Isabel Moncayo Moreno

Más allá de la retórica del entusiasmo o de cualquier otro tipo de consideración, estoy obligado a decir que Isabel Moncayo Moreno (Asturias, 1965) es una autora que siente desde la poesía y entiende la alquimia de las palabras para secuestrarnos con sus versos y regalarnos un mundo de sensaciones hermosísimas en torno a la emoción del amor. Porque lo sugestivo de su discurso se hace irresistible y grato en el respirar  la atmósfera de sus poemas tocados de la magia de los paisajes de su tierra natal, sus bosques de hayas, las pomaradas o manzanos o el aire rasgado por el canto temprano de las alondras.

En esta docena de exquisitos poemas que Isabel ha tenido la gentileza de ofrecernos para regalo de este sitio y de cuantos lleguéis a leer, el amor lo inunda todo con ese oleaje que nace de su libro Tempestades de amar (Editorial Bubok, 2011) y que prosigue en toda su producción posterior, como puede comprobarse en los foros de la Editorial Alaire, donde participa activamente y a cuya asociación pertenece, tomando parte, también, en la preparación de la publicación en papel de una nueva antología colectiva.

Hay que entender este amor, no obstante, como algo sublime, profundo, bien enraizado en la naturaleza humana que se mimetiza con el entorno y se expresa con todos los sentidos. Una belleza de lenguaje y su dominio solamente al alcance de unos pocos entre los miles que lo intentan. Isabel lo consigue con una naturalidad y facilidad aparentes que encierran, no obstante, un meticuloso trabajo de corrección y concreción, un dominio del ritmo y la armonía, envidiable.

Sin estridencias, sin grandes frases grandielocuentes o rimbombantes, su poesía se alza y transita por metáforas bellísimas y originales e imágenes de un impacto estético y emocional impagable, apropiándose de la naturaleza de las cosas (…siento que me pertenece el orbayo… la trova de todas las brisas en mi poniente oceánico…  ) para devolvérnosla hecha intenso lirismo y sentimiento.

No va más, sino mi admiración rendida y la seguridad de que nadie que lea cualquiera de los poemas que siguen o todos ellos, se quedará indiferente ante una poesía de una pureza sin mácula, tendida al pié de árboles y ocasos, bahías y brisas de emocionado amor y tierna sensualidad. Isabel Moncayo disfruta y sufre escribiendo; y escribiendo, ama. Por eso no podemos dejar de amar, sufrir y disfrutar leyendo sus versos. No puede ser de otro modo.

***

HAY UNA LLUVIA DE BESOS EN LA BAHÍA DE TU BOCA

Hay una lluvia de besos en la bahía de tu boca,
una dicción perfecta para una noche estrellada.

Apacible, como un espejo lleno de celo relumbra tu figura,
intenso, como la vastedad de un bosque de hayas, tu abrazo.

Cuando te acercas, con ese rastro tibio de soplo de ángel
con la trova de todas las brisas en mi poniente oceánico,
me enciendes ave y vuelo sobre tu costado de río.

Cuando tus ojos se precipitan abiertos o cerrados -da igual-
aquí, en la barca de mi vientre, te haces bálsamo,
sin distancia, soy lazo de estíos en tu nido de alondras
y poso en tus párpados el crepitar amable de todos mis besos.

***

EL AGUA, TU BOCA TIBIA

Beben los helechos del arroyo tendenciosos de su afecto
para recordar la ternura que madura bajo el sol.
De las yerbas, la calima de un suspiro
escarba en la humedad de la tierra,
mientras, algún mirlo vagabundo ronda los aljibes
y lleva en su pico miguitas de pan.

Si supieras que estoy soñando Umbelas entre el ramaje de las horas

-el agua, tu boca tibia, son una misma cosa-

Hermoso paisaje, tus manos solariegas desdoblando sonatas.
¿Era entonces el tiempo de los árboles?
¡Oh! Se rinde la tarde en calmado azimut,
ya despiertan las estrellas (cierra los ojos, vida mía)
porque tanta luz opaca su coruscar.

***

UNA VEZ MÁS

¡Oh, si pudiera desnudar al mar, lo haría mío!
Y todos dirían ¡qué locura!
Yo les sonreiría y mi boca salpicaría olas.

Despierta Mayo azotando las arboladuras
donde tu voz amante abre mis sentidos.

“Deja que el barro resbale entre tus dedos”
nadie debería morir de frío, ni de amor,
acércate, necesito sentir en mis hombros
de nuevo el atardecer,
no importa que no sea el más hermoso.

