Mojácar y Cuevas del Almanzora
Entre febrero y marzo de 2018

 

Mojácar

Son muy escasos los kilómetros de litoral que escapan a la voracidad del turismo. Tampoco Mojácar. Pese a las primeras buenas intenciones de un desarrollo turístico cimentado en la idiosincrasia del lugar y respetuoso con el entorno, la especulación y la oferta de un turismo de sol y playa se hicieron con el destino final de Mojácar y su entorno. Así, la línea de costa es una sucesión interminable de alojamientos de alquiler, hoteles, urbanizaciones y apartamentos abigarrados tras una carretera que los depara de las playas. Algunas actuaciones urbanísticas resultaron ser más desafortunadas que otras. Y en medio, una iniciativa razonable, las instalaciones del Parador Nacional de Turismo, recomendable desde todos los puntos de vista, aunque –como se sabe- de un precio elevado, sobre todo en las temporadas media y alta. Los menús del restaurante, sin embargo, resultan más asequibles a unos 20 euros.

El pueblo original, encabritado a la montaña y espectacular no hace muchos años, ha perdido la sugestión de su vista al haberse construido de manera poco afortunada ladera abajo, dando hoy día la impresión de ser una enorme mole de cal blanca asentada al pie de la colina, uniforme en su blancor, pero sin gracia. El centro del pueblo, muy cuidado en sus calles y mejorado en sus edificios, vive sin vida propia sus días, bulliciosos en verano y atiborrado de tiendas de recuerdos y locales para comer o dormir. En el invierno es un lugar solitario para paseos solitarios y una sensación extraña de soledad y artificio. Las vistas desde el Mirador del Castillo se extienden hasta Garrucha y Vera en una variopinta gama de verdes y azules sobre el terreno árido y volcánico de la zona.

Pero de todo hay que aprender y saber hacer de la necesidad virtud; lo más interesante es entregarse al paisaje, la luz y las ocasiones de la gastronomía la oportunidad de los paseos.

Dos actividades relajantes que todavía pueden reconciliarte con Mojácar y su entorno:

1.- El recorrido en coche, autobús, o en bicicleta para los deportistas, por la carretera de la costa hasta Carboneras y Agua Amarga. El trazado sinuoso al lado del mar discurre por acantilados de belleza insuperable en este breve recorrido a modo de paseo; también la oportunidad de recalar en Sopalmo o llegar hasta su playa barranco abajo, almorzar en Carboneras o pasear el pequeño pueblo de Agua Amarga, incluso desde allí, hacer un buen paseo a pie hasta la Cala del Medio o la del Plomo si se dispone de más tiempo.

2.- El recorrido a pie por la pista que arranca a poniente de Mojácar costa para llegar hasta la torre del Pirulico o más allá hasta las playas, subir a los dos observatorios haciendo un recorrido circular si te encuentras bien de piernas y con ganas de admirar los paisajes del entorno desde la altura. La pista está muy bien señalada y conservada, con pasos de madera, barandillas en algunos tramos en la que se toma cierta altura sobre el mar y áreas protegidas y conservadas, restos de explotaciones mineras del hierro y algunas construcciones como la mencionada torre del Pirulico o la de Macenas. Tramo fácil y agradable, aunque es aconsejable llevar calzado apropiado y evitar chanclas o sandalias.

 

 

 

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Cuevas del Almanzora

La inclinación humana a refugiarse al abrigo de cuevas es ancestral y compartida por todas las culturas y pueblos; al efecto, recuerdo lo espectacularmente monumental de este tipo de viviendas, templos subterráneos y monasterios que conforman verdaderas ciudades en Capadocia, en el interior de Turquía.

Naturalmente, nada que ver Cuevas del Almanzora con lo mencionado sobre Capadocia. Hoy, el pueblo que se alza en la ribera del río Almanzora hace su vida en torno a la plaza del castillo que contiene dos museos, el Arqueológico y el de Arte Moderno, más el Centro de Información Turística y algunas dependencias de la policía municipal. La visita es recomendable, disfrutando de una buena colección de pinturas con algunas firmas de excepción como Tapies o Vela Zanetti e informándose con algún lujo de detalles sobre la Cultura del Argar y la historia del entorno.

Próxima al castillo, tras pasar al lado de unos antiguos lavaderos recuperados y restaurados, puede visitarse una cueva convertida en museo etnográfico, apreciar la distribución de los espacios, el mobiliario, etc.

Poco más os ofrece la visita, salvo algunos edificios nobles no muy bien conservados o las dependencias del Consistorio ubicadas en un bello edificio modernista, de amplias escalinatas, vitrales policromados y amplios lucernarios. En la misma Plaza de la Constitución donde se ubican los dos edificios del Ayuntamiento, en una esquina, se encuentra una vivienda particular de dos alturas con toda su fachada recubierta de trozos de cerámica que forman motivos geométricos caprichosos. Resulta, como poco, sorprendente.

González Alonso

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