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Sep
11

Discurso del ermitaño

.
Simón el estilita

.
Al ermitaño le salieron sabañones en el invierno
y se puso muy contento
porque tenía algo
que ofrecer a Dios.

(Yo no me he preguntado todavía
si a Dios le gustan los sabañones
del ermitaño
o los sabañones, simplemente)

En el verano el sol calentó su cabeza
tanto,
que sintió vómitos y dolores
y padeció de alucinaciones violentas.

El ermitaño sigue allí, en su montaña,
rezando en la soledad.

Su significación no es plena porque los sabañones del invierno
le atormentaron
por razones metafísicas
y el verano no le proporcionó ideas de calidades nuevas.

Pero él sigue allí,
ajeno al mundo real
o dándole una dimensión inválida.

Posiblemente en este invierno
encuentre otros sabañones que ofrecer a Dios.

Julio G. Alonso

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14 Responses to “Discurso del ermitaño”


  1. septiembre 18, 2011 en 23:51

    Ese ermitaño tuyo al menos algo tiene que ofrecerle a Dios…en estos tiempos que corren ya poco hay para Dios…ni siquiera para los semejantes…que eso querría Dios.Preciosos poema el que hoy nos regalas julio, Un placer leerte.

    abrazotedecisivo

    • septiembre 19, 2011 en 09:21

      No te falta razón, Sara, y me preocupa lo que subrayas, el que no tengamos nada -o no queramos tenerlo- que ofreces a los demás. Tal vez, por eso, al igual que este ermitaño del poema, inspirado en la figura de Simón el estilita, haya quien desperdicie su vida en gestos inútiles o en acciones que, además de inútiles, perjudiquen aún más al prójimo. El mensaje es, efectivamente, preocúpate o mejor ocúpate en buscar la felicidad ayudando y compartiendo con los que te rodean y forman tu familia y sociedad. Por eso la postura del eremita me parece una huída del mundo, no un compromiso con él mismo y con el prójimo que comparte su mundo. En fin, cuestión de puntos de vista; en todo caso, espero que sirva para mover a la reflexión o a la duda. Con un abrazo.
      Salud

  2. septiembre 19, 2011 en 16:18

    Amigo, Julio, me resulta un poema distinto a los que hasta ahora te he leído; no sé cómo tomar que le ofrezca sus sabañones y esté tan contento; intuyo ironía, es una percepción muy subjetiva, cualquiera rogaría que le quitara el dolor, además siempre nos acordamos más de Dios para pedir que para ofrecer, bueno, espero que al menos no le vuelvan a salir más sabañones.

    un abrazo

    • septiembre 19, 2011 en 18:34

      Amiga Isabel:

      Es un poema, como bien apuntas, de temática y tratamiento diferente a lo que habitualmente publico, aunque -creo- coherente con mi manera de pensar y de ver el mundo. La ironía -que tan bien intuiste- es la herramienta con la que denunciar muchas posturas o actitudes inútiles, que entiendo que son aquellas que creen perseguir un objetivo con los medios equivocados o que conducen en sentido contrario, cuando no el mismo objetivo (el nihilismo del eremita, su obsesión de salvarse y conquistar el otro mundo, etc.) puede considerarse, al menos, poco práctico o egoista. Querer estar más cerca de Dios subido a una columna y querer conmover la gracia de ese Dios infligiéndose dolores, ¿no es masoquismo y no va en contra de las leyes naturales? Siendo agnóstico, no dejo de pensar que Dios querría que fuésemos felices, lo que excluye el dolor innecesario y, mucho más, el sobrevenido por la acción de nuestra propia mano. El estilita estaría escandalizado con el suicidio, ¿pero no es arrebatarse la vida de manera atormentada lo que él hace? Si quiere buscar a Dios, que lo busque entre los demás, sus semejantes, ayudándolos, sirviéndoles en sus dificultades; que aporte su trabajo a la sociedad. Esta filosofía del dolor, el sufrimiento y la penitencia, la encuentro habitualmente en muchas religiones como una de las caras de la moneda de la fe. Sobre esa realidad fluye el poema, con ironía y creo que con respeto para el estilita y para los creyentes de cualquier fe en general. O eso he procurado.
      Muchas gracias, como no puede ser de otro modo, por tu presncia en este poema, Isabel. Con un abrazo.
      Salud

