Posts Tagged ‘El amor

20
Mar
18

Último lugar

No hay último lugar para la belleza
ni edad para el amor. Pero el tiempo
se agota en el cauce de los ríos
que corren sin esperanza
secos en sus fuentes.
Y entonces sabes
que se apagan los pulsos de la vida,
como los pétalos abandonan la corola
y suspendidos en la brevedad del aire
se entregan a la tierra.

Otras lluvias harán correr otros ríos caudalosos
y vestirán otras flores con gracia otros reflejos;
la belleza desnuda
el amor desnudo
germinarán bajo otras luces y otros tactos;
tú sabes
que serán las cenizas de la memoria
alimento
de nuevas ilusiones, calor extenuado
como un verano sin sombra.

Y sopla ante tus ojos asombrados
la belleza el aire
y se rinde a su abrazo el amor
y a su sonrisa
el beso.

González Alonso

Anuncios
08
Mar
18

Amor eterno, de Fernando Labordeta


Fernando Labordeta

Intérpretes: Fernando Labordeta y Dita Ruiz

Teatro Municipal de Carboneras (Almería)
3 de febrero de 2018

El teatro no es grande ni pequeño. Es teatro o no lo es. Cuando los recursos escénicos de luz, sonido y decorados son grandes, el efecto producido es también mayor. Pero no hay recursos capaces de tapar una mala dirección o una desacertada interpretación. Cuando hay menos recursos, el efecto puede parecer menor, pero con una interpretación y dirección acertadas, la magia del teatro aparecerá siempre y contagiará al espectador. Luego, hay que considerar la consistencia del texto.

En el caso de “Amor eterno”, definido por su autor como “tragicomedia”, el texto no es una pieza de excepción, toca uno tras otro todos los tópicos de la vejez y se resuelve en un final poco afortunado que evoca a pieza de W. Shakespeare, “Romeo y Julieta” como remache a ese amor eterno que es el de toda una vida de un matrimonio humilde subsistiendo con una pensión humilde.

Pero si todo lo dicho anteriormente pudiera interpretarse como la falta de interés de esta pieza teatral, debo explicar que no es así. Estamos ante una obra que trata los problemas cotidianos de las personas mayores con humor y ternura; conecta con el público desatando la risa y la sonrisa y moviendo a la comprensión y el respeto de los sentimientos profundos revelados. En este aspecto, el texto fluye con soltura e inteligencia destapando sin amargura pero con la consciencia de la edad nuestra vida íntima, desposeída de disimulos o caretas. Y nos descubre una vida rica, llena de contradicciones en el camino difícil de amar y ser amado.

Esta tragicomedia de Fernando Labordeta que interpreta junto a la actriz Dita Ruiz, toca con acierto el tema de la soledad, la existencia gris y anodina, las lamentaciones, las sevicias de la edad con sus pastillas para todas las dolencias y el océano de los recuerdos en que termina el río de la vida.

Todos podemos identificarnos fácilmente y más o menos según la edad, con esta pareja de jubilados y años para perder la memoria que repite cada día sus rutinas, practican sus manías, viven sus frustraciones, se defienden de sus miedos, se necesitan y se odian, se quieren e incluso se aman evocando los tiempos pasados que siempre fueron mejores.

Así, un buen día, decidirán hacer un viaje a esos tiempos en la aventura de salir de casa para irse a pasar el día en la playa, con su sombrilla, sus bocadillos, la sangría, las pastillas y los recuerdos de los días felices entre los que aparecerán sus hijos jugando con la arena y entre las olas del mar. Por un momento ni su hija ha muerto prematuramente ni su hijo vive alejado de ellos en Alemania y podrán seguir evocando los días de pasión, de excitación sexual, de los sueños con los que dormir o morir, que, a la postre, viene a ser la misma cosa.

Lo dicho, el teatro siempre es teatro y siempre es grande hecho desde la honestidad y la profesionalidad. Y éste, lo es.

González Alonso

 

04
Feb
18

Tristana, de Benito Pérez Galdós

Tristana
Benito Pérez Galdós

Teatro Barakaldo, 3 de febrero de 2018

Dirección:  Alberto Castrillo-Ferrer
Adaptación: Eduardo Galán
Intérpretes: Olivia Molina en el papel de Tristana, Diana Palazón en Saturna, José Luis Ferrer es Don Lope y Alejandro Arestegui es Horacio.

