Pablo Ibáñez

Nos encontramos cara a cara, verso a verso, con Pablo Ibáñez (Oviedo 1969). Es un poeta asturiano que vive en Madrid, con la capacidad de los buenas poetas para conmovernos y traernos a un mundo real desde la realidad mágica de su poesía.

Muchas son las notas personales que adornan sus escritos y les confieren la exigida voz poética propia. En cuanto comencéis la lectura de sus poemas lo advertiréis enseguida. Pero os cuento mi experiencia y algunas de las cosas que me llamaron poderosamente la atención. Una de ellas, y no necesariamente la primera, es su capacidad para arropar los temas con sobriedad descriptiva, la justa para subrayar la emoción que late en el poema. Así, por ejemplo, de la mano del también ovetense y ya fallecido Ángel González –a quien admira- sale a la calle para llenarla de sí mismo y su mirada: Pidiendo ayuda a gritos en silencio / salía del poema hacia la calle. / Pausaba diez minutos en el atrio, así que remansara / la tensa inanición de la palabra. O también en Corriendo a la Malvarrosa mezclará sus pasos y su corazón con aquellos jóvenes que en 1937 y en plena guerra civil española expresaban su pujante vitalidad y ganas de vivir, Manuel Antolaguirre, Luis Cernuda, M.Carmen Antón, Blanca Pelgrín, Víctor Cortezo y M.Carmen García Lasgoity: Manuel, tal vez sea mañana / la furia, la batalla, el fragor de las ideas o su exilio / pero hoy / seamos sólo carne de la playa.

En cada poema, Pablo se identifica con el personaje o el entorno, como en Claudio en la casa de Menandro; Mucho González, poco Ángel; Amado nervio (con una entradilla de Josefa Agüera sobre Amado Nervo) o ciudades como Marrakech o Madrid en el poema Gestión, y en estas sucesivas identificaciones el paisaje o los personajes ya no podrán existir sin la sustancia de la empatía de sus versos. Pablo Ibáñez se mira en el espejo de la poesía y por su rostro transitan rincones de las miradas de aquellos que a su vez miraron y admiraron la vida y su voz se modula en el dolor de las palabras y la felicidad de poder ser –al fin- pronunciadas.

En verso libre o en endecasílabos armados en sonetos, el lirismo del poeta se conmueve con los temas de los orígenes, la infancia, el amor y una memoria histórica que se rebela y pugna por salir. En distintos poemas autorreflexivos se habla a sí mismo intentando aplacar las inquietudes, poniendo calma y resolución: Ya sé que cae la noche y tienes prisa / ya sé que estás cansado / Escucha lo que tengo que decirte: / que no quemen tu carne / que luches por el jugo de tu carne.

Los guiños al clasicismo no son infrecuentes en la poesía de Pablo Ibáñez, así como la referencia a las ciudades, de las que explora sus luces, traduce sus aromas y la sensualidad de sus ambientes: Alejandría ha venido esta noche a la piscina / al borde del hotel / … / destellos subacuáticos perfilan / la carne del amor, la luz harina gozosa de su piel.

Con buena dosis de ironía doliente y sobrada inteligencia en los planteamientos de sus temas, siempre hay lugar para la sorpresa y la sugerencia en cada poema de este poeta fiel a su tierra asturiana de raíces antiguas.

Pero, como en todo gran poeta, el tema de la muerte aparecerá de pronto y se dejará ir por mármoles cubiertos del verdín del tiempo – Labor de noche – y la historia hecha de los errores y atrocidades de la guerra o, en otro de sus giros, nos la presentará desde la compañía silenciosa en una despedida inaplazable, para exclamar: La muerte te miraba todo el tiempo / … / ella miraba / como madre / tu bata de hospital, doblada y limpia.

La vida en la poesía es ese transcurso de la expresión que conducirá, inevitablemente, a la muerte. El poeta lo sabe y lo dice. Con precisión y belleza; por eso, hoy y ahora,  os invito escucharle.

González Alonso

 

 

 

 

 

 

 

Corriendo a la Malvarrosa

.
Manuel, tal vez sea mañana
la furia, la batalla, el fragor de las ideas o su exilio,
el oscuro desnudarse de las letras; pero hoy
seamos solo carne de la playa.

