21
Oct
18

Abre los ojos, deseada patria

Don Quijote y Sancho vuelven a su aldea.- ¡Abre los brazos, deseada patria!

Abre los ojos, deseada patria
(Sancho Panza.- El Quijote, II-LXXII)

Abre los ojos, deseada patria,
y mira que a ti vuelve Sancho Panza
no muy rico, si bien apaleado,
menos bruto y más lleno de locura
para alumbrar feliz un mundo nuevo.

Abre los brazos, patria deseada,
recibe con orgullo a don Quijote
de los brazos ajenos ya vencido
e invicto de sí mismo; dale, patria,
sepultura feliz a su cordura
y a su sana locura eterna fama.

Sobre los anchos muros de tu historia
a lomos de aquel rucio y Rocinante
cabalgarán sus nombres; Dulcinea
será llave encantada de tus sueños,
que si el vivir merece la aventura
tienes la vida, patria, asegurada.

Un sol será Cervantes en el cielo,
del universo estrella acompañada
por cuatro esferas como cuatro lunas,
cuatro planetas fijos en sus órbitas
que sin pausa recorren: Rocinante,
Dulcinea sin par y del Toboso,
el audaz don Quijote y Sancho Panza.

González Alonso

Sistema solar Cervantes: Sol Cervantes, Dulcinea, Rocinante, Quijote y Sancho

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14
Oct
18

Las siete cabras del cielo

Las Pléyades o las siete cabras del cielo

Las siete cabras del cielo
(Sancho Panza.- El Quijote.- II-XLI)

Nos puso la NASA los ojos en Saturno,
los suelos de sus lunas, los anchos
anillos en sus órbitas
y el alma abrió la boca del asombro
al espacio solar y planetario; la Tierra, allí,
en su lejanía obscura,
diminuto puntito iluminado navegando el vacío
que corren las invisibles partículas mensajeras
del Universo. Y antes,
mucho antes de ahora,
cuatrocientos años antes que la NASA
y sus ingenios espaciales,
voló los universos Sancho Panza
a lomos
de la noble madera
clavileña
y nos descubrió las siete
cabras del cielo,
las dos verdes, las dos
encarnadas,
las dos azules
y la una de mezcla. Ningún cabrón
pasaba
de los cuernos de la Luna, por si queréis
saberlo.

González Alonso

Don Quijote y Sancho Panza a lomos de Clavileño

07
Oct
18

¿Quién es el señor Schmitt?- Sébastien Thiéry

¿Quién es el señor Schmitt? teatro¿Quién es el señor Schmitt?Sébastian Thiéry

Barco Pirata, compañía

Dirección y adaptación: Sergio Peris Mencheta

Reparto:

Javier Gutiérrez, Cristina Castaño, Xabier Murua, Quique Fernández y Armando Buika  

Teatro Barakaldo, 6 de octubre de 2018

La primera consideración a la que debo referirme es el público. El cine y la televisión arrastran a buen número de personas al teatro como espectadores ocasionales. Van con la risa puesta y creen estar en el salón de su casa ante la serie de turno de la cadena televisiva de turno. Y surge el fracaso. Resulta patético comprobar que no entienden nada. Ríen antes de que el actor o la actriz inicien el mínimo gesto, aplauden a deshora escenas intrascendentes y encajan con desconcierto las escenas de calado. Un público, en fin, encasillado en la comedia casposa televisiva de chiste fácil incapaz de entender el teatro y al que prestan un flaco favor. Eso incomoda y perjudica al espectáculo. Imagino la perplejidad de los actores ante reacciones tan fuera de lugar.

Pero la obra del francés Sébastian Thiéry es buena; diría más, es muy buena. Parece rara, pero sólo si queremos encasillarla en un género; de otro modo, nos encontraremos ante un planteamiento complejo que transita por los recovecos del teatro del absurdo con pinceladas irónicas al estilo de un inteligente Darío Fóo. La trama, que arranca con un suspense inicial, se sumerge en el humor de la comedia para acabar en un drama con un final amargo que invita a la reflexión, o un final –si lo preferimos- abierto.

Javier Gutiérrez y Cristina Castaño en ¿Qué es lo que cuestiona esta propuesta teatral? Pues, en principio, la imagen que tenemos de nosotros mismos, lo real y lo inventado, así como la imagen que de nosotros mismos tienen los demás. ¿Qué somos? ¿Cómo adaptarnos al entorno y la presión social? Y como respuesta ante el desconcierto, el riesgo, la amenaza y el miedo, nos ofrece una hermosa metáfora: nadar a favor de la corriente; no hacer como los salmones, que remontan el río contra corriente para encontrar la muerte. Me parece acertada y oportuna la cita de H.P. Lovecraft del programa de mano de la obra: “Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad”.

