El enigmático rey, persuasivo con el don de la palabra, capaz de convencer a todos, se enfrenta a su propia muerte y en ese momento entregaría todo su poder (que era lo más preciado para él) por un caballo, con la famosa frase : “Mi reino por un caballo”, porque, como él mismo dice: para qué quería el poder si se moría allí mismo.

    Yo no he visto ninguna representación teatral de Ricardo III. Sin embargo, he visionado varias veces algunas películas sobre esta tragedia; porque Shakespeare, tanto en sus comedias como en sus tragedias, es un guionista de primer orden. Desde luego, impresiona la cantidad de directores de cine que han elegido y eligen a Shakespeare para lanzarse a la realización. Muchos han sido los actores famosos que se han atrevido con las obras del dramaturgo inglés.

    Lawrence Olivier marca el paradigma. Ricardo III es la tercera y última adaptación de una obra de Shakespeare por parte de este actor inglés, después de interpretar a Hamlet y Enrique V. Su trabajo tiene lugar en el celuloide, pero bien podría ser una obra de teatro. La actuación de Olivier es magistral : rey ambicioso y jorobado. La conspiración, el crimen y el engaño, son sus armas naturales; y la piedad, la compasión y la amistad sólo son artimañas para someter a quienes le rodean. En definitiva, la historia de un hombre obsesionado con el poder, un hombre al que la naturaleza le ha negado los encantos físicos pero la obsequiado con el don de la palabra y el de la convicción. Es curioso que durante unos cuarenta años nadie se atrevió a interpretar ese personaje, pues parecía que estaba todo dicho por parte de Olivier.
    Posterioremente hay que reseñar varias obras, hasta llegar al inigualable Al Pacino, que entrevió en Ricardo III un punto de partida para una actividad interesante detrás de la cámara. No podemos olvidarnos la reciente película ambientada en la Inglaterra de 1930, titulada Lookinng for Richard. Todo un espectáculo visual, cargado de pasión. Premiada con el “Oso de Plata” al Mejor Director, en 1996.

    Bueno, creo que eso es más o menos todo lo que me ha sugerido tu texto.
    Gracias, Julio.
    Santi

    • enero 18, 2011 en 3:17 pm

      Si encuentro algún valor en esto de dejar en la red opiniones, escritos y sugerencias, es porque hay personas como tú -pocas, pero existen- que convierten las propuestas o supuestas creaciones en objeto de reflexión, de discreta conversación, amena charla y, siempre, de enriquecimiento del tema. Tal es el caso de la obra que nos ocupa, de W. Shakespeare, completando la información y aportando esas realizaciones cinematográficas sobre Ricardo III. De este modo, es evidente la riqueza que adquiere la aportación inicial mía dando testimonio de la actuación del Teatro Atalaya en la tarde del pasado sábado en Barakaldo. Y pienso que los estudiantes que entran en esta bitácora rastreando información para sus trabajos, tienen la oprtunidad de hallar una documentación original y estimulante con los datos que nos dejas, Santiago.

      En lo que se refiere a los elogios sobre el resultado del trabajo del grupo Atalaya, tengo que confesar que me alegra el poder emitirlos, porque me hace feliz encontrarme con trabajos de mérito y creo que -tan exigentes y puntillosos como somos a veces con muchas cosas- también debemos saber reconocer -y agradecer- lo bien hecho. Y esto, lo está. No significa que no vaya a señalar las cosas que no me gustan o que considere desacertadas desde mi perspectiva de espectador (no crítico profesional); pero me duele y me molesta cuando tengo que hacerlo y prefiero poner de relieve, antes, las cosas buenas que las malas. Son pocas las ocasiones -aquí juego con ventaja- en que vaya a tener ocasión de tropezarme con obras sin valor o fracasadas, ya que el teatro es muy exigente y casi todo lo que nos llega ya viene avalado por el éxito de público y crítica. Pero me ha ocurrido, no obstante, y así lo dejé escrito, en obras como Una relación pronográfica o Final de partida. Lo cortés, ya sabes, no quita lo valiente.

      Por lo que se refiere al conocimiento de estas críticas por parte de Teatro Atalaya, me consta que al menos el actor Jerónimo Arenal , lo tiene. Así me lo hizo saber en un amable comentario que me dejó en la publicación de Ariadna y ahora lo sabe porque le dije que publicaría esta crítica cuando lo saludé a la salida del teatro, como dejo dicho en el texto de la mencionada crítica.

      Y no va más, sino la alegría que me ha dado el que te apeteciera gastar de tu tiempo en traer aquí tus palabras. Con un abrazo.

      Salud.

