Carta a Lucía Sánchez Saornil

CARTA A LUCÍA SÁNCHEZ  SAORNIL
(Lucía Sánchez Saornil – 1895 / 1970)

Lucía,
Rondabas mi edad actual cuando en 1970, con veinte  años recién cumplidos y próximo a los movimientos libertarios, marxistas, comunistas o cualquiera que tuviera la intención de acabar con la dictadura franquista, pateaba las calles de Barcelona. La agitación política seguía en la Universidad, los barrios, en las citas clandestinas y las manifestaciones. Y el teatro. Con Alberto Miralles, aquel infatigable agitador cultural de la escena y creador del grupo Los Cátaros. Y la sala Villarroel donde nunca estaba seguro de qué ni cómo se iba a representar lo que fuere, pero que –milagrosamente- todo salía bien para tranquilidad nuestra y satisfacción del público aplaudiendo con fervor.

No tengo noticias de tus últimos años, pero los supongo fieles al anarquismo que te inspiró la creación de Mujeres Libres. Tu militancia anarcosindicalista, coherente y decididamente valiente, también tuvo sus sobresaltos con la incomprensión de los compañeros que predicaban la teoría y se contradecían en la práctica; sobre todo con el tema de la mujer. Sin embargo, tan imbuida del peso de la razón del ideario libertario como Teresa de Ávila lo estuviera de su irredento misticismo, supiste hacer y dar ejemplo. La lucha por tu propia emancipación siempre se desarrolló en el marco de la emancipación de la clase obrera. Hay que reconocértelo. Y hay que reconocer el peso de tu labor en los pasos dados en la lucha general por las libertades.

Ahora que el tiempo ha pasado para todos, sin ánimo de ser o parecer persona compasiva, me gustaría espigar algo de todo aquello que moldea y hacen suyo la memoria y el olvido. Y escribírtelo, Lucía, con la ingrata sensación de llegar tarde. Ello no quiero que se convierta en excusa para posponerlo indefinidamente.

He compartido tu ideario y militancia. Pero tampoco en su momento mis compañeros supieron o consideraron de interés hablarme o darme noticias de ti, así como lo hicieron con otros y de Federica Montseny  a quien pude saludar en la ocasión de un mitin en San Sebastián. De ella sé que tenía muy buena opinión de ti y consideraba que eras la que mejor escribías de la organización. No es, no puede serlo, un reproche. Al fin, ¿de qué serviría? Tampoco yo presté demasiada atención a otros aspectos históricos de la CNT centrado como estaba en la problemática del momento y los desafíos que teníamos por delante en los últimos años de la dictadura. Sea como sea, Mujeres Libres volvió a reorganizarse con cierto empuje y acierto.

Hay un aspecto más de tu vida y lucha personal que me parece reseñable y necesario mencionar, como es la cuestión de la homosexualidad que asumiste sin complejos, aunque no sin problemas, en tu relación afectiva con América Barroso. Hoy día, como un reflejo pálido de aquel “amor libre” de la revolución social, en España es legal el matrimonio homosexual. La homosexualidad no está perseguida legalmente; no significa ello que toda la gente lo vea con buenos ojos e incluso hay grupos ultraconservadores que la denuncian y repudian junto con otras libertades como el divorcio o el aborto. Es, pienso, un importante paso adelante el que la sociedad española, mayoritariamente, haya consagrado el conjunto de libertades antes reseñadas. Al menos estoy convencido de que hoy vivirías con más naturalidad la expresión del amor que, sin que sea necesario subrayarlo, sólo es y puede ser libre.

Pero no te he hablado todavía de la poesía, de tu poesía.

Si de algo sirve digamos que el gusto con que Rafael Alberti la leyó y consideró es muy estimable y dice mucho de lo bueno de tus versos. Debo confesar, no obstante, que yo no la he conocido hasta que surgió la necesidad de escribirte estas letras. Y este conocimiento mínimo da comienzo tras la lectura de once de tus poemas y los primeros versos de “Elegía interior”:

¡Oh, si pudiéramos
hundir las manos en el fondo del tiempo.
Y traerlas colmadas
de las emociones antiguas
!

