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El Cañueto.- El bandolero de La Omaña (León) – (1)

El Cañueto.- Foto: Diario de León 

El último bandolero leonés conocido fue Benito Perales que allá por 1908 y con sólo 16 años consiguió el título de el rey de los Picos de Europa. Su amistad con pastores y el respeto ganado entre las gentes de los caseríos de la zona con los que compartía anís, chocolate y golosinas, no le evitaron un final trágico a manos de un grupo de cazadores que abandonaron su cadáver entre las paredes de la cárcava en la que le dieron muerte y donde todavía -aseguran- pueden verse sus restos.

Conmueven estas historias del romanticismo de los bandoleros que en los siglos XVIII y XIX cobraron gran protagonismo en gran parte de España. Gente tirada al monte, ágiles y astutos, que robaban para sobrevivir y para compartir, en muchas ocasiones, con los más pobres el fruto de sus fechorías.

Pero el caso es que estos días nos ha asaltado la noticia de la detención de El Cañueto, el llamado bandolero de la Omaña. Y a uno, de repente, se le para la respiración. Al bandolero leonés de Marrubio, allá en la Cabrera, se le vio perderse en el monte cuando apenas rondaba los 12 años de edad; luego volvería para ser pastor ejemplar y de confianza, hasta que la vida que todo lo enreda le empujara de nuevo a la soledad de las montañas, plantándole cara a los lobos y a los mordiscos del frío y las noches de los inviernos, con tres dedos menos en su mano izquierda que un explosivo traidor le arrancara siendo niño.

El Cañueto conoció varias veces la cárcel en diferentes puntos de España, que se anduvo a pie, siguiendo cañadas, veredas y vericuetos desde Cádiz a León, cuando escapó del último encarcelamiento en aquella ciudad. Se le ha visto en Palencia, en Burgos y otros puntos de nuestra geografía; pero fiel a sus raíces se volvió a sus montañas con su escopeta de cañones recortados para conseguir mantas, alimentos, ropa y todo lo que le ayudara en su vida huidiza y solitaria. No mató a nadie, que al igual que la mayoría de los bandoleros, su idea no era ir contra la vida de las personas, sino conseguir de sus haciendas lo necesario a su subsistencia.

A Salvador Cañueto, el Cañueto, le gustaba contar estrellas en las noches profundas del verano y, al igual que su antecesor el Perales, sentía debilidad por los mazapanes, el anís y las galletas. La Guardía Civil tenía registrado este dato entre las características de su modus operandi; el robo de mazapanes, galletas y anís, marcaba la firma del Cañueto y señalaba su paso.

El otro día, una perra llamada la Chispina lo encontró a orillas del río Duerna. Detrás de la perra venía su dueño, un ex guardia civil que reconoció al Cañueto. La curiosidad de la Chispina olfateando y viendo a aquel hombre con olor a monte, a lobos y a soledad, debió de ser enorme. Enorme y confiada, porque se le acercó para sacarlo de su escondite a la luz, sin temor a la escopeta de cañones recortados del Cañueto ni a su fama de bandolero, cuya última morada fue el viejo molino de Ribas.

Dicen que estamos bien entrado el siglo XXI, pero este leonés de la Cabrera nos ha recordado algo que tiene que ver con el romanticismo de finales del XVIII y casi todo el siglo XIX, y sobre todo, con algo más profundo y ancestral que nos habla de la condición humana, de la libertad y del valor de la vida. Algo del Cañueto que todos llevamos dentro, se nos ha perdido tras su detención, el mal paso del cansancio, la necesidad, la casualidad… y la curiosidad canina de la Chispina.

Julio G. Alonso

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6 Responses to “El Cañueto.- El bandolero de La Omaña (León) – (1)”


  1. 1 Santiago Fernández
    abril 9, 2011 en 21:49

    Querido Julio:

    No sabía de la noticia que comentas y “picado” por la curiosidad me he metido a leerla en El Diario Leonés, el periodista la cuenta de manera poética…
    Como Intenet es una gran Biblioteca ( según decía Borges) he buceado en la información que he podido encontrar sobre el bandolerismo, y con ella te traslado las siguientes líneas:

    Es curioso que bajo el nombre de bandoleros se escondan tantos significados: salteadores, bandidos, forajidos, acotados, encartados, sicarios, relegados, .. Parece que el más antiguo es el de bandido, que viene del latín bannitus (desterrado), hacía referencia a aquellas personas, casi siempre hombres, que eran expulsados de la sociedad refugiándose en el monte y que necesariamente tenía que asaltar a los caminantes para poder seguir malviviendo.

    Sicario, parece que proviene de la palabra sicca, que era una espada de hoja ancha utilizada por estos malvados personajes para asesinar a sus víctimas, después de despojarlos de sus pertenencias. Sin duda, eran los más los más temibles.