  5. 9 Santiago Fernández
    enero 18, 2011 en 10:50 pm

    Estimado Julio:
    Muchas gracias por tu contestación. No sabía que también habías realizado críticas negativas, lo cual te honra y demuestra la libertad de tu espíritu.

    Respecto a la obra que nos ocupa hay un aspecto interesante, que también es tratada en Julio Cesar del mismo autor (esto de comentar algunos aspectos de lo que un autor quiere decir en su obra tiene su gracia. No sé si sabes, pero el escritor y divulgador Isaac Asimov escribió un pequeño cuento respecto a este tema; era más o menos lo siguiente: “El mismísimo W. Shakespeare se matriculó en un curso de literatura inglesa a finales del siglo XX -naturalmente el profesor no sabía quién era aquel alumno tan especial- curso que trataba monográficamente de su obra y resultó que fue supendido, pues según su profesor no había comprendido la esencia de su obra”)
    Como seguro que W. Shakespaare no vendrá a corregirnos, me atrevo a comentar algo más de la obra, y que yo también creo esencial, además de todo lo dicho anterioremente: si bien Ricardo III es una obra sobre el poder de persuasión y convicción del discurso, el egoismo está como centro de interés . El personaje del duque de Gloucester deforme, con voz tenebrosa, dándonos idea de un personaje malvado, casi siniestro; su fealdad no sólo es corpórea sino espiritual. La fealdad, en este caso, nos indica malos augurios; en otras ocasiones, como la “Bella y la Bestia”, la fealdad alberga sentimientos claros y un alma limpia y hermosa. Ya ves que existen muchas lecturas de la misma obra y en muchas ocasiones depende del oyente-lector.

    Seguro que W. Shakespeare estaría asombrado de la cantidad de reflexiones que han surgido de sus obras. ¿Estaremos en lo cierto?
    Gracias, Julio, por estar al otro lado del espejo.
    Santi

    • enero 19, 2011 en 4:00 pm

      Seguro que W.Shakespeare no vendrá a corregirnos; tampoco el profesor de Literatura inglesa vendrá a examinarnos. Pero -no sé por qué- intuyo que Shakespeare se encontraría más divertido y animado a nuestro lado que el circunspecto profesor. Y es que, evidentemente, en muchas ocasiones el autor no alcanza a comprender del todo el alcance de sus obras. Digamos que la obra habla por sí misma, cobra vida, y la palabra ya escrita, ya hecha vida, dice mucho más de lo que el autor imagina. Alguna cita o anécdota quiere venirme a la mente sobre este asunto, pero no acierto a recordar. Se trataba, en fin, de las declaraciones de un autor -tal vez Antonio Gamoneda- sobre el autor y la obra.

      De lo que podemos estar seguros es de que cualquier trabajo literario importante resiste múltiples interpretaciones complementarias. Hay un mensaje explícito, directo, del que emergen multitud de ramas como mensajes del mismo tema. Lo que me admira es que el paso del tiempo no erosione las grandes obras, creciéndose y palpitando en la actualidad que nos llena. Son obras -como las de W.Shakespeare- que tocan los temas profundos, la raíz de lo que somos, los problemas que acompañan a la existencia humana. Creo que esta característica se puede generalizar a cualquier creación artística de valor.

      Has puesto el acento sobre un aspecto relevante del personaje de Ricardo III, cual es la capacidad de persuasión mediante la palabra; persuasión no exenta de una premeditada intención de engañar y mediante el uso de los distintos registros y modos del lenguaje, para la sedución, para las alianzas, para arrancar compromisos, y con todos los recursos, amenazas, adulación, promesas. ¿Padecía el rey Ricardo de complejo de inferioridad? Aunque hace largos años que no me intereso por los temas de psicología, encuentro algunas características que me inclinan a creer que sí. Era un hombre contrahecho que tuvo que vivirlo mal al sentirse despreciado y minusvalorado. El sufrimiento que nace de tener una sensación así le perduraría toda la vida; sobre todo porque -a diferencia con otros sufrimientos que pueden ser resueltos- el rey Ricardo no tenía la posibilidad de cambiar su aspecto. El dolor reclama alivio. En esta situación de dolor insuperable al rey Ricardo sólo le quedaba el camino de la muerte. Pero si no decide su propia muerte como solución, la buscará en las personas que le rodean y de las que debía recibir más afecto y protección. Hay, además, algo muy claro en el retrato psicológico del personaje, como es el desarrollo de sus habilidades oratorias y su capacidad persuasiva a través del manejo de las relaciones sociales, en las que incluye el amor y el odio a partes iguales. Como sabes, cuando un órgano de nuestro cuerpo funciona de manera defectuosa, tiende a desarrollarse otro órgano que cumpla las funciones necesarias para la supervivencia.

