Las Bardenas Reales

13,14 y 15 de mayo de 2016

En tierras fronterizas de los viejos reinos cristianos de Navarra y Aragón se encuentran las Bardenas Reales. El objetivo de este fin de semana de mayo, compartido con los ocho amigos que forman las cuatro parejas que inauguraron hace dos años esta sana costumbre de compartir horas, paisajes, buenos recuerdos, canciones de las de entonces de los famosos 60, buen humor, algún comentario sobre política general, visitas culturales y los etcéteras que es fácil suponer, el objetivo, digo, era para unos conocer este entorno  declarado Reserva ce la Biosfera, y para otros, volver a visitarlo.

La llegada y plaza de asentamiento desde la que acceder a las Bardenas resultó ser Cabanillas. Poco que resaltar urbanísticamente de este pueblón ancho y de largas calles rectilíneas con casas, afortunadamente, de planta y piso o dos pisos máximo, de corte anodino y entre las que se espigan algunas que fueron antiguas, medianamente conservadas, en los alrededores de la alargada plaza del Ayuntamiento con su edificio consistorial de reciente y escaso gusto en su reconstrucción. Conserva el pueblo, no obstante, su iglesia de San Juan de interesantes trazos románicos y hermoso ábside. La iglesia, bien restaurada, permite distinguir con claridad los elementos reconstruidos o los agregados sin que suponga un atentado estético o arquitectónico. Pueblo de larga historia, como se atestigua sabiendo que, una vez conquistada la zona a los musulmanes, el rey aragonés Alfonso el Batallador concede el Fuero de Cornago “a los que vinieren a poblar el lugar de Cabanillas”, apareciendo por primera vez registrado tal nombre en los anales de la historia.

Junto a su indudablemente hermosa iglesia, también encontramos el único e interesante restaurante, El Rincón de Peri, ubicado en los aledaños del lugar y con un comedor diseñado con buen gusto y acogedor, en su planta baja. El precio, económico con sus 12 € el menú, no impide una oferta variada y de tan buena elaboración como presentación, pudiendo contar –además- con una corta pero apropiada carta de vinos navarros, algunos con denominación de origen Rioja.

La Casa Rural Alicia no pasa de ser un piso amplio, grande, cómodo, aunque amueblado de forma dispar y para cumplir con el trámite; dispone de dos baños grandes para las cuatro habitaciones, de una terraza hermosa y despejada cocina. Cumple con la función de pernoctar y poco más.

Cabanillas celebraba su fiesta de San Isidro, y lo hacía a golpe de vaquillas y supuestos recortadores de toros que apenas consiguieron nada más allá de dar cuatro carreras.

Las Bardenas, en esta primavera, ofrecen su rostro más amable y suave con el verdor que lo inunda todo y el agua de las pozas. No es tan espectacular como cabe esperar este paraje. Domina la llanura erosionada y destacan algunas formaciones a modo de montículos y elevaciones cubiertas por las rocas que, como sombreros, protegen y provocan la lenta erosión de sus laderas y paredes. Algunos de sus colores evocan –de muy lejos- las formidables formaciones encontradas al norte de Argentina, sur de Bolivia o del desierto de Atacama en Chile. Pero sólo es un suspiro al lado de aquellas gigantescas formaciones y la admiración que causan.

Atravesando las Bardenas por los que fueron y son todavía hoy caminos de trashumancia, alcanzamos la hora de comer en el único Bar Restaurante de Carcastillo, El Deportivo, muy adecuado con sus ofertas de un menú de 16 € y productos locales de elaboración sencilla y limpia, como espárragos, alcachofas, pochas o alubias blancas, pimientos, ternera, borraja, menestras o arroces de los cultivados en el entorno.

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Próximo a Carcastillo tenemos ocasión de visitar el monasterio de La Oliva, cisterciense, de solemne simplicidad en su arquitectura austera, de piedra desvestida de adornos o colores. Bien conservado, la docena de frailes que lo mantienen y custodian tienen abierta una hospedería para no más de quince huéspedes y una pequeña tienda donde poder hacerse con algunos de sus vinos y exquisitos quesos de vaca. La monumental iglesia de estilo gótico tiene planta de cruz latina y a su alrededor se configura el resto del monasterio, en medio de una extensa llanura conformada por una huerta feraz y campos de cultivo. La importancia de este monasterio queda reflejada en su derecho de pertenencia a los “congozantes” o lugares formados por los diecinueve municipios de La Ribera con derecho a “gozar de los pastos para sus rebaños”.

Al atardecer, cruzando el río Ebro y la anchura y caudal de sus aguas, arribamos a Tudela. La ciudad, de unas treinta y cinco mil almas, viene a ser la segunda en importancia de Navarra después de su capital, Pamplona o la vieja Iruña. Tras un paseo por el interesante casco antiguo, la hermosa plaza Mayor con templete central dedicado a Gayarre –suponemos que al músico-,  fachadas ornadas con motivos taurinos –suponemos que evocando al otro Gayarre- y escudos de todos los ayuntamientos navarros, acabamos recalando en el Bar La Estrella, sito en la calle Carnicerías, de alegre ambiente y poteo. Famoso por sus pinchos fríos y fritos, sus bocatas, el lacón y los torreznos o la tortilla de patata, hizo justicia a su fama para –tras una larga y paciente espera- degustar gran parte de su oferta a unas horas ya de anochecida en las que el buen apetito lo devoraba todo.

El domingo tocó repetir visita a Tudela. Esta vez, antes de recalar en el Bar Restaurante José Luis a la hora de comer, lo hicimos para visitar y pasear la judería, la catedral con su pórtico historiado y su soberbio claustro, así como las calles adyacentes a la Plaza Mayor en la que, a última hora y confortablemente instalados en la terraza de uno de su bares, pudimos tomarnos un café, degustar un pacharán compartido, mirarnos a la cara y darnos un abrazo de despedida hasta la cita del año próximo, a una distancia más o menos equidistante de Barcelona y Bilbao, descubriendo y disfrutando la ancha frontera entre Cataluña o Catalunya y el País Vasco o Euskadi. Que así sea.

Nota.- Abrazos desde aquí a quienes compartieron con el que escribe y suscribe esta pequeña crónica: Agurtzane; Karmele y Fermín; Montserrat y Vicente; Encarni y Carmelo.

González Alonso

Lugares y establecimientos:

Tolosa:

Bar La Estrella

Bar Restaurante José Luis

Cabanillas:

Restaurante El Rincón de Peri

Casa Rural Alicia

Carcastillo:

Bar Restaurante Deportivo

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