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Puedes decir

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Cedazo o ceranda.Racimo de uvas moradas.Clepsidra

.

Puedes decir: es cierto, comiste del racimo de la vida,
con mansedumbre atado al yugo del amor, viviste;
y los días te ungieron con sana complacencia
de regaladas horas.

Puedes decir: es cierto, levantada la vista
sin temor escrutaste del sedicioso mar
todos los horizontes
y entretuviste en el tacto las suaves anatomías
de los desiertos arenosos y sus dunas,
las que naciendo de olas
que el navarca surcó en bastimento de años,
libres de las sevicias de las crueles tormentas,
meciendo están sus siluetas
entre dos azules.

Puedes decir: es cierto, la existencia se apura
en el tiempo líquido de las clepsidras; las últimas uvas
llegan dulcísimas a tu boca,
el aire mueve las aspas y en los cedazos la harina
promete el pan amasado de mañana,
la memoria en la mezcla homogénea
de la espiral de los deseos.

Julio G. Alonso

.

Bruno: Clepsidra de la vida

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10 Responses to “Puedes decir”


  1. 1 daniela
    octubre 23, 2011 en 00:52

    Ai Julio, mira que has acertado con lo de la clepsidra, me gusta esta palabra hasta la saciedad por como suena, por sus dos consonantes juntas por lo que augura de ese pasar el tiempo que es la vida, vivir…y porque tuve oportunidad de ver la llamada “Clepsidra de las Gacelas” en una expo en Laredo sobre las casas árabes y de todos es sabido el buen hacer con el agua de este pueblo culto y sabio muy unido a la tierra (esto ultimo asunto común a todoslos pueblos en general). Te dejo, en lógico trueque, mi particular “clepsidra” y las gracias.

    (PARÉNTESIS)

    ¿Es felicidad lo que desgarra
    el frágil velo de las horas sin sueño?
    Infinitas columnas desgranadas
    frente a tus ojos, que miran hacia adentro.
    Ensordece el silencio cuando respondes:
    -que sí,- que las has visto.
    Un movimiento de labios conservando
    un posible beso, un posible adiós,
    un posible hasta luego…
    Y luego, solo es eso, la absoluta irrelevancia
    de aquél gesto que sucumbe a los tiempos,
    sucumbe a la clepsidra inmensa
    de un bolsillo anónimo, violento,
    que deja a oscuras el extremo
    del pasillo, calando hasta tu sien
    la muda oscuridad que puebla
    tu reino sin brazos, ni piernas, ni ojos ciertos.
    Lloras augurando secretamente llagas
    o los primeros copos del invierno.

    daniela

    • octubre 26, 2011 en 17:34

      Amiga Daniela:

      Amén de alegrarme por compartir el gusto por palabras como clepsidra, quiero agradecerte el bello poema, lleno de tensión, amor y sentimientos, de intimidad y sueño, que aquí nos dejas. El cómo, de qué manera, captas esos momentos como paréntesis en tantas situaciones de nuestras vidas, me parece muy emotivo. Un bello gesto el tuyo que hace mejor esta entrega, Daniela. Muchas gracias por todo. Con un abrazo.
      Salud

  2. 3 Santiago Fernández
    octubre 23, 2011 en 19:00

    Querido amigo Julio:
    Es un poema muy bello, con una descripción muy viva y armoniosa. No sé muy bien a qué va dirigido pero describes perfectamente los distintos momentos de la vida. Me identifico con la mayoría de las pinceladas trazadas en tu poema. Creo, Julio, que das un paso más en tu evolución poética, empleando algunas expresiones que en otro contexto tiene raros significados.

    Me uno a la reflexión de Daniela. La palabra clepsidra, es sonora, enigmática, muy bella, su significado se ha perdido en la noche de los tiempos. Como sabes la clepsidra ya la emplearon los egipcios, era un reloj de agua, muy sofisticado para la época, y se utilizaba especialmente durante la noche, cuando los relojes de sol perdían su utilidad. Es increíble que la sitúes en un poema tan vivencial.

    La segunda palabra que me ha llamado la atención es navarca, no conocía esta palabra. He buscado en la enciclopedia y me he encontrado con: Jefe o comandante de una armada en la antigua Grecia. Me imagino a ese comandante navegando en un pequeño cascarón de madera en una masa de agua enorme, pero que ahora sabemos muy reducida( el Mediterráneo)
    La tercera palabra es sevicias, palabra moribunda que tú rescatas de manera contundente y redoblada al hablar de las sevicias de las crueles tormentas

    Cuando he leído el poema, me ha recordado el archifamoso poema de Jaime Gil de Biezma

    Que la vida iba en serio
    uno lo empieza a comprender más tarde
    como todos los jóvenes, yo vine
    a llevarme la vida por delante.
    Dejar huella quería y marcharme entre aplausos
    envejecer, morir, eran tan sólo
    las dimensiones del teatro.
    Pero ha pasado el tiempo
    y la verdad desagradable asoma:
    envejecer, morir,
    es el único argumento de la obra.