    Salteador, viene del latín saltus (bosque), siendo denominado así este tipo de malhechor, porque sus actividades las llevaban a cabo en el bosque. Poco a poco los salteadores fueron denominándose bandoleros en su época de oro.

    Querido Julio; los días que nos ha tocado vivir también están plagados de bandidos, salteadores, sicarios, .. pero algunos son de cuello blanco, ellos no se esconden en los montes, como “El Cañueto” sino que ocupan estancias lujosas y emplean su tiempo en hacer crecer más y más sus pertenencias, se inventan guerras, enemigos, máquinas de matar y no tienen ningún empacho en justificar lo injustificable.

    Me imagino las noches frías del hombre leonés, tiritando en chozas perdidas, acurrucado entre animales, comiendo bayas, frutas,… y en alguna ocasión un conejo de monte cocinado al fuego de leña. Pero también, esas noches estrelladas, en la que sus negros ojos soñaban con paisajes de libertad, con grandes emociones y con un mañana pleno de vida.

    Un saludo, y nuevamente gracias por hacernos partícipe de tus reflexiones.
    Santi

    • abril 10, 2011 en 14:00

      Amigo Santiago:
      El escrito nace de la lectura de esta noticia en el Diario de León. Enseguida me interesaron el personaje y el tema. Es una noticia que pasa desapercibida y a algunos les suena o puede sonar a anécdota desfasada. Para mí, es evidente, tiene más calado.
      En la segunda parte de tu comentario tocas algo fundamental que se denuncia con esta historia, la de los bandidos, salteadores y sicarios de cuello blanco. Como podrás observar, este escrito va numerado entre paréntesis con un 1, lo que quiere decir que hay una segunda parte, siguiendo el curso de las noticias sobre el juicio al Cañueto y su encarcelamiento y nueva escapada, en la que tocaré esto que tú adelantas hoy aquí de manera muy acertada. Me alegra que tus palabras vayan a servir de adelanto a esa segunda parte.
      Con las gracias y un abrazo.
      Salud

  2. abril 12, 2011 en 08:05

    Curiosa noticia, y preciosos apuntes sobre el tema nos haces. También por esta zona, toda la serranía de Sierra Nevada, la Alpujarra,..han sido escenario de andanzas parecidas, y aún permanecen en la memoria de áquellos, que como yo, ya peinamos canas.
    Espero tu segunda parte con impaciencia.

    Un abrazo.

    • abril 13, 2011 en 15:24

      Sí que es curiosa esta noticia aparecida ya hace unos años y que todavía hoy sigue generando titulares, pues el Cañueto parece ser que está en busca y captura después de no haber vuelto a la cárcel de Mansilla de las Mulas hace ya algunas semanas. Y es verdad que Andalucía ha sido cuna de bandoleros célebres desde Sierra Morena a Las Alpujarras, al igual que otras tierras de España. La segunda parte, breve, sigue el hilo de la noticia. Gracias, Perfecto, y un abrazo.
      Salud

  3. 5 ferni
    mayo 19, 2011 en 15:02

    Que facil es hablar sin saber. Fantasear con historias romanticas.
    Los que vivimos y sufrimos las andanzas de este perturbado conocemos la realidad.
    Eso de que dormía bajo las estrellas entre lobos son flipamientos de iluminados como usted.
    La realidad era que dormía en casas de verano en ese momento desabitadas y que calentaba la comida en el microondas y bebia cocacola mientras veía la televisión. Robaba cosas de escaso valor es cierto. Pero invadía los hogares, horages como el suyo.
    Lo dicho, que facil es hablar cuando se va de bohemio por la vida.

    • mayo 19, 2011 en 15:19

      No tengo ningún inconveniente en aceptar que en mi casa no se quedó a pasar la noche el Cañueto; sobre todo porque no tengo casa de verano. Pero la crítica de fondo va más allá de la visión romántica de las estrellas y los pequeños asaltos a los hogares a los que usted alude. Admito la incomodidad y el sobresalto de esos asaltos para las personas perjudicadas; pero la cuestión es -para usted y para mí y para todo el mundo- cuántos asaltos vivimos diariamente en nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras economías sin que los responsables sean tan sañudamente perseguidos y castigados como el Cañueto. Es fácil acabar con este bandolero, pero me gustaría saber cómo hacerlo con los que nos atracan y hunden las economías de los países y a los que. además, tenemos que ayudarles con lo que nos queda para que sigan enriqueciéndose. Son estos desajustes los que, sin quererlo, ponen de relieve personajes como al que nos referimos, y es de lo que resulta difícil hablar o no queremos hablar y hacer algo. Para acabar, por encima del tono romántico de la presentación de este tema, no sé qué tiene que ver la bohemia con el caso, ni en base a qué y parece que con tono peyorativo me adjudica este adjetivo.
      Muchas gracias por su opinión, en todo respetable.
      Salud


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