Posts Tagged ‘Poesía

23
Oct
20

Ortuella, 1980

Ortuella, 1980

Cincuenta niños leían en la escuela
y en sus cuentos infantiles soñaban las páginas
ilustradas, gigantes y brujas buenas,
hadas en las letras mágicas de las palabras.

Un maestro, una maestra, en su corazón
recogían las sonrisas, el gesto de sorpresa, las miradas;
removía en las cocinas la cocinera los olores de las cazuelas
al punto del mediodía, las doce de los ángeles
que ellos no conocían ni esperaban y todo fue un instante,
un descuido del destino que pasó por el patio y por las aulas
aquel octubre
en aquella mañana.

Leonard Cohen lentamente desgrana canciones de amor
y odio, y dice I can dream
con su voz profunda
y grave.

Ahora que resuenan doce campanadas al mediodía
de octubre, y veo volar las páginas de los cuentos,
aquellas últimas sonrisas, las miradas del ángelus,
cincuenta pares de ojos infantiles
leyendo la última palabra, ¡ay, dios, qué terrible
desconcierto!, ¡qué dolor de huesos en cada campanada!

Leonard Cohen desgrana sus canciones de amor
y odio lentamente; I can’t dream,
corrige
con su voz grave y profunda
en cada una
de las doce campanadas.

González Alonso

*Leonard Cohen, poeta y cantautor canadiense.- I can dream: Puedo soñar; I can’t dream: No puedo soñar.

Hace hoy 40 años de la tragedia de Ortuella, que fue la explosión de una bolsa de gas propano en el Colegio Público Marcelino Ugalde y la muerte de 50 niños y niñas y 3 adultos, una cocinera, un maestro y una maestra en estado avanzado de gestación. Pasarán otros 40 y ya no estaré para contarlo, pero otros 100 que pasaran no podría olvidar aquel tristísimo día.

El poema que hace hoy referencia a aquella experiencia es uno de los 70 que forman parte del libro “Ruido de ángeles” (Ediciones Vitruvio.- Colección Baños del Carmen.- Madrid, 2020)

El monumento “La flor truncada” fue donada por el escultor José Noja (Huelva) y levantada en Ortuella en 1981. En su placa reza la inscripción: “De todos los niños de España a los niños de Ortuella”.

13
Oct
20

Los libreros de Bagdad

Los libreros de Bagdad

Los libreros de Bagdad
dejan, al cerrar sus tiendas, los libros en la calle
porque piensan
que los lectores no roban
y los ladrones no leen.

Los libreros de Bagdad
son sabios; sus enseñanzas nos descubren
la epifanía de los libros en las calles,
hojas bulliciosas de palabras
para llenar el fardo de la vida.

Los libreros de Bagdad entonan cantos
ferozmente felices aunque saben
que hay palabras que ahorcan
y otras que liberan
si su tinta corre en ríos como el Tigris
por la ciudad que es regalo de dios, la biblioteca
de la Casa del Saber, pasión del conocimiento
y las humanidades
en los confines del mundo,
escuela de traductores,
templo de erudición,
la libertad que vuela entre poemas
y enraíza en la urbe a cal y canto construida
y a la que alcanzan todavía
las sombras antiguas de los cedros.

González Alonso

01
Oct
20

Días de octubre

Días de octubre

Era decir octubre y era otoño,
nostalgia de colores, luz herida,
el aire ensimismado de silencio
y el amor en un vuelo de gaviotas.

Era decir los días entre mares
y entre cielos de nubes era ella
toda entera sonrisa enamorada,
beso sujeto al tallo de la vida.

Era decir sus ojos la belleza
conmovida y serena en la mirada
y a sus manos prendidas las caricias.

Era callar te quiero, era gritarlo
cuando las hojas vuelan de los árboles
y el viento con su abrazo nos vestía.

González Alonso

13
Sep
20

Cayeron las sombras sobre Babilonia

Pañuelo azul
en la cabeza; Babilonia
mece al aire el verde en sus palmeras
y los papiros se adornan de colores
y palabras. Veo una torre alzarse hasta el azul del cielo,
sabiduría
de arquitectos del mundo
y de poemas.

Sobre los hombros leve la seda azul vaporosa
y en los ojos, brillo de miel, el ámbar,
rosa encarnada los labios y la boca
abierta al beso, cintura estrecha
abrazada del amor.

Luego un disparo en el pecho de la alegría; la muerte
hecha rezos, el odio en oraciones,
el miedo de los cobardes
en el nombre de dios.

Así  Babilonia perece en el desierto
y entrega a las arenas el aroma de las flores
de sus jardines colgantes. Así se cercena el camino
a las estrellas. Así el amor  y la sabiduría.
Así la libertad.

Cayeron las sombras sobre Babilonia.
La joven vestía un pañuelo azul
en la cabeza,

pero llevaba
un libro
entre las manos.

González Alonso

02
Sep
20

Días de septiembre

Los días de septiembre
eran calles de León
y plazas,
días abriendo el curso
de Instituto
y eran los libros nuevos
con su olor de tinta fresca
y sus palabras nuevas.