  3. 5 Santiago Fernández
    septiembre 19, 2011 en 19:26

    Querido amigo Julio:
    Es evidente que ese ermitaño flagela su cuerpo y su alma. Cuando me he puesto a escribir he leído tus comentarios que tan bien reflejan y explican el poema y poco más tengo que decir. Únicamente reflexionar respecto a la figura del ermitaño hoy.
    Desde hace años me ha fascinado la palabra ermitaño o eremita, como sabes también se han empleado sinónimos : penitente, anacoreta, solitario o cenobita. Cada uno tiene un matiz que queda explicado en la misma palabra. De todas ellas quizás el eremita es la mejor representación, ya que la palabra ermita atrapa la e en su interior para convertirse en EReMITA. Ermitaño también refleja esa condición ERMITAaño. Estas personas son las que voluntariamente abandon la sociedad para retirarse a meditar y orar en soledad tratando de ayudar a sus semejantes y a ellos mismos.
    Tu poema refleja un ermitaño especial, que quiere dar pleitesía no a sus semejantes sino a Dios a través de su dolor ¿ qué bien hace a la humanidad este proceder?
    Me ha recordado un bello poema de Machado que dice:

    Pobre hombre
    en sueños…
    siempre buscando
    a Dios
    entre
    la niebla.

    Con un abrazo
    Santi

    • septiembre 19, 2011 en 21:03

      Amigo Santi:
      La figura de Simón el estilita inspiró a Luis Buñuel una de sus magníficas películas. En León tuvimos otro anacoreta, ermitaño o eremita, perdido en las montañas cantábricas leonesas que luego fue santificado, que ejerció de obispo de Lugo y que resultó ser el impulsor del milagro y el culto a la Virgen del Camino, convertida en patrona del Reino de León. Se llamaba Froilán y desde la atalaya de Valdorria, aguas arriba del río Curueño (que se unirá con el Porma más abajo y dan nombre a una de las leyendas leonesas más bellas: Polma y Curueño, una historia de amor que espero contar en otra ocasión…), pasado La Vecilla, dio ejemplo a los asombrados montañeses habitantes de aquellas brañas, de austeridad, soledad, entereza y determinación, construyendo con sus propias manos la ermita en la que pasó largos años, en un entorno sólo apto para los nidos de las águilas. Se dice que se ayudaba de un asno para, trabajosamente, subir las piedras a la cumbre y que un lobo lo mató, seguramente más atacado que el anacoreta por el hambre impuesta por la nieve y el duro y largo invierno y menos dado a la estoicidad mística que el eremita. El caso es, en fin, que Froilán se cabreó de lo lindo, se fue a buscar al lobo y le cantó las cuarenta, castigándolo a ocupar el puesto del burro muerto y a transportar los pedruscos para dar fin a la construcción de la ermita, cosa que el fiero lobo llevó a cabo sin rechistar, según cuentan.
      Con esta historieta te doy las gracias por tus palabras, Santi, que siempre son bien recibidas, como sabes. Con un abrazo.
      Salud

      • 7 Santiago Fernández
        septiembre 21, 2011 en 21:11

        Amigo Julio:
        Hoy se inicia el otoño y con él te mando estos pensamientos:

        El otoño palpitante,
        el verano mortecino,
        el mar enloquecido
        las nubes,
        los granates,
        los bermellones escondidos
        los fríos que se avecinan,
        los humores que se apaciguan,
        los pájaros que se acurrucan,
        las palabras que se silencian,
        las lluvias que se aproximan,
        las lumbres que se atizan,
        lo bello,
        lo cotidiano,
        lo bonito que es vivir

