POLONIA (II)

TORUN, la larga orilla del Vístula

Arranca el tren de la estación de Varsovia con total puntualidad. El destino es Torun, a unos 235 kms siguiendo el curso del río Vístula hacia el noroeste. El viaje es lento por medio de la amplia llanura polaca de verdes de primavera. Extensos campos cultivados y sembrados contrastan con otros, pardos, esperando la siembra. La población aparece de forma dispersa en medio de abundante arbolado. Resulta admirable el paisaje de este país de bosques y praderas. Al paso del tren se hace visible la diversidad de especies; tilos, alerces o álamos negros, hayas, pinos, arces campestres, robles o abedules, se distribuyen por todo lo largo y ancho del recorrido. El tren recibe a numerosos jóvenes estudiantes. Una chica lee poesía. Todo es un pausado discurrir del tiempo entre estación y estación. La lluvia hace acto de presencia.

Torun es la ciudad del neogótico en ladrillo y la presencia de Copérnico en las calles, con museo en la que fue su casa natal. En la plaza del Ayuntamiento, corazón del casco viejo, una enorme y monumental estatua compite con el hervidero de restaurantes, bares y locales de ambiente nocturno; también lo hará con edificios singulares y espectaculares, como el propio Ayuntamiento que ocupa majestuoso el centro de la plaza, o la Mansión de Artur, lugar de conciertos y exposiciones, desplegando frente al mismo Ayuntamiento su fachada neorrenacentista. La iglesia del Espíritu Santo y, a su lado, el bello edificio neogótico de correos, ponen su contrapunto en este coro de arquitectura polaca.

Toda la citada plaza del Ayuntamiento o del Casco Viejo constituye un atractivo aliciente cultural, monumental, gastronómico y de ambiente. A lo largo de todo su perímetro y el del Ayuntamiento, en los sótanos de los edificios, se distribuyen los pubs de ambiente nocturno, con restaurantes en las plantas bajas, terrazas en la plaza y comercios. Frente a la iglesia del Espíritu Santo y al lado del Ayuntamiento, se emplaza una fuente con ranas de bronce arrojando agua por su boca a la poceta, en medio de la cual se levanta la efigie de un violinista en una versión polaca con ranas y violín del conocido cuento, con ratas y flauta, de El flautista de Hamelín. Tocar las ranas mientras nos hacemos una foto, subir a la torre del Ayuntamiento para disfrutar las magníficas vistas de la ciudad desde su elevada altura, incluso escuchar y ver el funcionamiento del carillón a las doce del mediodía, son cosas casi inevitables, como hacer la fotografía al monumental Nicolás Copérnico en la ciudad de su nacimiento, dominando el mundo y el universo desde el pedestal de la estatua en una esquina de la plaza. Pienso, contemplando la talla, que si Copérnico levantara la cabeza vería cómo la tierra ha dejado de girar en torno al sol para hacerlo alrededor del dinero.

A lo largo de la calle principal que atraviesa la plaza del Casco Viejo, se abren calles y callejones a izquierda y derecha hasta las orillas del Vístula. Murallas bien conservadas y restauradas en la orilla del río con su torre de defensa inclinada un metro y medio de la vertical, puertas, barbacanas y atalayas o las ruinas –al final de las mismas murallas- del Castillo Teutónico, son algunas de las sorpresas de este paseo. Todo en ladrillo.

A la hora de comer encontramos el pato como uno de los platos estrella, al igual que la sopa servida en el hueco de una pequeña hogaza de pan con suave caldo de setas. Los helados, como en toda Polonia, hacen furor. Y en Torun es obligado probar su afamado pan de jenjibre, símbolo de la ciudad por su tradicional elaboración que se remonta al siglo XIV. A base de harina, miel y especies aromáticas, el pan se cuece en moldes de cocina con formas peregrinas de animales, carrozas y personajes históricos.

No deja de resultar buena la pausa de la comida para intentar aprender algunas palabras en polaco, a decir gracias, de nada o por favor, sí y no: dzienkuje, proshe, tak y nie. También para percatarse de cómo hay palabras que no significan lo que parecen en español. Entre estos falsos amigos encontramos don, que no es un título, sino casa; cena, que nada tiene que ver con la comida nocturna, ya que significa precio; droga, que es carretera y otras que pueden leerse como gratis, chalupa o rabas. Incluso un falso amigo del euskera o vascuence sería saski, en español, cesta.

Pasados los entretenimientos de la comida del mediodía volvemos a retomar el paseo por las callejuelas de la ciudad. No hay problema con la hora de comer. En general, desde la mañana a la noche, los restaurantes están abiertos.

Atardece y por entre los muros de ladrillo que cierran la iglesia franciscana de la Santísima Virgen María, con un patio al fondo desde donde puede verse la parte posterior del Planetario construído en lo que fue una antigua fábrica de gas, un coro ensaya un aleluya y emergen las voces armoniosas llenando las últimas horas de la apacible tarde de Torun. Un poco más allá, la Universidad y, frente a ella, el proverbial torreón de ventanas enrejadas de la prisión desde las que pueden escucharse algunos gritos aislados. Todo un contraste.

Los parques extramuros de la urbe también cobran vida en la noche con su fuente de colores cambiantes en medio de uno de los jardines que concitan la concurrencia de una treintena de personas, absortas en los caprichos del agua y la luz, mientras suena la música por unos altavoces. Al lado, otro edicifio de la Facultad de Filosofía; paredes recias y solemnes junto a fachadas modernas. Pienso, ¿dónde están los filósofos que deberían pensar el mundo?¿Por qué no se oyen sus voces en esta tierra que traicionó las leyes de Copérnico? ¿Acaso sólo miran ensimismados las luces de colores engañando al agua en sus saltos?

Torun duerme. Ciudad silenciosa y acogedoramente bella, llena de juventud y vitalidad. La noche iluminada de astros se refleja en las pupilas de Copérnico, y el viajero, sueña.

Julio G. Alonso

Nota.- El transporte en tren es en Polonia mucho más barato que en España. El trayecto de Varsovia a Torun, de 235 kilómetros cuesta 13 euros. No interesa comprar billete de interraíl para hacer cuatro o cinco desplazamientos.

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2 Responses to “POLONIA (2).-TORUN, en la orilla del Vístula”


  1. junio 1, 2015 en 09:15

    Casi nunca me encuentro con un blog o una noticia que sea entretenido
    a la par de educativo, y quiero decirles que estoy impresionado con lo que me he encontrado
    en esta página, seguid escribiendo así.


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