Ahora, una mujer

AHORA, UNA MUJER

Ahora, una mujer se está vistiendo
para ti; escoge con cuidado el color
de su ropa interior,
el vestido suelto y ligero
como una caricia caprichosa, sus sandalias abiertas
y el bolso cruzado en bandolera;
repasa su cabello
con el mimo de un cepillo suave
y acaricia su rostro un sutil maquillaje;
sus labios son cerezas jugosas que sonríen
frente al espejo.

Ahora, una mujer te espera. Llega
pisando firme
y envuelve el aire
con la armoniosa gracia
de sus caderas; la mirada
es alegría juvenil y desafío
frente al mundo. Es bella
y seductora; sabe
que todo le pertenece
en el gesto erguido
y firme
de su pecho.

Una mujer conversa y ríe;
los platos pasan con el color de sus sabores
y el vino se mueve en copas de cristal
y en la boca
con sus risas.

Una mujer, ahora,
está mirándose en tus ojos
y vuelan blancas palomas
en el alma; acaricia
tus manos
y su boca busca en tu boca
el sabor
de los besos.

Ahora, una mujer
se está desnudando
para ti.

González Alonso

Hoy, amigo mío

HOY, AMIGO MÍO

Hoy, amigo mío, estoy triste;
no importa por qué; sólo
estoy triste
y ya no puedes escuchar mi tristeza.

Tal vez el tiempo dejó atrás las alas
de la alegría
y se posa en mi corazón
con su pesada carga
de nostalgia. O mis ojos
-antes vivaces y alegres-
albergan miradas que ven sólo
la arquitectura olvidada
de otros años y otros árboles
con sus frutos agrestes
de tardes de verano
por el monte.

Hoy la vida se detiene en los surcos
de una canción lenta
y triste como mi tristeza,
con palabras que no entiendo y, sin embargo,
me alcanzan
y me hieren.

Amigo mío,
estoy triste.
Te has ido y no sé cómo
puedo vaciar mis lágrimas
ni nombrar las horas felices.

Si al menos mereciera alcanzar la caricia
de una mano suave como vuelo
de mariposa; o el consuelo
de una sonrisa
sola
cuando el sol se desvanece
dibujando el horizonte
de la noche… Pero
me llega solamente un eco repetido
de despedidas. La dilatada
y desdibujada sombra del recuerdo.
Y estoy triste.

González Alonso

El filósofo que llora

EL FILÓSOFO  QUE LLORA

Te dijeron, no llores,
no es para tanto, los hombres
no lloran. Y cerraste los ojos,
apretaste el nudo que ahogaba tu garganta,
contuviste el aire que oprimía tu pecho
tantas veces como las lágrimas
se asomaron al brocal de la tristeza,
la pena de una pérdida, la humillación
sufrida, el dolor de la soledad
y el amor que olvidó tu nombre.

Se marchitaron las flores en el jardín de la vida
sin llanto.

Pero algo andaba mal
en el ánimo y el fondo de las cosas,
y las sonrisas no encajaban en los labios.

Cómo organizar los sentimientos,
cómo limpiar el alma
atrapado en la nostalgia de un pretérito
imperfecto idealizado, y en un futuro pintado
de expectativas
de augusta felicidad.

Así me hicieron una y cien veces cien
aquellos que pasan por la vida
oyendo sin escuchar
y mirando sin ver lo que tienen delante.

Y ya sólo quiero el silencio
y el deleite del descanso, la pausa que me socorre
depurando experiencias, organizando las noticias
del mundo; y, al fin poder, serenamente,
advertir mis emociones
junto a Heráclito de Éfeso,
el filósofo
que llora.

González Alonso

Cien besos

CIEN BESOS

Si yo soy mar,
todo el mar

y tú eres cielo,
todo el cielo,

siempre seré un reflejo de tu azul
si eres azul;
de tu gris
si eres gris,
y agua de tu agua
cuando llueves,
alegría de gaviotas
en busca
de las costas
y arena de las playas
que a mis orillas
duermen abrazadas;  entonces
mis ojos ignoran el cansancio
si se miran en tus ojos
después de cien besos.

González Alonso

Temprano

TEMPRANO

¿A
dónde vas tan temprano?

Si estuviera en el campo iría
por el campo
al monte,
carrascal o la sierra.
Si estuviera en la ciudad
iría
por la ciudad
a la plaza.
Así,
vengo por el cielo
al cielo.

¿Con
quién caminas
tan temprano?

Si tuviera un amigo caminaría
con un amigo.
Si tuviera un amor
caminaría con el amor.
Así,
camino en el destierro
de los años.
Así
camino con el cortejo
de los recuerdos.
Así
camino con las preguntas incómodas
a cada paso
en busca de
la misma ilusión;
perros que ladran, paseos tempranos
de las soledades,
paseos de los olvidos.