Seamos risas jóvenes y arena, que no coma la guerra
este ansia de cielo incalculable; rindámonos a Blanca,
sofocada de inocencia entre su cuerpo
y que nos gane Vitín a payasadas.

Dejemos que el levante nos contenga
y la mar nos alcance luminosos y las olas
lubriquen el deseo con salitre
-el líquido sagrado, el deseo, la lucha verdadera…

Manuel, serás olvido; pero hoy
seamos la bandera del recuerdo,
seamos la alegría corriendo a su cruzada,
hacia una playa cierta
donde acaudille el amor su ley sin moldes.

***     ***     ***    ***    ***    ***

Mucho González, poco Ángel

.
Pidiendo ayuda a gritos en silencio
salía del poema hacia la calle.
Pausaba diez minutos en el atrio, así que remansara
la tensa inanición de la palabra.

La brisa del canal soplaba fresca.
Abría mis entrañas para olerla, sacaba un cigarrillo;
la noche transitaba sin esfuerzo, algún claxon lejano
manaba del rumor del universo.
Fumaba como un niño, libremente.

Tenía que decir mucho de ti.

De cómo desalojas la norma cuando pasas,
del mar de kriptonita en tus pupilas,
ese mohín cerval cuando calculas,
las trazas en idioma neardental si te ensimismas.

Tendría que decir, pero ya sabes
que hay mucho González, poco Ángel.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Amado nervio

Una estrella brillante en la alborada
con un pecio de luna en cada mano
y en el alma una inmensa cuchillada.
Josefa A. Sánchez, “Para Amado Nervo”

Aquel niño era yo
-siempre rodar con las piedras-;
herido, como caballo de guerra,
como virgen tocada en el mercado.

Aquel refugio tú,
nervio de luz entre mi pena
-la tarde a pleno dios, la calle caudalosa de belleza-,
atento del besar su rama el aire.

Aquella verdad doliente:
la luz moría siempre, niño serio
-llorándose de la noche, huyéndose por sus rejas…
Quedaba el olor adulto, el vasto temblar del tiempo.

Adulto -niño podrido-,
conservo en amor mi nervio,
el mismo nervio amado que aquí muestro.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Claudio en la casa de Menandro

.
Acércate al caldario;
desnúdate de Roma y de Cartago
como si ya los bárbaros hubieran
limpiado las fronteras;
como si no se inclinaran los esclavos,
ni cónsules irónicos, riendo en el Senado,
gozaran del temblor de tus arengas.

Como si nadie hubiera descorrido la cortina
y fueras para siempre, adicto del escarnio ciudadano,
un cojo balbuciente
que ejerce de bufón en el mercado,
el asno que retuerce grotesco la quijada
a cambio de un bozal de pan y arenque.

Como si ya vinieran las cenizas
a taparnos, y una niña lavara sin pensarlo
polvorientos laureles de tus canas
y riendo enjugara tus mejillas
hinchadas de veneno consentido y sangre derramada.
Como si no fuesen tus ojos como sombras.

Tú, Claudio, que odiaste siendo dios, siendo tarado,
desnúdate de Egipto y de Britania,
como si entrase Germánico en el vaho,
desnudo también él de tantos años,
a librarte por fin de tanta Gloria
y supieras por él que aquellos muertos
esperan sin rencor
la extraña dignidad de tu caída.

***    ***    ***    ***    ***    ***

 

Panteón de Concha Heras en el cementerio de Grado. Asturias. Autor de la foto: Alejandro Braña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Labor de noche

.
los hombres
acabaron así
como los días

J.J.M. Ferreiro

.
Perdido de verdín, ángel de mármol
que guardas un indiano mausoleo
-el trance de las almas al deseo,
la inquina del zarzal, la fe del árbol

de la palma, que dora tu blancor
rindiendo en gota frágil lluvia atea-,
¿recuerdas el bullicio de la aldea
que el aire transportaba?, ¿el amor

gimiendo entre las lápidas sus nombres?,
¿las mullidas esquilas de la sierra
que al oro de la tarde bendecías?

¿Recuerdas? Hace años… Ya la guerra
anda en labor de noche, ya los hombres
acabaron así como los días.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Venus entre látex

.
Alejandría ha venido esta noche a la piscina
al borde del hotel.
Respira mi balcón calmado como lago,
huele a mástil de madera en verano y a tabaco.
Oigo
el remo de una voz vertiendoGriego,
las copas diplomáticas del night club,
la plegaria traslúcida del agua.

