No lo sabes todavía

NO LO SABES TODAVÍA

No lo sabes,
viniste a rescatarme de una soledad de siglos
y ahora tiemblo asustado
ante la luz y el aire
que se mueve por tus labios
libre
y abre las puertas del amor
trancadas
por un miedo antiguo,
una herida antigua,
una memoria deshojada,
la caricia apretada en el puño
de la mano
y la lágrima en el brocal
de la pupila.

No lo sabías entonces y
yo no lo sabía; en el vuelo
de tu sonrisa amanecía el mundo
y se vestían de colores los paisajes
con sólo tu mirada;
¡qué felicidad tan grave
y dulce! ¡qué aroma
de sueños cuando tocas
y endulzas con tu voz
todos mis recuerdos!

No lo sabes; yo
tampoco lo sabía, y
un jardín extendido en suave alfombra
fresca
donde corre el rumor de mis pisadas
acogió  mi cuerpo
recostado para mirar
el cielo y verte, mujer, volar leve
entre nubes
que te prestaban sus alas
blancas.

No lo sabías; yo
tampoco lo sabía
cuando llega dulce el sueño para besar mis ojos
y cierro los párpados cansados. Entonces
sé que la soledad queda a mis espaldas
y no será nunca más compañera esquiva
de los recuerdos que murmuran
al aire de un rumor de hojas en los chopos
en primavera; entonces, sí,
lo sé,
y se abre ante mí, feliz,
fértil el camino
del destino
de los abrazos.

González Alonso

Polma y Curienno

Leyenda de Polma y Curienno (Porma y Curueño)

A los romanos no les resultó fácil la conquista de unas tierras encrespadas de riscos y montañas defendidas por las tribus astures que poblaban el actual territorio leonés. Para defender el oro de Las Médulas plantaron en estas tierras la Legio VI y luego la Legio VII que, con el paso del tiempo y durante la Edad Media, darían nombre al Reino de León.

Pero si los guerreros astures supieron mantener una guerra larga contra el imperio romano para defender sus valles y sus poblados, cuando la razón de la lucha era el amor, nada les hacía retroceder. Así ocurrió que estando Curienno, uno de los bravos guerreros de las montañas, enamorado de la bella Polma, se dio la circunstancia de que el cónsul romano Canioseco fuera a fijarse también en la joven doncella astur y, prendado de su singular hermosura, decidiera llevársela al campamento de León con la determinación de tomarla por esposa.
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Algarabía

ALGARABÍA

Aún recuerdo tu mano reposando en mi pecho,
el brillo de tus ojos buscando en la mirada
más allá de los míos la luz de los ensueños,
alegre algarabía de abrazos entre sábanas.

Fuiste rumor de otoño como fueron los besos
manantial del amor, ángeles en su vuelo
desnudos por los aires inquietos del deseo.

Esquivos, los recuerdos me visitan a veces
y la tristeza entonces se hace dueña del alma
como se hace la noche oscuridad y sombras
que agitan los fantasmas de la melancolía.

Puedo también, entonces, evocar tu sonrisa,
tu pelo libre al aire y el calor de tus pechos,
tu cintura estrechada al nudo de mi abrazo
y en tu voz el aroma de la pasión diciendo
temblorosos los labios las palabras te quiero.

Ahora que la distancia de la vida y los años
arropa la memoria borrosa de las cosas
tal vez pueda al resguardo de los días lejanos
nombrarte sin dolor y sin dolor nombrarme
cuando inunden mi aliento con su rumor callado
las olas que remueven el sueño silencioso
de las finas arenas en las playas del tiempo.

González Alonso

Marianela.- Benito Pérez Galdós

Marianela
Benito Pérez Galdós

En el Quijote, la muerte de la ilusión del caballero andante y la cura de su ceguera para ver la realidad, acaba con la vida de don Quijote de la Mancha y su alter ego, Alonso Quijano el Bueno, enfrentado a la oscura y externa realidad una vez perdida la luz de su realidad interior. La desilusión que mató a don Quijote es la misma que acabará con la vida de Marianela, el personaje de Benito Pérez Galdós.

La novela de Galdós, de un dramatismo naturalista muy acusado, con diálogos en los que los personajes transitan de lo espontáneo, natural e incluso pueril, a lo profundo de los pensamientos y hondos sentimientos, es mucho más que la historia de amor de una muchacha como Marianela, pobre, huérfana, fea y desamparada, y de Pablo, joven rico, guapo y ciego a quien servía de lazarillo. El amor del ciego siente la belleza del alma desnuda y primitiva de Marianela. Marianela siente, a su vez, el amor del joven Pablo que la eleva con su trato a la categoría humana de persona que la vida le tenía negada.

Pero la recuperación de la vista trastocará los sentimientos del joven y la apreciación de la belleza exterior que no tiene nada que ver en la mayoría de las ocasiones con la interior, por lo que se romperá el mundo ideal de Marianela. Todo lo que era posible en la oscuridad de la ceguera ya es imposible ante la realidad revelada por la luz. En la novela cervantina es don Quijote el que muere al recuperar la luz de la razón; en la de Galdós, la víctima será la encarnación que de Dulcinea hace el ciego en la persona de Marianela.

