DOÑA PERFECTA
Benito Pérez Galdós
Después de leer “Doña Perfecta” parece hoy que España está donde Benito Pérez Galdós la dejó. Es decir, a merced de la reacción, la mentira y las acciones más oscuras y rastreras contra los gobiernos progresistas y de izquierdas. Puede decirse que la derecha más conservadora y casposa que en 1920 campeaba lo rural ahora se ha trasladado a Madrid, principalmente, con toda su corte.
Estamos ante una magnífica novela que bien podría constituir otro “episodio nacional” del autor canario. Costumbrista, apegado al terruño secano de las cabezas hueras de los aldeanos que supuran la maldad de la ignorancia, la avaricia mal llevada, la costumbre hecha ley y el rencor en las palpitaciones de un corazón envidioso y desconfiado. El egoísmo se adueña de los paisajes y corre las lindes de las propiedades discutidas por leguleyos. Es todo un episodio triste el de la tierra del ajo. El progreso es el diablo y quieren bastarse a sí mismos con el terruño, la almidonada religión y los preceptos morales cortados a su medida y bendecidos de latinajos mal traducidos y peor interpretados.
Resulta admirable que entonces -y ahora en nuestros tiempos penosamente sorprendente- cómo viviendo en las estrecheces éticas de la religión y las costumbres, entre odio, resentimiento, juicios malintencionados contra los demás censurándolos y condenando a todo aquel reticente a avenirse a la autoridad de la iglesia y el cacique, pudieran tener la convicción de vivir en la mayor bondad del mundo y por encima del mundo.
Naturalmente que puede explicarse, y Pérez Galdós lo hace desde una prosa ágil, desenfadada y didáctica, carente de ornamentos que distraigan lo medular del tema. Concluye su novela con proverbial moderación y de manera escueta: “...es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son”. ¡Ay! Y qué pocos puntos y comas se podrían cambiar para entrar a describir los peores males de la España de hoy.
Claro es que tras la hipocresía de la bondad aparente descrita por Pérez Galdós se mueven las pasiones más bajas en los personajes de “Doña Perfecta”. Ya los mismos nombres elegidos para sus protagonistas adelantan con sarcasmo la verdadera naturaleza de sus almas. Se airean, sobre todo, la ambición y voluntad de medrar a costa de lo que sea, incluido el crimen. Tras la patética máscara de la religiosidad se tejen las insidias y acciones indignas. Son ellos, atrincherados en sus costumbres medievales, quienes deciden dónde está el bien y dónde el mal, administrando la voluntad de Dios sin que haya dios que se lo pida para premiar, excluir castigar a quienes no piensen como ellos ni sigan sus órdenes vestidas de insinuaciones.
Los métodos de la perpetuación de la sumisión se reproducen vergonzosamente en nuestros días con apelaciones pseudopatrióticas, rechazo al extranjero -sobre todo si es pobre- y a lo extranjero que signifique progreso social, igualdad y libertades, mentiras y miedos para llenar las cabezas de las gentes sin cabeza. Y hay muchas.
Tal vez el único resquicio de esperanza que nos deja Benito Pérez Galdós sea el del amor; porque el amor no retrocede ante la barbarie y se perpetúa en el corazón de cada amante. Ahora bien, para doña Perfecta y sus secuaces, personajes miserables encargados de hacer miserable la vida de los demás, no hay límites. Si para acabar con el amor hay que matar, se mata. Y, dueños del relato, pasarán de la explicación de la muerte debida al suicidio a la de una muerte violenta en la legítima defensa de su agresor. O da igual. Aunque todos lo paguen convirtiéndose en cadáveres andantes.
El final de la novela, Pérez Galdós lo resolvió en forma epistolar a través de las cartas dejadas escritas por mano del historiador de las glorias de Orbajosa, al que hace vocero del sentir y el pensar de la población cuando los personajes principales callan, frustradas sus aspiraciones, unos, y otros manteniendo su secular poder a costa de un precio altísimo.
¿Otra historia de nuestra triste historia de España? Lamentablemente así parece. Lo peor es que en el mundo hay mucho de lo que nos pasa aquí y lo que no parece es que se haya aprendido nada de la última guerra civil en España ni de la Segunda Guerra Mundial de 1939.
Si se leyera más a autores como Benito Pérez Galdós, tal vez, como en el amor, hubiera alguna esperanza.
González Alonso
Tengo las obras completas de Galdós y Doña Perfecta es una de las «mujeres del universo Galdós» con más fuerza. Coincido contigo en tu exposición. Gracias por compartir. Un abrazo.
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Gracias, muchas gracias. No voy a abundar en lo ya escrito, pero sí manifestar mi convencimiento de que el mayor problema que sufrimos hoy es la estupidez cuando los pobres más pobres y muchos que lo son y no lo saben, votan a los ricos más ricos, que esos sí que lo saben e invierten para serlo aún más. El panorama no es muy alentador. Pero no vale rendirse.
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💙
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Muchas gracias.
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Cada novela de Galdós es una master class para los que nos dedicamos a la escritura.
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Creo que Benito Pérez Galdós es realmente inspirador. Como escritor conocerás mucho más del tema que yo, cómo maneja el lenguaje, la frescura y naturalidad, la forma de generar tensión y cómo conducirla, las propuestas que hace y las opiniones que nos deja a través de sus personajes, el carácter crítico de sus escritos, etc. La verdad es que fue una pena, una más, que en España le boicotearan las derechas e impidieran que recibiera el reconocimiento del Premio Nobel. Entiendo que, junto con Miguel de Cervantes, es el escritor español más valioso.
Gracias por tus palabras, Martín. Salud.
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