El tiempo, dices, ese pozo profundo que acoge lo esencial, nuestros mejores sentimientos y emociones ya perdidas para el presente, se nos presenta con la nostalgia del recuerdo inalcanzable. Tu voz lírica nos invita a compartir ese deseo a través de una magnífica metáfora táctil. Es belleza limpia y serena. Sigue leyendo →

Carta a León Felipe

CARTA A LEÓN FELIPE
(Felipe Camino Galicia.- 1884/1968)

Felipe Camino; León Felipe porque tú lo quisiste así, zamorano y leonés universal. Muchos dudan si encuadrarte en la Generación del 27 o no; yo te veo en todas las generaciones con la voz personalísima y difícilmente encasillable en estilos o corrientes al uso. La vena libertaria desborda tus versos de acero y verdad. Tu vida se hace bohemia en la búsqueda incansable de tu identidad, pues que siempre recorriste los caminos con el peso de la duda a cuestas para la que jamás encontraste una respuesta definitiva preguntándote obstinadamente, ¿quién soy yo? Una cárcel, no por motivos políticos, sino por el azar embarazoso de unos negocios mal gestionados. El alma del poeta sabe poco de cuentas; las cuentas del poeta están en el mundo de la condición humana y hablan de libertad, justicia social y solidaridad.

Sé que en tu búsqueda honesta de respuestas a tu razón de existir, llegaste a definirte como “el poeta del barro”, con toda la grandiosa humildad de quien se sabe materia elemental y efímera. No elegiste ser mármol de Macael o Carrara para esculpir tu alma de nobleza, sino barro, arcilla de la tierra de tus mayores. Lo dijiste y cantaste y proclamaste. A entenderlo nos ayudaron cantautores como Joan Manuel Serrat o Paco Ibáñez que puso música a éste y otros poemas haciéndolos canciones:

Así es mi vida,
piedra, como tú. Como tú
piedra pequeña;
como tú…[    ]
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas…

Admiré de ti, y ahora admiro, la radicalidad profética de tus poemas. Es posible, tanto en tus experiencias vitales como en las lecturas de tus versos encontrar esa forma tuya drástica de expresión. Max Aub, que te conoció bien y te quiso bien dice que las fuentes de tu poesía manan de los versículos de la Biblia tanto como de los versos de Walt Whitman o los más arrebatados de  William Shakespeare para el teatro. Y algo de todo ello habrá, que también pasaste por ser, si no actor, al menos cómico por en tiempo.

Tal vez estés preguntándote a estas alturas quién es el impertinente que te escribe sin que nadie le diera vela en este entierro. No te negaré la respuesta. Soy también un leonés más o menos errante por los suelos de España que participó de la experiencia del teatro en la temprana juventud, dirigiendo e interpretando a Thornton  Wilder, Albert Camus, Bertolt Brecht, Fernando Arrabal, junto a una breve experiencia con los Cátaros de Alberto Miralles en Barcelona. Todo, teatro de juventud. Incluso de muy temprana juventud con la primera experiencia dirigiendo e interpretando a Ladislao Fodor en “Suspenso en amor”, asignatura que –proféticamente- quedó pendiente en cada convocatoria. Luego, también, me ha dado por impartir clases como profesor con más provecho en aprender que en enseñar y en esto de escribir, sobre todo poesía. Por si te pareciera poca coincidencia, también tomé parte en la utopía anarquista de los años 70. Sigue leyendo →

Carta a Alejandro Casona

 

CARTA A ALEJANDRO CASONA
(Alejandro Rodríguez Álvarez.- 1903/1965)

Ya sé que no me conoces. Te extrañará esta carta inesperada que, de cualquier modo, me gustaría que no fuera enojosa o inoportuna.