Allá de los parterres, en autismo,
Venus entre látex,
erizada por brisas del estrecho,
congrega alrededor mi vida y mi recuerdo
-destellos subacuáticos perfilan
la carne del amor, la luz harina gozosa de su piel.

La nada brotará para nosotros;
carcaj de mortero (o gas) para nosotros -¿esta noche?
No.
Aún
cimbrarán sus caderas en el lobby, queda tiempo
de amarlo y registrarlo
antes que se cierna el tsunami del olvido.

¡Que sea mi respuesta siempre así: la poesía!

***    ***    ***    ***    ***    ***

Archivo de sombras

.
al niño burbuja

Aquel secreto don que te fue dado
lo pretende el olvido codicioso,
lo más niño de ti, lo más hermoso,
volverá donde aguarda lo increado.

El súbito temblor bajo los arcos
de la plaza encendida, las auroras,
el oro de un ocaso a extrañas horas,
la lluvia y la ciudad, los niños charcos,

el sueño de tu padre no cumplido…
volverán donde vuelve lo perdido:
al archivo arenoso de las sombras.

Allí te mostrarán los anaqueles
la única verdad sin oropeles:
la luz de ti, la sombra de tu sombra.

***    ***    ***    ***    ***    ***

El gusano de la duda

.
Después de haber sabido y transitado
caminos de rencor y anomalía
-como horada el arroyo sin cuidado
cuando rinde el invierno su sangría-,

después de haber amado y, en la noche,
haber yacido en tálamo caliente
-así con pluma tierna el alimoche
gobierna el nido íntimo y latente-,

después del deshonor y el desacato,
del miedo y del valor, la pena oscura
y el ancho amanecer -dulce proeza-,

tendrás que digerir un frío dato:
sólo queda el gusano de la duda,
el manso envejecer de la certeza.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Especulación moral sobre el éxodo

.
Era tarde mecida y polvorienta
y había que apurar. Ya el dios pagano
doraba la calígine del Nilo;
vacías las marismas ya de salmos,
volvían segadores y canteros en un torvo silencio,
con gesto demacrado,
alzando la mirada a su profeta orante en la colina,
dudando si pulir ya sus aperos
o rendir su noble tradición al blando olvido.

Matamos los corderos
sin gritos ni trabajo;
brotó sangre grosera y desganada,
con un color oscuro y desvaído
y extraño su sabor a piel de niño.
Quisimos de la ciencia del profeta
por dar un veredicto a aquel prodigio:
hierático bajó de la eminencia, absorto en su divino
algoritmo de hombres y de muertos,
apenas concediéndonos un ojo
brutal y decidido, al borde de lo humano.
Cerró su puerta en seco.

Untamos los dinteles y los postes,
temblando los hisopos en las manos.
Una brisa nacida del desierto crecía y se encrespaba
y sentimos el frío de Su amor,
la amarga sumisión de ser cautivos
de unos y del Otro.
Trancamos los umbrales y postigos
y oramos a las brasas nuestros ruegos
abrazando los ojos de los hijos,
temerosos nosotros los primeros
del ángel que vendría a liberarnos
-terrible igualador: lo mismo al Faraón que a la serpiente.

Fue mañana de luz intransigente
hiriendo nuestro sueño breve y negro;
salimos animales de las chozas,
nerviosos y cansados, a lo lejos
los primeros lamentos de las madres
ahogaban la ciudad,
ahogaron así mismo nuestros cuellos.

Emprendimos camino avergonzados,
en busca de otra tierra, de más libre alianza
que no nos obligara a ser eternos.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Palabras hechas carne

.
Escucha, por favor.
Ya sé que cae la noche y tienes prisa;
ya sé que alguien te espera, de ti necesitando
que asientes sus heridas
y pueda acurrucarse entre su llanto.

Ya sé que estás cansado.

Que añoras tu niñez de pulmón rosa
y pinos de verano;
que vuelves cada tarde del trabajo
rumiando hipocondría, tentándote los bultos
que trepan al cubil de tus manías
disueltos en tranxilium y tabaco.

Pero ahora estás aquí, y es poco lo que tengo que decirte.

