Carta de septiembre

Carta de septiembre

Septiembre viene al agua
de la fuente en el jardín
y vuela el aire en ramas
de palmeras. Oigo sus palabras,
presiento el otoño
columpiándose
en las flores rosadas
de las buganvillas
todavía aferradas a la altura y la luz. Un pájaro
picotea
los restos del verano. Sólo silencio
y rumor de aire y agua
salpicando la mañana. Sólo
el mar
alzándose al levante y la casa
con las puertas abiertas.

Tal vez la noche acabe llenando con estrellas
esta carta al final de las horas del día,
cuando duermen las moscas
y los recuerdos vuelven a los rincones
habitados de olvido.

González Alonso

30 comentarios en “Carta de septiembre

  1. Hola Julio :

    De nuevo por aquí disfrutando de cada pedacito de tus poemas .

    Siempre un gusto leerte .

    Felicitarte por la calidad de tus escritos y gracias por compartir tu talento .

    Las cartas a cada mes un autentico acierto , una delicia .

    Un abrazo .

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    • Si se hiciera una encuesta sobre las preferencias por las estaciones yo diría, a bote pronto, que el verano ganaría por goleada; pero a lo mejor nos llevábamos una sorpresa y el otoño o el invierno se imponían a la consagrada primavera o el adorado verano. El mes de septiembre tiene ese halo de transición que puede trasladarse metafóricamente a la edad, aunque algunos ya estemos transitando al invierno, que es otra cosa. En fin, que me alegra tu apuesta y gusto por el otoño. Gracias, Soco. Abrazo y salud.

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  2. 1. “Sólo silencio y rumor de aire y agua salpicando la mañana. Sólo el mar…”.
    ¡Qué maravillosa forma de expresar la realidad! La Vida…
    Las puertas de mi casa permanecen abiertas hacia levante. Ver la salida del Sol cada mañana con distintos matices, rielando en el mar, es una delicia. Lo curioso es que hace un momento la luz de un rayo rasgó el firmamento iluminando fugazmente la ría y, sin embargo, las estrellas seguían brillando. Contemplaba el espectáculo cuando caí en la cuenta de que tenía una cita contigo.
    He vuelto a la terraza: continúan los fogonazos detrás de unas pequeñas nubes como de algodón deshilachado. Las estrellas siguen brillando. Curioso espectáculo. Ahora parece que comienza a sentirse el ruido del trueno.
    Como de costumbre, me acostaré tarde.
    Con un saludable abrazo marinero, agradezco tus delicados poemas.

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    • El poema fue escrito en el escenario del jardín de una casa (la buganvilla y la palmera son de esa casa) y en una tarde de las últimas de septiembre. Hay una fuente, hay palmeras, el mar se oye al lado… y un pájaro revoloteaba picoteando en el suelo. El pájaro, que es real, se convierte en metáfora del final de la vida, la cercanía del otoño, en el picoteo de las vivencias felices mientras que no es consciente de que el tiempo se acaba. A partir de aquí, amiga Úrsula, tal vez encuentres más acomodo para la percepción del silencio, las puertas abiertas de la casa invitando a salir, la noche y la oscuridad del sueño, la despedida.

      No sé si he quitado o puesto magia a la simplicidad de un poema de calendario con estas explicaciones, pero quería que supieras -que se supiera- cuál fue su génesis y resultado final. Un abrazo agradecido por la calidez de tus palabras.

      Salud.

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  3. Decía el poeta:
    «No debe estancarse uno en glorias pretéritas». Tu vocabulario vuela con el viento por las ramas de las palmeras y se enreda en la buganvilla para dar ese hermoso color a tu poema. Continúa escribiendo y decorando con tu verbo, los meses del año, y tus glorias siempre estarán vigentes.
    Besiños palmeiráns.

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    • Estos poemitas en forma de cartas dirigidas a alguien en algún lugar o a uno mismo en el mismo lugar o al viento, al tiempo… tendrían como destino el ser poemas de calendario. Antes escribí las series «Las aguas de los meses», «Las puertas de los meses» y «Las horas de los meses» que, con la ayuda de mi mujer escogiendo las imágenes, se convirtieron en calendarios para regalar en Navidad a familiares y amigos, almanaques de pared que recogían también las onomásticas.

      Gracias, Magdalena. Un abrazo hasta las costas gallegas de Arosa. Salud.

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