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La tristeza

                                               Caspar David Friedrich(1774/1840) Monje a la orilla del mar

.

Yo digo melancolía
y la tristeza puebla tus ojos de locura; entonces
no hay barcos en los muelles
ni en puerto seguro atracan los pensamientos;
te duelen las cuadernas que se agarran a una quilla
varada en el desierto, una nube se despeña
por el cielo de la esperanza y una idea desorientada
agoniza en busca de una cabeza sin dueño.

Cada palabra descerraja un tiro de realidad,
pero es demasiado insoportable para acogerla en el corazón;
así que nos guardamos de sus aristas con pesimismo
y pesadillas. Nada hay muy seguro en el silencio,
pero la palabra apunta a la certeza de la pena
cuando la noche es humo de sueño
y al alba la niebla desdibuja las ilusiones
en sombras sin contornos.

No estoy seguro de escribir palabras con palabras o de palabras;
ellas huyen de los poemas como palomas asustadas en vuelo
desplomado
y yo, detrás de ellas, nombro la tristeza
o la soledad
que la acompaña.

Julio G. Alonso

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16 Responses to “La tristeza”


  1. octubre 14, 2012 en 01:10

    Querido amigo:
    Deseo iniciar este comentario disculpando mi ausencia involuntaria. Exceso de trabajo y compromisos que me absorben el seso, me tuvieron (me tienen) sumamente azorado, y honestamente, prefiero no escribirte nada que hacer comentarios insulsos o poco serios. De cualquier manera, intentaré estar a la altura de lo que mereces como poeta y amigo.

    Es sorprendente como, tras esta ausencia un tanto prolongada, te leo nuevamente y cabalgo en tu poesía como quien monta un caballo indomable. La fuerza de tus versos es admirable, ingeniosa y pulcra.
    Me siento tan identificado con ella, que temo no querer encontrarle defecto alguno, y tú bien lo sabes, la poesía es esa faceta misteriosa de la expresión humana que siempre estará un paso adelante de nosotros.
    Recibe un abrazo y admiración ilimitada:
    Arturo

    • octubre 14, 2012 en 20:32

      Amigo Arturo, ya me he dado cuenta a través de la actividad en tu cuaderno Literalia-México de la circunstancia que apuntas en tu comentario. Amigo mío, nos debemos a otras muchas actividades y no siempre las que más nos agradan ocupan el primer lugar, teniendo que atender antes a las que nos requieren con más premura. Por ello, no debes disculparte. Te agradezco, no obstante, el tiempo y la dedicación que te has tomado para hacer un comentario tan estupendo como el que aquí me dejas, comentario que siempre aporta algo nuevo al poema y una gran dosis de ilusión al poeta. Con un abrazo agradecido hasta el inmenso México.
      Salud.

  2. 3 daniela
    octubre 14, 2012 en 20:47

    Hola Julio:

    Me gusta este poema de verso libre que compartes hoy en tu Lucernarios, que como verso y como libre trae a la palestra esa amiga que preferimos evitar, de la que nos alejamos casi corriendo, y a la que no queremos abrir nuestra puerta por si nos hace llorar o algo peor…
    Me resulta precioso el verso:
    te duelen las cuadernas que se agarran a una quilla
    varada en el desierto
    ,
    entre otros, pero éste más que ellos; y…estate seguro de que escribes palabras con palabras y con sentimientos, sino ¿de qué nos movería a comentar? Gracias.

    daniela

    • octubre 15, 2012 en 12:40

      Amiga Daniela:

      En esta carrera de fondo, solitaria las más de las veces, de escribir e intentar hacer poesía, la desazón y la inquietud se apodera de uno, junto con la sensación de perder el tiempo. Es entonces cuando la tristeza que aparece tras la melancolía te arrastra hacia la depresión, ese sentimiento negativo tras el cual desaparecen el optimismo y la alegría de vivir. Las palabras carecen, entonces, de significado; la emoción se disuelve en un mar de incertidumbres; son las noches que no amanecen, los días sin color. Bien, de esto debo suponer que sabes algo o muy mucho, pues tu pasión por la escritura seguirá vericuetos parecidos en ocasiones. Es ahí donde he querido situar el poema, en ese punto existencial que para el que escribe se centra en la escritura, para el que pinta, en sus cuadros, para el autor musical en sus pentagramas y para cada uno en aquello que ocupa su vida con ilusión y que viene a ser motor de esa vida.

      Es mala compañera la tristeza. En el Quijote (II, cap.XI) ya Sancho Panza advertía:
      Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias, desarrollando la idea de la tristeza como síntoma de enfermedad, bien definida como depresión cuando supera unos determinados límites que la convierten en algo que nos hace sufrir. Porque hay tristezas humanas que nos acompañan y de las que aprendemos a comprender y compartir el dolor, que son las otras tristezas para las que Sancho guardaba su observación.