Escucha, por favor; no frunzas los prejuicios,
no busques solución a la empatía
en otras referencias parecidas que guardes de los años.
¡Tan sólo son palabras! Qué importa quién las diga
ni cómo las pronuncie,
si sólo somos eso: palabras hechas carne
y carne hecha palabras.

Escucha lo que tengo que decirte:
que no quemen tu carne,
que luches por el jugo de tu carne.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Lo que te salva

.
A veces aún viene a enajenarte
la ambición de placer del heliogábalo, el recuerdo
abrasado –eras su único guardián–
del cráter fabuloso en rencor y anomalía.
Ahora ya sabes abrir para templarlo.

Es
la intensa claridad de ser muy otro,
la irónica distancia a los cañones,
un bálsamo de años como olas
lo que salva.

Pero tú –erizado bulbo de memoria, frágil
sueño, barro ingrato– deberás digerir lo que te salva
y tragar la grasienta condena que lo abraza.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Verboso alien

.
quisiera ser amor entre los muertos
Pilar Morte
Decía ya estoy bien y no era cierto.

Quedaste inserto en mí
como un verboso alien, como un quiste
okupa entre mis lóbulos frontales,
ciñendo tu presencia acurrucada,
más masa que recuerdo, más química que espíritu.

Devino un soterrar de pablos secos
después de tu inserción, como aquel viento
que entrara por otoño al bosque atónito
portando su otredad,
llevando cada hoja a suelo abierto.

Tu muerte tu invasión, verboso alien,
o tal vez fuera amor entre los muertos
que encuentra un recipiente vivo y dúctil
sin cauce que aliviar, así se llena el ciervo
del lobo yugular entre la noche.

Y un día terminó
-recuerdo la mañana esclarecida,
mi cuerpo en laxitud después del sueño,
oler café, oír a gente hablar y no eras tú-;
plegaste la neuralgia entre tus alas
y volaste a descansar hacia la nada.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Marrakech

.
Salías a la noche abiertamente,
al ver de las barandas, al cremoso
umbral de las columnas de poniente,
a cuerpos de ultramar, hachís leñoso.

Novicia del placer, tu carne quieta
dolía de ofrecer vaciamiento,
lampaba el corazón de sed secreta:
ser llena hasta las puertas del aliento.

Tu hogar en tierra extraña un basto lecho.
El ticket a tu alma un duro pecho.
El fuel de tu aventura la grandeza

de llegar al final, a un indudable
olvido de ti misma en tu proeza:
mesar la permanente a lo mudable.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Fervor de Agrigento

.
Tu amor no vale nada.

Si muere, seguirá soleada la ciudad,
los cuerpos por la calle, los mercados
vibrantes del placer de lo posible;
la noche detenida en los portales.

Serán altos los cerros, como siempre,
lejanos los caballos,
sudarán mediodías las arcadas
como antes tú sudabas
la tarde derramándote en un vientre.

Dirás no vale nada
y seguirán los templos ofreciendo
la misma cella umbría,
la antigua proporción de mar distante
en hechos de los hombres,
el deseo moral de raciocinio,
el sueño del saber que explique todo.

Seguirán traficando las esquinas
mujeres de Catania,
muchachos bronceados como fieras
propensos a la risa y al comercio
y dirás no valió nada

Así que podrás irte,
subir al primer barco en Porto Empédocle,
volver a la ataraxia mientras miras
las ruinas de ti mismo en la distancia.

***    ***    ***    ***    ***    ***

El amor que llevas dentro

.
Si pudieras calmar entre tus manos
el amor universal que llevas dentro
-tocar su impunidad, hacerlo cuerpo,
parar un autobús con su perímetro de años…

Amor que profesas a las calles animadas
y su gente. Si pudieras volcarlos todos dentro
del cráter de ansiedad que te perfora,
derretir su miedo en tu talento
especial,
regalarles un pedazo de tu vida de heroína,
sin bodas ni tacones, sin prisa que envejezca…

Amor que se ensimisma en un sujeto
pasivo. Si pudieras fundir su corazón monotarea
con el fuego de proyectos que le arrojas
sitiándole en la paz del ascensor
ametrallada de ilusión
-pero él frunce su pasmo, rumia hechos…

Si pudieras doblar tus emociones, cegarlas para luego,
tasar las cucharillas de amor que corresponden
en un remedio amargo
y no endulzar paredes,
serías diferente:
un absurdo robot de protocolo
en un baño de aceite.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Viador

.
Si la vía es angosta o transitable
sólo es, viador, tu decisión.

