Patagonia. Península de Valdés y Ushuaia, o el viaje de las ballenas al fin del mundo (23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30 de noviembre de 2013)

Aunque las ballenas paren sus crías entre las aguas de la bahía de Puerto Pirámides, en la Península de Valdés, y emigran hacia Brasil o hacia aguas de la Patagonia más meridional, en las tierras de Ushuaia o del fin del mundo, vamos nosotros a seguir el recorrido inverso. Volamos a Ushuaia desde El Calafate en la mañana del 23 de noviembre, para llegar hacia la una y media de la tarde con una temperatura agradable de unos 16 grados. A las tres de la tarde, sin embargo, comenzó a llover de manera persistente para no dejar de hacerlo ya en toda la noche.

El clima, aquí, es así. En un solo día puedes pasar por las cuatro estaciones del año. Hay que admitirlo y tratar de disfrutar lo que cada estado del tiempo te ofrece; por lo tanto, nos embarcamos esa misma tarde para hacer una navegación larga a lo largo del canal de Beagle. Para nuestra sorpresa somos instalados en la zona de invitados, en el primer piso sobre la cubierta desde donde el capitán de la embarcación pilota la nave. Cormoranes, leones marinos y focas, irán haciendo su aparición entre la lluvia y el viento a lo largo de un recorrido de unas cinco horas durante las cuales intentamos disfrutar haciendo algunas fotos o contemplando el paisaje de agua y costas argentinas y chilenas a un lado y otro del canal. En medio de la travesía aparecerá un faro bautizado como del fin del mundo, aunque no lo sea; pero sí es el último del lado argentino en estas aguas.

La mañana del día siguiente se arregla y acabará resultando  soleado a ratos con una temperatura primaveral agradable. Toca caminar un poco y dejar sentir esta Naturaleza inmensa y extrema que mira a la Antártida.

En la Ensenada Zaratiegui, a donde accedemos en un pequeño autobús, hay un muelle; desde él, arranca una senda de ocho kilómetros bordeando la bahía Lapataia. Todo el recorrido está poblado de espeso bosque y el camino, una estrecha senda bien marcada, se acerca y aleja de la orilla en distintas subidas y accesos a playas y calas pequeñas de piedra más o menos menuda y con rocas grandes cubiertas de líquenes amarillentos. Al frente se distinguen las cumbres nevadas de los montes y de las islas Redonda y Estorbo. El suelo está muy húmedo y encharcado; se pueden oír los pájaros llenar de estruendosos cantos la espesura arbolada y la vista de patos salvajes, ánades diversas, aguiluchos, zorros y otras aves como los cormoranes, es algo habitual y casi contínuo.

Si hasta ahora, en todo lo que llevamos de viaje, había tenido la sensación de estar contemplando lagos que parecían mares, hoy la sensación es la de estar contemplando un mar que parece un inmenso lago. Solamente los restos de bivalvos y algas sobre las costas, me convencen de que toda el agua que inunda el paisaje es la de un Océano Atlántico a este lado de la América Austral.

Al final de los ocho kilómetros de marcha rodeando el cerro Bellavista, nos tropezamos con el río Lapataia, y a unos mil doscientos metros por entre los brazos del río que dejan en medio una isla, se accede al Lago Roca o Agimami, por el que cruza la frontera chilena. En el bello entorno de este lago hay instalaciones para hacer acampada y se puede contar con servicio de restaurantes.

Cruzando el río Lapataia se llega a Puerto Arias y se puede divisar la Laguna Negra, a la que se llega tomando una pequeña desviación a la derecha. El entorno resulta particularmente atractivo por las ensenadas que forman una costa bastante recortada y toda la vegetación que la rodea. Sorprende, no obstante, la aparición de zorros en las pistas de tierra que transitan los coches. Su presencia obedece a que están hambrientos y buscan la comida que muchos visitantes les dejan, a pesar de estar prohibido. La razón del hambre que los debilita hay que encontrarla en el exterminio realizado de los conejos, por razones sanitarias, los cuales eran la base de su dieta de sustento. También terminaron con los castores que se multiplicaron en estos parajes de tal modo que estaban acabando con el bosque o comprometiéndolo seriamente.