        Un abrazo
        Santi

      • septiembre 22, 2011 en 09:33

        Un abrazo, Santi. Tu tarjeta de presentación del otoño rezuma un intenso sentimiento de afirmación y vida en la larga ennumeración de aconteceres que nos recorren en este tránsito estacional. Lo comparto encantado.
        Salud

  4. septiembre 26, 2011 en 12:38

    ¡UN POEMA MUY HERMOSO, AMIGOS MIOS!!
    REALMENTE TENEMOS QUE SER CONOCEDORES Y NO OBJETIVOS DE COMO ACTUA UN ERMITAÑO, SINO DE “COMO PIENSA UN ERMITAÑO”, YO TENGO LA GRAN SUERTE DE SER UNO DE ELLOS POR GRACIA DE DIOS Y LES DIRE, MIS HERMANOS, QUE VIVO DE CARA DIOS Y NUNCA APARTADO DEL MUNDO…
    LO QUE SI TENEMOS COMO REGLA EN NUESTRAS SIENES, ES QUE DIOS POR ENCIMA DE TODO Y NUESTRA UNICA META, INCLUSO AL APEGO DEL AFECTO A LAS CRISTURAS.
    NO BUSCAMOS SER DE ESTE MUNDO, PUES ERMITAÑO O LAICO, EL CRISTIANO, NO PERTENECE A EL, PUES VIVIMOS ERRANTES EN ESTE SINGULAR PEREGRINAR POR LA VIDA HASTA ALCANZAR LA VERDADERA QUE SE NOSTIENE PROMETIDA.
    NO ES ALGO MONSTRUOSO QUE UN ALMA DESEE APARTARSE DEL MUNDO, PUES DECIAN LOS SANTOS PADRES, QUE LOS LUGARES DONDE MAS ANIDABAN LOS DEMONIOS,ERAN LAS CIUDADES Y LA INFLUENCIA MALEVOLA QUE EJERCEN DESDE TIEMPOS REMOTOS…EL HOMBRE NECESITA SALIR DEL RUIDO DE LA CIUDAD PARA ESCUCHAR MAS NITIDAMENTE A SU SEÑOR…
    EN MUCHAS OCASIONES DIOS INVITA A SALIR FUERA, LO HIZO CON NUMEROSOS PERSONAJES BIBLICOS…
    LA CUESTION SOBRE LAS LLAGAS DE ESTE POBRE ERMITAÑO QUE DABA GRACIAS A DIOS POR ELLA, ES PORQUE TANTO QUEREMOS UNIRNOS A DIOS Y COMPARTIR SU PASION…QUE DESEAMOS SUFRIR PARA SEMEJARNOS A SU DOLOR Y ASI BUSCAR REDENCION Y SANTIFICACION, COMO LO HAN HECHO DURANTE TANTOS SIGLOS LOS SANTOS…
    NO ES SOPORTAR POR GUSTO EL DOLOR,SINO CON GUSTO, OFRECIENDO ESE DOLOR, A VECES INSOPORTABLE, POR TODAS LAS ALMAS QUE NECESITAN ALCANZAR A DIOS…
    JESUS NOS HACE PARTICIPES DE SU CONSAGRACION A MORIR POR LOS HERMANOS, OFRECIENDONOS COMO VICTIMAS PARA SU MISION SALVIFICA.DE MODO QUE OCURRE COMO DECIA SAN PABLO: MIENTRAS NOSOTROS MORIMOS, EL MUNDO RECIBE LA VIDA…ES ALGO MUY PROFUNDO QUE LA PERSONA NO CIRSTIANA, NO PUEDE PERCIBIR…
    GRACIAS POR TODO Y QUE DIOS LES BENDIGA Y PRECEDA.
    MIGUEL DE LA CRUZ

