Carboneras y la Caldera de Majada Redonda
8 de julio de 2018

Es una buena mañana de verano en Carboneras. El viento de levante hace más agradable el desayuno a la sombra de una terraza del paseo marítimo. Y antes de que el sol golpee con fuerza, provistos de agua, buen calzado y buen humor, arrancamos en dirección a la Isleta del Moro para llegar a la Caldera de Majada Redonda (486 m), una de las mejores vistas de un cono volcánico hundido que puede encontrarse en Almería. Otro testimonio interesante, de dimensiones más reducidas y donde es posible encontrar preciosos granates, está al lado de Níjar y a la vista desde la autovía de Almería, conocido como Volcán de la Granatilla o el Hoyazo de Níjar.

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Recorriendo todo lo largo del paseo marítimo hasta la salida de Carboneras, cerca de la central térmica, tomamos la carretera hacia Almería ciudad. Se inicia con una prolongada cuesta hasta dejar atrás la gasolinera a la derecha y continúa un ascenso más moderado para llanear a tramos. Tomaremos el desvío a la izquierda hacia Agua Amarga y a pocos kilómetros dejaremos la estrecha carretera para seguir por una antigua pista, a la derecha, hacia Fernán Pérez. Ahora, ya asfaltada, el recorrido es ameno discurriendo por los límites del Parque Natural del Cabo de Gata; sobrepasaremos la desviación a la izquierda por una pista forestal que llega a la Cala del Plomo y avanzaremos sorteando curvas y salvando pequeños desniveles hasta vislumbrar el acueducto de Fernán Pérez y adivinar el emplazamiento de su molino de viento restaurado. En el cruce, giraremos a la izquierda y sin abandonar esta carretera pasaremos las Hortichuelas, el desvío a Las Negras, Rodalquilar, el Mirador de la Amatista de belleza impresionante y llegaremos a la Isleta del Moro.

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A escasos cincuenta metros de la orilla de la carretera, sin entrar en la Isleta del Moro, está indicada una casa rural a la izquierda. Desde la plataforma costera, mirando hacia el mar, divisamos un espléndido conjunto de piteras en flor y palmitos verdes sobre las laderas volcánicas que caen a la costa en la que se ve el pueblecito de la Isleta del Moro y un amplio paisaje a poniente con los Picos de los Frailes (Cerro del Fraile y el Fraile Chico), dos antiguos volcanes, recortándose en el horizonte cercano un poco más allá de Los Escullos.

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La casa rural La Loma, antiguo cortijo rural de unos 200 años de antigüedad, está rodeada de un entorno arbolado y fresco, con buenas vistas al mar y al barranco poblado de palmeras abierto a su costado.

De nuevo en la carretera, continuamos hasta sobrepasar la desviación a la Isleta del Moro y Los Escullos y a escasos kilómetros encontramos un vial a la derecha que nos conduce la barriada de Presillas Bajas; un camino local asfaltado, estrecho, que nos acercará al poblado. Cualquier cruce con otro vehículo nos obligará a reducir la marcha y apartarse con cuidado para permitir el paso.

Presillas Bajas goza de una paz y silencio que se hacen notar nada más poner el pie en el suelo. Las viviendas conservan el gusto de las construcciones del campo, bien cuidadas, y con alojamientos turísticos de indudable atractivo.

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Cruzamos el pueblo “derechos como una vela”, según las indicaciones de uno de los lugareños con que nos tropezamos, y tomando el sendero de una amplia vaguada iniciaremos el asenso a la Caldera de Majada Redonda.

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El recorrido es fácil, agradable y cómodo. En determinados tramos encontramos senderos que hacen cortos atajos para evitar lo más angosto y abrupto de la vaguada. Los espartos todavía verdes, las piteras, algarrobos, palmitos con sus frutos (palmiches, uvas de palma, dátiles de zorra, según las zonas) y las higueras, alegran el camino y perfuman el aire que se mueve suavemente en la mitad del día. Un pozo abandonado y seco, debidamente señalizado, los restos de un cortijo y la inexplicable aparición de los restos de un coche lleno de piedras casi al final de la ruta, son otras pequeñas sorpresas de este apacible y soleado recorrido.

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Al alcanzar la Caldera encontraremos unos carteles explicativos. Para tener una visión general más completa de lo que fue el cono volcánico hundido, hay que caminar unos cien o ciento cincuenta metros más y remontar una pequeña ladera. Ahora sí. Tendiendo la vista alrededor podemos seguir el trazado perfecto de la caldera; la pista continúa para atravesarla y volver a las Presillas en un recorrido circular. Pero nosotros volveremos por donde hemos venido, no sin antes hacer una breve parada a la sombra de unos árboles sobre un pequeño barranco próximo al camino, tomar algunos frutos secos y beber agua.

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Puestos en la carretera y de vuelta a Rodalquilar, la playa de la Isleta del Moro ofrece la promesa de un refrescante baño con precaución y bandera amarilla. Ya en Rodalquilar, ¿qué mejor que una buena sombra en una terraza ajardinada para degustar algunos platillos de la zona?

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Y luego, sí, con el atardecer a la espalda, volvemos al perfil costero que dibuja el mar Mediterráneo en Carboneras, su paseo marítimo animado de turistas, jalonado de palmeras que se adentran en las arenas de sus largas playas y el reclamo de sus chiringuitos, restaurantes, bares, heladerías y demás instalaciones que comparten espacio con los paseantes, las casetas y los puestos ambulantes de hippies, jipis, o lo que quede de ellos con sus trabajos artesanales de pulseras, anillos, pendientes, bolsos, pañuelos y libros de segunda mano. O sea, para todos los gustos.

González Alonso

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