Entonces
eran otras las horas en los mismos relojes;
tú venías entre mañanas de invierno
y nos crecía, ay,
el calor desvestido de los desnudos cuerpos;
mirándonos a los ojos
llegábamos a los labios,
la humedad de los besos,
tu vientre,
la pequeña y cálida redondez de tus senos.
Era el amor
entonces. Y era
todo.
Dueños del mundo sólo con quererlo,
sólo con nuestro abrazo, fresa encarnada
a la albura del día,
sin miedo y sin nada
todo, todo vértigo; ahora
que todo es ya nada, ay, si fuera del amor
todo es
todo desierto y
exilio
y ausencia toda
y sin horas el tiempo
en los mismos relojes; sólo frío,
sólo invierno
de invierno.
Sólo frío. Porque ya
fuera del amor
todo es exilio.
González Alonso

Gran poema, Julio. Como todo lo que escribes. Un verdadero placer leerte. Mi abrazo y cariño. Salud.
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Amiga Julie, siempre es una alegría leerte y leer tus comentarios aquí, donde siempre también eres bien recibida. Un abrazo veraniego. Salud.
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Qué gran poema, Julio. Gracias por hacernos vibrar con tu poesía. ¡Un abrazo!
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Gracias a ti, Isabel, que incansablemente escribes para mostrarnos lo mejor de la poesía, y gracias por reservar tu tiempo de lectura y comentario para este poema. Mi abrazo veraniego. Salud.
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