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La visita

Máscara del poeta

La visita

Me visitó el poeta con sus cosas cotidianas,
carente de encanto,
buscándose a sí mismo con sonrisas
y muecas y palabras vacías
en un desierto estéril de emociones,
anodino y mediocre con sus citas
de frases hechas y erudición casposa
ante la taza de café
y el péndulo
monótono
de las horas tediosas de la tarde.

Me visitó el poeta, abrió su boca
y habló de sus versos;
cerró su boca
y pensaba en sus versos
y sus versos le perseguían como fantasmas
y nada había más allá de sus versos
y se miraba en ellos como en un espejo
de agua.

Me visitó el poeta
y descubrí al pobre hombre de la calle
de una ciudad cualquiera
abrumado
por su destino de poeta.

Me invitó a su casa el hombre
con sus problemas domésticos diarios
y su música de jazz y el desgarro de los tangos
en los viejos discos de vinilo; miraba con lentitud
el aire de la alcoba; me ofreció
vino y preguntó qué tal me iba,
que a él las cosas mal, pero aguantaba
y sonreía. Detrás
de sus ojos bulle el mundo y la memoria
y el hombre con sus cosas
extraordinarias.

Me visitó el hombre
y descubrí al poeta. Ahora
todo está bien y abro los libros
por las páginas del ruido de las calles
y la alegría bulliciosa
y los sueños adolescentes y las sonrisas
de las muchachas que aman en primavera.

González Alonso

 

Chicas alegres en bicicleta

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41 Responses to “La visita”


  1. agosto 8, 2018 en 14:41

    ¡Este poema me ha encantado! 😉
    Saluditos, Julio.

    Le gusta a 3 personas

  2. agosto 8, 2018 en 15:31

    Otra joya más de tu poesía, Julio. Una delicia leerte. Mi abrazo.

    Le gusta a 3 personas

  3. agosto 9, 2018 en 02:19

    Excelentes versos, Julio. Un saludo.

    Le gusta a 3 personas

  4. 9 magdapalmeira
    agosto 9, 2018 en 11:50

    En una ocasión leí que los poetas creían que la poesía tenía dos finalidades. La primera consistía en dar placer al lector, y la segunda era la instrucción.
    Cada vez que te leo, Julio, pienso que eso es verdad: contigo se aprende a discernir la palabra, y es tan bello todo lo que escribes que el placer también está asegurado.
    Besiños palmeiráns.

    Le gusta a 3 personas

    • agosto 9, 2018 en 22:23

      No sé, Magdalena. Imagino que la tendencia a “la instrucción” me venga de la dilatada dedicación profesional a la Enseñanza, una especie de deformación profesional, podría decirse. El placer -lo conoces como escritora- es antes del autor que del lector, y muchas veces sólo del primero cuando su trabajo no sale de sus cuadernos o de su ordenador. Pero comparto la idea de que la escritura sirva para el placer personal del lector y a mí ese placer me inclina a ser mejor persona, a conocerme mejor y conociéndome mejor querer mucho más a los demás, admitir su manera de ser incluso cuando piensen muy distinto, respetar sus criterios manteniendo sin acritud los mios y disfrutar de su compañía. Como lector encuentro muchos beneficios y estoy agradecido a las personas que saben escribir y lo hacen con sabiduría y generosidad. Hasta las malas lecturas de escritores malos, pero bien pagados de sí mismos, me sirven. Son las señales que me indican por dónde no me conviene transitar.

      En el poema, a modo de introspección, es la misma persona la que enfrenta las dos realidades. Digamos que me he hecho una visita a mí mismo. No he ido por las calles buscando a nadie que sea muy diferente a mí; me bastaba abrirme la puerta de casa o del alma y charlar un poco. Bueno, eso es lo que he intentado, aunque es posible que muchas personas lo lean en otras claves; si les sirve, a mí también me sirve.

      Con abrazos costeros de agosto. Salud.

      Le gusta a 2 personas

  5. agosto 9, 2018 en 13:46

    Tuve la suerte de visitar al poeta y conocer al hombre… y viceversa.
    Tengo la suerte de que la poesía me haya puesto en los brazos de tus versos… “Ahora todo está bien”.
    Muchísimas gracias Julio.
    Felices días de agosto. Un fuerte abrazo y…¡salud!

    Le gusta a 4 personas

  6. agosto 9, 2018 en 19:35

    A veces, sólo conoces al que vive en las nubes, en las musas, en los versos sin trascendencia quizá, pero te invita un día a su pequeño rincón y aparece el otro, el que tiene un equipaje de vida sin ripios, un hombre, un amigo que supera con creces su pobre caligrafía que no todos van a escribir como Neruda.

