CARTA A ALEJANDRO CASONA
(Alejandro Rodríguez Álvarez.- 1903/1965)
Ya sé que no me conoces. Te extrañará esta carta inesperada que, de cualquier modo, me gustaría que no fuera enojosa o inoportuna.
El caso es que, casi cuando tú te despedías de esta vida yo empezaba a tener noticias de tus escritos. Fue un paisano tuyo, buen profesor de Ciencias y buena persona que aterrizó por tierras de la montaña leonesa, quien –no sé de qué modo y forma confidencial- me hizo llegar tu pieza teatral “La dama del alba”. Había algo misterioso en la entrega de aquel librito bien forrado y cuidado, un aire de clandestinidad en la entrega tal vez debido a tu pasado republicano y de exilio en una España asolada por el pesado silencio impuesto por el miedo de la dictadura. Sea como fuere, mis catorce años de estudiante de Bachillerato, bastante torpe con las cosas de las matemáticas y las ciencias, se iluminaron con las letras, los diálogos y el argumento de aquella dama del alba en la cual la muerte se nos muestra con natural misterio en medio de una historia de amor, o dos, con final trágico y feliz al mismo tiempo.
Fue, también es posible, ese incipiente realismo mágico que habías inaugurado en Buenos Aires lo que más impresionó el alma adolescente de aquel primer lector de teatro. Y también, pueda ser, una de las causas o razones que desataran mi vocación y fervor por las artes escénicas representando y dirigiendo más tarde algún grupo de teatro juvenil con cierta aceptación o participando brevemente de la experiencia en otros como Los Cátaros de Alberto Miralles en Barcelona.
No fue la del teatro la única afición o vocación compartida –salvando todas las distancias-. También ingresé en la Escuela de Magisterio de León y también pasé por la Universidad en Barcelona y luego en San Sebastián para hacer la carrera de Psicología. No viví, afortunadamente, el drama de una guerra civil y mi exilio no pasó de ser una búsqueda de trabajo y oportunidades por otros territorios de España.
Y hablando de España. Hicimos una transición política hacia la democracia y llevamos cuarenta y dos años de funcionamiento constitucional. Las libertades que tú y los tuyos perdisteis, o mejor dicho os arrebataron violentamente, siempre están en riesgo y siempre necesitan ser defendidas. Muchas cosas de hoy te parecerían cosas de ayer. Pero no quiero pecar, como antaño te reprochara algún crítico, de pesimismo histórico; ni quiero renunciar a algo que me complace compartir contigo –aunque también te lo criticaran-, como es la exaltación de “la capacidad del hombre para inventar, no importa dónde ni cómo, un paraíso” (José Monleón en Primer Acto). La misma dura crítica también te ha reconocido la autoría de “un teatro bien escrito y artesanalmente sabio”. Sigue leyendo

El argumento: Un grupo de amigos acostumbran a invitar a cenar a una persona que consideran idiota para burlarse de ella dejándola hablar y provocando sus explicaciones, a veces engorrosas; pero finalmente el supuesto idiota pone en evidencia a los burladores generando un verdadero caos al quebrarse las intenciones de estos amigos de la risa a costa de los demás.