El caso es que, casi cuando tú te despedías de esta vida yo empezaba a tener noticias de tus escritos. Fue un paisano tuyo, buen profesor de Ciencias y buena persona que aterrizó por tierras de la montaña leonesa, quien –no sé  de qué modo y forma confidencial- me hizo llegar tu pieza teatral “La dama del alba”. Había algo misterioso en la entrega de aquel librito bien forrado y cuidado, un aire de clandestinidad  en la entrega tal vez debido a tu pasado republicano y de exilio en una España asolada por el pesado silencio impuesto por el miedo de la dictadura. Sea como fuere, mis catorce años de estudiante de Bachillerato, bastante torpe con las cosas de las matemáticas y las ciencias, se iluminaron con las letras, los diálogos y el argumento de aquella dama del alba en la cual la muerte se nos muestra con natural misterio en medio de una historia de amor, o dos, con final trágico y feliz al mismo tiempo.

Fue, también es posible, ese incipiente realismo mágico que habías inaugurado en Buenos Aires lo que más impresionó el alma adolescente de aquel primer lector de teatro. Y también, pueda ser, una de las causas o razones que desataran mi vocación y fervor por las artes escénicas representando y dirigiendo más tarde algún grupo de teatro juvenil con cierta aceptación o participando brevemente de la experiencia en otros como Los Cátaros de Alberto Miralles en Barcelona.

No fue la del teatro la única afición o vocación compartida –salvando todas las distancias-. También ingresé en la Escuela de Magisterio de León y también pasé por la Universidad en Barcelona y luego en San Sebastián para hacer la carrera de Psicología. No viví, afortunadamente, el drama de una guerra civil y mi exilio no pasó de ser una búsqueda de trabajo y oportunidades por otros territorios de España.

Y hablando de España. Hicimos una transición política hacia la democracia y llevamos cuarenta y dos años de funcionamiento constitucional. Las libertades que tú y los tuyos perdisteis, o mejor dicho os arrebataron violentamente, siempre están en riesgo y siempre necesitan ser defendidas. Muchas cosas de hoy te parecerían cosas de ayer. Pero no quiero pecar, como antaño te reprochara algún crítico, de pesimismo histórico; ni quiero renunciar a algo que me complace compartir contigo –aunque también te lo criticaran-, como es la exaltación de “la capacidad del hombre para inventar, no importa dónde ni cómo, un paraíso” (José Monleón en Primer Acto). La misma dura crítica también te ha reconocido la autoría de “un teatro bien escrito y artesanalmente sabio”. Sigue leyendo →

El jardinero

 

EL JARDINERO
González Alonso

La tosca y ramplona plaza amaneció de buena mañana con un palo de rosal en uno de los maceteros llenos de tierra y vacíos de flores. Todo el perímetro de los bloques de la urbanización lo rodeaban setos cuidados y espacios verdes de césped bien cortado. Pero nunca había lucido ni una triste flor; así que me pareció hermoso el ingenuo intento de hacer crecer un rosal.

Pasaron las semanas y cuando había olvidado el anecdótico tronco de rosal, en un extremo de una ancha y rectangular jardinera elevada, tres débiles tallos sostenían unas escasas hojas verdes. Y poco a poco, de manera regular, iban apareciendo nuevas jóvenes plantas sobre macetas y jardineras, multiplicando la promesa de las flores sobre la austera plaza.

El pronóstico sobre el futuro de las tiernas promesas florales me parecía incierto; pero consideraba elogiosas la voluntad y decisión de la anónima persona empeñada en la aventura; alguien que, con buena intención, pretendía iluminar de color y vida los espacios vacíos entre los feos bloques de viviendas con un suelo cubierto de losetas cuadradas rojas y blancas repartidas de forma regular formando cuadrados concéntricos.

Cada vez que atravesaba la plaza no podía evitar una sonrisa contemplando aquellos tallos repartidos por doquier desafiando al tiempo, el sol y la lluvia, y tal vez la tentación de ese alguien que siempre existe para destrozar –sin que se sepa por qué- lo que hacen los demás. También me preguntaba por las motivaciones de la persona que había asumido ajardinar aquellos espacios baldíos. Por qué lo hacía y para qué más allá de dotar de un aire fresco y colorido la plaza de la urbanización.