La capacidad descriptiva del autor canario, en la que menudean los detalles paisajísticos y naturales, convierte al mismo paisaje y la misma naturaleza en un personaje más de la novela. Las minas, las montañas, los arroyos, la vegetación, cobran la misma vida que los hombres, mujeres, viejos y niños que pueblan y habitan estos ámbitos, mimetizados con ellos. Se vive un apasionado discurso a favor del progreso y la igualdad de oportunidades a través de la denuncia de las formas de vida precarias y miserables de la clase obrera y campesina, desposeídos de toda oportunidad de formación y progreso, condenados –como dice Galdós- “a ser piedra” y vivir como animales y los instintos de supervivencia de los animales. En frente encontramos las clases acomodadas y burguesas, hechas a sí mismas con duro esfuerzo y con cierta conciencia social ejercida a través de actos caritativos o de la ayuda directa al necesitado más cercano dejando entrever formulaciones de solidaridad y reivindicación de una justicia social e igualdad que enlazan con las primeras ideas socialistas, comunistas o incluso anarquistas. También entre los desheredados surge alguna rebeldía contra el estado de cosas que los mantiene en la miseria y la esclavitud para escapar a su destino y progresar tomando como ejemplos a los personajes cercanos que han conseguido progresar material y culturalmente, como el médico que cura la ceguera de Pablo o el hermano del mismo, el ingeniero que dirige el trabajo de las minas. Sigue leyendo

Tristeza de hoy

ventana

TRISTEZA DE HOY

No consideres, amor, mi tristeza de hoy;
es algo ajeno
a mi verdadera tristeza.

Si las hojas en los árboles
vuelven a ser verdes
y al mirar por la ventana
ves a lo lejos un sol que amarillento
escala con sus rayos
la brisa de la mañana
y yo estoy lejos;

si los campos florecen en pujantes margaritas
en primavera,
y al recorrer un camino
todavía con barro
de la última lluvia
encuentras un perro que te sigue
y acaricias su cabeza
y miras sus ojos tristes;

si la luna se llena por la noche
de redonda poesía
y aspiras la caprichosa quietud
de las inquietas estrellas
y yo estoy lejos,

no consideres, amor, mi tristeza de hoy,
¡es algo tan ajeno
a mi verdadera tristeza!

González Alonso

Fuera del amor todo es exilio

amor adolescenteEntonces
eran otras las horas en los mismos relojes;
tú venías entre mañanas de invierno
y nos crecía, ay,
el calor desvestido de los desnudos cuerpos;
mirándonos a los ojos
llegábamos a los labios,
la humedad de los besos,
tu vientre,
la pequeña y cálida redondez de tus senos.

Era el amor
entonces. Y era
todo.
Dueños del mundo sólo con quererlo,
sólo con nuestro abrazo, fresa encarnada
a la albura del día,
sin miedo y sin nada
todo, todo vértigo; ahora
que todo es ya nada, ay, si fuera del amor
todo es
todo desierto y
exilio
y ausencia toda
y sin horas el tiempo
en los mismos relojes; sólo frío,
sólo invierno
de invierno.
Sólo frío. Porque ya
fuera del amor
todo es exilio.

González Alonso

desierto

Desesperado amor en ovillejos

¿Qué se me alcanza con verte?
¡Quererte!
¿Y qué sin ti es el vivir?
¡Morir!
¿Pues quién me da este dolor?
¡Amor!

¡De la vida qué favor
cabe esperar cuando atino
a entender que es mi destino
quererte y morir de amor!

¿Qué acrecientan mis recelos?
Los celos.
¿Qué tu ausencia me procura?
Locura.
¿Y qué encuentro en el rencor?
Dolor.

Qué clase es este de amor
que siendo tan sin medida
sólo me deja en la vida
celos, locura y dolor.

¿Posible odiarte será?
¡Será!
¿Y amarte será mejor?
¡Peor!
¿No hay nada peor que amarte?
¡Olvidarte!

Sufro del amor el arte
que me pone en este espanto,
¡pues si es malo amarte tanto
será peor olvidarte!

González Alonso

Fue bastante

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Me ofreció
todo
lo que cabe en el hueco
de la mano
de un mendigo
con el tesoro de una sonrisa y la mirada azul

y fue bastante.

Le ofrecí
arcos iris de tardes de verano
y un puñado de historias en papeles en blanco

y fue bastante.

No sé cómo ocurrió que acercamos las manos
en caricias que cubrieron desnudas nuestros cuerpos,
ni cómo, sin palabras, nos decíamos
te quiero.

Ahora la recuerdo como palomas alzando el vuelo
por entre los cabellos que se enrataban en mis dedos

y es bastante

para las tardes húmedas de sueños
y la lluvia salpicando las lágrimas en el rostro
y los relojes vacíos de horas, los calendarios
sin días

que hasta la nostalgia se ahuyentó por entre las palabras
que nunca pronunciamos
y  leerá en las historias que escribíamos en el aire
mientras el mar traía olas y besos a la orilla
de una playa de invierno,

ella,
mientras abríamos las manos como un libro extendido
donde se alborotaban todos nuestros deseos. Ahora
nos recuerdo,
me recuerdo,

la recuerdo

y su risa, torrentes de tanta vida,
alcanza en mi memoria
la juventud perdida.

González Alonso

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Hoy sabes tú

Soledad

Yo no sé por qué lees lo que escribo;
ni sabes quién soy yo, ni sé quién eres
para decirte aquello que quisieres
o comprender la pena en que yo vivo.

Tal vez tu corazón me sea esquivo,
tal vez no cumpla yo los pareceres
de mover en el alma los quereres
que hacen ser del amor dulce cautivo.

Pero sea la suerte como quiera,Solo1
alada sombra, sueño leve, nada,
sólo  pasión fugaz rompiendo en olas;

sea vana ilusión, sea quimera,
yo sé muy bien que en tu alma y tu mirada
hoy sabes tú de mi dolor a solas.

González Alonso