Tú, una vez más, tú,
capaz de colmar mis gándaras y florecerme de manzanos.

Siente cómo se estremecen los aromas
cuando la noche llega serena y clara;
sin embargo, tiemblo,
como lo hace el mar al verse inundado de estrellas.

Tú: toda luz aquietada en tu piel de amar.

***

EL JAZZ DE TUS LABIOS

I
Te encontré en un paisaje de tierra
desde entonces eres semilla
y ascua de mi sangre.

II
Regreso a los paseos en primavera
y voy llamando por tu nombre
a cada flor que tropiezo por el camino.

III
A veces te llamo Margarita,
sé que arquearías una ceja disgustado,
dirías: suena femíneo,
y que es tristísimo arrancar sus hojillas
sólo para saber si alguien mequierenomequiere.
Por eso, cuando encuentro un Rosal hermoso,
blanco, rosa, amarillo, rojo apasionado,
lo respiro y contengo su esencia
y descuelgo su aroma por mi cuello,
cierro los ojos (te huelo)

IV
Tú, como un canto en el camino,
de nuevo tú, siempre tú
y el jazz de tus labios, mi nostalgia.

V
Sábeme
bo
ca
s
ca
da
de rocío en el concierto de tus yemas.
De nuevo las flores laten acompasadas.
Y esos ojos que me vencen en su caída.

VI
¿Y por qué? Pregunto al Viento,
-cómplice de avivar mi fuego-
¿Por qué esta costumbre mía
de imponer tu nombre a las flores?
Y aletean con regocijo las ramas
-en su silbido, te llaman-

VII
¿Te he dicho alguna vez
que me anudo en tus silencios?
Vives y estás en mi mundo,
en mi mundo y aparte.

***

COMO UNA FUENTE ADORMILADA

 A veces soy pura contradicción, lo sé.
¿Qué hacer? Si la noche está de pronto
inundando todos los caminos.

Acallado el canto soy adobe en los orígenes,
retozo en la costumbre de los instantes,
me descuelgo sin heridas,
arropo los recuerdos, te arropo, sí,
y una tibieza me envuelve, infinita, como el amor.

Como una fuente adormilada en su goteo
sigue medrando el musgo -riego tinta en los vacíos-
mis manos se crecen porque huele a salitre,
el aire trae sabores que se perdieron en el tiempo.

Descanso mis ojos en un poema
que suplica una tregua que amaine
este insomnio que me hace ser cruel
-a veces duele tener tu cuerpo cerca del mío
y quisiera quererte menos-

Cómo ciega esta niebla cuando se aquieta,
siento su belleza blanda deshacer el barro
y necesito pedir perdón por todas las caricias
que pudiera haber dejado olvidadas.

Pero estás dormido
la luna se ensancha y posa resplandores sobre tu piel.

Ya no parece la luz tan confusa
ni la vida tan frágil si escucho la armonía
de tu calmo respirar.

Atardezco, se están resumiendo los relojes,
suenan repiques que mudan tristezas de ternura y de frío.
Nada se detiene, sigue lloviendo vida.

***

OBERTURA SIN OLVIDO

Me embriagas,
como una saeta que eriza la piel sin clemencia.

La noche se moja de un feble aguacero
cuando el corazón se embauca en acordes
del pentagrama que censura la palabra
y la aloja en el fondo del alma.

¿Con qué tormenta vienes? – instinto de pasión-
si traes en el pecho tatuado la mudez de una pauta,
la mirada que tiembla como gota de lluvia
precipitándose en la hoja para saciar de la flor su pétalo
y su pistilo soñador.

Descifro la sensual cariátide con la ofrenda rupestre
para que subsista en mi vientre el perfume,
su perfume, que mora en las ansias bailarinas
con velos de peces que zigzaguean en las aureolas de los senos.

Embriagada, en esta pasión amorosa
como una manada de antílopes en estampida,
con fantasías de jilgueros en campos de trigales,
con alas para volar acrobacias por las orbes del paraíso
y perderse en las miradas de la piel en su pleamar.

¿Cómo, cómo no voy a entender
el sigiloso suspiro azul de una obertura sin olvido
de un arpa que llora su desnudo tacto?

***

A DIDO

Él se enamoró de ti, Dido,
escribió tu nombre sobre la roca
en su primer viaje a Cartago.

Nunca volvió,
mustio se deleita con su derrota.