Y con el paso de los días y acercándose la primavera, comenzaron a adivinarse los primeros brotes en los frágiles tallos. Entonces, una sensación extraña se apoderó de mi ánimo. Deseaba un buen final para aquellas pequeñas muestras de vida vegetal agarradas al suelo terroso de las por tanto tiempo olvidadas jardineras y temía al mismo tiempo su fracaso o la acción vandálica que les cortara el paso a la vida. A ello se unía la curiosidad despertada por conocer la mano que ponía todo su empeño con los riegos y cuidados de aquellos brotes.

Seguía  preguntándome por la razón o el interés del autor de ese trabajo. Las conjeturas que se me ocurrían las juzgaba disparatadas; así que decidí dejarlas a un lado, aunque de manera recurrente volvieran a mi mente las preguntas. Sigue leyendo →

Teresa de Ávila: 500 años más allá del místico amor

Teresa de Ávila: 500 años más allá del místico amor

Ya toda me entregue´y di
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mi
y yo soy para mi Amado.

Santa Teresa de Jesús, Teresa de ÁvilaTeresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, mujer hermosa, de belleza serena, apasionada, gran imaginación, vehemente, luego Teresa de Ávila, Teresa de Jesús por decisión propia y Santa Teresa de Jesús, al fin, nos seduce todavía hoy como ayer, después de los 500 años de su existencia, la de una vida marcada por un objetivo: la felicidad; la suya y la de los demás.

Teresa de Ávila pertenecía a una familia acomodada de judíos conversos o cristianos nuevos. Así como en el caso de Miguel de Cervantes podemos hablar sobre un montón de conjeturas acerca de su pasado judío, la raíz hebrea de la santa de Ávila está fuera de toda duda. Alrededor de 1950, la noticia causó estupor y cierta conmoción. Américo Castro dejó escrito que intuía o encontraba pistas en el estudio de su estilo literario, al que encontraba bastantes similitudes con el de los cristianos nuevos o judíos conversos de la época. Estas sospechas se confirmaron vía documental cuando Narciso Alonso Cortés encontró los papeles en la Real Chancillería de Valladolid que demostraban fehacientemente la ascendencia judía de la familia de Teresa de Jesús.

Teresa de çAvila o Santa Teresa de JesúsDicho lo anterior, que ni quita ni añade méritos a la obra de Teresa, digamos que su personalidad resultó ser arrolladoramente seductora y apasionada. Ya de niña, leyendo la vida de los santos y los mártires, había ideado escaparse con su hermano a tierra de infieles para sufrir el martirio. Luego, de jovencita, le cogió gusto a las novelas de caballerías de las que fue gran lectora y vivió con intensidad sus amores, batallas, sufrimientos y heroicidades. Todo ello contribuyó a la formación de un lenguaje literario y el modo de abordar, entre otros, el tema amoroso. También la lectura de la obra de San Agustín, como Las Confesiones. Pero la vida religiosa fue lo que cuajó en su alma y acabó siendo monja en contra de la voluntad de su padre. Destaquemos, por encima de todo, el valor que Teresa atribuía a la lectura y las obras literarias, hechas de la palabra, que es la vida y la sabiduría que mueven a la acción, a la que ella se entregó de forma generosa y continuada.

La formación académica de Teresa de Ávila fue limitada, por lo que debemos hablar de una mujer autodidacta. Sigue leyendo →

Vincit malos

VINCIT MALOS
(Vincit malos pertinax bonitas.- La bondad persistente vence al mal.)
Séneca

Teneos firmes en la bondad constante,
alta la guardia y alertada el alma
pues venceréis la ambición de los malvados.

No es cuestión de fe y oración ni mansedumbre;
tampoco caridad ni ofrendas generosas
en los altares de los dioses.