Verás desde el alcor la vía dorada
si doras cada piedra del sendero;
solaz de pueblo blanco y umbral fresco
si al oír la campana descabalgas.

Pupilas aceradas tras las rejas
serán francos portones si tus manos
son fáciles y exentas, si tu pecho
respira minucioso, si tus labios
le dan al aire limpio un verso viejo.

Tendrás tu crepitar, tu fuego interno
si avivas cada brasa en la vereda.
Y si te das entero y verdadero
sabrás del lento amor, la noche quieta.

Si la vía es angosta o transitable
sólo es, viador, tu decisión.

***    ***    ***    ***    ***    ***

Gestión

.
En Madrid, las tardes de calor,
se venden más los cuerpos que en invierno.

La calle es un erial de sueños agostados
y breve negociar, y rutinario.

El umbral de las columnas alienta un devaneo
susurrado y moroso, exento de requiebro.

Los plátanos consienten centenarios
el fácil deambular, el mundo raro…

Enrarecidos frescores de portales:
las palmas de las manos os desean -¿por qué suda el dinero?

Hálitos de brisa saturada
acarician cortinas de lino en las estancias,
lo tórrido desnudo entre luz hilo que pugna las persianas.

Resuellan voces ocres, pasos sordos, exhalan ascensores,
patios tragaluces digieren horas torpes.

La muerte del extático calambre
desata el verbo fácil -¿por qué la vida urge?-.

Pasar del desamor al desamor: gestión de nada.

***    ***    ***    ***    ***    ***

La muerte te miraba todo el tiempo

La muerte te miraba todo el tiempo.
Tú eras su gran obra, racimo madurando,
cosecha que segar llegado el día.

Juntos ascendimos la colina;
ella miraba
el agua de tus ojos posada en las columnas
de humo de los barrios sobre el valle,
tu cuello prenatal, pulsante y vivo…

Inmensa, solitaria, cansada,
en sombra de poder, ella miraba
como madre: sonrisa hasta llorar y tierno orgullo
bruñendo cada célula de tu cara con arrobo.

Tus risas en la playa las oía
de repente,
en medio de su noche espaciosa de labor,
y volvía los viejos ojos blancos, como ciega,
abriendo la mandíbula de arrugas al oscuro,
cifrando cada timbre de tu voz,
el lácteo aletear de tus costillas.

Pura, eterna, inamada, absorta en vastedad,
ella miraba
como madre
tu bata de hospital, doblada y limpia,
la mota de polvo flotar sobre tu hombro en la ventana,
la gota detenida entre la luz, temblante y fría.

 

 

 

 

 

 

 

.


7 Responses to “Pablo Ibáñez”


  1. septiembre 25, 2014 en 09:11

    Gracias Julio. Un honor para mi estar en esta casa.
    Un gran abrazo.

  2. septiembre 30, 2014 en 13:40

    Cuánta buena poesía hay en esta bitácora Julio, gracias por traernos a este pedazo de poeta y amigo que es Pablo, me encanta. Un abrazo.

    • septiembre 30, 2014 en 16:28

      A toda la buena poesía que se puede encontrar aquí habéis colaborado en su mayor parte amigos como Pablo y como tú, Isabel. Yo me limito a recoger lo que vosotros sembráis y ponerlo a disposición de los amantes de la poesía. Me gusta sentirme bien acompañado, y se nota, ¿verdad?
      Gracias por tu comentario. Con un abrazo.
      Salud.

    • 5 Pablo Ibáñez
      octubre 12, 2014 en 17:25

      Isabel,

      gracias mil por tu generosidad, amiga. Con amigos como Julio y como tú se anda el camino.

      Un abrazu de paisano

  3. abril 28, 2015 en 16:29

    Hola Julio.

    Me encanta este sitio. Un placer y un lujo estar aquí leyendo. Gracias por este proyecto. Un fuerte abrazo Gabriel -Vidal-

    • abril 28, 2015 en 16:52

      Me siento honrado con tu visita, Gabriel, y tus palabras son un gran estímulo para mí. Muchas gracias. Me encanta tu paso por la poesía de Pablo Ibáñez, un excelente poeta y excelente persona.
      Salud.


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