      Pero , claro, el sentimiento de inferioridad (la comprensión de que somos incapaces de dominar el mundo) que forma parte de nuestro psiquismo y que utilizamos desde niños para progresar (no sé si evolucionar), se manifiesta en el caso del personaje histórico de W.Shakespeare con unos caracteres grotescos, exagerados hasta el esperpento y con un resultado letal para quienes conviven con él. ¿Cuánto dolor generado o producido por el enfermo podría aliviar su propio dolor, el de su complejo de inferioridad? La respuesta se encuentra en el cuadro final de la historia: sólo con su propia muerte a manos de quienes le infligían ese dolor, podría cumplir su destino. Una forma atormentada y despiadada de llamar la atención y reclamar el cariño que se le debía como persona y su lugar en el mundo.

      Creo que me he liado un poco más de la cuenta, Santiago; pero has abierto una ventana a la reflexión muy estimulante. Estoy pensando que tendré -a este paso- que repasarme unos cuantos temas de la abandonada psicología.

      De nuevo gracias por la oportunidad de hacerme parar a reflexionar más allá del comentario inicial de la obra de teatro.

      Salud

  6. 11 Castillo
    enero 20, 2011 en 7:52 pm

    Hoy, en un programa de tv. o radio, según se quiera ver u oír, me encuentro con la lectura de un mensaje por parte de los contertulios de dicho programa. Les dejan en el texto:
    ¿Podríais hacer un programa sobre, “La vida es puro teatro”?
    Y me llamó mucho la atención, puesto que dejaba huellas quijotescas y más me llamó, cuando el abajo firmante era…. Julio
    ¿Amigo Julio, sabes algo de esto?
    Puedes hacerlo en privado sin ningún problema.
    Un fuerte abrazo

    • enero 22, 2011 en 9:49 am

      Como ya te dejé dicho en otro espacio, todo parece una de tantas raras coincidencias, pero no tengo nada que ver con la llamada al programa de televisión y la propuesta a la que aludes. Gracias por la información, amigo Castillo.
      Salud

  7. 13 Jerónimo Arenal
    enero 25, 2011 en 1:05 pm

    Hola,Julio, un placer para mí también conocerte el día de la representación en Barakaldo. Y de nuevo, gracias por tus palabras. Quería, ya que está saliendo el tema sobre la capacidad de persuasión de Ricardo III, y por participar de este foro, comentar que me parece que es su Gran arma. Creo que si una mujer escucha que le dicen cosas como: “No enseñes a tus labios a insultar, que fueron hechos para besar, no para odiar…”, y versos tan bellos, añadidos a una inteligencia fuera de lo común, consiguen hacernos olvidar, por momentos, el físico y algunas tropelías…el poder de la palabra es, sin duda, un gran arma que no siempre se ha usado para buenos fines, en la historia de la humanidad…quería compartir algunos comentarios sobre el personaje, que yo tuve en cuenta a la hora de recrearlo:
    Sentido del humor en Ricardo III
    Su sentido del humor proviene del mismo sitio que su conciencia. Él sabe lo que está haciendo. Es la ironía; pero él se observa y está contento consigo mismo, se admira y pregunta a la audiencia para que admire lo que hace. Porque él es extremadamente arrogante. Y se gana al público cuando quieren que sea el sucesor. El público es cómplice en su viaje al poder. Espero, cuando la obra acabe, que recuerden cuánto querían que llegase a rey Ricardo y cómo muchos de ellos fueron seducidos por la excitación de conseguirlo. Descubrirán que ese humor es una de las cosas más atractivas para ellos. Pero no sería correcto decir que es una comedia!. De hecho es interesante que Shakespeare la llamó La Tragedia del Rey Ricardo III.
    Creo que Ricardo es tan corrupto como la gente que está con él.
    Contexto
    El soldado profesional está en el centro de muchas obras de Shakespeare. El héroe regresa de la guerra a una paz acomodada, vuelve a la vida civil y no tiene nada que hacer. Otelo, Macbeth,…son buenos soldados que vuelven y deciden inmiscuirse en las políticas civiles, de forma tan desastrosa como lo hace Ricardo. ¿Acaso piensa Shakespeare que los soldados no deberían llegar a ser líderes civiles?.
    Ricardo III es un político horroroso, con éxito pero capaz de las cosas más espantosas.¿Por qué Ricardo quiere tener éxito en la vida civil?. Viendo cómo él es, representa a un ser que ha sido maltratado toda su vida por su madre y otras personas (puede ser el rencor la base de su energía?)
    En esta obra una mujer le escupe a la cara en el momento que él le dice que la ama…pero él ha matado a su marido y a su suegro. El argumento psicológico es muy interesante, pero hay mucha gente que ha sido infeliz en su niñez por una razón u otra. Podríamos tener a millones de tiranos si eso sostuviera una verdad, si alguien tuviera el pretexto de la falta de compasión, porque alguien lo haya experimentado en la niñez.
    Pero no estamos en eso, porque Shakespeare no está en eso, de repartir culpas. Lo interesante es que él aporta evidencias, explicaciones. Shakespeare no escribe sobre personas puramente malvadas ni totalmente buenas. Cómo podría un actor creer que puede interpretar personajes como Iago o Ricardo III quienes han sido descritos como “reencarnación del mal”? Las cosas que hacen pueden ser llamadas maldad, pero decir que ellos son la reencarnación del mal como Adolf Hitler, no es bueno, porque les excusa y les deja al margen del resto de la humanidad. Qué pasa con la gente que obedece las órdenes de estos malvados? Cuál es su culpabilidad? Cual es la de Buckingham?…Cual es la culpabilidad de todo el resto de nosotros que somos capaces de ir junto con la tiranía por nuestros propios motivos?.
    Pero no sugiero que el público deba sentir simpatía por él. Pero si no lo hiciera estaría muy decepcionado. El es muy comprometido. Creo que ellos notan su vitalidad y energía. Por momentos, son tan convencidos de sus actos que olvidan lo que es capaz de hacer, porque él debe mantener recordando al público. “Tú sabes lo que acabo de hacer…” Van a ver sólo a una persona durante todo el camino. Van a ver las diferentes facetas de la habilidad de un hombre y su potencial que canaliza los propósitos más equivocados; pero es un figura indudablemente atractiva y eso es lo que seduce a Lady Ana.El poder de sus palabras y la convicción con que las pronuncia.