¿Pues cómo, entonces, es la bondad que dices
que acaba sin fe con la maldad ni rezos
ni el suave auxilio de la compasión
o generosa ofrenda a las divinidades?

Bien os digo bondad sostenida en los brazos
de la recta justicia, la recta igualdad, que siguiendo el curso
de la razón despierta
alienta en el pecho de la humana virtud
solidaria..

Aquél es el bien que en su muda oratoria
temen los poderosos y conduce los pasos
por la espaciosa senda abierta a la conquista
de la libertad.

Aquél es el bien entregado a la paz verdadera
en nada alejada de la naturaleza de las cosas.

Y así el hombre será feliz gracias a la razón
que nada teme ni desea nada, dichoso
en su juicio recto,
pues sin salud moral nadie puede alcanzar
a ser llamado bienaventurado.

Una vez más te preguntamos, ¿qué virtud
de la condición humana
adornará la victoria sobre el mal?

Yo os diré, una vez más, que de todos los valores y virtudes
la primera misión es, sobre todas, ser hombre
y así, siéndolo, firmes en el carácter perseverar en el bien.

Veréis caer las torres, desplomarse los cielos,
hundirse en los océanos la ciega ambición de los tiranos
convertidos en nada sus imperios;
veréis cómo se vuelve el pesimismo y el miedo
contra sus obras indignas
y el poder absoluto de sus actos.

Perseverad, perseverad en la bondad
que vence la indignidad de los perversos
y alegraos, cantad alto aleluyas
y al amparo de la muda oratoria de la virtud
celebrad la felicidad en la victoria.

González Alonso

La muerte de la ilusión. Sobre el desilusionado caballero don Quijote de la Mancha

LA MUERTE DE LA ILUSIÓN
El desilusionado caballero don Quijote de la Mancha

Miguel de Cervantes se refiere a don Quijote como “el ingenioso hidalgo”, en la primera parte de la novela, y como “ingenioso caballero” en la segunda. La discusión del término “ingenioso” como persona ocurrente se desliza hacia el espacio de la locura en la distorsionada interpretación de la realidad y la acción consecuente ante la realidad interpretada. Para acabar el ropaje psicológico del personaje es más que probable que Cervantes leyera y conociera la obra del médico Huarte de San Juan (1529/1568)         y sus observaciones sobre la melancolía. También el aspecto físico de don Quijote y Sancho parece responder a su teoría de los cuatro tipos de humores de las personas. Según este célebre médico, que fue una autoridad en toda Europa y se le considera el patrón de la Psicología en España, la alimentación desempeña un papel fundamental en la salud en general y en la del cerebro en particular, de modo que cuando es deficiente o desequilibrada y a su vez el cerebro se ve expuesto a un gran trabajo y actividad muy exigente, éste se debilita.

Cervantes nos presenta un hidalgo enjuto de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, entregado frenéticamente a la lectura y olvidando el cuidado de la alimentación de por sí deficiente y escasa: En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio.

Si el hidalgo Alonso Quijano, el Bueno, enfermó de un exceso de trabajo intelectual y un defecto de su alimentación, también es verdad que siguiendo lo que dicta el sentido común y recomienda Huarte de San Juan, ama y sobrina intentaron recuperarlo en cada una de sus vueltas a casa a base de buenas comidas seguidas de riguroso descanso y privándole de lecturas, para lo cual llevaron a cabo junto al cura y el barbero una gran quema de libros –en su mayoría de caballerías- en un acto inquisitorial donde fueron juzgados y condenados al fuego.

No se hace necesario subrayar el alcance del significado de esa quema de libros; considerarlos culpables del mal de don Quijote sería querer ignorar lo que significa el uso responsable y equilibrado de las cosas. No se nos escapan otros aspectos de este hecho de la condena de los libros en el contexto de una España armándose cada vez más y encastillándose en un catolicismo excluyente sin reparar en medios y expulsando a judíos y musulmanes por, entre otras, razones de fe. Sigue leyendo →

Don Quijote, profeta y cabalista.- Dominique Aubier

Don Quijote, profeta y cabalista
Dominique Aubier

Ediciones Obelisco, Barcelona-1981

Que un autor no puede escapar a su tiempo es cosa natural y generalmente admitida sin discusión. Miguel de Cervantes Saavedra, el escritor, no fue excepción. Como poeta, como dramaturgo, como novelista, reflejó el mundo que lo rodeaba y proyectó sus sentimientos, miedos, ideas y pensamientos que interpretaban o trataban de explicar ese mundo de su época desde su personal subjetividad.