    Le gusta a 3 personas

    • agosto 9, 2018 en 22:02

      Pienso que las personas extraordinarias son quienes nos entregan sus afectos y están cercanas; alejarse de las personas, crearse un limbo, un mundo inaccesible y -en ocasiones- pretendidamente ejemplarizante, es un gran error. Tú escribes con admirable maestría y sensibilidad de las cosas cotidianas y las personas de carne y hueso y sus realidades y tu poesía se nutre de vida; nos entregas con generosidad las vivencias que empapan nuestra existencia y tu poesía nos descubre al hombre, la mujer, la persona que somos. Ese poeta y esa poesía son las que me sirven. Tal vez de eso se olvidó Pablo Neruda en muchas ocasiones.
      Gracias, siempre. Un abrazo y salud.

      Le gusta a 2 personas

  7. agosto 9, 2018 en 20:00

    ¡Qué dulzura me inspira leerte, Julio! Y cuánto he disfrutado este poema
    “Me visitó el poeta
    y descubrí al pobre hombre de la calle
    de una ciudad cualquiera
    abrumado
    por su destino de poeta”
    Precioso todo lo que dice
    Un abrazo

    Le gusta a 3 personas

    • agosto 9, 2018 en 21:54

      Amiga Úrsula, me consta por cuanto te leo que te gustan las historias, y tú las cuentas, las impregnas de lirismo y nos las entregas con una invitación a la reflexión; tal vez por eso mismo te haya interesado esta historia en la que antepongo la persona con sus preocupaciones, sueños y quehaceres cotidianos, al poeta. Pueden coexistir, pero el poeta nace del hombre y la mujer de la calle y no al revés. Cuando el poeta se sitúa por encima olvida su origen y acaba malamente y diciendo tonterías o naderías, que igual da. O eso creo, amiga mía. Un abrazo agradecido.
      Salud.

      Le gusta a 3 personas

  8. agosto 10, 2018 en 00:49

    ¡Qué puedo decir yo sobre el poeta, después de tantos y tan merecidos elogios…!
    Comencé a escribir antes de leer los comentarios y, al leerlos, caí en la cuenta de que el mío no era más que una pobre copia. Por tanto, sólo quiero reafirmar que la poesía está en lo cotidiano, aunque tengas la casa a tope y esperes turno para entrar en el ordenador.
    En tu respuesta a Magdalena me has dado la clave de lo que intuía.
    Un abrazo con saludables deseos.

    Le gusta a 3 personas

    • agosto 10, 2018 en 11:03

      Tienes razón, Carmen, no vale la pena repetirse y mucho menos en los elogiosos comentarios que son tan inmerecidos como llenos de buena intención y amistad. La respuesta en cuanto a las motivaciones del poema tampoco vale la pena insistir en ellas. Y sí, comparto tu opinión sobre el lugar de la poesía y que lo que la hace extraordinaria es la persona que vive y mira y ve con mirada atenta y corazón atento las cosas cotidianas, los problemas cotidianos, los miedos, las ilusiones y el amor de cada día. Y ya está.
      Un abrazo grande hasta esa Palmeira mágica acostada en la ría de Arosa que nos llama a través de tu voz.
      Salud.

      Le gusta a 2 personas

  9. agosto 10, 2018 en 23:42

    poeta o no poeta
    la verdad da lo mismo
    al final del día no es el oficio ni el título lo que queda

    abrazos desde mi palabrero rincón

    Le gusta a 3 personas

  10. 28 joaqungaln
    agosto 12, 2018 en 12:33

    No,no es ningún privilegio vivir y amar la poesía, a pesar de lo que dicen por ahí. Es un estigma difícil de esquivar que te aporta tanta felicidad como amargura. Pero es algo inevitable, los que escribimos poesía lo sabemos. Por eso me he identificado hoy con tu yo-hombre-poeta.
    Me encantó el poema, Julio, y la forma de exponerlo,sencilla pero intensa a la vez.