    • enero 26, 2011 en 10:14 pm

      Amigo Jerónimo:
      Vayan por delante las gracias debidas por tu interesantísima aportación a este tema y que, viniendo de la persona que encarna el papel de Ricardo III de manera tan acertada y trabajada, dan profundidad y claridad a la discusión del personaje.
      Abundas en el valor de la palabra y el poder de persuasión que potencialmente encierra para conducir las acciones de Ricardo III y la consecución de sus objetivos. Estoy totalmente de acuerdo contigo y con Santiago en este punto; aún así, considero que hay que tener en cuenta que dicho recurso está en manos de un ser influyente que juega con la ambición de los demás y con sus errores y culpas, que conoce al dedillo. Hay que resaltar, por tanto, la sagacidad e inteligencia de este hombre que, más que con la ironía, es con el sarcasmo que encierran sus palabras y acciones como consigue poner en juego sus intereses. La falta de escrúpulos del rey corre parejo -y en este punto has acertado plenamente- con la misma falta de escrúpulos de sus coetáneos, parientes y conocidos, todos llenos de una ambición desmesurada. El rey pone en marcha, sin pestañear, los oscuros deseos de los demás y se convierte en su espejo más descarnado.

      Opino que el rencor derivado del dolor psicológico en un supuesto complejo de inferioridad, normalmente no tiene que resultar ni resulta ser tan negativo. Todos pasamos por estas situaciones y las utilizamos para crecer de manera positiva. ¿Cuándo se convierte en un problema? Pues cuando el nivel de sufrimiento alcanza a ser insufrible y ha sido interiorizado de manera patológica. Insistes en que el problema no era solamente del rey Ricardo, sino de la sociedad que lo rodeaba. Y es correcto, pienso. Por ello el drama alcanza a toda la sociedad, como muy bien nos hace ver W.Shakespeare. El poder, como medio de sublimar este dolor, es una herramienta poderosa que -en palabras de Lord Acton- corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

      Tu interpretación -te comento como espectador- consigue transmitir la complejidad de este personaje. Yo lo viví como un fatalismo del que el rey no podía escapar, sin encontrar oportunidad u ocasión para la ternura, conocedor de su implacable destino. Surge, así, más que simpatía, un sentido de comprensión del inevitable final… en el que no se ve resuelto el problema del uso del poder, que no hará más que cambiar de manos, en este caso las de Buckingham y sus seguidores. Así, pues, la historia continúa…

      Con muchas gracias por acercarte a este rincón y regalarnos tus opiniones nacidas del estudio y trabajo concienzudo de este papel y esta obra. ¡Que los dioses sigan siéndote favorables y los mortales sigamos teniendo la ocasión de celebrar tus triunfos y trabajos, Jerónimo!

      Salud


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