Otros
madrugaron más que yo.

González Alonso

Alegoría de la hormiga

ALEGORÍA  DE LA HORMIGA

Qué hace una hormiga sola
escalando el tronco del gigantesco árbol,
sorteando las ramas abiertas como brazos
y las rugosidades de la áspera corteza.

No detiene su marcha decidida
ningún obstáculo, duda o problema;
constante enfila la vertical altura
que en el cielo azul hunde su extremo
más allá del alcance
del sueño de todas las hormigas.

Largo es el ascenso, agotadora la empresa,
inmensa la distancia para sus cortas patas
de minúscula hormiga. Mas la suerte
está echada. No volverá nunca atrás,
sabe que el hormiguero sería su fracaso
y avanza sola sin otra compañía
que el ánimo de su alma
de hormiga solitaria.

Se hizo de noche una vez
y dos, y hasta tres veces más
vio la luz la mañana
que anuncia el día. Y al fin,
desde lo más alto a donde ninguna  hormiga
había llegado nunca
descubrió el horizonte,
esa delgada línea entre el cielo y el mar
que ninguna otra hormiga
había visto antes.

González Alonso

No lo sabes todavía

NO LO SABES TODAVÍA

No lo sabes,
viniste a rescatarme de una soledad de siglos
y ahora tiemblo asustado
ante la luz y el aire
que se mueve por tus labios
libre
y abre las puertas del amor
trancadas
por un miedo antiguo,
una herida antigua,
una memoria deshojada,
la caricia apretada en el puño
de la mano
y la lágrima en el brocal
de la pupila.

No lo sabías entonces y
yo no lo sabía; en el vuelo
de tu sonrisa amanecía el mundo
y se vestían de colores los paisajes
con sólo tu mirada;
¡qué felicidad tan grave
y dulce! ¡qué aroma
de sueños cuando tocas
y endulzas con tu voz
todos mis recuerdos!

No lo sabes; yo
tampoco lo sabía, y
un jardín extendido en suave alfombra
fresca
donde corre el rumor de mis pisadas
acogió  mi cuerpo
recostado para mirar
el cielo y verte, mujer, volar leve
entre nubes
que te prestaban sus alas
blancas.

No lo sabías; yo
tampoco lo sabía
cuando llega dulce el sueño para besar mis ojos
y cierro los párpados cansados. Entonces
sé que la soledad queda a mis espaldas
y no será nunca más compañera esquiva
de los recuerdos que murmuran
al aire de un rumor de hojas en los chopos
en primavera; entonces, sí,
lo sé,
y se abre ante mí, feliz,
fértil el camino
del destino
de los abrazos.

González Alonso

Vincit malos

VINCIT MALOS
(Vincit malos pertinax bonitas.- La bondad persistente vence al mal.)
Séneca

Teneos firmes en la bondad constante,
alta la guardia y alertada el alma
pues venceréis la ambición de los malvados.

No es cuestión de fe y oración ni mansedumbre;
tampoco caridad ni ofrendas generosas
en los altares de los dioses.

¿Pues cómo, entonces, es la bondad que dices
que acaba sin fe con la maldad ni rezos
ni el suave auxilio de la compasión
o generosa ofrenda a las divinidades?

Bien os digo bondad sostenida en los brazos
de la recta justicia, la recta igualdad, que siguiendo el curso
de la razón despierta
alienta en el pecho de la humana virtud
solidaria..

Aquél es el bien que en su muda oratoria
temen los poderosos y conduce los pasos
por la espaciosa senda abierta a la conquista
de la libertad.

Aquél es el bien entregado a la paz verdadera
en nada alejada de la naturaleza de las cosas.

Y así el hombre será feliz gracias a la razón
que nada teme ni desea nada, dichoso
en su juicio recto,
pues sin salud moral nadie puede alcanzar
a ser llamado bienaventurado.

Una vez más te preguntamos, ¿qué virtud
de la condición humana
adornará la victoria sobre el mal?

Yo os diré, una vez más, que de todos los valores y virtudes
la primera misión es, sobre todas, ser hombre
y así, siéndolo, firmes en el carácter perseverar en el bien.

Veréis caer las torres, desplomarse los cielos,
hundirse en los océanos la ciega ambición de los tiranos
convertidos en nada sus imperios;
veréis cómo se vuelve el pesimismo y el miedo
contra sus obras indignas
y el poder absoluto de sus actos.

Perseverad, perseverad en la bondad
que vence la indignidad de los perversos
y alegraos, cantad alto aleluyas
y al amparo de la muda oratoria de la virtud
celebrad la felicidad en la victoria.