                                                       se mira en el espejo       econocer es on y
                                                   su mundo son palomas        samolap nos odnum us
                                                                         mentiras        saritnem
                                                                 con recuerdos        olecer ed sodanrot

 Libera el miedo de sus noches
con la desolación fortalecida
          y las manos heridas, yermas de soledad.

En su éxodo conspira con Eolo,
se encrespa viento
y oscurece la luz de los paisajes
con un soplo de voz y tres gin-tonics.

                                                                   Solo, llora en su jerga,
                                                     liba tu breve luz en cada una de sus sombras,
                                                          reclama los cimacios de tu pelvis 
                                                        y aguarda la seducción de su muerte.

***

ORBAYA

Siento que me pertenece este orbayo
que hace que los ojos se alarguen
para estremecer mi alma con semillas de dádivas.

Orbaya, sí, mis manos alzo al infinito,
como si pudiera labrar en el aire tu rostro con mis dedos,
o entender la belleza de las flores que cimbrean.

Recreo los oídos con las aves que migran buscando amparo,
y siento que el quejido de la tierra se atenúa
cuando un viento solo apresura la siembra distraída.

Orbaya, quedamente, orbayas.

***

PLAYA DEL SILENCIO

No me apacigüéis,
dejad que sus ojos de bardo
aquieten el sol que templa mi estanque,
que hoy están volando prófugas las mariposas
del fogaje intenso que expelen los eucaliptos.

Te busco,
en un tejado empapado de lluvia,
en la mueca intrépida de las ánforas,
en los acantilados norteños con tormentas.

-Anocheces, paisaje de silencio-

Me embobo, cierto,
de tus poemas de membrillo (con pan y queso)
y quisiera desafiarte a buscar lechetreznas
mientras recitas verdades a medias
o rumias metáforas caprichosas.

Y extraño,
que no vengas a robarme el brillo de los ojos
cuando tu voz acallas por un tiempo
en el que yo envejezco entre agapantos.

***

LA TRISTEZA DE LAS ALGAS

Allá, a lo lejos,
la silenciosa luz de un horizonte amurallado,
y una nube vigía que aglomera en su manto de lluvia el olvido.

Soy la sombra del liquen con estambres de llama,
la lentitud de lágrima salada
que se enrama fértil a un lamento de hoja;
entre mis brazos el mar, sumamente oscuro y mío,
la desolada ola que tirita en las jarcias del destino.

Ninguna posesión me sostiene
y todo tengo, hasta los pies fríos.

No soy mujer poema, -esa es otra, la que puede morir en tus orillas-
Soy bejuco del norte, aunque amanezco al sur,
soy el miedo con trenzas
o azumbre de ventisca leve.
Y hoy, sólo hoy
me rindo a la tristeza de las algas.

***

LOS SUSPIROS DE LOS TILOS  

Eu sei que vou te amar.
Vinicius de Moraes

Al norte, siempre al norte
donde la lluvia de tus manos
convoca los suspiros de los tilos.

Y yo, verano ciego en tus rodillas,
hago sendas sin desmayo entre caudales de sueños
que desembocan en tus labios, eternamente en tus labios,
incluso cuando te enojas, incluso cuando me enojo
bifurco sonrisas de arroyos mansos,
para que los helechos -en íntimo silencio, inclinados sobre tu pecho-
te hagan escuchar, como se escucha el canto menudo de un pajarillo,
que no vacila la armonía misteriosa que derriba muros a tu paso
o levanta castillos de arena por ver tus ojos asombrados
al rescoldo del hogar que templa el día con sus noches,
mientras declamo un hatillo de besos sobre tus hombros,
sobre tu vida,
sobre mi vida,
en la que siempre te amaré.

***

HEME AQUÍ, TODO LO QUE SOY TIEMBLA

Estaba tendido y tenía entre mis brazos un cuerpo como la seda. Lo besé en los labios, porque el río pasaba por debajo.
Luis Cernuda.

– Estaba tendido.

Sigo leyendo a Cernuda y garabateo suspiros en el papel que son pabilos.

Qué horrible, a veces, el anhelo de un poema con azahares en las ingles y el acomodo paciendo en el ombligo. Será por eso que esta noche se deforma en blancor de puñalada.

– Y tenía entre mis brazos un cuerpo como la seda.

Desembocan los ojos en una tea de gestos aprehendidos y ladran las flaquezas. Ay, este enredo de abriles entre los dedos pretende un temporal sin naufragios. Lo sé, tengo el corazón encendido  y el miedo.

–  Lo besé en los labios, porque el río pasaba por debajo.