Otro atractivo, de los muchos que Ushuaia puede ofrecer, es la subida al glaciar Martial. Se trata, en realidad, de los restos de un glaciar al que se accede fácilmente para llegar a la formación del circo donde se acumula el hielo. La vista desde lo alto de la población de Ushuaia y el canal de Beagle es magnífica. La subida la hacemos acompañados de un cielo limpio y soleado. Pisamos la nieve a lo largo del ascenso y para volver al pueblo lo haremos a través de una pista que transcurre por el bosque siguiendo el curso del río. El recorrido se complica en algunas partes del camino que ha desaparecido por la acción de las aguas del río. Vadear el río, pasar por encima de troncos de árboles caídos y demás aventuras, conlleva algunos riesgos de caídas a la corriente de agua. Los ocho kilómetros de descenso, en esas condiciones, se hacen en algo más de una hora de constantes ascensos y descensos para acercarse al río o cruzarlo a través de puentes de madera que unen los dos lados de la garganta formada por el mismo río. Parajes de belleza y siempre arbolados, húmedos y umbríos. Otra opción para llegar a Ushuaia desde la estación de esquí en la base del glaciar es caminar por la carretera u optar por bajar en taxi. Más fácil, pero bastante menos interesante.

Interesante resulta también la visita a la antigua cárcel de Ushuaia, hoy convertida en museo y centro cultural. Una de las galerías se conserva en las mismas condiciones en que fue usada con los reos. Deprimente es una palabra poco expresiva para definir la sensación producida ante la vista de las condiciones de estas instalaciones. Imaginarse la vida de cualquier ser humano en ellas, produce escalofríos. Otra de las galerías, pintada e iluminada, conserva información sobre algunos de los personajes que pasaron por la prisión, entre los que no faltaron políticos y escritores. Aún podemos encontrar otra que está convertida en sala de exposiciones de pintura y escultura. Y en la misma cárcel, se conserva también una reproducción de lo que fue el verdadero faro del fin del mundo al que hacía alusión Julio Verne en su novela.

Desde el pequeño aeropuerto de Ushuaia abandonaremos este último rincón de Argentina  para volar hasta Trelew y de allí llegar en autobús a Puerto Madryn, a unos ochenta kilómetros. El día templado de 26 grados y la noche agradable con algo de viento prometen una grata estancia y la posibilidad de hacer las visitas con tranquilidad. La vista de la bahía y la costa dan sensación de paz en su tremenda amplitud.

Durante la comida del día siguiente en el Bodegón Bienvenido, pequeño, con cierto encanto, fachada singular, emplazado en la planta baja de una casa amenazada por las constructoras, nos da lugar para comentar el riesgo de convertir Puerto Madryn en un desastre urbanístico de cara al turismo del estilo de Torremolinos o Benidorm en España. Distintos rascacielos ya se alzan en la primera y segunda línea de costa con su amenazante sombra. Todo parece indicar que ese va a ser el camino a seguir.

A unos 110 kilómetros se encuentra Puerto Pirámides, dentro del Parque Nacional. El acceso a este pueblo tiene un precio para todo el que quiera llegar a él. Para los argentinos es algo más barato que para los extranjeros. Parece inaudito, pero es así;  entres o no entres en la Península de Valdés, te embarques o no para avistar ballenas, tienes que pagar cada vez que quieras ir a Puerto Pirámides. Imagino que tendrán un concierto especial para con los habitantes del pueblo y los turistas alojados en sus hoteles y camping.

Por razones climatológicas los barcos no salieron. El viento era demasiado fuerte en la bahía, aunque el día era hermosamente soleado. El pueblo de Puerto Pirámides, pequeño y reciente, está acostado a una playa ancha de arena fina, extensa y suavemente curvada con una larga duna que la cierra por detrás y flanqueada por dos farallones en sus extremos. La visita, aunque grata, resultó frustrante por la imposibilidad de salir a avistar algunas de las ballenas que todavía permanecen en la bahía con sus crías antes de iniciar la migración hacia aguas brasileñas o hacia Ushuaia, en el extremo sur.

