El efecto.- Lucy Prebble

Producciones Teatrales Contemporáneas
Dirección: Juan Carlos Fisher
Reparto: Norma es ALICIA BORRACHERO; Connie lo interpreta ELENA RIVERA; Tristán es ITZAN ESCAMILLA; y Tomás, FRAN PEREA
Teatro Barakaldo, 24 de enero de 2026
La obra se representa en el marco de un ensayo clínico para determinar la efectividad de un fármaco en el tratamiento de la depresión. Ese envoltorio guarda, en mi opinión, dos temas de fondo con sus efectos colaterales: la efectividad, por una parte, de los medicamentos en el tratamiento de determinados trastornos, y los intereses –principalmente económicos- de los laboratorios que trabajan para la industria farmacéutica; y por otra parte, el verdadero origen del desarrollo de las emociones como el enamoramiento y el amor, si éstas pueden ser inducidas y sostenerse fuera del campo experimental o si son genuinamente humanas.
En definitiva, me parece que se trata, en realidad, de decidir o aventurar una explicación sobre el origen y la formación de las emociones. ¿Están determinadas por las reacciones químicas de nuestro organismo? ¿Se pueden provocar artificialmente? ¿Nuestra conducta y vida afectiva son realmente nuestras?
El ensayo clínico sobre la depresión nos conduce a una respuesta inesperada cuando el amor y el enamoramiento se cruzan en su desarrollo. Los sujetos del ensayo, una mujer y un hombre jóvenes, van a experimentar una gran atracción que no saben si responde o no a los efectos de los fármacos de la prueba. Es decir, el objetivo de sacar conclusiones sobre la depresión se convierte en otra cosa, la del amor. ¿Es natural o artificial en este contexto? Lo que no sabían los investigadores es que ese amor va a perdurar más allá de los posibles efectos causados por el fármaco con el que experimentan.
En la aparición de la atracción amorosa se da una variable a considerar no prevista durante la experimentación, y es que la pareja se ve y tiene interrelación antes de iniciar el ensayo. ¿Pudo darse en ese momento el inicio del enamoramiento? ¿Qué efectos pudo producir la posterior administración de dopamina en esa atracción? ¿Se podría realmente comercializar un elixir de amor? Se abren así otros interrogantes en torno a la verdadera naturaleza del sentimiento amoroso. Otro problema a considerar será si a los efectos terapéuticos buscados se les puede añadir otros efectos secundarios o efectos adversos graves por una sobreexposición accidental o mal calculada. En el caso que se nos presenta, el joven sufrirá una amnesia general temporal de pronóstico incierto.
Digamos que toda esta problemática se va trasladando al espectador enfrentándolo a dilemas morales e incluso existenciales. Y en todo ello también juegan un papel determinante, por una parte, las personas que dirigen el ensayo clínico con su historia personal e, incluso, historial cínico, así como –por otra parte- su actitud ante el experimento y la manera de manejarlo. Nos proponen dos posturas bien diferentes: una, la práctica y utilitaria, fría y aséptica; y dos, la humanista, más cercana a la realidad del sujeto y su psicología, tendiendo a la comprensión y la ayuda. Todo ello compone el puzle del drama desarrollado sobre la escena. Sigue leyendo





Naturalmente, a través de la larga historia de amor de dos personas ancianas se suceden escenas previsibles y momentos reconocidos, felices y dolorosos, que se pueden anticipar fácilmente. Eso no es un problema; el problema sería contar dichas escenas o mostrarlas de forma plana o superficial. El trabajo de profundizar en ellas y en sus consecuencias, es lo que las hace válidas para el teatro en la puesta en escena.
Pero la costumbre de la cuelga será, pienso, menos conocida. El caso es que los cumpleaños se celebran en León (capital y provincia) de esta manera; una manera tan peculiar como única de la que se desconoce el origen o, al menos, no se tiene gran certeza ya que la tradición se ha ido transmitiendo de forma oral de generación en generación sin que se sepa que haya constancia de documentos escritos de antigüedad significativa. Aun así, si damos crédito a los versos que escribió Quevedo a lo largo de los cuatro durísimos años de prisión en las mazmorras frías y húmedas de lo que fue Hospital de San Marcos en León, hoy lujoso y confortable Parador Nacional, la costumbre de la cuelga ya se practicaba en los cumpleaños del siglo XVII.
Hoy, a la otra orilla del río, se abre un ameno y agradable parque poblado de setos, estanques y árboles de distintas clases, desde castaños a robles y tilos, al que se le ha puesto el nombre de Parque de Quevedo y en el cual le rinde homenaje un pequeño busto del escritor y poeta. No sabemos lo que diría Quevedo si alcanzara a tener noticia de todo ello y si el dolor de sus huesos sería menor al sol del invierno en el parque o a la sombra del verano junto a las fuentes y estanques.


