De norte a sur, julio de 2019 (II)

Baeza (Jaén)

La mañana, todavía fresca, nos conducirá de Manzanares a Baeza, en la provincia de Jaén. Emplazada la ciudad a unos 800 metros de altitud y circundada por los ríos Guadalquivir y su afluente principal, el Guadalimar, la población resiste con soltura el rigor del calor del día veraniego al que sigue un atardecer fresco y agradable.

Baeza, de historia y prehistoria reseñables, será a tomada a los musulmanes en 1147 por el rey Alfonso VII de León, “el Emperador”,  con la intervención –según la leyenda- del mismo San Isidoro de Sevilla, cuyos restos reposan actualmente en el panteón de la basílica de San Isidoro de León, donde se conserva también el legendario pendón de la batalla, conocido como Pendón de Baeza.

La ciudad, próxima a Úbeda, es conocida como la cuna del Renacimiento español y la UNESCO la distingue en 2003 como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Su recinto pétreo y todavía amurallado en gran parte, acoge monumentos tan singulares como las dos puertas gemelas, la Puerta de Jaén y el Arco de Villalar, el Arco del Barbudo, la Catedral, las Casas Consistoriales Altas, la Fuente de Santa María, la Universidad en el Seminario de San Felipe, el Palacio de Jabalquinto, la Casa Palacio de Rubí o de Ceballos, la Iglesia de la Santa Cruz, magnífico exponente del Renacimiento andaluz, y su Plaza del Mercado, flanqueada por soportales en la que podemos admirar el Balcón del Concejo y la Alhóndiga.

En 1912 llegará a Baeza el poeta sevillano Antonio Machado. Ocupa la cátedra de francés en el Instituto ubicado en la antigua Universidad y que hoy lleva su nombre. Se conserva el aula en la que impartió clases, con el mismo mobiliario de la época. En Baeza, donde recibirá la visita del poeta Federico García Lorca, escribirá “Campos de Castilla”.

La calle de San Pablo, que arranca de la Plaza de España, aledaña al Paseo de la Constitución con la Plaza del Pópulo en su extremo, acoge un denso y nutrido ejemplo de la arquitectura noble baezana en soberbios palacios y mansiones renacentistas de indudable atractivo y gran valor monumental.

Algo curioso a reseñar es la costumbre de darles a muchos lugares, calles, plazas y monumentos, al menos dos nombres; así, por ejemplo, la referida Plaza de España es también nombrada y conocida como Plaza del Reloj.

En lo que antaño fue antiguo Hospital de San Francisco se ubica ahora un confortable y céntrico hotel, de fácil acceso y cómodo para hacer la visita a la ciudad. En su entorno se extiende la histórica Baeza con todos sus atractivos, de entre los cuales no se deberá pasar por alto su gastronomía, con una base sólida en el aceite de oliva y llena de hornazos, empanadillas, gachas, la famosa cazuela, el lomo de cerdo adobado al que se pueden sumar las aves de corral, conejo, guisos de la zona y caza menor para concluir con las tortas de nueces.

Baeza deslumbra por su historia, monumentalidad, gastronomía y limpieza y buen gusto de su mobiliario urbano. Y lo hace tanto de día como de noche con la iluminación acertada de sus edificios y lugares singulares. Y siempre, siempre, merecerá una nueva visita.

González Alonso

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