BergenBergen nos despide tal como nos recibió, con una lluvia fina bajo un mismo cielo gris. En medio, los días de verano noruego, variables de hora en hora en su climatología  que, sin embargo, no  nos impidieron disfrutar cada una de las visitas y paseos, alguno de ellos a través del monte y siempre apegados a la vista de los fiordos que conforman el laberinto de agua que resulta ser Noruega. Porque decir Noruega es decir agua; agua en los ríos que se desprenden de los glaciares con su color verdoso a donde vuelven a desobar los salmones y en donde las truchas encuentran ancho acomodo; agua desplomándose de las alturas en cascadas rasgando las paredes verticales de los fiordos en las que, desde su verticalidad o a veces suavemente tendidas, la vegetación lo cubre todo; agua acumulada en las nubes que nacen lentamente de los fiordos y se elevan agarradas a las laderas de los montes mientras se hacen jirones en formas admirables; agua de nieblas por entre las cuales lo más difícil es no imaginar el avance silencioso de las naves vikingas, hoy sustituidas por buques modernos que de manera eficiente forman una buena red de comunicaciones y transporte. La sinfonía del agua les da color y vida a bosques de verdes increíbles, más verdes aún en las escasas superficies convertidas en praderas entre los estrechos valles; y, cuando no, todo este laberinto y arpa de agua se convierte en islotes, canales, entrantes y brazos de agua visitados por focas y delfines que se dejan avistar de vez en cuando.

BergenPero Noruega, desde el cielo un mar de nubes y desde tierra un mar de mares, no es sólo esa fabulosa memoria vertical de los glaciares que constituyen los  fiordos; es también olores, colores y gentes. Así en Bergen te asaltan y rodean los aromas profundos de las carnes ahumadas de pescado, salmón, bacalao, ballena o mariscos variados junto al de especias en los puestos que se abigarran en el puerto, y en medio de todo este espectáculo aromático y visual sorprende oir constantemente hablar español. La razón es que la mayor parte de los empleados en los puestos de venta son gente joven, generalmente estudiantes que dedican los meses de verano a trabajar para costearse parte de los estudios o realizar algún proyecto personal; uno de ellos, un joven asturiano, nos aclaró que no se oía hablar noruego porque allí no había noruegos, que estos solamente aparecían para recoger las ganancias (sic). La ciudad hanseática se nutre de un espíritu comercial envidiable y su visita es gozo para la vista y los sentidos; gentes muy amables y apacibles dotadas de cierta dosis de paciencia con una organización eficaz. Porque en Noruega, como comentaba un amigo, todo funciona y funciona bien. Lo dicho sobre Bergen puede extrapolarse a otros lugares visitados como Flam, al que se llega en un tren turístico que desciende desde Myrdal después de un viaje en tren desde Bergen desfilando por paisajes que se van alzando en montañas, ríos y valles ; a Aurland, a pie de uno de los fiordos más estrechos de Noruega, a Undredal y su iglesia centenaria totalmente construída en madera y con capacidad para solamente cuarenta feligreses, o puede decirse también de Gudvangen, al fondo del fiordo Naeroyfjorden, éste sí, el más estrecho de todos los fiordos noruegos, decirse de la mítica Balestrand en un enclave impagable en medio  del Sognefjorden, que acoge su famoso y magnífico Kvikne’s Hotel, el cual nos remonta a la imagen de los grandes balnearios de finales del XIX y principios del siglo XX, o podemos referirnos a  Fjaerland que nos deja al pie del glaciar de Jostedal.

Puede hablarse mucho más de Noruega y sus casas e iglesias de madera, algunas de ellas con varios siglos de antigüedad; de su gastronomía, de la afición a la pesca y de los parajes con absoluto encanto o de la hospitalidad de sus gentes que nos permitió visitar y disfrutar, por ejemplo, de la casa de Regina (diré Regina en la imposibilidad de reproducir su nombre) en los aledaños de Aurland. Construída en la inclinada ladera sobre el fiordo aparece prácticamente mimetizada con el entorno con sus techumbres de hierba y paredes de piedra con amplios vanos al exterior, vigas y columnas conformadas por robustos troncos de árboles y todo su entorno aterrazado a diferentes niveles con piedras, miles de piedras acarreadas con dificultad, dispuestas en muretes sin argamasa; el agua se recoge aprovechando uno de los arroyos que nace más arriba, desviado hacia un depósito sepultado en la parte trasera de la casa. Admirable trabajo y exquisito cuidado y amor por el entorno que se respira igualmente en un interior de espacios abiertos y confortables en los que se deja entrar toda la luz posible. También podríamos hablar de la pintora, estupenda acuarelista, Bjorg Bjoberg, en Balestrand. Después de una cena exquisita y bien servida en uno de los comedores de su establecimiento, nos invitó a visitar su colección de Navidad, pasando a través de puertas falsas de una dependencia a otra hasta llegar a la azotea de la casa sobre la que se construyó una cúpula de vidrio que semeja  un diamante con bolas de cristal de distinto tamaño colgando. Allí, en la oscuridad y rompiendo el silencio de la noche, cantamos una canción para ella, después de haber cantado con ella un villancico en su sala mágica dedicada a la Navidad. Como Bjorg nos dijo, lo importante eran los momentos especiales compartidos, y aquel, lo fue.