    • septiembre 26, 2011 en 13:29

      ¡Qué sorpresa! Es un motivo de orgullo contar con la voz autorizada de un eremita, así que te agradezco las opiniones dejadas a pie de este poema, Miguel. He leído con gusto tus argumentos a favor de este tipo de vida en busca de la espiritualidad y el sentido que tienen el dolor y el sufrimiento para ti. No alcanzo a comprender las últimas razones de este proceder desde mi posición agnóstica, porque se me hace difícil imaginar que un dios necesitara del sufrimiento humano; ya ves que entendemos el mundo de forma bastante diferente, pero eso no es obstáculo para que exista una comunicación y un diálogo.
      Vuelvo a agradecer tus amables palabras y te deseo todo el bien que cabe esperar de tu fe. Con un abrazo.
      Salud

  5. septiembre 30, 2011 en 22:10

    … y tengo para mí que también al agnóstico le llegará su día, cómo no, cómo no; por lo demás, reseñar que en todo el circuito de enseñanzas y sendas herméticas y ocultistas, la participación activa de cada uno en la convivencia directa del mundo – y no la clausura ni la peña horadada – es el objetivo contemplado; por tanto, Julio, querido amigo, llevas – creo – unos cuantos puntos a tu favor, pues, precisamente, hacer de la convivencia y la amistad universal no sólo algo posible sino el fundamento de vida, es, digo, la superación o vencimiento personal y colectivo de todos los demonios, ya individuales, ya múltiples, que anidan, cual oscuridades ínternas, en cada uno y, sobre todo, en el tumulto truculento de las ciudades; los puntos de vista expuestos son muy interesantes, espléndidos; saludos para todos, Orión

    • octubre 1, 2011 en 23:50

      En el campo de las creencias no hay discusión posible, pues lo que se cree no admite discusión ni duda. Yo prefiero hablar del sentido de las acciones humanas, provengan de agnósticos, ateos, creyentes practicantes, eremitas, santos o políticos. Reflexionar sobre lo que resulta más conveniente y provechoso para la convivencia en términos de felicidad. Que luego una persona actúe movido por una idea o por otra, reuniéndose en un local o en otro, cantando de una manera o de otra distinta, lo considero irrelevante. Mira, Antonio, yo, como tú y el resto de los mortales ciudadanos españoles, fui educado en una religión y una moral y unas formas ideológicas concretas. Tengo que admitir que ello marcó mi disposición para ver el mundo y que, inevitablemente, no podré jamás desasirme de los vínculos emocionales creados con mi entorno cultural. Pero pretendo intentar ver a los demás sin prejuicios y exijo que me vean igual, que no intenten manipularme. Por eso, en mi reciente viaje a Noruega, movido por la curiosidad, las ganas de conocer y comprender, asistí, en una bellísima iglesia toda ella de madera en Balestrand, a una ceremonia religiosa, una misa protestante (anglicana) celebrada por una mujer. Con el máximo respeto seguí todo el ritual del oficio que, por cierto, en cantos, oraciones, movimientos y sermones, en nada se diferencian de los católicos. Ya ves. La charla con los fieles y la mujer sacerdote fue amable y enriquecedora. No soy más creyente que antes, no soy en absoluto creyente, pero comprendo mejor a los creyentes, sean de esta religión o de otra.
      Gracias por tus reflexiones, que enriquecen con su contenido este intercambio de ideas. Con un abrazo.
      Salud

  6. octubre 3, 2011 en 06:07

    Muy querido y admirado amigo:
    ¡Vaya tema! Sin duda, uno de los que más me ha apasionado en mis tiempos actuales.
    El ascetismo es, desde mi punto de vista, una actitud unipersonal para con Dios, o un dios.
    La purificación del espíritu, a través del sufrimiento, se practica desde que el hombre es hombre sobre la tierra.
    Probablemente he percibido una crítica muy severa contra quines practican tal “disciplina” (porque sólo con una disciplina férrea se puede alcanzar tal estado de perfección humana)

    Mi punto es éste: El hombre, tú, yo, caminamos en la vida percibiendo información, experiencias, emociones emanadas por los actos de los demás y viceversa. Así, no admiramos a un asesino, lo evitamos, lo refutamos de manera ostensible y franca.
    Mirar a un hombre trepado en una columna y ver que su cuerpo se agusana, pareciera una forma de asesinato; la diferencia es que se asesina a sí mismo.
    Contrario a algunas opiniones, yo lo tomaría como un convicción, concepción de vida, disciplina y concreción de un acto investido de cuanta agravante se nos ocurra, pero que pone sobre la mesa una capacidad de estar por encima del dolor humano, del estigma de nada merezco, del autocastigo de lo hago por que soy una basura. Insisto, puede haber todas las razones justificadas o no, pero al fin y al cabo es la motivación de dicho ser.