El día siguiente, disponiendo de vehículo, nos atrevimos a llegar a Punta Tombo, a unos 180 kilómetros de Puerto Madryn. Antes pasamos por el pueblo de Gaiman, de origen e influencia galesa, con sus casas de té. El pueblo no tiene interés más allá de su plaza ajardinada delante de una pequeña y bien conservada iglesia católica.

Punta Tombo tiene el aliciente de poder pasear entre los miles de pingüinos que allí se asientan, así como poder observar sin dificultad otra fauna del lugar como los cuises, maras, guanacos, petrel gigante, también las inevitables gaviotas y sentir el olor del hurón, ya que no lo vimos. La pingüinera es todo un espectáculo que te tiene embobado observando los trabajosos y graciosos movimientos de los pingüinos en sus desplazamientos, el cuidado de sus nidos y la protección de los huevos, pudiendo admirar -también-  la agilidad con que se desenvuelven en el agua.

Se agotan los días de estancia en Puerto Madryn; pero antes de abandonar, nos vuelve a tentar la idea de avistar ballenas. De nuevo tomamos el autobús y de nuevo nos acercamos al embarcadero tras el viaje a Puerto Pirámides. El día, además de soleado, aparecía muy calmado. Y conseguimos salir a navegar. Ya sólo faltaba tener un poco más de suerte y poder disfrutar la compañía de alguna ballena con su cría. Para estas fechas solamente quedaban en la bahía unas tres ballenas y la suerte nos acompañó y nos regaló de tal manera que pudimos contemplar a dos de estos soberbios cetáceos y admirar  un par de saltos de uno de ellos. Emergieron en diferentes ocasiones y parecía que estaban entrenando a sus ballenatos para iniciar el largo recorrido migratorio en cuestión de días. Lo penoso fue contemplar cómo las gaviotas las atacaban picoteando sus lomos. Es una costumbre aprendida recientemente. Acosan a la madre para que no pueda amamantar a su cría, de tal modo que ésta se debilita y puede acabar muriendo. De las 114 muertes de ballenatos habidas en la temporada, calculan que más de 90 fueron debidas al acoso de las gaviotas que luego, como es de suponer, acaban devorándolos.

La primera vista de una ballena produce una sensación de profunda paz. Contemplar la majestuosidad con que emergen de entre las oscuras aguas marinas y sentir el fuerte sonido de su respirar te llena de serenidad y confianza. No me preguntéis por qué. Las ballenas juguetearon delante de nosotros batiendo sus aletas contra el agua, nos acompañaron con sus sombras gigantescas al lado de la embarcación, se sumergieron a gran profundidad elevando sus colas y, finalmente, hicieron un par de saltos elevando todas las toneladas de su cuerpo sobre la superficie del mar para hundirse de manera estruendosa. La sensación de poder y la sensación de encontrarse ante un animal inteligente y pacífico, amigable, se percibe de golpe, de una manera única. Está de más cualquier consideración que pueda yo hacer sobre la protección de esta especie que los humanos debemos hacer evitando su caza y evitando la proliferación de especies como las gaviotas que representan una terrible amenaza para su supervivencia.

Llenos de la íntima alegría de haber estado tan cerca de las ballenas; de haber disfrutado de la compañía de pingüinos y leones marinos y toda la fauna y flora de estos espacios patagónicos, solamente quedaba saber decir adiós y dejar espacio para otros visitantes deseando que las visitas sirvan a su conservación y un desarrollo sostenido del turismo y la economía de la zona. Se trata de un tesoro que no podemos perder para las generaciones que nos siguen.

Alzamos el vuelo.

Julio Glez. Alonso

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2 Responses to “16-(Argentina)Patagonia. Península de Valdés y Ushuaia, o el viaje de las ballenas al fin del mundo”


  1. 1 ITZIAR GOROSTIZA
    diciembre 15, 2013 en 20:13

    Ballenas, pingüinos, nieve, frío… todo ha ido quedando atrás, muchos sentimientos encontrados en las despedidas y en los reencuentros; yo por mi parte tengo ganas de veros y escucharos. Agurtxane !! nos vemos el miércoles, si, si acá… en Sestao.
    BIENVENIDOS!!!


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