Me gustó la dirección de Sergio Peris Mencheta y el planteamiento de la acción en los espacios de un decorado clásico, pero tan inestable como la vida y la personalidad de los personajes protagonistas, con sutiles cambios sin que nada cambie, como la puerta de la casa que se desplaza a lo largo de la pared y ya no es la misma puerta que antes no se podía abrir, pero sigue siendo –paradójicamente- la misma puerta. El argumento: una feliz y acostumbrada –quizás aburrida- pareja de mediana edad se encuentran en su casa desayunando y empiezan a percatarse de que ni aquella es su casa ni ellos son ellos. Suena un teléfono que no tenían, preguntan por un señor que no conocen, parecen estar en un país que no es el suyo, les aparece un hijo negro y edad imposible, las ropas, libros, cuadros y recuerdos resultan ser los de otras personas que ahora son ellas mismas ante la inevitable sorpresa, dudas y el pánico desatado.

Me gustó la interpretación. Descuella Javier Gutiérrez en el personaje principal del señor Schmitt. Reconozco la labor de Cristina Castaño como señora Schmitt. No se puede considerar el corto e inapreciable papel, secundario y testimonial, de Armando Buika y Xabier Murua. Y magnífica –tal vez, en mi opinión, la más acertada actuación teatral- la interpretación de Quique Fernández en su doble papel de policía y psiquiatra. No me gustó el público. Pero no es responsabilidad del cuadro escénico de la compañía Barco Pirata.

Lo demás, un teatro lleno a rebosar, una tarde agradable de casi otoño y un nuevo encuentro con el siempre mágico y alentador mundo de las tablas. Y hasta la próxima.

González Alonso

Javier Rodríguez y Cristina Castaño en la obra

06
Oct
18

En la estación del tren

Noche de frío en la estación del tren

En la estación del tren

Diez minutos sobran a mis propósitos:
repasar los últimos recuerdos arropados de bondad,
dejar volar la mirada
hasta la frágil línea del horizonte,
hacer las maletas con las cosas necesarias.

No hay demasiados recuerdos compasivos; tal vez
baste el gesto agradecido del emigrante negro
frente a un desayuno. El horizonte se ha borrado
entre nubes agrisadas de diciembre
y no encuentro nada imprescindible
que descolgar del armario
para el viaje que llegará a su tiempo
y espero en el andén solitario de los años.

No creo poder encontrar la frase adecuada;
además, ¿a quién le importaría? Ni siquiera
siento la premura de un gesto; a mi alrededor
el aire de la noche envuelve las horas del reloj
de una estación solitaria, los raíles
de acero, la materia del frío,
la mortecina luz de una lámpara,
el eco de la vida
con la solapa del abrigo alzada
y las manos metidas en los bolsillos.

González Alonso

Estación de tren solitaria

12
Sep
18

Dibujar

Cielo estrellado

Dibujar

Si supiera dibujar, dibujaría
aquí
un cielo lleno de estrellas.

Si supiera escribir, escribiría
aquí
un cielo lleno de estrellas.

Pero aunque no sé dibujar
ni escribir
estrellas,

cuento estrellas,
digo estrellas;

respiro,

miro un cielo
lleno de estrellas.

González Alonso

 

.

01
Sep
18

Carta de septiembre

Buganvillas en Agua Amarga (Almería!Carta de septiembre

Septiembre viene al agua
de la fuente en el jardín
y vuela el aire en ramas
de palmeras. Oigo sus palabras,
presiento el otoño
columpiándose
en las flores rosadas
de las buganvillas
todavía aferradas a la altura y la luz. Un pájaro
picotea
los restos del verano. Sólo silencio
y rumor de aire y agua
salpicando la mañana. Sólo
el mar
alzándose al levante y la casa
con las puertas abiertas.

Tal vez la noche acabe llenando con estrellas
esta carta al final de las horas del día,
cuando duermen las moscas
y los recuerdos vuelven a los rincones
habitados de olvido.

González Alonso

La luna cubierta parcialmente por nubes

20
Ago
18

Herencia

Flor Diente de León seco

Herencia

Fui  la señal del cielo
y aquél que advirtió un lugar
en las estrellas
y os dio un universo
de palabras.

No era ángel ni profeta
ni era dueño de los mapas
del mundo
y el caudal antiguo de la vida.

Sólo un amor desconocido
corrió por mis venas
y los pulsos,
se alzó a las sabias
de mis ramas. Vosotras, hijas mías,
sabréis qué hacer con todo aquello
que una vez llegó a vuestra alma
y canta y duerme
con la alondra que anuncia
la hora primera
de la madrugada.

González Alonso

Faedo leonés




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