TURQUÍA
Marzo de 2008

PERGE

Rememorar un viaje de hace once años corre el riesgo de pasar por alto sucesos significativos, olvidar detalles o deformar los recuerdos; pero  se justifica por la simple necesidad de recrear –grosso modo- la experiencia vivida y pasear por las evocaciones que nos traen las fotografías. Al efecto, además, he podido contar –además de con mi corta memoria- con las notas tomadas sobre el viaje por los amigos Karmele y Fermín Barceló a los que acompañamos Agurtzane y yo en este periplo, de tal manera –justo es reconocerlo- que casi me he encontrado todo el trabajo ya hecho.

Así que, puestos a ello, empecemos por el viaje de noche en coche desde Bilbao a Madrid para coger el vuelo a Turquía. Era un 20 de marzo de 2008. A las tres de la tarde tomamos tierra en Antalya, la Riviera Turca. En seguida se organiza el grupo del viaje y se presenta el guía, Rafy, de natural charlatán, afable, músico y con el temario del viaje bien aprendido. Ya instalados en un hotel grande, moderno y confortable de las afueras, se nos atiende con amabilidad, copa de champán, cena y frutas variadas en la habitación

Madrugamos al día siguiente y nos dirigimos a la ciudad helenística y romana de Perge. Día frío con nubes altas y medias cubriendo el cielo. El entorno montañoso de los restos arqueológicos de la ciudad se dibuja entre la bruma. El paisaje se pinta de verde y almendros florecidos. Entre los restos de la ciudad el bosque de columnas superviviente al tiempo y la historia nos recibe tras los muros derruidos del lugar que bien pudo albergar hasta 45.000 almas en su mejor momento. Se adivinan, entre otros restos esparcidos, el gimnasio, lo que fue el ágora, una basílica, la fuente o un teatro capaz para 5.000 personas. Todo habla de un esplendor cultural y un desarrollo económico estimables que se continúa en el espacio del Museo Arqueológico y las piezas recogidas de la región, incluida la ciudad de Perge, desde el Paleolítico a la actualidad. Esculturas, cerámicas, sarcófagos, utensilios y un etcétera interminable componen la colección reunida. La visita concluye con la comida junto al puerto y la visita al Bazar de Antalya Büyükgehir-Belediyesi, con un colorista mercadillo en el que predominan los productos de imitación y sobresalen las especias llenándolo todo de aromas variados y color.

La noche nos regala una velada turca con la danza del vientre y otros bailes tradicionales antes de recogerse en el hotel y disponernos al sueño reparador todavía con las impresiones recientes desfilando por la cabeza.

González Alonso

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