Troll en BergenDecía que puede hablarse y decirse mucho más sobre Noruega y, con toda seguridad, más interesante que lo dejado hasta aquí; pero mejor será, tal vez, callar y sentir el silencio de esos espacios magníficos en los que la Naturaleza no aparece humillada por la acción del hombre. Callar, y volar a sus paisajes.

Sea.

Julio G. Alonso

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HOTELES

Por los hoteles que pasamos no hubo ningún problema; sencillos, algunos con cierto encanto, bien situados y con vistas a los fiordos también en algún caso, buen servicio y limpieza. Servicio de internet y conexión gratuita a la red en algunos de ellos:

BERGEN:
Victoria Hotell
Thon Hotel Bergen Brygge (conexión gratuita a la red)
 
AURLAND
Vangen Motell (con encanto y vistas al fiordo)
 
BALESTRAND
Balestrand Hotel (mejor por dentro que por fuera; vistas a los fiordos y conexión gratuita a la red)
 
 

10 Responses to “Noruega, laberinto de agua – agosto de 2011”


  1. 1 agurtzane
    septiembre 9, 2011 en 14:18

    No tengo ninguna duda de que Noruega merece la pena ser visitada y estoy segura de que después de leer tu relato más de uno se animará a volar y disfrutar de aquellos paisajes. El viaje, como siempre, estuvo muy bien diseñado permitiéndonos disfrutar con total tranquilidad de los pueblos que visitamos y de los sorprendentes paisajes. Viajando por libre te detienes, te demoras o pasas de largo donde y cuando tú quieres.
    Al mencionar el silencio de los espacios trato en vano de evocarlos, aquel mutismo no es fácil de recuperar, tenía una densidad que casi se palpaba. ¡Habrá que volver!
    También habrá que volver porque en esta ocasión los troles han pasado de nosotros. Los hemos visto, sin embargo,como motivo decorativo, en el amplio repertorio de regalos que ofrecen para los turistas.
    No quiero dejar de mencionar los paseos por los bosques. No hay más que ver las fotos para saber que el ambiente te envolvía llevándote a los cuentos infantiles que tantas veces nos han obligado a cerrar los ojos o a buscar la mano amiga que calmara nuestros miedos. En esta ocasión fue un deleite para los sentidos.
    ¡Viajad ! No conozco inversión con mejores beneficios . Un saludo.
    Agurtzane.

  2. septiembre 13, 2011 en 21:28

    … desde luego es una maravilla, cual me esperaba; habéis logrado unas tomas fantásticas, con ese colorido nórdico que siempre y tanto me ha llamado la atención; desde aquí – viéndolo – se nota esa buena colocación y terminación de las cosas, la utilidad práctica, su acomodo como un hito para la vida; son aspectos, amigos, que se adentran y explican acerca del porqué de los pueblos, de las personas…; en definitiva, digo, feliz quien hace un viaje y se trae otros cuantos en proyecto, tal y como dice Agurtzane; Julio, salud y un saludo cordial; Orión

    • septiembre 15, 2011 en 09:48

      Tu gran sensibilidad te hace percibir y evidenciar aspectos que a mí se me pasaron por alto en la pequeña crónica del viaje a Noruega; esa es la cualidad del poeta y de la que haces que tu mirada al mundo nos revele su esencia. Gracias, amigo Antonio, por la compañía en este tramo del viaje. Un placer.
      Salud

  3. octubre 19, 2011 en 21:16

    Hermoso relato de vuestro viaje, Julio y Agurtzane. Se respira la pureza del paisaje, la hospitalidad de sus gentes, la luz de los puestos del mercado. Además de haber explicado todo con muy buena pluma nos dejas, Julio, unas fotografías maravillosas que invitan a soñar y a viajar. Constato que además de poeta y crítico tienes un gran talento para los relatos de viajes.

    Enhorabuena por esta vista panorámico de Noruega
    Abrazos
    Ana

    • octubre 20, 2011 en 18:38

      Es una alegría conocer tu opinión sobre este relato del viaje a Noruega y las fotografías que lo acompañan. No existe otra pretensión que la de dejar constancia de algunos viajes y las emociones que acostumbran acompañarlos para que sirvan al recuerdo y, si así sucediera, de ayuda, referencia, opinión e información para quienes han hecho el viaje o tienen intención de hacerlo. Consciente de que el paso del tiempo altera bastante muchas de las cosas que se cuentan, aunque no las fundamentales, pongo fecha a cada viaje.
      Gracias por acompañarme a Noruega, sus costas y sus paisajes, Ana.
      Salud

  4. febrero 6, 2012 en 06:44

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