La primera impresión al enfrentar este texto de Pérez Galdós adaptado al teatro es que el tiempo, que corre tan deprisa en nuestras vidas, lo hace lentamente en el discurso de la Historia. A fin de cuentas, el personaje de Tristana encarna el paradigma de la lucha de la mujer por la igualdad y conserva la actualidad y la frescura de haber sido escrito tal que ayer mismo. Tan acertado es.

Extrayendo del texto algunas de las palabras expresadas por Tristana nos podemos dar cuenta del valor de ellas en cuanto a la reivindicación de la libertad y la igualdad de las mujeres: “Ya sé que es difícil esto de ser libre… y honrada [  ] Si nos hiciéramos médicos, abogadas, profesoras, siquiera boticarias o escribanas, ya que no ministras y senadoras, vamos, podríamos… Yo quiero vivir, ver mundo [  ] Yo quiero vivir y ser libre [  ] quiero ser algo en el mundo, cultivar un arte, vivir de mí misma”. Tristana aspira a no depender de un hombre para ser honradamente libre, aspira a vivir sola y compartir parte de su tiempo con el hombre al que ame, e incluso reivindica el derecho a darle su apellido a su hijo. Entre los anhelos de la joven sobresale el de acceder a la educación, el estudio y la formación, como armas de liberación.

Todo lo antedicho lo expone Benito Pérez Galdós en su novela Tristana avanzado el siglo XIX y entrado el XX. Este hombre políticamente republicano, literariamente de la talla de Miguel de Cervantes, canario de nacimiento y español universal, alejándose del romanticismo inaugura la novela realista en la que prevalecen la expresividad y la hondura psicológica de sus personajes, adentrándose en las reflexiones sobre el papel y la función de la mujer en la sociedad. Con un estilo directo e impregnado de naturalidad le confiere al texto un tratamiento coloquial en el manejo del lenguaje al estilo cervantino, trabajando los planos culto y popular con maestría.

Pero la afortunada tarde de teatro se debió, además de al autor de Tristana, a la elaborada adaptación para el teatro de Eduardo Galán. Un trabajo dramático excelente muy bien dirigido por Alberto Castrillo-Ferrer que nos ofrece la acción simultánea en dos espacios diferentes y el diálogo entre ellos; así las escenas amorosas de Tristana con el pintor Horacio en la casa de éste y la escena que transcurre en la casa del tutor de Tristana, don Lope, con los reproches y amenazas que profiere sospechando el abandono de su tutelada y el alejamiento afectivo de la misma. Un constante pasar de una escena a otra de la protagonista dando respuesta a uno y a otro, con las dudas, planteamientos y actitudes de la joven en busca de una vida auténtica, libre y de la que sentirse dueña.

El triángulo amoroso entre el viejo tutor don Lope, especie de trasnochado seductor al estilo de don Juan Tenorio y que entiende el honor en su provecho, Tristana y el joven artista que confunde el amor con la pasión y la seducción ante la belleza y la juventud, terminará con el fracaso de los hombres que no entienden las aspiraciones de Tristana de vivir la vida como una experiencia de libertad e igualdad de la mujer con el hombre, aspirando a tener una educación, formación, la capacidad de elegir un trabajo y experimentar el amor fuera de los cánones sociales y las convenciones del matrimonio.

El papel de Saturna resulta ser el contrapeso con su actitud práctica y positiva, en absoluto ajena a la censurable doble moral de don Lope ni al desmayado y aparente amor de Horacio, siempre atenta y preocupada por el bienestar de Tristana, cómplice de sus anhelos y recelosa de los resultados.

Luis Buñuel realizó una película en 1970 en la que introduce un final trágico al plantear la muerte de don Lope, finalmente casado con Tristana tras perder ésta una pierna afectada de cáncer de rodilla y abandonarla el joven Horacio que acabará casándose con otra joven  lejos de Madrid, y hacerlo con la intervención de Tristana que, estando enfermo don Lope, finge llamar por teléfono al médico y deja abierta la ventana en una noche de tormenta y nieve.

La obra de teatro respeta el medio final feliz de Pérez Galdós cerrando la representación con la escena de la boda de Tristana y don Lope en un matrimonio de conveniencia.

El teatro siempre es oportuno. Si, además, el texto proviene de un gran escritor como Benito Pérez Galdós y la adaptación, dirección e interpretación nos llega del excelente hacer del grupo de personas precitadas, más las que no hemos citado y que cuidan los aspectos de la música, luminotecnia, vestuario, coreografías, etc. el éxito está asegurado y como espectadores sólo nos queda levantarnos del asiento, aplaudir, agradecer y dar por muy bien empleados los 15 o 20 euros de la entrada.

