La calle de La Rúa de León

El viajero que se acerca por primera vez a León buscará, entre sus monumentos, el curioso y reconocido Palacio de Botines, obra del arquitecto catalán Antonio Gaudí. Se encontrará, si no lo buscaba, con el imponente y armonioso Palacio de los Guzmanes, de porte renacentista, asentado sobre el solar de los Guzmanes, familia que perteneció a uno uno de los linajes leoneses de más arraigo, y que hoy día es la sede de la Diputación. Y ambos palacios, de tan dispares estilos, ocupan la entrada a la Calle Ancha, la arteria principal del primitivo campamento romano. Enfrente se encontrará con la que fue conocida como Plaza de las Palomas y hoy se llama de San Marcelo, presidida por el edificio noble del Ayuntamiento del siglo XVI que fue antes Palacio de la Paridad y que ahora acoge algunas oficinas del Consistorio ya que su sede principal se trasladó a la calle Ordoño II. A la derecha del ayuntamiento se conserva el Palacio de Torreblanca, del siglo XVII, hoy día sede de la asociación del Nuevo Recreo Industrial. Y en la parte trasera de la plaza, al otro lado de la Calle Ancha, el románico de la iglesia de San Marcelo.

Justo en la boca de la Calle Ancha que sube hasta la Plaza de la Catedral, y a su mano derecha, se abre otra calle, ésta bastante estrecha y casi rectilínea. Se trata de La Rúa. El nombre nos remite a su origen e historia que se remonta a la Edad Media cuando era el camino por el que llegaban a León haciendo el Camino de Santiago desde tierras francesas. Ya que estos peregrinos preguntaban por la “rue” de entrada a la ciudad los leoneses acabaron por adoptarla como “rúa”, y así todos sabían de qué hablaban.

En su origen La Rúa quedaba situada extramuros, pero con la ampliación de las murallas de Alfonso XI, ésta quedó incorporada al centro urbano, siendo esta “rúa de los francos” el límite sur del Barrio Húmedo.

A la entrada a La Rúa encontramos dos edificios, el ocupado a mano izquierda por la histórica Cafetería Victoria y a la derecha el que fue residencia den los años 60 del entonces director del centenario Instituto Padre Isla, conocido como “el masculino”, que se encuentra a escasos cien metros de allí. En este clásico y sencillo edificio vivía, como digo, don Luis López Santos, sacerdote nacido en Valderas y profesor de Literatura que ejercía el cargo de director. Otro sacerdote de Valderas, al que don Luis no debía de tenerle mucha simpatía, fue don Antonio González de Lama que, junto con Eugenio García Nora y Victoriano Crémer, fundarían a célebre revista de poesía Espadaña. Lo recuerdo porque, siendo estudiante en el Instituto Padre Isla, pasé a formar parte de la rondalla, y la primera parada al salir de ronda era bajo los balcones del director del Instituto que, amable y pacientemente, recibía nuestros saludos musicales y los correspondía con una generosa aportación.

La Rúa, esta larga calle, estrecha y antigua de León, es calle de comercios y establecimientos variopintos. No sólo los bares y cafeterías amenizan su vida, como el Victoria ya citado o el Bar Sevilla poco más adelante, sino que a lo largo de ella se suceden tiendas de ropa, calzados, droguerías, mesones, panaderías, ferreterías, joyerías o perfumerías junto a establecimientos de alimentación con sus productos típicos como la cecina, los excelentes chorizos, los quesos o las empanadas. Algunos nombres sobreviven al paso de las modas y los años, como Calzados La Revoltosa o La Perla.

Otras historias corren o se silenciaron en su tiempo, como la del avión de la Legión Cóndor alemana que se estrelló dejando tres muertos, dos niñas de 6 y 13 años, y un joven, además del piloto del bombardero. Ocurrió un 23 de diciembre de 1937, en plena guerra civil.

También ha tenido esta calle su bruja o adivina que, al caer la tarde, se instala con su bola de cristal vestida para la ocasión ofreciendo el servicio de sus visiones, premoniciones y adivinaciones a los curiosos y transeúntes.

Es calle de acceso al popular y emblemático Barrio Húmedo que acoge, además de las tabernas, bares, restaurantes y chiringuitos con su habitual ritual de vino y tapas, restos arqueológicos de singular importancia, como los restos sepultados bajo los cimientos de los edificios y visitables en parte del emplazamiento del circo romano del tiempo de las legiones VI y VII, que dieron origen a la ciudad desde donde controlaron el territorio astur y las minas de oro bercianas.

Siguiendo el curso de La Rúa desde la Calle Ancha iremos dejando a uno y otro lado pequeñas calles. En algunos de sus tramos podremos ver a mano derecha en patios abiertos de las nuevas construcciones, antiguos restos de las murallas de Alfonso XI, llamadas “las Cercas”, y sucediéndose las casas restauradas, las que permanecen en estado de abandono y otras en vías de restauración, con sus balconadas de madera, cerradas y acristaladas, nos toparemos con edificios singulares que en su momento jugaron un papel en la historia del Reino de León y su capital, como es el caso del Convento de la Concepción, fundado por doña Leonor de Quiñones, hija del primer conde de Luna. Siguiendo nuestro paseo saldremos un poco más adelante al Parque de San Francisco y si giramos a la izquierda nos adentraremos por Las Cercas, ahora recuperadas para los peatones, que recorren gran parte del sur de León para seguir nuestra visita a  esta ciudad bimilenaria que encierra tantos secretos, algunos inquietantes, inciertos y fabulosos, como el de acoger la copa del Santo Grial en el Cáliz de las Ágatas de doña Urraca, guardado en  la basílica de San Isidoro, lugar que fue –además- cuna del parlamentarismo europeo, declarado así por la UNESCO el 18 de junio de 2013, cuando el rey de León Alfonso IX convoca el año 1118 en el claustro de San Isidoro a la representación de los Tres Estados, la Nobleza, la Iglesia y el Pueblo, según se recoge en “Los Decreta”, el testimonio documental que revela un nuevo modelo de organización y gobierno totalmente original y novedoso que dio paso a las instituciones parlamentarias europeas.

Pero todo ello y mucho más forma parte de otras historias de las calles de León y sus rastros astures, romanos, mozárabes, cristianos y judíos que se nos ofrecen como un libro todavía sin abrir por muchas de sus páginas. Esto es León.

González Alonso

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