    Salud y abrazo

    Le gusta a 3 personas

    • agosto 12, 2018 en 12:58

      Un abrazo, Joaquín. El hecho de que este poema te haya gustado es ya, por sí, un motivo de orgullo para mí. A menudo digo que no soy poeta -y no lo soy- cuando me llaman así. Esa es la razón por la que me he detenido a reflexionar en distintas ocasiones lo que significaba ser poeta y qué tenía o que ver yo con esa cuestión. Nunca me he visto más allá de la persona atareada en vivir y trabajar, que ocasionalmente escribe algunos versos o alguna pequeña crónica o relato en prosa. Lejos de las grandes publicaciones (solamente dos títulos en solitario y varias antologías compartidas), lejos de los círculos donde se mueven las amistades interesadas para conseguir reconocimiento, lejos de las editoriales, apartado del ruido de los poetas que se prodigan, publican y venden. Mi compromiso con Noches Poéticas de Bilbao está más puesto al servicio de quienes quieren leer sus obras o presentarlas que en hacer conocer las mías; con menos interés en hacer presentaciones de promoción que en conocer y tratar a otros autores fuera del ámbito de la poesía. Bueno, en fin, que no sé por qué me visitó el poeta (el que me hace escribir); pero sé que me quedo del lado del hombre (el que cuenta los días y aspira a vivir las horas cotidianas).
      Salud.

      Le gusta a 2 personas

  11. agosto 14, 2018 en 21:48

    Gracias por presentarnos al poeta y por abrir la página en una ciudad cualquiera. He de decir que ya ando entre el gentío de esa misma ciudad.

    Saludos.

    Le gusta a 3 personas

  12. agosto 16, 2018 en 18:11

    Qué bueno, Julio. Se puede aprender tanto de los otros, de los que nos rodean y sufren y rien y llorar como nosotros lo hacemos. Para mí, el poeta es ese, ese que como tú se fija en los detalles y aprende. Y escribe.

    Le gusta a 2 personas

    • agosto 16, 2018 en 18:38

      Amigo Vicente, nos esforzamos por conocer los límites de la realidad sin que los sueños desfiguren el horizonte. No hay nadie excepcional, sino el ser humano en sí. Los grandes arquitectos, pintores, ingenieros, filósofos, científicos de toda clase, escritores, músicos… son como los grandes atletas que están obligados a superar las marcas porque la naturaleza les premió con ese regalo o don, pero no son más importante que cualquier otra persona. Se les debe exigir que aporten a la humanidad riqueza, bienestar y la posibilidad de avanzar hacia un mundo mejor. Yo admiro profundamente a toda persona que es capaz de hacer algo bien, con oficio y con cariño, o eso que llaman vocación. El carpintero que planta una puerta en casa, el fontanero que hace que el agua fluya, el electricista que conduce la corriente eléctrica con pericia por todos los cables, el peluquero, el taxista, el mecánico, el albañil… en fin, todo un sinnúmero de hombres y mujeres que con su trabajo competente hacen posible el mundo que disfruto. Cuando los veo laborar, me asombro y admiro, los admiro. Y de esta materia estamos hechos. Nadie es más que otro por hacer lo que sabe hacer y a lo que, en consecuencia, está obligado a hacer porque los demás lo necesitamos. El poeta no puede ser una excepción.

      Le gusta a 1 persona

  13. agosto 17, 2018 en 00:32

    El poeta es ante todo persona. Y su poesía – mejor o peor- siempre lleva impresa su auténtica personalidad.
    Su manera de sentir y de vivir la vida.

    Mi aplauso y mi abrazo, Julio

    Le gusta a 2 personas

  14. agosto 26, 2018 en 10:18

    Bueno, en el buen sentido de la palabra bueno

    Me gusta

  15. noviembre 1, 2018 en 18:45

    Hoy tuvo sus momentos interesantes, uno fue descubrir este lugar.
    Me recuerda (el poema) a que a veces me pregunto por la figura del poeta y la poesía en general… y no sé qué me pregunto…, así como todo aparece alto, complejo, otras tan sencillo y terrenal.
    En este poema tuyo se me condensa todo ello en un ambiente cercano y casi palpable que de alguna forma hace que al menos por un ratito deje de hacerme preguntas.

    Saludos y Gracias también por tus visitas a mi blog.

    Me gusta

    • noviembre 1, 2018 en 19:04

      ¡Así es la poesía! Como la música, compleja y directa al sentimiento, la emoción, las sensaciones. No todos los poemas encriptan el mensaje, lo deforman o pintan como en las escenas del sueño; también hay poemas -y poesía- muy descriptivos, cotidianos, que arman la emoción sobre los sucesos comunes para desprenderse de ellos y convertirlos en otra cosa…
      Bueno, la verdad es que me alegra tu llegada y las impresiones que me dejas de tu lectura, Jant. Un placer.
      Salud.

      Me gusta


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