ALCALÁ DE HENARES
Semana Cervantina, 2019

La celebración del bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra en su ciudad de nacimiento, con la organización de una Semana Cervantina, promete, anima y es un excelente pretexto para volver a visitar el Alcalá romano que fue Comfluvium y de ahí Complutum y Complutense como título de la Universidad que ahora se encuentra en Madrid tras distintos avatares.

La semana transcurrió rica en animación y ambiente callejero. Mercado renacentista, grupos de calle con sus actuaciones, música, pasacalles, ofertas gastronómicas variadas. Pero resultó pobre en actos culturales, con apenas alguna pequeña representación teatral en un espacio acotado en la calle y la ausencia de conferencias, debates, mesas redondas o presentaciones. Incluso la plaza que acogía las librerías estaba falta de espíritu libresco y cervantino. Imposible encontrar obras de Cervantes, buenas ediciones del Quijote, autores que pensaron discutieron o discuten sobre el autor alcalaíno y su obra, ni siquiera se encontraban trabajos de otro hombre insigne, político, escritor y pensador de esta ciudad como fue Manuel Azaña. En este sentido, la semana brilló por su ausencia. Lo único llamativo fue el reparto de los premios 2019 de Alcalá de Henares a distintos autores, poetas, escritores o arquitectos con la mención especial de Rosa Montero como máxima galardonada.

Pero la visita a Alcalá da para otras cosas, como conocer las dos ciudades que conviven en una sola, aquella que rodea a la Universidad con la historia de su fundación por Cisneros, confesor de la reina Isabel la Católica, donde las clases se impartían en latín, con sus patios, riquezas, gestión y tropiezos históricos que son materia de escritura larga que no hace aquí al caso. La ciudad universitaria, renacentista, llega al límite de la Plaza Mayor. Al otro extremo de la plaza, la otra ciudad, la popular, burguesa y campesina, con su barrio judío y la calle principal que se extiende rectilínea y con soportales en ambas aceras desde la mencionada plaza a la otra en la que estaban instalados los quioscos de los libreros en esta semana cervantina. Esta calle tan singular contaba con un deambulatorio superior en cada mano que fue incorporado a los edificios, por lo que da la sensación de ser más estrecha.

La Calle de la Imagen, relativamente corta, da a la calle principal. En su bocacalle se encuentra la que debió ser residencia de la familia de Miguel de Cervantes que hoy está abierta al público como museo. Delante de la casa, en la acera, lucen sendas estatuas en bronce de don Quijote y Sancho Panza sentados en un banco y que son lugar obligado para hacerse alguna fotografía. Pero la Calle de la Imagen, además de la casa de los Cervantes, acoge en sus pocos metros la casa también de los tíos de Cervantes, el convento de las Carmelitas de Santa Teresa de Jesús (que pasó por Alcalá) donde profesó de monja la hermana pequeña de Miguel de Cervantes; también se encuentra el convento donde estuvo San Ignacio de Loyola, la casa de Manuel Azaña y la casa del promotor de la Sociedad de Los Condueños que compró la Universidad para salvarla del desastre de su expolio y hacerla del pueblo.

Destaca, en la Plaza Mayor, el Corral de Comedias por la singularidad de mantener a la vista las sucesivas remodelaciones llevadas a cabo en cada época, habiendo sido, sucesivamente, corral de comedias, teatro clásico, teatro romántico y cine.

El Teatro Cervantes, pequeño, acogedor, coqueto, es otra sala interesante. Y luego, en lo que queda del incendio por una explosión en 1945 del Palacio Arzobispal, residencia que fue del Cardenal Cisneros, encontramos en su exterior las imágenes de Catalina de Aragón y de Isabel la Católica. A tenor de lo que se conserva, mayormente reconstruido, y lo que se observa de su entorno hasta las murallas, estas instalaciones debieron de resultar impresionantes.

Pero si la ciudad nos ofrece suficientes atractivos monumentales, artísticos y culturales en su trazado medieval, en los alrededores no puede uno perderse dos visitas que documentan la historia romana de Alcalá, La Casa de Hipólitus (que ni fue casa ni fue de Hipólitus) y los yacimientos arqueológicos de Complutum y la Casa de los Grifos. No me extenderé mucho, pero señalar la curiosidad de que la Casa de Hipólitus fue un centro escolar, un conjunto de construcciones que formaron una escuela con sus patios, aulas, baños y espacios de ocio. Complutum, a escasos quinientos metros, está bastante bien documentada y conserva en mejor estado los restos de la Casa de los Grifos, llamada así por las representaciones que se conservan de estos animales mitológicos.

Saber más es cosa de cada visita, de cada curiosidad, de cada apetencia. Si este apunte sirve para algo y ese algo es acercarse a Alcalá de Henares, sea con Semana Cervantina o sin ella, pues magnífico. Yo estoy convencido de que merece la pena.

González Alonso

OTRAS FOTOGRAFÍAS:  ALCALÁ DE HENARES, CASA DE HIPÓLITO y CONFLUVIUM



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