Cada vez que atravesaba la plaza no podía evitar una sonrisa contemplando aquellos tallos repartidos por doquier desafiando al tiempo, el sol y la lluvia, y tal vez la tentación de ese alguien que siempre existe para destrozar –sin que se sepa por qué- lo que hacen los demás. También me preguntaba por las motivaciones de la persona que había asumido ajardinar aquellos espacios baldíos. Por qué lo hacía y para qué más allá de dotar de un aire fresco y colorido la plaza de la urbanización.
No significa, dicho lo anterior, aprobar cualquier tipo de risa a cualquier precio, como pudiera ser la vulgaridad y los lugares comunes traídos a contrapelo con grosería; estamos hablando de la risa que viene del humor inteligente, destapado en actuaciones gamberras y desenfadadas como el que nos muestra esta comedia. Una fórmula exitosa que cumple seis años de representaciones en Madrid, Barcelona y ahora por toda España.
El ritmo de la interpretación es muy trepidante y sostenido durante la más de hora y media de representación, y la actuación de actrices y actores es valiente, descarada y desenvuelta, consiguiendo que la comedia funcione y alcance su objetivo, entretener y hacer reír al espectador.
Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, mujer hermosa, de belleza serena, apasionada, gran imaginación, vehemente, luego Teresa de Ávila, Teresa de Jesús por decisión propia y Santa Teresa de Jesús, al fin, nos seduce todavía hoy como ayer, después de los 500 años de su existencia, la de una vida marcada por un objetivo: la felicidad; la suya y la de los demás.
Dicho lo anterior, que ni quita ni añade méritos a la obra de Teresa, digamos que su personalidad resultó ser arrolladoramente seductora y apasionada. Ya de niña, leyendo la vida de los santos y los mártires, había ideado escaparse con su hermano a tierra de infieles para sufrir el martirio. Luego, de jovencita, le cogió gusto a las novelas de caballerías de las que fue gran lectora y vivió con intensidad sus amores, batallas, sufrimientos y heroicidades. Todo ello contribuyó a la formación de un lenguaje literario y el modo de abordar, entre otros, el tema amoroso. También la lectura de la obra de San Agustín, como Las Confesiones. Pero la vida religiosa fue lo que cuajó en su alma y acabó siendo monja en contra de la voluntad de su padre. Destaquemos, por encima de todo, el valor que Teresa atribuía a la lectura y las obras literarias, hechas de la palabra, que es la vida y la sabiduría que mueven a la acción, a la que ella se entregó de forma generosa y continuada.









Bueno, éstas y otras muchas preguntas y respuestas me daban vueltas en la cabeza mientras persistía en el intento de ser sorprendido, sacudido emocionalmente o secuestrado por la belleza de alguna obra expuesta, cuando reparé en el mismo museo, el continente de tanto intento artístico, y sus sofisticados espacios. Creí ver cómo la arquitectura no convencional del Guggenheim se erigía como monumento artístico, desafiante, de arriesgada estética, pero también funcional al ser capaz de dar cabida a las exposiciones de representaciones simbólicas que a su vez acogen, o lo pretenden, sensaciones, conceptos, juicios críticos, denuncias, dudas, altos conceptos y en muchas ocasiones también, disparates inasequibles que ni su autor sabe explicar. ¿Será cada obra de arte un museo guggenheim que encierra una belleza a la que soy incapaz de acceder? ¿Estoy tal vez dentro de la obra artística sin acertar a ver sus espacios, sus rincones, los misterios de su simbolismo?
Desobedientes 18/98
Vamos a ver. Para empezar, teatro, teatro… no. Creo que sería mejor definir este espectáculo como “conferencia dramatizada” para hablar sobre la desobediencia civil y la insumisión. A partir de ahí, con el texto como principal protagonista y los argumentos esgrimidos a favor de una actividad social como es el impulso de la desobediencia civil tendremos lo que se presenta como obra de teatro.
No cuestionaré la natural necesidad del ejercicio de la libertad para oponerse a leyes injustas; lo que resulta problemático es decidir quién tiene la facultad de definir una ley como injusta y desobedecerla. Y no tengo una respuesta, pero sí muchas dudas. También tengo la certeza de que, democráticamente, las leyes van cambiando y adaptándose a las necesidades del pueblo y su voluntad. Así la ley del aborto, el divorcio, la eutanasia, los matrimonios homosexuales, etc. se van abriendo paso y aplicándose con mejor o peor acierto. Siempre se ha dicho que las leyes van por detrás del desarrollo de la sociedad. Es la misma sociedad en su conjunto la que finalmente impulsa los cambios. Por eso en la obra representada se dice que no es Martin Luther King quien crea el movimiento contra la discriminación de los negros, sino la sociedad quien crea a Martin Luther King. El papel de asociaciones y movimientos pacifistas es importante en cuanto a la organización y extensión de la sensibilidad social para el cambio. Ocurrió en España con la obligatoriedad de la mili o con la paralización en Euskadi de la central nuclear de Lemoniz, a pesar de la nefasta injerencia de ETA.