Posts Tagged ‘Verso Libre

14
Jun
22

El tiempo en el espejo

cuando_viajamos_en_el_tiempo (2)

El tiempo en el espejo

Antes de mirarme
en el espejo
vi el paso del tiempo,
el muñón de la rama herida del árbol, la página
amarillenta del libro,
el polvo reposado en el mueble de la estancia,
la ceniza del fuego de ayer, la teja
rota en el tejado,
el cuello desgastado de la camisa,
al lado del camino
la rueda partida de un carro,
las arrugas de los zapatos,
la roca desprendida del acantilado, la lágrima
en el ojo, el tallo de una flor
sin pétalos,
la hiedra en las piedras de la tapia
del cementerio, los números de teléfono
que ya no responden,
los perros sin dueño,
el color apagado de las sonrisas en las fotografías,
las cartas escritas a mano.

Sólo la muerte
sola
en los titulares de los diarios,
el hambre,
el terror, las guerras
y los cientos de miles de refugiados
caminando a través de los campos y las fronteras
se resisten a los días
y el óxido del paso de los años.

González Alonso

*Publicado en el libro «Ruido de ángeles» (Ed. Vitruvio, Madrid 2020)

01
Jun
22

Con cinco dedos

tiro en la cabeza

Cinco dedos apuntan a la desesperación, los ángeles
abandonaron la madrugada
y el hombre ya no entiende la luz
del día, el hombre ya no respira el aire
de la mañana, el hombre sólo es sombra
y sólo es hombre.

Cinco dedos apretados en la culata, el cañón
en la sien, y los sueños a la deriva de un mar
agitado de olas amargas.

Acodado sobre la mesa de roble mira la pared
blanca; él se sabe en el último minuto
arrojado del paraíso, sujeto su destino
a la derrota de la vida. No llora ni murmura
ni alza su pensamiento del brumoso vacío,
y mientras cierra los ojos
el proyectil recorre silencioso el trayecto de la muerte.

Los ángeles no vieron. Un estallido de recuerdos rotos
liberados. Un pesado lastre de deseos.

Cinco dedos reposan sobre un arma, la cabeza
sobre la mesa, la pared blanca. El hombre
abandonó ligero la mañana y fue titular
del día en los periódicos
que él nunca leía.

González Alonso

10
Abr
22

Todo es orden

sala de hospital_

Todo es orden

Todo es orden; silencio todo en los anaqueles del alma
y los ojos mirando al invierno. Recorres la distancia
de los recuerdos,
los días se hacen números
y vuelan en desconcierto mariposas por las paredes
de la sala de hospital. ¡Qué quietud,
qué lejos la vida
tropezando con nombres y nostalgias
en el brocal de los ojos!

Tal vez sea que la muerte nos visita mucho antes aún
de que morimos
y nos asiste y mima de despedidas
y complace nuestros sueños
en hilos de seda. O posa su mirada
en las pupilas
cubiertas por los párpados
y sonríe
y se ilumina; tal vez, entonces,
la alondra canta
no porque llega el día, sino porque la noche
acaba. Y ya es todo orden, silencio en el aire quieto
de la estancia, espirales de tiempo

y frío,

agua de melancolía

en  calma.

González Alonso

(Del libro «Ruido de ángeles«.- Editorial Vitruvio.- Madrid, 2020)

03
Abr
22

Lancia

LANCIA3

Lancia

Sobre el cerro de Lancia escarba la tierra
el viento helado del norte y tumba los abrojos. Qué desolada
extensión abatida por el tiempo sin medida en los relojes
de la vida. Una piedra labrada se desprende del barro
y ofrece a la vista sus ángulos antiguos; una única piedra,
sillar de muro que sostenía la casa,
aparece desnuda.

No son éstas las palabras de un hijo
ante la tumba abierta de los padres; es el huérfano
el que llora y maldice el filo de la espada
cuando el viento helado del norte quema la hierba del cerro
de Lancia y una única piedra
sostiene la ciudad arrasada; por ella se alzan las voces
que traían la muerte y escucho susurrar en las lenguas
de fuego de las lucernas al amor que era abrazo
desnudo y el hogar ardía en los fuegos de la risa, cuando
la simiente crecía entre los sueños las cosechas.

Qué lejos nos queda toda aquella fértil felicidad.

Una piedra sola. Lancia se envuelve en memoria
y en nostalgia

y el cielo se desploma
gris sobre sus ruinas.

González Alonso

LANCIA1

20
Mar
22

Exégetas

Damasco

Exégetas
“La sangre no se reconcilia con la sangre”
Amal Dunqul, poeta sirio.

Oigo ruido de ángeles;
las ciudades, mientras tanto, arden en guerra,
la misma guerra por los siglos de los siglos;
los mismos muertos
a manos de los mismos asesinos
empuñando las armas
en el nombre de Dios. Los ángeles
lo miran con asombro
y tristeza, Dios, tan solo,
tan envuelto en su silencio
e, imagino, en el dolor del fracaso,
secuestrado por hombres que interpretan su alma
y su amargura
y se erigen en dueños de los designios del mundo
y deciden lo que está bien y lo que está mal
en la fuerza del cañón de sus fusiles.