      Encantado con tu afortunado comentario y agradecido, como no podía ser menos.
      Salud.

  3. octubre 15, 2012 en 14:01

    Por el otoño , estación muy dada a esta melancolía de la que hablas, o por el panorama desolador que nos rodea…este poema hoy cala muy hondo en mi corazón… al que, por otro lado, no permitiré que metan la tristeza. Con mi abrazotedecisivo, Julio, te deseo una buena semana.

    • octubre 16, 2012 en 23:29

      Me alegra leer en ti esa decisión de que no sea el otoño cuna de la tristeza, ni la desastrosa situación económica y social a la que nos han arrastrado sea desesperación. La voluntad de no dejarse secuestrar el corazón y los sentimientos es magnífica. Me apunto, desde este poema que nos avisa de estos desastres, a tu actitud de firmeza y decisión de ser feliz. Tu abrazotedecisivo es muy cálido, amiga Sara. Gracias y salud.

  4. octubre 15, 2012 en 14:05

    Cuando el poeta dice que la tristeza la entierra bajo la primavera de un manzano sabemos que es una metáfora, que si no estuviéramos tan ocupados en la vida, que sin la belleza que nos salva de ella, la melancolía, la soledad, harían muy bien su trabajo. Tristeza en tu poema que entiendo ,que atisbo también en mí, pero desde el fondo de la casa siempre hay alguien que me llama y se desvanece.
    Un abrazo

    • octubre 16, 2012 en 23:23

      La belleza nos salvará de la melancolía… ¡excelente observación! y esa voz cálida que nos acompaña y nos llama y aleja la tristeza de nuestros corazones, es otro descubrimiento estupendo. Gracias, amigo Rubén, por poner en tu comentario tanta belleza y esa voz que nos nombra y desvanece nuestra soledad y pesimismo. Con un abrazo.
      Salud.

  5. octubre 15, 2012 en 16:22

    La tristeza nos arrolla en ocasiones; un poema que ahonda más allá y que tú manejas con grandiosas imágenes, como esa palabra que descerraja un tiro de realidad o al alba la niebla desdibuja las ilusiones en sombras sin contornos. Un placer leerte, Julio, abrazos.

  6. 11 Pepa Agüera Sánchez
    octubre 18, 2012 en 01:56

    Si yo supiera contar así mi tristeza, seguro que se disolvía en la belleza de las palabras, dejando sólo un poco de vapor disperso.
    Tienes un don para hacer luminoso lo oscuro y dulce lo amargo.
    Un abrazo.

    • octubre 18, 2012 en 17:14

      No sé si es un don o no, amiga Pepa, pero es lo que -frente al papel- va saliendo desde la experiencia vital del momento y lo que uno ha ido aprendiendo a lo largo de los años. Tampoco me atrevería a comparar estos versos los tuyos tocando el mismo tema, pues siempre te creces y encuentras, incluso dentro de la ironía, la mejor manera de hacer evidentes las emociones más profundas. Con un abrazo.
      Salud.

  7. 13 Liz Barrio
    octubre 25, 2012 en 21:39

    Has reflejado con pulso y arte un sentimiento al que nadie puede abstraerse. Leerte es aprender y disfrutar incluso con la tristeza entre los huesos.
    Un gran abrazo, poeta

  8. octubre 30, 2012 en 05:59

    Poesía vertical 18 Fisuras interiores, grietas por donde se filtra gota a gota el líquido espeso y apremiante de esa invasión profunda que llamamos oración. La oración, que no es algo que se reza sino una inclasificable sustancia que no está hecha de un decir, aunque a veces se abrigue con palabras o fragmentos de palabras, como el sueño se viste de fábulas rotas, con desarticuladas historias que descarrilan al pensamiento y encarrilan, en cambio, el sagrado estupor que tapiza el lado oculto de los seres. La oración y el sueño se parecen: son dos entidades o elementos que gotean en los entresijos de una nada que se asemeja a algo. ¿Qué ocurriría si se abrieran de pronto esos lentos arcaduces, esos estrechos canales por donde se filtra la oración y quizá también el sueño? ¿Se mezclarían ambos acaso? ¿Un torrente arrastraría al hombre desde su propio interior? ¿O tal vez sólo la oración continuaría goteando, implacablemente goteando con el mismo ritmo y la misma medida por la imprevista abertura? Es probable que la oración sea una parte fija, una porción estable de la naturaleza de cada hombre, la aplicación de una discretísima posología, una cuota inmodificable como el sueño. La dosis establecida de una extraño y casi abrumador rescate que llevamos en el centro de nuestra propia sustancia.

    • octubre 30, 2012 en 13:27

      Interesante observación sobre la poesía en clave de oración, de decir interior, de consustancialidad con la naturaleza humana y de su extensión más allá, hasta el sueño. Interesante y sugerente comentario que volveré a leer despacio. Gracias por el envío.
      Salud.


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