De Tafí del Valle a Cafayate por los valles calchaquíes. Punto y aparte (5, 6 y 7 de octubre de 2013)

 

Salida temprana de Tafí del Valle (2.000 metros sobre el nivel del mar). El valle, encajonado entre las sierras del Aconquija, se puede imaginar verde en su amplia extensión, pero está seco, teñido de un amarillento que rompen, a trozos, los árboles agrupados en torno a las fincas. Tafí no cuenta con centro histórico, ni pequeño, ni grande. Creció en fincas que fueron poblándose cuando los terratenientes del lugar vendieron gran parte o todas sus posesiones. La población dispersa se hace excepción en la carretera que atraviesa la población, desde la terminal de autobuses hasta el puente sobre un río de cauce muy amplio y pedregoso por el que corre un pequeño caudal de agua. Al fondo, el lago formado por la represa o Dique La Angostura, a unos diez o doce kilómetros, le da al paisaje árido un toque de delicado color azul que se tiñe de cielo. Imponentes las alturas que rodean el valle en su soledad, su elevación y su desesperante aridez.

La carretera hacia Amaicha asciende trabajosamente. Todo el paisaje es pradera poblada de matas de hierbas amarillentas hasta el pie de la montaña. Cuanto más asciende el autobús, más altas se hacen las cumbres. Parece una lucha imposible en medio de unos parajes permanentemente amarillos.

Alcanzando la cota de El Collado y desde los 3045 metros de su altura, empiezan los valles calchaquíes. La vegetación cambia, sin que deje de ser el mismo paisaje árido, apareciendo retamas y monte bajo con un colorido más variado. La carretera ahora parece competir con el curso del río que se despeña en profundas cárcavas y aparece y desaparece en meandros imposibles. Los valles se van sucediendo uno a otro abriéndose y cerrándose ante nuestra vista. Los cactus gigantes o cardones son guardianes fantasmas de unos parajes que parecen estar fuera del mundo, mientras que las cumbres continúan elevándose a los costados hasta perder su altura en un cielo cubierto de neblina.

La sequedad desértica se transforma y dulcifica en las inmediaciones de Amaicha. Huertos y árboles rodean el pequeño pueblo que recibe el agua a través de canales que descienden las empinadas laderas de las montañas. En la plaza del pueblo, un cartel reza: Amaicha, 360 días de sol.

Federico, un joven encargado del Hostel Tucumán en la ciudad de S.Miguel de Tucumán, nació en este pueblo. Luego conoció a una joven leonesa de Ponferrada y vivió en la ciudad berciana varios años, donde tuvo un hijo. Nos contó cómo su padre le dijo, al conocer a su nieto, de qué manera llegaron por vez primera los españoles y los conquistaron con la espada, y cómo llegan ahora para conquistarlos con el corazón. Con el corazón y las buenas formas, agrega Federico. Creo que su padre es un hombre sabio que vive en Amaicha en una casa-cueva cuidando cabras y haciendo quesos. Federico tiene derecho, como cualquier nativo del lugar, a un terreno para construir o unas hectáreas para cultivar. Es un derecho que adquirieron de los reyes de España y que conservan. Si en dos años no se inicia ninguna construcción o no se hace productivo el terreno, éste vuelve a la comunidad. Federico ya ha comenzado a construir su vivienda en Amaicha.

De Amaicha a Quilmes y de Quilmes a Cafayate es un discurrir abrupto con fincas productivas y extensos campos yermos. A pocos kilómetros de Cafayate la carretera se pega a la cordillera y aparecen fincas de viñedos perfectamente cultivadas con métodos modernos, emparradas para su explotación mecánica, junto a bodegas de buena construcción. Todo cambia. Aparece un pequeño lago a nuestra derecha y, a lo largo del camino, acostadas al abrigo de la montaña se suceden los viñedos por nuestra izquierda.

 

Cafayate es un pueblo atractivo en su singularidad y sencillez, calles y aceras muy cuidadas, limpio y ordenado en torno a la plaza rodeada de comercios, hoteles, restaurantes y una bella iglesia que se llama catedral. La plaza está bien vestida de arbolado y césped con un monumento central.

 

La comida casera puede encontrarse en la calle Colón en el Comedor Tía Pancha. Sencillez. Incluso es posible comer en el patio de la casa que es, a su vez, taller de bicicletas. Otro punto importante en la calle Rivadavia es un asador de empanadas. Los hornos están en la calle, frente al asador, y el ambiente resulta entrañable.

