Posts Tagged ‘Imagen de la red.

08
Ago
18

La visita

Máscara del poeta

La visita

Me visitó el poeta con sus cosas cotidianas,
carente de encanto,
buscándose a sí mismo con sonrisas
y muecas y palabras vacías
en un desierto estéril de emociones,
anodino y mediocre con sus citas
de frases hechas y erudición casposa
ante la taza de café
y el péndulo
monótono
de las horas tediosas de la tarde.

Me visitó el poeta, abrió su boca
y habló de sus versos;
cerró su boca
y pensaba en sus versos
y sus versos le perseguían como fantasmas
y nada había más allá de sus versos
y se miraba en ellos como en un espejo
de agua.

Me visitó el poeta
y descubrí al pobre hombre de la calle
de una ciudad cualquiera
abrumado
por su destino de poeta.

Me invitó a su casa el hombre
con sus problemas domésticos diarios
y su música de jazz y el desgarro de los tangos
en los viejos discos de vinilo; miraba con lentitud
el aire de la alcoba; me ofreció
vino y preguntó qué tal me iba,
que a él las cosas mal, pero aguantaba
y sonreía. Detrás
de sus ojos bulle el mundo y la memoria
y el hombre con sus cosas
extraordinarias.

Me visitó el hombre
y descubrí al poeta. Ahora
todo está bien y abro los libros
por las páginas del ruido de las calles
y la alegría bulliciosa
y los sueños adolescentes y las sonrisas
de las muchachas que aman en primavera.

González Alonso

 

Chicas alegres en bicicleta

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01
Ago
18

Carta de agosto

Chica tumbada en el campo

Carta de agosto

Tal vez recuerdes
el nombre del amor de los veranos
perfumados de tomillos
en las tardes; o en las mañanas
las frescas aguas del río,
los cuerpos abrazados en la hierba
de las horas del monte y de los besos
húmedos
y los sueños
por entre las miradas
y en las manos las caricias, mariposas
en el tacto desnudo de la piel.

Ahora estoy aquí, en el mismo lugar,
el sol rozando el horizonte,
los tomillos colmando la tarde con su aroma,
tendida sobre la hierba,
la luz de un cielo limpio en mis pupilas.

Tal vez, alguna vez lo sepas,
como cuando fuimos felices
como cuando inventamos el amor
como cuando fuimos el mundo
y agosto resultó ser, al fin,
toda la vida.

González Alonso

Chica tumbada en el prado con flores

17
Jul
18

El burlador de Sevilla.- Tirso de Molina.- Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2018

El burlador de Sevilla
Tirso de Molina

Compañía Nacional de Teatro Clásico
Directora: Helena Pimenta
Versión: Borja Ortiz de Gondra
Dirección del montaje: Josep María Mestres

Reparto encabezado por Elvira Cuadrupani en Isabela, Raúl Prieto en Don Juan, Ricardo Reguera como Rey de Nápoles y Fabio, Pedro Miguel Martínez es Don Pedro y Rey de Castilla, Samuel Viyuela en Ripio y Anfriso, Egoitz Sánchez  interpretando al Duque Octavio, Mamen Camacho en Tisbea y Pepe Viyuela haciendo de Catalinón y seguido en los demás personajes por Paco Lahoz, Irene Serrano, Juan Calot, Ángel Pardo, José Juan Rodríguez, Lara Grube y José Ramón Iglesias.

Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2018
13 de julio de 2018

Hablamos de teatro clásico. Nos separan de “El burlador de Sevilla” cerca de 400 años, de aquella sociedad, sus costumbres, formas de gobierno y visión del mundo. ¡Y está, sin embargo, tan cerca de nosotros este burlador!

El personaje de Tirso de Molina, pseudónimo del fraile mercedario Gabriel José López Téllez (Madrid, 1579), se mueve impelido por un hedonismo absoluto; la búsqueda del placer lo justifica todo y no existe norma que se oponga a ello que no se rompa. A don Juan no le importan sus víctimas, con las que no empatiza, sino solamente alcanzar el éxito, satisfacer su ego, disfrutar la felicidad de sentirse dominador y poderoso a costa de lo que sea, el engaño, la amenaza, el chantaje, la extorsión o la violencia que se deslizará por el terreno escabroso del asesinato. Seduce y miente, mata y engaña sin reparos, sin límites. La rebeldía de don Juan, desde su íntimo y profundo desasosiego vital, nos intranquiliza e inquieta. En cierto modo, el personaje creado por Tirso de Molina puede significar un precedente de los postulados del Marqués de Sade del siglo XVIII y la Revolución francesa.

Como sabemos, el dramaturgo madrileño entregará a su personaje al castigo del infierno, arrastrado por una de sus víctimas, el padre de Ana de Ulloa, que lo invitará a una cena con él en el cementerio donde está sepultado. El castigo del infierno, más allá de su vocación ejemplarizante, podemos entenderlo como una sentencia de muerte impuesta por la justicia divina a la que don Juan se enfrentará de manera inaudita para demostrar que nada le causa temor y dispuesto a desafiar y superar cielos e infiernos.

Dos aspectos más a tener en consideración, como son la catadura moral de los demás personajes y la actitud de las mujeres víctimas de don Juan.

Del primer aspecto observamos cómo se constata que los personajes que rodean a don Juan Tenorio cojean de la misma pata que el burlador, y el abuso de poder de los nobles, la corrupción, la prevaricación, la ambición, la violencia, la muerte y el asesinato, las conspiraciones, están a la orden del día y justificadas por razones espurias. La única diferencia con don Juan es que a éste no le hace falta buscar justificación alguna y reúne todos y cada uno de los crímenes en su persona.