    Evidentemente, no quiero comparar este poema y el tuyo. El de Gil de Viedma rezuma nostalgía, proyectos no cumplidos, realidad. Mientras que el tuyo es por una parte una aceptación de lo vivido y por otra un canto a la esperanza que tan bien defines con la última estrofa:

    promete el pan amasado de mañana,
    la memoria en la mezcla homogénea
    de la espiral de los deseos.

    Gracias por tu magnífico trabajo. Con un abrazo
    Santi

    • octubre 26, 2011 en 17:29

      Amigo Santi:

      Algo he dejado dicho sobre esto en mi respuesta a Arturo; pero insistiré en la idea del valor de las palabras, de su poder de evocación. Como he tenido ocasión de comentarte en conversación telefónica, las palabras nutren el tema del poema, lo visten y desvisten y, junto a los recursos expresivos, estilísticos y figuras literarias, conforman la atmósfera en la que se desenvuelven los versos. Las palabras adecuadas se traducen en versos adecuados; hay que cuidar -pienso- mucho este aspecto que apunta a la coherencia, evitando estridencias que sacan al lector del hilo emocional de la lectura. Pero las palabras no están pensadas de antemano. No en mi caso. Sino que lo que empuja a la escritura es la idea. Vestirla, arroparla, darle una voz propia, es labor a posteriori, fuera de los límites y alcance de Meletea. Pero, bueno, tal vez la otra cuestión es la de la oportunidad de cierta clase de palabras; el uso de aquellas que por su sonoridad, rareza y antigüedad no nos permiten encontrar con toda precisión su significado, son útiles siempre que sean pertinentes al tema y que el contexto en el que se insertan permitan una aproximación intuitiva a una parte, al menos, de su significado. Es el caso, pienso, de navarca, bastimento, sevicias o clepsidra, empleadas en este poema. No importa saber con exactitud qué es un bastimento, lo importante es que nos remite al concepto de embarcación; igual que no hace falta saber cómo es una clepsidra o de qué manera funciona, lo sustancial es la idea de tiempo medido. Bastimento, clepsidra, aportan matices que enriquecen la idea; así como sevicia se vive como un castigo rudo, despiadado. Pero, insisto, todo ello tiene algún valor si el contexto te permite continuar la lectura. Luego, se puede recurrir al diccionario y completar la información. Pero lo fundamental es el mensaje y el valor emocional que puede suscitar ese mensaje apoyado en las palabras.

      Te agradezco los versos de Gil de Biezma y la conclusión final a la que llegas, con la que estoy plenamente de acuerdo, Santi. Con un abrazo.
      Salud

      • 5 Santiago Fernández
        octubre 27, 2011 en 15:21

        Querido amigo Julio
        ¡Cuánto me satisfacen tus escritos-respuestas!
        Detrás de ellos se abre un mundo lleno de posibilidades e imaginación. Hablas de la oportunidad de las palabras, del arropamiento de las ideas, del empleo de metáforas.
        Es un tema que me interesa sobremanera. Durante años he estado “investigando” como surgen las ideas y qué procesos mentales son los que las empujan a abrirse camino dentro de la mente hasta que por fín ven la luz. En la Ciencia parece que hay cuatro fases por las que transcurren casi todos los creadores: preparación, incubación, iluminación y revisión.

        Siguiendo este símil y haciendo una comparación con la fase creativa de un artista( en este caso poeta), tú mismo has descrito perfectamente los cuatro momentos: el primero es el surgimiento de una idea y arropamiento de palabras(preparación), el segundo tiene lugar en tu cabeza( incubación) pudiendo ser más o menos largo, pues no todos los escritos salen “de corrido”, el tercer momento está relacionado con la magia y sensibilidad del autor( iluminación), en él tiene lugar el empleo de las palabras adecuadas, sonoras,… el uso de metáforas,….el último tiene que ver con el oficio del escritor( verificación) aquí se ve como la poesía fluye, se emplean las palabras adecuadas, se mide el ritmo y se verifica si manifiesta una armonía interior.
        Respecto al uso de metáforas, muchos piensan que la metáfora está solo bajo el dominio de los literatos. Sin embargo, en los lenguajes cotidiano y científico empleamos continuamente metáforas, algunas conocidas y otras que ya están incorporadas al lenguaje propio de la disciplina olvidando su sentido metafórico. Por ponerte un ejemplo, en matemáticas ¿quién no sabe que es un triángulo isósceles? Iso-sceles es una palabra de origen griego en la que iso, significa igual y sceles significa pie. Esto querría decir que un triángulo isósceles es un triángulo con dos pies iguales.
        De hecho la mayoría de las nombres tienen su origen en el empleo de metáforas, El filósofo I.Kant diría que es el traspaso de “la cosa en sí” al “fenómeno”.