Hay otros ruidos de ángeles
cuando miran
y ven quiénes ponen las armas homicidas en las manos
de los airados intransigentes fanáticos de la fe,
y quiénes los empujan desde las complacientes ideas,
y quiénes se enriquecen con las contiendas mercenarias,
y quiénes con cada bala
que fabrican
hacen un largo discurso en defensa de la paz
y del entendimiento.

Qué miserables exégetas de los textos y las leyes,
fundamentalistas del terror, poseedores
de la ciega certeza de la verdad, dueños
del odio, ladrones
de las vidas ajenas. Dios
no duerme; desolado llora al lado de las víctimas
y los ángeles se extravían entre los laberintos
de Alepo y de Homs y de Damasco, la más antigua
de todas las ciudades devastadas.

González Alonso

12
Mar
22

Carta

Despedida

Carta

Llegaste a la casa para preguntar: ¿qué es
lo que haces?, ¿por qué entretienes tus pesares
en los altos columpios de los sueños?,
¿en qué barandilla, acodados, miran a lo lejos
tus pensamientos?

¡Ah, y qué ingenua mi pretensión de responder!

Yo sé que vienes con tu trabajo y con tus redes
de pescador de días, sueños de aire de cumbres
donde sólo hay azul y luego el universo, y desde las barandas
del tiempo
tus pensamientos tejen juicios justos
y  honestos.

Miras en mis ojos y escrutas en mi alma
desarbolada en mitad del océano de la vida.

¡Ah, cómo quisiera entregarte una respuesta,
ofrecerte un buen vino, regalarte una palabra
luminosa, abrazar de la aurora el primer rayo!

Cuando llegaste a la casa y preguntaste
no supe qué responder. Yo estoy
aprendiendo a hacer el fuego,
esperando de la noche su frío de invierno,
el cielo estrellado, la nieve
luego en blandos copos y el silencio blanco
de un paisaje de olmos junto al río,
el sólo hecho de la fría luz de los carámbanos
titilando en el deshielo.

Y espero al ángel que, extendiendo sus brazos,
me diga: no te canses más, reposa tu cabeza
en mi pecho,
entrégame en los párpados cerrados
los sueños
mientras llega el alba
con su pesadumbre

y no temas
la hora de marchar.

González Alonso

*Poema del libro “Ruido de ángeles” (Ed. Vitruvio, 2020)

12
Feb
22

Letanía

letanía de los ángeles

LETANÍA

Fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
matar de hambre,
morir de miedo,
crecer bajo un cielo desolado,
caminar sobre la tierra arrasada,
poner fronteras,
herir en las trincheras de un idioma,
amordazar con banderas,
afilar las espadas de la Historia.

Los que gritan fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
dibujar mapas con fronteras,
borrar idiomas,
pintar banderas,
herir la carne de la Historia,
ensangrentar el miedo.

Fusilar a un hombre,
asesinar a un hombre,
morir de odio,
matar de miedo,
crecer bajo cielos sin estrellas.

Herir el sueño,
enumerar con  cañones
las fechas de la Historia,
condenar al hambre,
es fusilar a un hombre,
asesinar con odio,
asesinar por miedo,
dibujar los mapas con pistolas,
con balas de palabras mutilar la lengua,
hacer murallas en medio de los bosques,
arrasar el desierto

cada día

cada hombre,

en cada mano,

en cada dedo

un pecado de odio,
una raíz de odio,
un mar oceánico de odios,
un oleaje de gritos
que rompe airado
en acantilados
de silencios.

González Alonso

blog_dune_Edurne_errazti

21
Ene
22

Dies irae

Nuremberg_chronicles_-_Dance_of_Death_(CCLXIIIIv)

DIES IRAE

En el aire se abrigan los mensajes
helados del norte. Yo leo
como filos de navajas
el temor en los ojos
de las mujeres que aman a los soldados.

La tierra tiembla con ruido de motores,
cicatrices de tumbas y destino
de inocentes en las fronteras.

Los días de la ira están próximos
al dolor; se extenderá por las ciudades
la primavera. Nunca
será tan triste
en los corazones.

Todavía es invierno; cubre la nieve
los campos y los montes cuando el frío
deja volar las voces entre el viento
del galopar del caballo de la guerra
y los tambores.

¡Qué increíble majestad en la belleza
congelada de las horas de diciembre!

Miro aún las amplitudes de los paisajes quietos
y vienen a posarse como fanales de brasas encendidas
las lágrimas
en mis ojos.

Miro los cielos anchos de las naciones
y un dolor
se extiende
en vuelo de muertes y de voces
confundidas. Los días
de la ira rasgan el alba; el horizonte
es oscuro piélago de sombras
con presagios
de infortunios.

González Alonso

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01
Dic
21

El faro de diciembre

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El faro de diciembre

La última luz
de la esperanza. La última
luz herida.

Faro
en la última
luz
de  la última jornada. Luego
sombras de la nada
y los recuerdos
que el viento
agita.

González Alonso

01
Nov
21

El faro de noviembre

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El faro de noviembre

Se oye el discurso claro de la luz
desde la altura del faro;
noviembre es bruma, pensamientos
recogidos en oraciones; el alma
merodea las insólitas horas
del silencio.

En la argéntea redoma de los años,
apoteca del tiempo, se amasa
el peso
de la experiencia
y el conocimiento,
el que aprendimos una vez en la palabra
limpia
y las voces de los sabios
eruditos de los tiempos pretéritos.

González Alonso




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