Los días de septiembre
fueron pasos calle Ancha arriba
hasta la catedral y sus pináculos,
delicada altura gótica,
sombra de soportales de la Plaza
Mayor, chatos de vino agrio
en la Casa Benito,
la estrecha y quebrada calle
Matasiete,
Barrio Húmedo, isla de bares
y en Casa Blas más vino
y las patatas picantes
voceadas por el dueño,
cazurro y socarrón,
en céntimos y reales.

Los días de septiembre
eran días de paseo interminable,
Papalaguinda en las mañanas largas
y soleadas
de domingo,
las tardes tras las chicas por Ordoño
y en un escaparate los discos más vendidos,
en la cubierta los Beatles;
Love me do”, número uno
y la noche de aquel día
sonando en los altavoces,

poco dinero
en los bolsillos
y horas de sueños en sesión continua
envueltos en la penumbra de los cines
hasta el último pase.

González Alonso

20
Ago
20

Camacho, Basilio y Quiteria

Joven Camacho, toda tu riqueza
no bastará a alcanzar las pretensiones
de hacer tuyos los bienes y los dones
del amor de Quiteria y su belleza.

Siendo tan generosa tu largueza
en la vida y las bodas que dispones
no ha de ser suficiente ante razones
como las de Basilio en su pobreza.

Que el amor se descuelga por las ramas
del árbol del deseo y los caprichos
sin permiso de mozos ni de damas.

¡Ay corazón tirano que cuando amas
como aman los amantes antedichos
ardes tan sin remedio entre tus llamas!

González Alonso

*Del Quijote (I, capXX): Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre

01
Ago
20

Los días de agosto

Volaron, agosto, los cielos de tus días
pájaros de fuego,
la parva tendida
al sol de media tarde
y mugiendo las vacas
su calor a la sombra de los chopos.

Baja el río sus aguas de verano
rumoreando entre piedras
y los juncos que mecen las orillas;

sestean los mastines,
las abejas laboran los panales
y el amor se desnuda por los prados.

A veces llega una muchacha
con su cántaro
hasta el caño de la fuente de piedra
y salpica el frescor del agua
su rostro y su sonrisa. El sopor de la tarde
se columpia en el aire. Todo se aquieta
y pasa
en silencio. Sólo los sueños
dan vueltas en el trillo que arrastran los deseos
y aventan
la esperanza.

González Alonso

17
Jul
20

Las diez de últimas

 

Las diez de últimas

Barajaron tus padres la partida
en un lance de amor. Fue gran ventura
tu venida a este mundo y la hermosura
del precioso regalo de la vida.

El juego que tocó, a la suerte unida,
te premió con jugadas y largura
en la felicidad que el tiempo apura
con días de alegría sin medida.

Pero llegada, al fin, la postrer mano
cuando quiso la muerte las penúltimas
cartas jugar, erró en su vano intento.

No es que  del juego fuera yo un portento
pero supe guardarme de antemano
el triunfo que me dio las diez de últimas.

González Alonso

01
Jul
20

Los días de julio

Los días de julio

Cuando se llaman los grillos en la noche
y atruenan las chicharras
al sol del mediodía
y las colmenas
son un zumbido frenético de abejas,

cuando se aquietan las truchas
en las pozas
y el mar detiene sus olas a la orilla
de las playas
y todo duerme y sestea

entonces yo extiendo  el mantel de los recuerdos
y sé que la vida se multiplica,
se agranda y crece entre los días de julio
como pájaros de luz.

Y sé por qué no fue una derrota
al final de aquel verano
lo que mató a don Quijote,
sino
en la forma del hidalgo Alonso
Quijano, el Bueno,
la vida no pudo resistir
la muerte de la ilusión.

González Alonso

02
Jun
20

Los días de junio

Los días de junio
(Versículos a partir de “Las mil y una noches”)

Qué aurora tan luminosa la que me trae tu venida
un día entre los días de junio
oh, mi dulce esposa circundada de gracia.

Turbada la mirada
mi lengua nada puede decir, y siento ardiente
la exquisita dicha del amor, cautivo
de inaugurar esta jornada
con tu deliciosa contemplación, desnuda
entre las desnudas y primeras horas
que visten la mañana.

Como en las mil y una noches así me encuentras
desvestido y perdido en el desierto
de la ansiedad y los celos
en busca del agua fresca
que ofrece el beso en el manantial de los labios,
el que calma, sólo él, más de mil pesares, mil presagios
y mil penas.

Ven, amada mía, con tu honesta mirada
y el rubor de tus mejillas que avergüenza al mismo sol,
desanuda sin demora en la miel de tu boca
el difícil nudo de la espera
antes de que el viento funesto del otoño
marchite con su aliento el brillo de mis ojos
que hoy gozosos se posan
sobre tu cuerpo perfecto en miradas sensuales
y cubre de la vista de los hombres
con delicado tacto
el delgado vestido de la recta
y decorosa
castidad.

Has venido, sin saberlo, a obedecer tu destino. Y todo
es amor, todo el amor que habla
para que yo ponga a la puerta de mi torpe lengua
la cerradura firme del silencio.

González Alonso




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