González Alonso

Poesía y poetas en el Quijote

POESÍA Y POETAS EN EL QUIJOTE

Arranquemos con aquella opinión de Cervantes sobre los poetas cuando escribe que “no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mejor poeta del mundo” (II,17). La arrogancia y sus afines la altanería, la soberbia, altivez, engreimiento, orgullo, envanecimiento, inmodestia o chulería -entre otros- nos enfrentan a aquellas personas que, teniendo una percepción exagerada de sus propias habilidades e importancia, tienden a subestimar a los demás, incluso con el halago, mostrándose o despectivos o condescendientes. Esta actitud de superioridad y prepotencias se hace odiosa, y detrás de ella podemos hallar justamente lo contrario, una persona dominada por una gran sensación de fragilidad, vulnerabilidad y -muy en contra de lo que parece- un gran sentimiento de inferioridad.

Tal vez le fuera mejor al poeta el ejercicio de la humildad, que aporta serenidad, la ocasión de conocerse mejor y la voluntad decidida de progresar. No diremos tanto de la modestia, al menos cuando es exagerada, que, haciendo al poeta estar siempre pendiente de la opinión de los demás, provoca insatisfacción.

Pero si hay algún mal mayor para el autoproclamado poeta, éste no ha de ser sino el de la envidia, de la que don Quijote nos advertirá: “¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos lo vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias”.

No son los rasgos mencionados aquellos que más ayuden al poeta y su obra, sino precisamente los que más le estorben si quiere que sea de calidad. A tal fin, Miguel de Cervantes Saavedra nos recuerda que, aunque “no se escribe con las canas, sino con el entendimiento”, éste “suele mejorarse con los años”, y que “para componer historia y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento”.

Si comprendemos la poesía como parte de la literatura y como obra literaria, también -con Cervantes- podemos preguntarnos, ¿Literatura, para quién? ¿Hay que escribir obras según el gusto de la mayoría aunque sean malas? ¿Hay que escribir obras de calidad aunque sea para unos pocos? ¿Dónde está la justificación de la obra literaria y dónde su calidad?

La respuesta es que puede haber arte y calidad y gustar a todo el mundo o a la mayoría. Pero esto pone en un compromiso tanto a aquellos poetas que escriben para unos pocos o ellos mismos en un lenguaje incomprensible, como a aquellos que dicen hacerlo para todo el mundo en un lenguaje pobre, vulgar, mediocre y nada creativo. Los libros así escritos y dados a la lectura correrán suertes diferentes, pero serán malos libros. De todos modos, aceptemos para este caso con Cervantes que “no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena” y aprovechable. (II,58)

El mercado y la demanda se imponen a los gustos de los autores. Miguel de Cervantes sabe de esas sevicias y servidumbres sufridas por los poetas, así que encuentra disculpable hasta cierto punto su conducta, admitiendo que “no tienen la culpa de esto los poetas que las componen, porque algunos hay de ellos que conocen muy bien en lo que yerran, y saben extremadamente lo que deben hacer; pero como las comedias se han hecho mercadería vendible, dicen, y dicen verdad, que los representantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez; y así, el poeta procurará acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide” (I,48)

Advierte también Cervantes de otros males para la poesía o cualquier obra literaria, como es el plagio (II,70) y alaba y defiende por otra parte el uso de la lengua romance (II,16) y -por extensión- el valor de todas las lenguas para la expresión y la creación literaria así como la lectura original en dichas lenguas sin que ninguna sea menos importante que otra, advirtiendo del riesgo y la dificultad de las traducciones que “quitan mucho de su natural valor” a la obra literaria, y que “lo mismo harán todos aquellos que los libros de versos quisieren volver en otra lengua: que, por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellas tienen en su primer nacimiento” (I,6)

No deja de entender Cervantes que la poesía pueda representar un peligro para quien se entregue al oficio de poeta; incluso lo ve y muestra en el Quijote cuando al pensar apartarse de la locura de ser caballero andante, imagina “hacerse pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo”. Pero, con ser malo aquello, el ama y la sobrina entienden que “peor sería hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza”. Sigue leyendo

Plato de percebes

PLATO DE PERCEBES
(Al amigo y poeta J.J.M. Ferreiro)

Músculo y brío, fe sobre la roca
que ante el mar y las olas, desafiante,
alza su cuerpo en el batir constante
del agua desatada en furia loca.

En la pota el calor cuando le toca
es con sal y laurel, en un instante,
lujo y placer de mesa en restaurante,
golpe de mar que estalla en nuestra boca.

Océano de espumas en el plato
con sus recios aromas y sabores
nos seduce y nos rinde de inmediato;

desvistiendo su carne sin recato
desatará en pasión nuestros amores
y en amor la pasión con arrebato.

No hay nada más sensato
que ante manjar tan rico y deseado
vencer la tentación con el pecado.

González Alonso