09
Dic
09

Vacas

 

 

Ya marchan uncidas al carro de la mañana

con sus mansos ojos, aljófares de miradas sin ira,

anudadas astas  al yugo, baja la testuz,

pegada a la tierra rociada del camino

la fuerza musculosa de sus patas.

 

Ya despliegan sus mugidos lentos como cantos

graves. Volverán envueltas en la tarde

con el alma cargada de hierba y de cansancio

a mirarse en el agua aquietada de los pilones

y hundir los belfos en su fresca y húmeda promesa;

luego  la noche,

la larga compañía del silencio de las cuadras.

Julio G. Alonso

No parece que este poema requiera más explicación que aquella del motivo de su escritura, que no es  sino  la evocación de un tiempo de infancia en el cual las vacas formaban parte de los paisajes de la montaña leonesa. Viene a ser, en cierto modo, un pequeño reconocimiento a estos animales domésticos, tranquilos y pacientes que aportaron su trabajo en el campo con  dedicación y sin rechistar, amén de ofrecernos sus productos. Tal vez otro de los mundos que tampoco volverán.

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