De norte a sur, julio de 2019 (III)

Bédar y las tierras almerienses de Pulpí

Llegamos al sur; o mejor, a esa parte del sur andaluz que se asienta al levante. Y a sus costas almerienses y sus tierras arrebatadas de contrastes en su aridez desértica y volcánica.

Un pueblo nos sorprende y subyuga. Situado en las estribaciones de la Sierra de los Filabres, Bédar, en las laderas de la sierra de su nombre, se abre con el conjunto de su caserío de estrechas y limpias calles, sin coches, sin establecimientos, sin bullicio, en calma y paz y tranquilidad.

Su entorno destaca con los verdes que alimenta y riega la abundante agua de sus covachas y fuentes. En plena canícula veraniega corren los arroyos y las acequias para distribuir un riego bien organizado de las huertas y terrazas escalonadas de su vega morisca tradicional.

Arrancando de la Fuente Temprana y su lavadero tradicional aledaño, se hace la llamada “Ruta del Agua” en un recorrido circular. Paseo sombreado, fresco y ameno, por donde corre el agua y la vegetación crece exuberante entre granados y árboles como los algarrobos, de los que se recolecta el preciado fruto de la algarroba. El trazado de la ruta se eleva por encima del pueblo, con una magnífica vista hacia la costa y sus rincones mágicos, covachas y fuentes en sus orillas prestándonos una compañía continua a los largo de todo su recorrido.

Bédar resulta ser hoy día la antítesis de Mojácar, también alzada a la ladera de la montaña y visible al otro lado del espacioso valle. Bédar es sosiego de callejuelas, rincones sombreados de buganvillas y placitas silenciosas, pulcras y limpias. Mojácar es, a día de hoy, un enorme bazar atestado de locales, rincones y callejuelas ruidosas cuyo encanto se lo ha engullido el turismo descontrolado y que es preferible visitar en épocas distintas a la estival.

Pero también Bédar, más allá de su natural encanto, ofrece servicios como médico y escuelas, establecimientos como la casa rural Castellón de Bédar o los restaurantes situados a la entrada del pueblo, nada más dejar la explanada del aparcamiento y el cementerio. El Bar El Paso, enfrente el Bar Cortijo, unos metros más allá el Indian Curry y subiendo la suave cuesta hacia el centro del pueblo, el Restaurante Miramar. Se anuncian la paletilla de cordero y los asados de cordero como platos especiales; y lo deben de ser, pues existe costumbre de subir desde otros pueblos a Bédar en las fiestas navideñas a compartir en familia esta oferta gastronómica. Pero la cocina del lugar es rica en pucheros y elaboraciones como el Ajo “colorao” o Atascaburras, un puré de patatas con pimiento y bacalao, las Tarbinas, Migas de montaña y los Gurullos, amén de la repostería local con sus roscas de vino y las tortitas reales.

Además de la “Ruta del Agua”, se puede disfrutar de la Naturaleza y saber de la riqueza minera y lo que supuso su explotación durante siglos, haciendo la llamada “Ruta de la Minería”. Arranca dicha ruta a un par de kilómetros de Bédar; está bien señalizada y puede hacerse un recorrido circular de unos 12 kilómetros, atravesando túneles como El Servalico, de 200 metros de longitud y en el que resulta recomendable usar una linterna, restos de las explotaciones mineras, puentes, huecos o hundimientos naturales impresionantes como el Hoyo de Júpiter y miradores. La dificultad es baja y es mejor hacer esta ruta fuera de la temporada estival para evitar el excesivo calor o bien hacerla a horas del día muy tempranas y siempre ir provistos de agua.

En dirección oeste, la provincia de Almería toca la raya con la vecina Murcia en tierras de Pulpí y sus magníficas playas. Y en este municipio se ha descubierto una espectacular geoda, la más grande de Europa y la segunda más grande del mundo, detrás de la mexicana de Naica, en el Estado de Chihuahua. A punto de ser abierta al público puede hacerse, sin embargo, una visita virtual en las instalaciones del Castillo de San Juan de los Terreros (Siglo XVIII), situado en un promontorio con buenas vistas del litoral almeriense y murciano.

La geoda de Pulpí se formó hace un millón de años. Fue descubierta en 1999 en la Mina Rica, de la que antaño se extraía hierro, plomo y plata. La geoda mide 8 metros de largo, por 1’70 m de ancho y otros 1’80 m de altura. Es como un gigantesco huevo lleno de cristales transparentes de forma romboidal y aristas perfectas, entrecruzados entre sí, algunos de cuyos cristales llegan a alcanzar los 2 metros de longitud. Se trata de cristalizaciones de yeso, celestina y barita, formados en un largo proceso kárstico hidrotermal.

En los 350 metros de galerías de la mina y sus tres niveles de explotación pueden admirarse también otras geodas de yeso.

Naturalmente, no se podrá acceder físicamente al interior de la geoda, sino que podrá ser admirada y disfrutado su sugestivo brillo lunar de hace un millón de años, desde una plataforma a través de la abertura practicada por los geólogos.

Nosotros, que pudimos sorprendernos con la visita virtual de la mina y la geoda, no descartamos hacerlo en una visita real en una próxima visita a Pulpí y las tierras almerienses. La sensación de poder presenciar algo único de la Naturaleza es una tentación bastante irresistible; y si esa visita es respetuosa con el medio natural y su entorno, lo irresistible se convierte en objetivo a alcanzar. Pero eso ya será otra cuestión.

González Alonso

BÉDAR
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SAN JUAN DE LOS TERREROS y GEODA DE PULPÍ
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