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Llueve sobre el mar

Llueven sobre el mar
torrentes de agua contra el agua
en inútil abrazo,
infecundo amor desbordado en océanos de besos
de misnúsculas gotas; porque
el agua
se debe a la tierra,
a la tierra
y la sed que la abraza y hace suya
para ponerla pura en manantiales de vida.

Pero llueve en el mar
desértico de olas
la estéril agua
que a nadie sacia y vuelve en nubes grises
al cielo
como palabras vacías de un hermoso poema
lloviendo sobre poemas mansamente
palabras sobre palabras en infecunda lluvia.

Te digo
que no quiero llorar sobre mis lágrimas
ni devolverle al eco de mi voz la voz de mis palabras
en estéril e infecundo amor. Quiero
poner lluvias de estrellas en tus manos
o de rocío
o de amapolas –si es verano-
que en tu calor germinen
en sonrisa
o esperanza
o que una lágrima sola –tal vez furtiva-
apremie en tu garganta
el dolor de la saliva,
quiero
llorar sobre los hombres, ser fértil humedad
en los surcos de lo cotidiano,
no arruga
sobre la seca piel de los años y los días en las hojas
de los calendarios,
tal vez
viento
que esparza tu lluvia
entre los hombres
quiero ser

porque si llueve en el mar,
todo es amargo.

Julio G. Alonso

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22 Responses to “Llueve sobre el mar”


  1. septiembre 11, 2012 en 11:16

    Yo quiero que llueva ya…que hace mucha falta… que llueva sobre el mar… sobre la tierra… sobre los bosques… y se forme esa atmósfera de humedad otoñal para disfrutar de la buena letra… de los autores como tú.
    Abrazotedecisivo

    • septiembre 11, 2012 en 13:37

      Me has recordado aquella canción de Pablo Guerrero, A cántaros, en la que decía todo lo que tenía que llover y todo era reivindicar el amor y la libertad. Bueno, este poema va de la lluvia, metáfora de la palabra. Es como ver llover cuando hablamos o cuando nos hablan. Hay palabras buenas, que calan suavemente en nosotros y hacen fructificar buenos sentimientos; hay palabras como tormentas, duras, desagradables, violentas, como tormentas imparables y aguaceros que producen inundaciones, y palabras que caen sobre palabras, que no llegan a ninguna parte, que son estériles. Pues eso, que me gustan las palabras primeras, las que ayudan, las que -como dices- formarán esa atmósfera otoñal que preparará al campo para el invierno y la siembra. La mención a los buenos autores, entre los que amablemente me incluyes, me ha hecho feliz. Con un abrazo y las gracias.
      Salud.

  2. 3 Ritxi Póo
    septiembre 11, 2012 en 13:19

    Me ha gustado mucho, Julio. ¡Un abrazo!

  3. 5 daniela
    septiembre 11, 2012 en 14:09

    Hola Julio:

    te leo y lluevo:

    .-nunca es inútil el a-brazo
    .-todo el mar es sal-ado
    .-las palabras germinan en poemas o en las bocas que las dicen y nos axfisian hasta morir o nos alzan cual cascada emergente
    .-y…sí “tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover, a cántaros”
    “que llueva, que lluva la vírgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes…”
    “llueve sobre mojado…”
    ” i singing in the rain, yes singing in the rain…”
    G
    R
    A
    C
    I
    A
    S PoR tu PerSonAl

    L
    L
    U
    v

    I
    I

    I

    A

    i like

    daniela

    • septiembre 11, 2012 en 14:21

      ¡Ay, Daniela! ¡Qué frescura de lluvia y agua vivificadora! Es una lástima que los lectores no puedan apreciar la última parte de tu mensaje tal y como se recibe en el correo electrónico y que aquí -imagino que será cosa de los formatos de wordpress- se ve en vertical. Pero la distribución de las letras lloviendo sobre el I like final y ocupando toda la página conforma un poema visual estupendo.
      Gracias por el generoso regalo de tu comentario. Con un abrazo.
      Salud.