¿Y las mujeres? Digamos que, en principio, no se salvan de la quema. Son seducidas a medias, más por el interés de alcanzar un estatus o posición social envidiable en brazos de un atractivo mozo que por el amor generoso y desinteresadamente entregado. Ponen precio a sus servicios más carnales y son estafadas. Pero también se aprecia en ellas una actitud beligerante en su actividad, pues saben lo que quieren, deciden y se enfrentan a su agresor denunciándolo públicamente y ante la autoridad del rey al que pedirán la reparación de la justicia.

Aparte de la novedosa y avanzada visión para la época de la mujer reivindicativa y activa, cabe la pena subrayar la profundidad psicológica que Tirso de Molina realiza en el tratamiento de todos y cada uno de sus personajes, fundamentando sus conductas y decisiones en las motivaciones personales y los sentimientos.

Tirso de Molina nos deja en “El burlador de Sevilla” un buen puñado de costumbres y conductas machistas, convicciones y prejuicios que no nos cuesta mucho reconocer y de los que aún no nos hemos desprendido hoy día a pesar de los innegables cambios habidos, pero que resurgen en episodios lamentables en forma de abusos y violaciones, en solitario o en grupo, en el maltrato y los asesinatos de mujeres casi a diario.

La Compañía Nacional de Teatro Clásico, impecable, nos traslada con su excelente trabajo lo que Josep María Mestres subraya en el programa de mano de la función, que “El burlador de Sevilla” sigue interesándonos por todo lo antedicho “y porque hay tanta poesía, tanta belleza, tanta magia, tanto sentido del humor, tanta teatralidad en el cuento de Tirso que no nos cansamos de escucharlo. Quizás sí siga siendo un mito…” Y cómo no, podemos asegurar que junto a otros muchos personajes como don Quijote de la Mancha, Sancho Panza, Hamlet, Ulises, Scherezade, Robinsón Crusoe, Romeo y Julieta, Emma Bobary, Peter Pan, Dorian Grey, Lázaro de Tormes, Godot, La Celestina, Lady Macbeth, Ana Karenina y etc. etc., don Juan Tenorio es también un mito universal. Sin dudarlo.

González Alonso

16
Jul
18

Verano en dos tiempos

Verano en dos tiempos

Las muchachas paseaban su piernas
al aire
y los pájaros
cantan.

Las muchachas mostraban sus pechos
desnudos
en la playa
y los peces nadan la alegría
de las aguas.

Las muchachas sonreían en los parques
del verano
y se posa, tímida, una mariposa
en la rama.

Revolotean los pájaros el aire,
los peces huyen esquivos
por las aguas quebradas,
reposa la mariposa extendidas
sus alas

y una sonrisa
feliz
me acompañaba.

González Alonso

 

01
Jul
18

Carta de julio

Vitrales de la catedral de León

Carta de julio
Catedral de León

Yo vi la luz, yo vi
la luz
y un manantial de estrellas
y vitrales. Estaba ciego
y vi la luz, el milagro de ojivas
en mis pupilas de noche
y espacios inabarcables.

Yo rodeé sus piedras de palabras.
Yo alcé a sus pináculos el vuelo
de los sueños
y vi ángeles en coros de aleluyas,
la soledad titánica del hombre,
la escritura en el aire
de un salmo mineral
y poesía
y luz. Yo vi
la luz
del séptimo mes y estaba ciego,
ciego,
sin ver
delante de la luz bajo las bóvedas
de crucería
del templo. Yo lo vi.
Yo vi el milagro
de la luz
en los altares.

González Alonso

Catedral de León

18
Jun
18

Deja amanecer el día

amanecer y mariposas

Deja que amanezca el día
y  los rayos del sol toquen
las superficies de las aguas y las cosas. Mira en torno
y acaricia
la soledad que te acompaña; repasa los recuerdos
y  haz cuenta de los nombres, pon fecha a los fracasos,
compañía de ilusiones que huyeron con su alegría
a  los rincones perdidos de las distancias.

Mide el silencio
que abarca la mañana
entre el tictac de un reloj de pared y las horas
del toque lejano de campana; a sorbos
toma el café amargo de la vida
despacio,
con calma.

Deja amanecer
y  abre  las ventanas; de lo que atrás ya queda
es nada envuelto en sombras
y memoria que sangra; son nombres
que olvidaron, fotografías sin rostro en álbumes sin fecha
y  desierto de afectos.

Que este dolor sea el último. Abre al día
los ojos
y  los colores tendidos por los montes; el canto de los pájaros
te acompaña y te esperan las sonrisas
en ramos de ilusiones
y el abrazo del tiempo
que no olvida. Entonces, será entonces
cuando
la noche sea sábana de sueño
poblada de palabras en revuelo
y alas de mariposas.

González Alonso

Alas de mariposa

10
Jun
18

A veces

A veces

A veces la alegría que hay en tu alma
envuelve en soledad de cautiverio
el amor ya perdido, la imposible
caricia, la emoción, beso en la boca
que consumen las llamas del recuerdo.

A veces te presentas entre sombras
como la noche entrando por mis ojos
y sobrecoges con tu imagen viva
las láminas aladas de los sueños.

A veces vienes sin aviso previo
por la puerta trasera del olvido
alborotando miedos y emociones
con tu presencia sola y silenciosa.

A veces, sin embargo, sólo temo
abrir los ojos y al llegar el alba
no verte más; maldigo luego el día
y la luz que te borra y te acaricia
y celosa te esconde
y que te abraza.

González Alonso




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