González Alonso

 

 

 

 

 

 

17
Jul
17

La puerta de al lado

La puerta de al lado
Fabrice Roger Lacan

Teatro Barakaldo
15 de julio de 2017

Dirección y adaptación.- Sergio Peris Mencheta

Intérpretes.- Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez (músico y narrador)

La puerta de al lado” es una comedia escrita por F.Roger Lacan, nieto del psicoanalista francés Jackes Lacan, adaptada y dirigida por Sergio Peris Mencheta e interpretada por Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez  como músico y narrador. La producción es de Barco Pirata Producciones.

La definición de “comedia” nos remite a una clase de obra dramática, opuesta a la tragedia, que muestra lo ridículo con elementos que divierten y hacen reír, y con final feliz.

Desde Aristófanes al teatro español del XVII y la actualidad, los elementos que definen la comedia permanecen inmutables en la búsqueda de entretenimiento, la exageración de los defectos o  los vicios de los personajes que responden a estereotipos de los que se amplifican y caricaturizan sus conductas, y que pueden tener un tono moralizante o de denuncia social.

¿Qué diferencia, entonces, a una buena comedida griega de una española del Siglo de Oro o de otra actual? Pues, básicamente, el modo de vida de las personas representadas, la complejidad del desarrollo tecnológico de la sociedad y el modo de vida. Lo demás, incluidos los problemas existenciales, vitales y de intereses de las sociedades, son –básicamente- los mismos.

Así, tenemos a un F. Roger Lacan escribiendo una comedia y encontramos a unos intérpretes representándola por última vez, última ilusión, últimos aplausos, en el Teatro Barakaldo.  Decimos que es una comedia porque entretiene, hace reír de manera saludable y nos ofrece la representación de dos personajes que obedecen a las características mencionadas exigidas para una comedia.

De la profesionalidad de los intérpretes, dos actores y una actriz, no cabe ningún género de duda; es más, es de justicia alabar, además de la precitada profesionalidad, el arte y el dominio de la interpretación para aprovechar sin estridencias, ni caer en lo grotesco, las situaciones cómicas y su capacidad para mantener sin descanso el alto nivel de exigencia del guión y su ritmo.

He dicho que “La puerta de al lado” es una comedia, y no de las malas. Pero debo explicar que si a los finales de las comedias se les exige que sean felices, en este caso no es así, no hay final feliz. Porque no hay solución al conflicto; a lo más, se puede atisbar una triste aceptación de lo inevitable.

Por partes. Esta comedia se diferencia de otras en su puesta en escena y el estilo narrativo introducido a base de dos elementos: un narrador y la música que ese narrador interpreta y que sirve de hilo conductor amplificando o subrayando las emociones o las situaciones cómicas y paradójicas muy al estilo televisivo. Esta comedia es una historia de amor y se diferencia de las demás en que la búsqueda del amor no se centra en la acostumbrada oposición de sexos, infidelidades matrimoniales, equívocas orientaciones sexuales y situaciones similares. En este caso, y usando un humor sin el recurso a demasiados tópicos y lugares comunes, nos encontramos ubicados en el espacio de la pareja en sus intentos fallidos de aproximación vistos desde la psicología y como una especie de terapia y búsqueda personal, influencia evidente del psicoanálisis y el psicoanalista Jackes Lacan que, en cierto momento de la representación, es citado en la obra, además de las abundantes e inevitables referencias a Sigmund Freud.

Estamos, pues, ante una obra psicológica escrita desde la Psicología. El personaje femenino, terapeuta de profesión, es una persona dominada por la racionalidad, viendo y enjuiciando el mundo y a las personas a través de un agotador y permanente análisis de las motivaciones de las acciones, las propias y las de los demás, que no deja de ser –finalmente- nada más que una coraza para defender sus puntos débiles y que la inhabilita para abrirse, celebrar y vivir el vértigo de entregarse al otro y el huracán del amor. Miedo e inseguridad.

El personaje masculino, hedonista, superficial, directo, seductor más enamorado de sí mismo que capaz de enamorarse de su pareja, que no quiere conocer lo más humano de su objeto amoroso y que ni siquiera se conoce a sí mismo, se encuentra igualmente impedido para acceder al amor.