  4. 7 Paco Mallada
    septiembre 12, 2012 en 08:51

    Precioso poema el que aquí nos dejas, Julio.
    De un hecho aparentemente inutil, “gotas en el mar” (¿recuerdas la canción?) sacas un filón de imágenes e ideas y las tejes en bellos versos para detelite de tus lectores, que te agradecemos.

    La lluvia también refresca y limpia, incluso en el mar, como refresca leer frases de amor de tan bien logradas como “Quiero poner lluvias de estrellas en tus manos”…

    Un abrazo, amigo

    Paco

  5. 9 Pepa Agüera Sánchez
    septiembre 13, 2012 en 02:48

    La lluvia creadora del poema llueve sobre los ojos del lector con todos lo matices del agua, como sobre ese mar que dices, salado y redondo y lleno de profundidades y no se pierde ni una gota, ni una letra de su fecundo regalo. Tu palabra es como sirimiri cotidiano que nos moja y empapa sin que apenas nos demos cuenta.

    Hay imágenes hermosísimas en el poema. Me ha encantado (como la primera vez)

    Un abrazo.

    Pepa

  6. septiembre 13, 2012 en 13:49

    Amigo Julio ¡qué gran poema¡ Su lento discurrir entre imágenes e ideas, como esa lluvia de la que hablas, tiene vocación de ser fecundo (para lo que debe ser la lluvia), siendo el final nostálgico de todo cuanto es inutil y amargo.
    Es un placer su lectura e interiorizarlo poco a poco, con esa armónica voz tuya, que cada día canta mas alto.
    Mi felicitación. Un abrazo.

    Perfecto

  7. septiembre 13, 2012 en 16:57

    Qué hermoso, Julio, cuando entro a leerte, se me agranda el campo de visión, y si dices lluvia no siento sólo lluvia, tu mirada es amplia, evocadora … escribes a corazón abierto y ese corazón siento que es grandote, grandote. Un gran placer y un gran abrazo.

  8. septiembre 13, 2012 en 19:57

    … tus reflexiones son notables, notables,amigo Julio; de modo que esa contemplación que hoy nos traes mientras llueve sobre el mar conm la consiguiente implementación en la propia vida, esa conjugación íntima, digo, nos alumbra hacia este hermoso poema que hoy tengo la ocasión de leer con deleite y reconocimiento, estimado; sigue,amigo, porque estamos necesitados de ese esfuerzo/genio para atusar este momento – ya largo – en que parece que todo, todo lo valioso respecto de la literatura universal, se hubiese esfumado como por encanto y sin síntomas de retorno. Permítenos ese significado islote tuyo, Julio, aunque siga lloviendo y lloviendo sin cesar a tu alrededor. felicitaciones y mi abrazo; Orión

  9. 17 Santiago Fernández
    septiembre 16, 2012 en 18:37

    Amigo Julio:
    No solemos ver la lluvia sobre el mar, sino sobre la tierra. En el mar se confunden las gotas de agua, no sabemos si es la lluvia la que se precipita sobre al mar o es el mar el que se zambulle sobre la lluvia. Es verdad que la lluvia sobre el mar es estéril, infecunda.
    Me han parecido muy acertado estos versos indicando ese símil:
    ………………..
    Te digo
    que no quiero llorar sobre mis lágrimas
    ni devolverle al eco de mi voz la voz de mis palabras
    en estéril e infecundo amor

    ……………………
    La lluvia tiene un simbolismo claro: fertilidad, pero también emotividad – esa que tú muestras en tu magnífico poema-; además, tiene un significado especial de purificación por el hecho de que cae de las alturas, simboliza el descenso de las influencias celestiales, la purificación de los sentimientos, el soplo de lo celestial sobre lo terrenal. El agua bajo la forma de lluvia mantiene todo su significado benéfico de abundancia y riqueza.
    ………………………..
    quiero
    llorar sobre los hombres, ser fértil humedad
    en los surcos de lo cotidiano,
    no arruga
    sobre la seca piel de los años y los días en las hojas
    de los calendario

