02
Ago
10

Berlín.

Puente aéreo de Berlín. 1945.Berlín, tras la caída del muro..Sobrevolando Berlín.

Luna llena de julio blanca; el cielo de Berlín,
biblioteca de Pérgamo, puerta a la cultura
del universo,
Atenea mira desde lo alto.

La ciudad se desviste sin recato en las estatuas de piedra
desnudas de color, sólo esencia de la belleza,
sólo emoción y pensamiento, tacto de la vista,
seda del agua, terciopelo verde en la hondura
de sus bosques.

He visto, Berlín, tus largas estelas ajardinadas,
lápidas pétreas de nombres y de lágrimas
y angelotes tocando las trompetas,
frisos reflejados en el cauce del Spree,
sediento río de cultura en el beso de los pilares
de los museos.

Sobrevuelan Berlín picos de acero, alas poderosas
de aviones
con su carga de lenguas extranjeras, bocas
para las sonrisas, ojos para el asombro.
Con blandura de paz se posan en tus calles,
con su aliento perfuman el aire de tus plazas.

He visto, Berlín, he sentido tus musculosos brazos sosteniendo el mundo;
los jóvenes soñaban orillas los estanques, el espíritu más libre
ardía en los teatros. Sonaba la sinfonía del amor de tus gentes
con sus manos borrando el estigma de la vergüenza,
los pasos sobre las cenizas, vidrio y acero
en vertical futuro
a los abrazos cayendo de los aviones mansamente
a la alegría.

Julio G. Alonso

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2 Responses to “Berlín.”


  1. 1 Perfecto Herrera Ramos
    agosto 3, 2010 en 12:39

    ¡Que visión tan esplendida, tan diáfana de Berlín! Hablar de Berlín, es hablar de una ciudad mítica en nuestra historia mas reciente. Y tú lo haces con unos ojos nuevos, abiertos a un presente y un futuro lleno de armonía y de belleza. Celebro con alegría estos versos tuyos porque encierran una emotiva semblanza que nos abre esperanzados al futuro.
    Un abrazo.

  2. agosto 3, 2010 en 22:24

    Todas las ciudades europeas, las grandes ciudades, están cargadas de historia y guerras, de arte, cultura, olores, colores y sabores y, sobre todo, de personas que se afanan por vivir y ser felices. Las heridas de los hombres sangran por sus ciudades, y Berlín muestra todavía sus descarnadas dolorosas heridas; pero también hay un “canto de la alegría” en los ojos de las gentes y en las sonrisas de sus jóvenes que son el futuro que nadie debería traicionar. Un poema no es suficiente para entender una ciudad o un pueblo, ni miles de ellos, pero junto al desgarro, que suene -al menos- una palabra de paz, de piedad y de esperanza, del amor del que también somos capaces los humanos. Tal vez mi poema se acerque a esa palabra. Me gustaría. Con un abrazo.
    Salud.


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