El caso, en el caso de Cervantes, es que no estaba del todo clara la ascendencia judía de su familia. No era una cuestión baladí en la época. La limpieza de sangre había que demostrarla y, por supuesto, pagarla con la compra de títulos de nobleza que Cervantes y su familia nunca consiguieron. Fuera judío converso o simplemente judío, también es cierta su formación erasmista. Y todo ello representaba un riesgo serio ante una Inquisición extremadamente atenta.

Pero el escritor, decimos, no escapa en ningún caso a sí mismo y su mundo. Por eso, en la lectura de sus obras, no dejamos de hallar rastros de lo que significó su vida, detalles de las experiencias, creencias y pensamientos. Es lo que Dominique Aubier, en su obra “Don Quijote, profeta y cabalista”, viene a descubrirnos. Y lo hará rastreando la monumental obra cervantina en una dirección determinada, la de los indicios y pruebas de estar ante un libro encriptado, un auténtico tratado de conocimiento esotérico, lleno de simbolismos y claves hebraicas a través de una prosa cercana, asequible, y una historia inverosímil que consigue, como el mismo Cervantes quería, que el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla.

Si lo referido a los nombres, apellidos y ascendencia era muy tenido en cuenta en la España renacentista, en el particular caso de los judíos esta preocupación será obsesiva. Y Cervantes da sobradas muestras de esta obsesión. Pedro Salinas lo nota cuando asegura que “cada nombre en Cervantes es una pequeña aventura donde cada sílaba se juega contra otra sílaba, y donde la fonética se enfrenta al significado”. Y Fray Luís de León lo subraya afirmando de manera categórica que “cada uno es lo que su nombre significa”. (De los nombres de Cristo, 1583)

Dominique Aubier se detiene y especula en la representación de los nombres elegidos para la novela que Cervantes ofrece a sus lectores. Y lo hace desde el convencimiento de que el Quijote es un libro profético que enlaza con la historia de Ezequiel y que interpreta y mejora en sus propuestas el libro de “El Zohar”, uno de los libros más importantes del judaísmo que da continuación a la Cábala escrito en la época del Reino de León por Moisés Shem Tob de León. Así como Ezequiel conduce al pueblo judío en su huida a Babilonia tras la destrucción de Jerusalén y profetiza la vuelta y reconstrucción de la ciudad santa y su templo, don Quijote saldrá al mundo en su particular éxodo, más como “caballero errante” que como “andante”, para preconizar la venida de otro mundo más justo restaurar la Verdad y el Conocimiento a la Luz del Zohar y anunciar en encuentro de las tres religiones que constantemente aparecen referidas en la novela: el judaísmo, el islamismo y el cristianismo, las tres bajo la protección de la figura de Abraham que en las tres es asumida y respetada. Sigue leyendo →

Crimen y castigo.- Fiódor Dostoievski

CRIMEN Y CASTIGO
Fiódor Dostoievski

Ediciones Cátedra.- 2ª edición Mil Letras; Madrid, 2009.- Edición de Isabel Vicente; cubierta de Diego Lara

