Viaje interior. Por tierras del Sistema Ibérico
28 al 31 de julio de 2012

Palacio episcopal de TarazonaDe vez en cuando resulta muy recomendable hacer una incursión a los interiores, y no me estoy refiriendo a los interiores de las personas –aunque también-, sino a los geográficos y peninsulares. Las sorpresas, unas agradables y otras no tanto, te asaltarán a cada paso que des; así es como transcurrió el breve viaje de tres días al corazón del Sistema Ibérico, por tierras aragonesas alrededor del Moncayo y su sierra, para retornar por las castellanas y leonesas de Soria y las riojanas de Logroño. Breve periplo con su primera parada en Tarazona, a la sazón en fiestas, con la orilla del río Queiles poblada de puestos de venta de toda clase de artículos y una animada mañana de tapeo y cuadrillas con los colores festivos de cada una de ellas. Destaca, dominando todo el pueblo, el imponente palacio episcopal, bastante agrietado en la estructura de techos y paredes y lamentablemente oculta buena parte de él por las construcciones llevadas a cabo en su frente, con la ceguera arquitectónica de los responsables urbanísticos de turno. Una lástima. A espaldas del palacio aparece desolado el pueblo original con sus calles y callejas y edificios arruinados tras los que se adivina la intención, más que realidad, de iniciar su recuperación. Será ésta una situación repetida a lo largo y ancho del Campo de Borja y la Comarca del Aranda, en las que el estilo mudéjar que atesoran apenas se sostiene en algunas iglesias y monasterios para perecer en el abandono de los enclaves urbanos antiguos.

Casas colgadas de TarazonaComo en toda buena fiesta hay siempre una buena comida, no pudo faltar ésta en el restaurante El Galeón. Otro local que parece interesante por la calidad de sus tapas y la animación que tiene es El Casino; ambos, a pocos metros uno del otro y próximos a otros restaurantes de buen servicio y buena calidad, pero más caros.

La sobremesa dio paso a seguir la ruta hacia el monasterio cisterciense de Veruela; impresionante recinto amurallado que conserva en su entrada la torre del homenaje. Al fondo, sobre el horizonte, el Moncayo. El monasterio, muy bien conservado, acoge el Museo del Vino y la exaltación de la uva garnacha, base principal de los caldos de la zona. En el entorno bien cuidado con patios sombreados, casi todo resulta admirable: claustro, refectorio y cocina, sala capitular, la iglesia, una sacristía con estupendas yeserías y la cilla, convertida en sala de exposiciones donde se recoge el testimonio y la historia de la estancia de los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo y Valeriano. El segundo, pintor y dibujante, con estupendas muestras de su arte, y el primero, el poeta romántico, con los detalles de su vida durante los meses que pasó en el monasterio, desde donde escribió las Cartas desde mi celda para el diario madrileño El Contemporáneo (1864). Los paisajes del Moncayo anteriormente le habían inspirado leyendas como El monte de las ánimas (1861), El gnomo o La corza blanca (1863) puesto que su esposa era de Noviercas y el poeta conocía estos lugares. Una muestra de autores que tuvieron algún tipo de influencia literaria o de relación con Gustavo Adolfo Bécquer, lo acompañan; entre ellos Unamuno, Antonio Machado, Rubén Darío, Valle Inclán o Miguel Hernández.

Claustro del monasterio de Veruela.Gustavo Adolfo Bécquer.Sala Capitular del monsaterio de VeruelaToda la patria de estas comarcas zaragozanas colindantes con las tierras sorianas, se muestran ricas en vides, almendros y olivos, poseyendo –además- uno de los alcornocales más antiguos de Europa en Setrica, a medio camino de Viver de la Sierra. El paso por sus paisajes es un disfrute para los sentidos. La Naturaleza se extiende por sierras y valles con prodigiosa y austera belleza en su soledad. Hay que viajar despacio por las intrincadas carreteras comarcales de montaña, casi sin hacer ruido, sin prisa, deteniéndose de vez en cuando sólo para oir el silencio y admirar los espacios abiertos en los que la mano del hombre ha sabido actuar en armonía y respeto por el entorno. Así, pasando entre las dos comarcas del Campo de Borja y del Aranda, vas dejando a un lado pueblos singulares aupados a picachos como Tabuenca y Tierga, atravesando de norte a sur las estribaciones de la Sierra del Moncayo y Sierra de Nava Alta con puertos como el de la Chavola de algo más de 900 metros de altitud. En estos pueblos, como en Illueca, los barrios singulares y su caserío están echados a perder con construcciones irregulares de diferentes estilos y diseños de espaldas al entorno y la historia. La mayor parte de las construcciones de los barrios judíos están arruinadas, como si acabara de pasar la guerra por sus solares, y el mudéjar se esconde entre este espectáculo desolador de muy difícil solución.

Palacio-castillo del Papa Luna en IlluecaIllueca es la presencia del Papa Luna o Benedicto XIII. El que fuera castillo y palacio de este hombre singular es hoy una muy bien acomodada hospedería y dependencias oficiales del ayuntamiento.

Merece la pena visitar este monumento, erguido sobre el espolón del roquedo que domina el pueblo, y que conserva estancias de indudable valor artístico e histórico, como el hermoso Salón Dorado, utilizado antiguamente  para las recepciones solemnes y hoy día, además de este uso que imagino continuará, también dedicado a celebraciones como la boda que, casualmente, se estaba organizando para ese fin de semana. El Salón Dorado conserva prácticamente todo el artesonado original y los dorados –de donde recibe el nombre- en los canetes y en las vigas. Otras estancias como la Capilla, la Biblioteca y Escritorio o la Sala de la Corona de Aragón, sorprenden y hacen de la visita una ocasión grata.