    ……………….
    Esa otra lluvia sobre la tierra fue magníficamente cantada por el gran Federico García Lorca

    “…La lluvia tiene
    un vago secreto de ternura,
    algo de soñolencia resignada y amable,
    una música humilde se despierta con ella
    que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

    Es un besar azul que recibe la Tierra,
    el mito primitivo que vuelve a realizarse.
    El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
    con una mansedumbre de atardecer constante

    …………………….
    Gracias, Julio, por tu magnífico y evocador poema.
    Un saludo.
    Santi

    • septiembre 17, 2012 en 09:35

      Es, amigo Santi, tal y como acertadamente describes en tu amplio y estupendo comentario. No, necesariamente y como se entenderá fácilmente, he tenido en cuenta todas estas circunstancias antes de abordar la escritura de este poema; pero, necesariamente, estas cuestiones estaban ahí en el momento de ser escrito. Creo, cada vez más, que la intuición, el conocimiento intuitivo, es un recurso muy potente y seguro del que disponemos. A menudo se considera la intuición como algo irracional, y tengo la impresión de que hay mucho más de racional en ella de lo que se acostumbra a pensar. Hay tomas de decisiones que la intuición aborda con mucha precisión y tomas de decisiones realizadas desde la razón, la reflexión racional, que fracasan estrepitosamente. Algo estamos entendiendo mal en todo esto. Dicho lo cual, solamente quiero añadir que el haber tomado el agua como símbolo de la vida con todo cuanto tú magníficamente pones de relieve, surge ante la vivencia de una experiencia y como expresión de una necesidad. En este caso, las palabras de los escritos, de los poemas, como expresión de una lluvia que dé sus frutos. Ver cómo se escriben poemas en foros y libros que caen sobre otros libros y poemas y no en el corazón de los hombres, es lo que disparó el nacimiento del poema. Podría haber elegido otro ámbito para esta lluvia, como podría ser el desierto, y ocupar espacios emocionalmente válidos a través de la erosión, la desolación, la vida bajo la arena o las piedras calentadas por el sol. Hubiera sido el mismo poema, pero también distinto en algunos de sus últimos significados.

      Siempre agradezco tus aportaciones porque, además de descubrir aspectos nuevos, me haces reflexionar y, no en pocas ocasiones, descubrir las claves de la escritura. Vuelvo a recordar las palabras de Antonio Gamoneda al respecto: el poema siempre sabe más que quien lo ha escrito. Esta es la cuestión.

      Muchas gracias y un abrazo postvacacional.
      Salud.

  10. septiembre 18, 2012 en 13:35

    Imaginarnos que esa lluvia que siempre regresa haya rozado un beso o aliviado la muerte del soldado o limpiado la herida del ciervo. Que roce la comisura de unos labios e inunde una boca también de memoria nuestra. Un placer leerte, Julio

    • septiembre 18, 2012 en 19:11

      Un comentario de alguien que ama la poesía y que la escribe, y la escribe bien, como puede comprobarse en El Cuaderno de Poemas de Rubén Lapuente en el que estás trabajando desde La Rioja. Compañeros como Mario Martínez, del que se ofrece en este cuaderno Lucernarios una referencia a su creación poética, o de Adrián Pérez, forman parte de ese elenco de creadores riojanos con los que compartes espacio. Tal vez ya sepas de ellos o ellos de ti. De cualquier modo, quiero darte las gracias por haberte acercado a este rincón y haberte tomado la molestia de escribir un comentario en esta entrada.
      Salud.

      • septiembre 18, 2012 en 20:38

        Eres demasiado amable Julio.Te enlazaré en mi blog y ya tengo una ventana abierta a tu poesía.
        Un abrazo

      • septiembre 18, 2012 en 22:43

        Gracias, Rubén. También podré seguirte, al igual que cuantos lectores se acerquen a este espacio, a través del enlace de tu cuaderno en Lucernarios. Tu poesía es de una calidad exquisita. Con un abrazo.
        Salud.


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