Cafayate nos recibe en plena celebración de sus fiestas de la virgen del Rosario. La religiosidad de las gentes del lugar se manifiesta en procesiones que llegan de todos los lugares del entorno. Ofrendas, actos y actuaciones en la iglesia y frente a ella. Tuvimos así la ocasión de saludar, en medio de la plaza, al obispo de origen español que acompañaba los diferentes actos programados, acercándose a las gentes y conversando con todo el mundo. Me pareció admirable esta proximidad al pueblo de una personalidad de la Iglesia. Fue un saludo entrañable y correcto que agradecimos.

Por la noche, siguiendo con los festejos, hacen aparición los guanches montados en sus caballos y con los trajes típicos. Cientos y cientos de ellos desfilaron durante más de una hora haciendo bailar y desfilar a sus caballos en una exhibición impresionante.

 

Para concluir un día que empezó con una cata de vinos en las bodegas Nanni, productoras de vinos ecológicos y naturales de excepción, acabamos cenando de nuevo en el restaurante Peña Parrilla de la plaza donde la noche anterior, en medio de las canciones del recital y bailes que pudimos disfrutar, nos dedicaron al grupo de españoles que viajamos por Argentina la canción La saeta, de Joan Manuel Serrat. Nos recogimos pronto, no sin antes despedir y saludar al cantante y agradecerle la deferencia mostrada.

 

Pero de Cafayate no se puede ir uno sin acceder a su famosa quebrada, cerca de Lules. La impresión del valle formado por el río de Las Conchas y las formaciones erosionadas de la quebrada tiene difícil explicación. Enseguida se percibe el entorno como algo mágico o relacionado con la espiritualidad. No nos equivocamos. El guía nos habla de los ritos a Pacha Mama (la Madre Tierra) y depositando una piedrecita en uno de los montones de piedras que se hacen para pedir la protección de la Madre Tierra susurramos las palabras indígenas cusiya, cusiya, Pacha Mama, a las que unimos nuestras peticiones.

No es posible describir la belleza de estos parajes poblados de tantas formaciones rocosas y los colores que reflejan en cada momento del día. La Naturaleza se ofrece pura y salvaje para nuestro disfrute y nos habla un lenguaje primigenio que conmueve. Punto y aparte.

 

Julio Glez. Alonso

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8 Responses to “05-(Argentina)De Tafí del Valle a Cafayate por los valles calchaquíes. Punto y aparte.”


  1. 1 ITZIAR GOROSTIZA
    octubre 21, 2013 en 20:36

    Queridos amigos : !!Cuánta belleza en las sencillez de las gentes y su acogída!! Belleza sobrecogedora en los paisajes abruptos, silenciosos y solitarios llenos de color. Habla la tierra estremeciendo con su hermosura.!
    Se os ve disfrutando mucho y de muchas formas. Un abrazo grande para cada una y uno de vosotros. Gracias por compartir con nosotros lo vivido y poder veros en cada rincón.

  2. 3 izaskun
    octubre 28, 2013 en 17:32

    Desde ROMO con AMOR:
    El otro día estuvimos con MIKEL Y CRISTINA y me dijo que se veían fotos en Lucernarios y él nos enseñó alguna que le habíais mandado.
    Al abrir el blog pensaba que vería alguna foto, no me imaginaba la labor que estas haciendo en este cuaderno de bitacora. SIGUE ASÏ, es un gran trabajo.
    Ánimo en ese magnífico viaje, besos a todos y dejad algún lugar del planeta para que pueda ir yo con vosotros cuando me jubile.
    IZASKUN

  3. noviembre 13, 2013 en 20:44

    Impresionante y muy telúrico tu relato, amigo Julio, parece uno viajar a los misterios primigenios de tierras apenas tocadas por los desastres de occidente. Creo que son paisajes que de tan grandiosos se interiorizan tanto que dejan en uno una impresión indeleble

    • noviembre 14, 2013 en 23:46

      Estoy absolutamente convencido de que estas tierras y parajes están hechos a la medida de tus versos, Ferreiro. Sabrías reflejar mejor que nadie ese temblor de grandiosidad y altura. Te espera estos paisajes…
      Abrazos y salud.

  4. 7 Susana Saquilan
    julio 23, 2014 en 20:13

    Me encantó leer su comentario sobre el valle que vivo hace una década y después darme cuenta que era el grupo de viajeros Vascos que recibí en el hostel; gracias por compartir su experiencia… Susana

    • julio 24, 2014 en 13:06

      El viaje por Argentina resultó mucho más interesante de lo que suponíamos al principio. Todo fue una experiencia inolvidable que a mí, particularmente, me gustaría repetir al menos en algunos tramos volviendo a lugares de belleza excepcional y gentes acogedoras, ricas de sabiduría y prudencia, aunque también -en general- un poco dadas al desánimo. Gracias, Susana, por tu recuerdo desde Tafí del Valle.
      Salud.


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