        Un afectuoso abrazo
        Santi

      • octubre 29, 2011 en 21:55

        Gracias, Santi. Si a ti te placen los escritos-respuestas a los que acostumbro, no menos me alegran a mí tus textos en los que siempre encuentras algo con lo que sorprenderme y aprender. Sobre el uso de la metáfora y otras figuras literarias o denominadas literarias, no puedo dejar de estar en total acuerdo contigo y reconocer que no son patrimonio exclusivo de la literatura; en el caso de la metonimia y algunos de sus usos, por ejemplo, forma parte del acerbo popular en expresiones como tomarse una copa o comerse dos platos. Pero podríamos continuar con otras muchas de uso común. Lo sorprendente es que no sorprendan…
        Con un abrazo.
        Salud

  3. octubre 24, 2011 en 12:07

    Lo bueno de este poema, con ser bueno en si mismo (no podía ser de otra forma), es que Penélope no habrá tenido que esperar inútilmente: habrá recibido cuanto el autor del poema ha recibido, a su vez.
    Ante perspectivas así, el mar vinoso, hasta se puede haber convertido en un mar de tranquila travesía, en pan de harina en flor, en vino de aguamiel y los azarosos engaños de las sirenas no habrán podido apartar un solo ápice al nauta de su ruta.
    ! Benditos Odiseos y Penélope, que hacéis el viaje hasta Itaca, en la sola contemplación del amor y la belleza, y que halláis en las aventuras de la vida lo que solo el amor puede dar ¡
    No hace falta que sea más expresivo, para dejar de manifiesto mi gozo por este excelente poema.

    Gracias, Julio, por ofrecernos esta panorámica, en que el sosiego y la felicidad también son posibles.

    Un abrazo.

    • octubre 26, 2011 en 16:57

      La ubicación del poema en el ambiente clásico con la evocación de Ítaca como pretexto para la búsqueda o para la huida (como leí en un poema del amigo José Manuel Sáiz) es un acierto. Aunque no tuviera in mente la patria de Odiseo, debo reconocer que el vocabulario elegido y el ambiente marino acercado a las costas que configuran la vida y el amor, remiten al tema de Ítaca con bastante naturalidad. Gracias, Perfecto, ya que, además de estupendo escritor, no dejas de ser un gran lector. Con un abrazo agradecido.
      Salud

  4. octubre 24, 2011 en 12:35

    Mi querido amigo:
    Ratifico mi convicción que tener la oportunidad de leerte conlleva un doble placer: Gozar tu poema y leer los comentarios.
    En mi perspectiva, y vaya que no es mi intención clasificar a la poesía bajo esquema alguno (si acaso referencial), he comenzado a encontrar tu poesía como profundamente introspectiva.
    Decir que la encuentro expresionista es baladí, pues todo tú eres expresión viva y contundente, y no requieres de calificativos alguno.
    Sin embargo, sirva pues para poner en contexto lo que estimo, que una de tus principales cualidades: ¡Eres sumamente creativo, de tal suerte que trasciendes a la metáfora misma!
    Me explico.
    No dices: “La delgadez del tiempo”, “La presurosa vorágine del reloj”; la construcción de la idea de la clepsidra es sensacional, pero la insertas como objeto insustituible dada su característica intrínseca:

    Puedes decir: es cierto, la existencia se apura
    en el tiempo líquido de las clepsidras; las últimas uvas
    llegan dulcísimas a tu boca,

    ¿Existe una mejor interpretación e inclusión del sentido metafórico y la representatividad cognitiva del objeto?

    Resumo manifestando mi profunda admiración por el aseo, profundidad, creatividad extrema y elocuencia de tan exquisita pieza poética.
    Con respetuoso saludo:
    Arturo

    • octubre 26, 2011 en 16:52

      Amigo Arturo:

      Sabes cuánto me placen los comentarios y los aspectos literarios, vivenciales, poéticos, que aportan al poema alrededor del cual se escriben. Entre estos comentaristas, por fortuna, puedo contarte y espero seguir contando con tus comentarios y observaciones. La reflexión en torno a la metáfora, figura literaria por excelencia de la poesía, me parece digna de tener en cuenta. Sabes bien que de manera predeterminada no se cuentan las figuras y recursos estílisticos que van a constituir el poema. En mi caso, tras la idea previa de lo que quiero escribir y la necesidad y oportunidad de escribirlo, el poema se va construyendo en torno al tema que lo motiva creando su propia atmósfera y eligiendo vocabulario y recursos que ayuden al tema, con el estilo más acorde. Pero al tratar el tema de la metáfora un pálpito especial se me instala en el corazón. ¿Por qué? Porque se entiende mal, se usa peor y se abusa de ella de manera grotesca. Un poema resiste bien un verso ornamental o dos, una asonancia, una palabra desafortunada; pero no resiste el abuso de la metáfora ni la metáfora mal empleada. Es un arma de doble filo. El arma por excelencia, o una de las principales, de la poesía. No sé si lo he citado en algún otro lugar, pero me gusta recordar el concepto que sobre la misma tenía Aristóteles: … es la única cosa que no se puede aprender de otros y es signo de una naturaleza genial. De hecho, el hacer buenas metáforas requiere intuir las semejanzas. (De Poética,c.22.)
      Con lo dicho, las gracias y un abrazo, Arturo.
      Salud


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