A lo largo de toda la visita al palacio dominará, como no podía ser de otro modo, la presencia del Papa Luna, D. Pedro de Luna (1328/1423), su historia y la tozudez que lo mantuvo en sus trece sin renunciar al papado durante décadas,  hasta la edad avanzada de 95 años, algo inusual y sorprendente para su época, con una esperanza media de vida de unos 45 años.

En los alrededores, dando un pequeño paseo en torno al pueblo, encuentras la iglesia de S.Babil, patrón de Illueca, y la de S. Ildefonso, con interesantes yeserías.

Almacén de calzado de IlluecaPero Illueca está viva más allá del mudéjar, más allá  del castillo-palacio de Benedicto XIII con la herencia y el peso de su historia y más allá de los solares arruinados del barrio judío que se desparrama colina abajo a los pies del castillo. Sobre la amplia plaza aledaña al palacio y a la iglesia, se levantaba una carpa para acoger a los invitados de la boda que se celebaría en el Salón Dorado, según conté antes; la novia, que se encontraba sentada con unos amigos observando el trabajo de los operarios, nos explicó que era de allí, aunque vivía fuera, y junto a su novio, decidieron casarse en Illueca y traerse, incluso, una batucada para celebrarlo. La industria y el comercio del calzado es otro de los signos de vitalidad de Illueca y la Comarca del Aranda. Almacenes y fábricas dan vida a sus pueblos, resistiendo la terrible crisis económica que nos asola. A escasos dos kilómetros de Illueca, en Brea, además de disfrutar del singular trazado de sus calles e interesantes monumentos del lugar, aceptablemente conservado en su conjunto, en el Museo del Calzado se puede aprender mucho sobre esta industria y su historia de una manera entretenida.

En el recorrido hacia tierras sorianas parece obligado detenerse, unas horas al menos, en localidades como Gotor, prácticamente al lado de Illueca, Jarque o Aranda con la Sierra de la Virgen al sur. Son visitas que no defraudan.

Cocina de fuego bajo en La Venta de Ciria (Soria)Ya en la provincia de Soria, si la hora es adecuada, comer o cenar en los alrededores de Ciria, en la llamada Venta de Ciria, es un premio. Sorprende esta venta, mesón y casa rural con alojamiento que, además, dispone de plaza de toros propia al otro lado de la carretera, en mitad de la nada camino de la ciudad de Soria. Construcción rústica, amplia cocina de fuego bajo con su chimenea campanuda, vigas de madera y el olor de las brasas impregnando el aire son tentaciones difíciles de resistir si, por ende, van seguidas de una buena oferta gastronómica casera, de potajes, cocidos, callos o pollo de corral y otras especialidades a cada cual más tentadora.

Por último, siempre camino de vuelta a casa, qué decir del entorno del Puerto de Piqueras en Sierra Cebollera con sus 1710 m. de altitud o de los parajes de la Sierra de Hormazas y Sierra de Castrejón de la Tierra de Cameros, en La Rioja. Lo mejor, pienso, es no decir nada, sino decidirse a visitar este entorno mágico y milagrosamente conservado para disfrutar de una Naturaleza cada vez más escasa en nuestro país, con imponentes puertos de montaña, bosques, y poblaciones asentadas en la parte baja de los estrechos valles. Lo dicho, mucho mejor que contarlo y leerlo, es verlo, así que anímate y vete. Los viajes interiores siempre nos deparan sorpresas, ya lo dije, y lo mejor de ellos es que después ya no eres el mismo y te sientes mejor y mejorado. Insisto, viaja al interior, al menos de vez en cuando; pero si es en más ocasiones, mejor.

Julio G. Alonso

Iglesia de S. Ildefonso en Illueca.Plaza del Ayuntamiento de Illueca.Casa arruinada de IlluecaViñedos de uva garnacha en el Campo de Borja.El monasterio de Veruela y el Moncayo.Castillo de JarqueAranda de Aragón.Museo del Calzado de Brea.- Zapatos de artesanía.Sala del palacio del Papa Luna en IlluecaVenta de Ciria (Soria).Vino y plato de callos en la Venta de Ciria (Soria).En la Hospedería Papa Luna de IlluecaInterior del castillo del Papa Luna en Illueca..Banco, reproducción del original del monasterio de GotorJarque.Jarque.- Iglesia.Salón Dorado del palacio del Papa Luna en Illueca.GotorTierga.Iglesia del monasterio de Veruela.Pico Monegré en la Sierra de la Nava Alta en Ricla


2 Responses to “Viaje interior. Por tierras del Sistema Ibérico, entre el Campo de Borja, Comarca del Aranda, Soria y La Rioja”


  1. septiembre 11, 2012 en 18:15

    Me encanta el artículo.
    Completo y apasionante. Ahora mismo me largaba a dar una vuelta por esos lares.

    • septiembre 16, 2012 en 18:35

      Luis, es una suerte encontrar personas como tú tan entregadas a la Naturaleza y el entorno en que nos movemos, según he podido comprobar fehacientemente en tu cuaderno Sistema Ibérico que recomiendo a cuantos tengan ocasión de leer esta nota. Gracias.
      Salud.


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