    Ahora bien, ¿qué haría la Comisión Interplanetaria de los Derechos Humanos? ¿Habrá autoridad legal que le impida al eremita atentar contra su existencia? ¿Deberemos acudir a la jurisprudencia para darle el permiso de autoflagelación y destrucción de su masa corporal?
    ¿Y su mente? ¿Qué hacemos con su mente?

    Bien lo apuntas, mi querido amigo, es controversial, es imposible llegar a un consenso, pero mi punto de vista es que el ser humano común ha dejado de imaginar que hay errores, culpas e incluso omisiones, que merecen un castigo justo.

    Finalmente, el asceta muere, se aniquila, se destruye. Lo malo es que nadie sabe a ciencia cierta si se re-engendra en un ser un poco más perfecto que el hombre que intentó ser en vida terrenal.

    Mi cariño, afecto y admiración a tu genialidad. Mi admiración y beneplácito por darme la oportunidad de expresarme en tu maravilloso foro.

    Arturo Juárez Muñoz

    • octubre 4, 2011 en 10:04

      Amigo Arturo:
      Vaya por delante todo mi respeto para tus opiniones y las de todos los que deseen aportar algo a éste o cualquier otro debate. Dicho lo cual, paso a aceptar -como no puede ser de otro modo- que el poema encierra una crítica desde la ironía de su planteamiento que espero que haya sido respetuosa. Nadie está en posesión de ninguna verdad; no puedo, como es natural, pretender quitarle la razón al eremita, pero sí puedo dudar, hacerme preguntas razonables, discrepar del sentido de su actitud. La cuestión espinosa se plantea cuando, por la razón que sea, una persona actúa contra los demás o contra uno mismo; ¿por qué el autocastigo, por qué no pensar que la vida está hecha, regalada, para vivirla y disfrutarla? Claro que no necesitamos ningún tipo de autoridad para salvar al eremita de su destino final ni para obligarle a que haga lo que hace. La sociedad pretende defenderse de las actuaciones contra las personas mediante diferentes castigos; el eremita, en principio, actúa contra él mismo. Es libre. Pero yo pienso que la Naturaleza nos regala la vida y la posibilidad de ser felices, de trabajar por uno mismo y por los demás, lo que implica -muchas veces- cierto esfuerzo y sacrificio. Pero son útiles, cumplen un fin. No son el dolor y el sufrimiento un fin en sí mismos, que es donde veo yo la futilidad de estas actuaciones. El asesino, el corrupto, el ambicioso sin escrúpulos, van contra natura porque quieren asegurarse su felicidad a costa del sacrificio ajeno; el eremita busca su felicidad, su salvación, con sentimiento de culpa y remordimiento infligiéndose castigos que no agradan a su naturaleza y que me parece injusto decir que se hacen en deuda con ningún dios (que no podría, por definición, aceptar el dolor de manera gratuita); no sirven, además, para mejorar objetivamente la vida de los demás. Don Quijote, en su locura, se desviste de sus ropas y en las peñas de Sierra de Morena se tira y golpea y arrastra por el suelo en nombre del amor de Dulcinea. Pero nadie duda de que el caballero manchego está loco y nadie deja de ver la inutilidad de su acción, sobre todo cuando Dulcinea es un personaje inventado, irreal, que tiene su alter ego en Aldonza Lorenzo, campesina con la que apenas había cruzado palabra en el Toboso. Entendemos el dolor íntimo del Quijote, su lío mental, sus nobles aspiraciones; pero entendemos, igualmente, que son acciones desvaratadas y fuera de lugar.
      Con las gracias y un abrazo, Arturo.
      Salud


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