La novela de F. Dostoievski, Crimen y castigo, se desenvuelve –grosso modo– en dos ámbitos, el de la miseria y el del desamor. La búsqueda permanente de la superación de la miseria y la de la emoción pura del amor constituye el eje transversal de la obra, con cuyo pretexto ofrece, amén de la pintura realista de colores vibrantes y fuertes claroscuros de la sociedad de la época, una crítica social implacable desde la encrucijada moral de los personajes. La mirada crítica sobre la sociedad del momento no está exenta de intuiciones y descubrimientos de verdades permanentes, realidades consustanciales al modelo social del que, básicamente, seguimos formando parte; así, ante la corrupción y el robo representado en la figura de un profesor de Moscú que falsificaba bonos, la justificación es la de que «todo el mundo se hace rico de una manera o de otra«(sic) en el sentido de «ganar dinero de inmediato y sin esfuerzo«(sic) porque «nos hemos acostumbrado a encontrarlo todo hecho, a avanzar  apoyándonos en los demás, a comer el pan ya masticado. Y, en cuanto las circunstancias lo han permitido, todos se han lanzado a aprovecharse«(sic) Por si lo citado anteriormente nos parece poca cosa en relación a los problemas actuales, podemos detenernos en la visión que del poder se refleja en las siguientes palabras: Y ahora sé, Sonia, que tiene poder sobre las personas quien es más fuerte por su inteligencia y su espíritu. Para la gente, el que se atreve a mucho es el que lleva la razón.  El que más cosas menosprecia se convierte en su legislador y el más atrevido es el más escuchado. Así ha ocurrido hasta ahora, y así será siempre. ¡Sólo un ciego no lo vería!(sic) Sigue leyendo →

El terror de 1824.- Benito Pérez Galdós

Episodios Nacionales
El terror de 1824
Benito Pérez Galdós

Alianza Editorial, El libro de bolsillo
2019

El destino no deja de proporcionarnos situaciones paradójicas. Benito Pérez Galdós, para ofrecernos de manera novelada el episodio histórico del absolutismo de Fernando VII y el terror desatado con las persecuciones y ejecuciones de liberales y constitucionalistas, hace coincidir el personaje del viejo maestro liberal, inflamado de fe en la libertad y la democracia, con el destino de la joven muchacha, católica e hija de un absolutista ejecutado por los liberales y en cuya muerte tomó parte el viejo maestro liberal con su delación. Ahora el viejo maestro hace discursos incendiarios contra la monarquía por todo Madrid y pasa por loco, del que todos se burlan y al que los niños apedrean. Su hijo será ejecutado una vez hecho prisionero, y él acabará siendo recogido por la joven hija del absolutista, vecina suya, cuidado y querido como un padre, amor que terminará siendo mutuo tras reconocer su conducta indigna –no por la delación- sino por haberse negado a ofrecerle un vaso de agua en sus últimos momentos, culpa que confesará también al pie del patíbulo.

En la figura del viejo idealista loco no se puede dejar de apreciar la evocación cervantina de don Quijote, recuerdo reflejado en otros pasajes como en el de Riego conducido con todo el idealismo liberal que representaba en un carro de bueyes a la horca. O en los mismos discursos del viejo maestro liberal y la imagen de su mujer, ya fallecida, a modo de una Dulcinea. Pero podríamos seguir con las pinceladas cervantinas en su estilo narrativo, la ironía –incluso el sarcasmo- y la visión relativa de los hechos, la fuerte convicción ideológica de los liberales y la altura de sus miras, pero la desconfianza que se pone de manifiesto en los protagonistas de su puesta en práctica, así como sus contradicciones o la humana flaqueza ante la muerte. Se refleja la dureza, violencia y odio irracional de los absolutistas y las gentes que los apoyaban, más brutales cuanto más incultos e ignorantes, la perversa acción de la Iglesia con las prédicas de curas y frailes animando al infierno de la represión, el miedo confundido y mezclado con la amenaza que los liberales suponían para la propiedad privada y la religión, la salvación del alma… Todo ese ambiente sórdido y gris que Benito Pérez Galdós nos describe resulta mucho más grosero que cualquier imaginación. Así, podemos leer tras la descripción de la maquinaria burocrática y su oficio en la redacción de los autos: El infierno de aquella época era la más infernal que puede imaginar la humana fantasía espoleada por el terror. (Capítulo 14) Sigue leyendo →