El prototipo femenino expuesto en la comedia me ha recordado mucho a las actitudes personales de los años sesenta y setenta ante la dictadura en España, cuando todo se veía a través de la ideología, de izquierdas, marxista o anarquista, en los círculos progresistas del país. Todo era analizado desde los textos de los teóricos de la revolución, pretendiendo hacer la revolución social y la personal a un tiempo, pero sin detenerse a encontrarse a uno mismo, hablar de uno mismo, expresar los sentimientos de uno mismo. Todo era externo, lo que debía ser. Un dogmatismo que imposibilitó la verdadera expresión de la manera de ser y sentir y la posibilidad de cualquier logro que no fuera lo que fue, un fracaso generalizado en lo personal. En lo político se hizo la transición democrática.

Pero volviendo a nuestros personajes y la comedia, ¿qué encontramos? La respuesta es esa interminable historia de la soledad en que se convierten sus respectivas vidas. Teniéndose al lado, sintiendo la pulsión sexual que los atrae, son incapaces –en cambio- de acercarse el uno al otro y buscarán –inútilmente también- a la persona ideal a través de la ilusión del mundo virtual de internet. Un fracaso amargo.

Y porque, aunque finalmente se abracen y se entreguen sexualmente, seguirán estando solos y reprochándose un rosario de faltas que ven el uno en el otro, pero no en sí mismos; lo que viene a decir, en fin, el conocido refrán de “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el suyo”.

¿Había dicho que “La puerta de al lado” era una comedia? Corrijo y concluyo: no hay comedia, sino una divertida e inteligente ventana abierta a la tragedia. Eso sí, que cada cual saque las conclusiones o moraleja que le convengan. Aplausos sinceros por este trabajo teatral excelente para una tarde amena y veraniega del mes de julio.

González Alonso

13
Ago
16

Cita

Cita

Cuchillo, tenedor, cuchara;
cuchara, cuchillo, tenedor;
tenedor, cuchara, cuchillo;
vino en copa, servilleta,
vaso de agua,
camarero, tú
y yo,
huevo frito, arroz con leche,
sopa fría
con jamón; plato hondo,
plato llano, verduritas,
pan, pescado,
carne a la brasa;

y yo, mantel de hilo,
cucharilla, té,
tacita,
café helado, tú
y yo,
azucarillo y la noche,
cita, sueño, velas,
risa; en tu casa
o en la mía, hotel, llaves,
baile, música,
labio, beso, amor, caricia,
sábanas limpias,

y yo.

González Alonso

01
Jul
16

Lo que el amor propone

Lo que el amor propone

Ver sonreír tus labios de cereza
y un sueño azul volar entre tus ojos;
amor frutal temblando en labios rojos,
mirada limpia llena de pureza.

Siento el peso del tiempo con largueza
en el alma, la vida y sus despojos;
cada día mayores los enojos
y mayor cada día la tristeza.

La risa de tus labios me hace preso
de lo mejor de mis pasados años
vividos del amor con embeleso;

ya sé que no podré salir ileso
si ignoro la verdad con los engaños
que arden y se consumen en un beso.

Tal vez sea por eso
que cerrando los ojos se dispone
aquello que el amor así propone.

González Alonso

20
Jun
16

Peces pequeños

Peces pequeños. Agua de agosto
clara.
El sendero de un año y otro año
en nuestras sandalias desgastadas
que llegan al borde del arroyo
y se paran.

Y miramos los peces en el agua.

Te dije –somos los pequeños,
los más pequeños de todos esos
peces-. Y nos besamos.

Vamos cada año y nos asomamos temerosos
para ver si estamos todavía
o se nos han comido los más grandes
de aquellos peces.

Es el mismo sendero en el agua clara
de agosto,
la misma sombra
de los altos chopos;
pero sólo he llegado yo con mis sandalias desgastadas
al borde de sus espejos
de verano.

Peces pequeños. Podíamos reír, tirar una piedra
y asustarlos,
besarnos
y sentir la verde hierba herida en nuestros juegos,
cuerpo a cuerpo,
peces pequeños, besos, hierba fresca
en los prados.

Ahora sólo un pez pequeño
nada en las ondas de la soledad del agua
en el claro verano.

Y me he parado a contemplar su tristeza;
su tristeza y la verde hierba
fresca
y el próximo año tal vez
agua de agosto
clara,

peces pequeños.

González Alonso

 




abril 2018
L M X J V S D
« Mar    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30  

Archivos

Categorías

Páginas

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este cuaderno, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 475 seguidores

Estadísticas

  • 244,855 visitas

Comunidad de lecturas

Anuncios