El paisaje se acható celosamente, cuando un rumor de encinares se aferró a mis hombros y todas las aves se apostaron en mi vientre. Le amé, como ama un tallo tierno la lluvia fina, habitó en mi nombre el mar de sus labios, brevísima luz derramada en vida, ardí en su esplendor de ajimez desnudo.

Heme aquí, todo lo que soy tiembla, heme aquí, todo lo que escribo existe.

***

*


10 Responses to “Isabel Moncayo Moreno”


  1. julio 15, 2013 en 14:38

    Estimado Julio, sin palabras me dejas después de leer todo lo que has dicho de mis humildes versos. Acabo de llegar de vacaciones y encontrarme con esta presentación me ha dado un cierto pudor y a la vez una enorme alegría; no puedo más que darte las gracias inmensas por hacerme un huequito entre tan buenos poetas como tenemos el gusto de disfrutar en tu bitácora Lucernarios, empezando por ti mismo, sabes que te admiro muchísimo como poeta y como persona. Recibe pues mi más sincero abrazo agradecido, querido amigo.

    Isabel.

    • julio 15, 2013 en 18:38

      Me alegra que te haya parecido tan bien esta pequeña presentación, Isabel. La verdad es que, para el breve espacio dedicado a introducir tus versos, he tenido que contenerme y dejar muchas cosas en el tintero.
      Te confieso que es fácil y grato hablar de personas que, como tú, destacan con natural talento haciendo tan bien cosas como el escribir poesía. Me siento muy honrado con que accedieses a que publicara tus poemas y pasar a formar parte de mis favoritos en una lista que espero vaya creciendo poco a poco con otros escritores y artistas. Gracias una vez más. Con un abrazo.
      Salud.

  2. agosto 21, 2013 en 01:17

    Isabel, es un placer encontrar tu poesía en este espacio. Logras fusionar con éxito los elementos de la naturaleza como los árboles, las plantas, la lluvia…con los elementos del amor.

    Tu lenguaje poético está muy logrado. Al mismo tiempo no pierdes la naturalidad y la sencillez en tus versos.

    Por todo ello te doy mi enhorabuena
    Con admiración y amistad

    Un fuerte abrazo
    Ana

  3. agosto 21, 2013 en 01:18

    Julio:

    Me parece maravilloso que te hayas decidido a traer aquí la poesía de Isabel Moncayo. Su obra poética brilla con estilo propio y leerla da amplitud al espíritu.

    Gracias por esta elección tan certera.

    Un fuerte abrazo
    Ana

    • agosto 23, 2013 en 10:19

      Ana, estoy convencido, como lo estás tú, de la enorme calidad de la poesía de Isabel Moncayo, así que me alegró mucho que accediera a publicarla en este cuaderno donde pretendo atesorar el reflejo de la obra de aquellos autores que me parecen imprescindibles. Quedan unos cuantos a los que iré solicitando la misma suerte.
      Gracias por tus palabras. Con un abrazo.
      Salud.

  4. agosto 23, 2013 en 13:06

    Querida Ana, cuánto te agradezco tus amables palabras para mi poesía, tú en tu blog Poesía de Mujeres y Julio en sus Lucernarios, contribuís a que esta afición apasionada siga latiendo en esta que disfruta y es feliz escribiendo, además si a alguien le llega un poquito algunos de mis poemas, pues qué mejor recompensa. Admiro de ambos vuestra entrega y compañerismo, así como vuestra poesía y la amistad.
    Un fuerte abrazo, Ana y otro para ti Julio, con unas enormes gracias de nuevo por todo.

  5. 7 Pepa Agüera Sánchez
    septiembre 28, 2013 en 23:54

    Isabel: me ha dado tanta alegría verte aquí, como si a la vuelta al colegio me hubiese encontrado en el patio a una amiga querida.

    Tu poesía merece estar, por derecho propio, en un lugar destacado de cualquier foro o bitácora poéticos., tanto por su calidad estilística, como por su alto poder transmisor. Un lujo compartir contigo un nuevo espacio.

    Abrazos.

  6. 9 Pepa Agüera Sánchez
    septiembre 28, 2013 en 23:58

    Gracias, Julio, por traernos a este espacio a una poeta más que grande: luminosa.

    Abrazos.

    • octubre 1, 2013 en 17:21

      Me honro con la presencia de escritoras como Isabel y como tú, amiga Pepa. Es un orgullo teneros juntas en este espacio y un regalo para quienes de verdad apreian y gustan de la poesía. Un abrazo desde la inmensa Argentina.
      Salud.


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