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Copenhague.- Michael Frayn

Copenhague
Michael Frayn
Producciones Teatrales Contemporáneas, S.L.

Reparto:
Margrete.- Malena Gutiérrez
Bohr- Emilio Gutiérrez Caba
Heisenberg.- Carlos Hipólito
Dirección y adaptación.- Claudio Tolcachir

Teatro Barakaldo (Vizcaya)
11 de enero de 2020

Un texto como éste de Michael Frayn no está al alcance interpretativo de cualquiera; la solidez del mensaje, el peso y la dificultad del lenguaje científico, la relevancia de la palabra por encima de la acción, la función primordial del diálogo sobre temas arduos que entretejen la ciencia, la situación de guerra en que se produce y la amistad, todo ello hace –como digo- que esta representación esté reservada a los grandes de la escena, y para salir airosos y salvar el desafío, la actriz Malena Gutiérrez y los actores Emilio Gutiérrez Caba y Carlos Hipólito, pusieron toda la carne de su arte en el asador de las tablas del teatro Barakaldo, su saber hacer y saber actuar, revelando al público asistente el mensaje del texto teatral Copenhague.

La Historia no deja de ser un conjunto de relatos de lo acontecido, ninguno de ellos completo y todos parcialmente subjetivos, de ahí la dificultad de entender cabalmente lo que ocurrió y sus porqués. Ni siquiera sus protagonistas se pondrán de acuerdo en cuanto a lo sucedido en el mismo hecho vivido aunque esté recogido testimonialmente. Y ésta es una obra histórica de la que faltan datos y otros bailan de manera torpe y dubitativa en la memoria, la voluntad y los deseos frustrados de cada uno de sus protagonistas.

La cosa no tendría mayor relevancia si no se tratara de dos de las personas más influyentes que estuvieron detrás  de la ciencia más avanzada del siglo XX y de su guerra más devastadora, aquélla que empezó en 1936 en España en forma de guerra civil y que se prolongó por toda Europa y el mundo a partir de 1940 con el desafío alemán y el dirigente nazi Adolf Hitler.

El físico danés Niels Bohr y el alemán Werner Heisenberg mantienen precariamente su amistad en mitad de una guerra y desde diferentes trincheras. Tuvieron un encuentro crucial en Copenhague en 1941 que terminó mal y provocó el distanciamiento de ambos. En la visita de Heisenberg a Bohr en la ciudad danesa de Copenhague, el primero le planteará al segundo la duda de si era ético poner los avances de la ciencia al servicio de la guerra. Bohr entendió rápidamente que le hablaba de la posibilidad de aprovechar la energía nuclear para fines prácticos y fabricar la bomba atómica.

¿Qué ocurrió en ese encuentro? ¿Qué temores, dudas y sospechas alarmaron a los científicos? No es posible saberlo porque ni sus protagonistas lo supieron. Lo que sí supieron y supo el mundo entero es que los Estados Unidos, ya acabada la guerra en Europa, utilizó la energía nuclear contra la población civil de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki arrasándolas con sendas bombas atómicas. Todas las cuestiones morales planteadas en ese reencuentro de Bohr y Heisenger, después de muertos y en el espacio indefinido de un cementerio, ya no tienen sentido porque no podrán evitar lo ocurrido. Buscar la inocencia o la culpabilidad o al menos parte de la responsabilidad con la presencia de Magrethe, esposa de Bohr, como juez y parte, es ya una tarea inútil pues nadie puede ser inocente ni nadie puede dejar de ser víctima de la historia. Si los países europeos sufrieron la ocupación y el peso de la violencia alemana, los alemanes –todos los alemanes, incluidos los que se opusieron al régimen nazi – fueron arrastrados por los aliados a la destrucción, el hambre y la desesperación. Porque en las guerras no hay buenos y malos, ni pierden unos y ganan los otros, sean desatadas por quien sea.

No pretende esta pieza teatral resolver algo tan serio como el juicio definitivo histórico de la II Guerra Mundial; es más, mucho más, una reflexión, o la invitación a una reflexión a través de las dudas, los temores y las incertidumbres personales de dos científicos que tomaron parte en el conflicto o que fueron envueltos por él. En ese reencuentro imaginado después de muertos aflorarán la amistad, la necesidad de saber, los misterios por resolver, la atracción por el milagro del descubrimiento, las dudas, la ética y el compromiso, la libertad y sus limitaciones y, finalmente, los hechos irrefutables de la destrucción y el asesinato masivo e indiscriminado de personas, en los campos de exterminio alemanes o en las ciudades bombardeadas con bombas convencionales o atómicas.

El trabajo escénico, excelente, nos revela humanidad, que es la duda y el conflicto, nos transmite intriga, suspense y un sustrato emocional muy potente. Texto, hemos dicho, de palabra, teatro de reflexión, alejado de lo meramente anecdótico o banal. Y una oportunidad, una más que nos ofrece el teatro, de pensarnos a nosotros mismos como actores de un mundo que sigue caminando por la arriesgada cuerda floja de los enfrentamientos étnicos, nacionalistas de todo pelo y condición, racistas y, lo que es peor, armados con bombas y misiles nucleares capaces de alcanzar cualquier lugar del planeta y destruir varias veces la vida sobre la Tierra. Y peor aún, esas bombas están activadas en nuestras cabezas, en las de los científicos, las de los dirigentes políticos, las de los accionistas de las industrias y las empresas y en las de los ciudadanos que leemos esto o no leemos nada. Lo terriblemente cierto es que no habrá una segunda oportunidad. Y no resulta ser un consuelo imaginarnos –al modo de la obra de teatro comentada- una conversación post mortem que, además, acabaría en desacuerdo.

Si las reflexiones suscitadas por el drama Copenhague son pesimistas, no es culpa de la obra; pero sí es gracias a ella que podemos entender lo que hacemos como una amalgama de intenciones, algunas buenas, de la capacidad de afecto, la amistad y las lealtades de las que no podemos deshacernos y que, manipuladas por otros intereses, pueden empujarnos a acciones que repugnen a nuestra moral, a vivir contradicciones y paradojas irresolubles, a enfrentar un destino no deseado y al abismo ético abierto a nuestros pies fruto de nuestras acciones. Y, en fin, para qué insistir, correr el riego de cometer los mismos trágicos errores del pasado.

González Alonso

 

 


8 Responses to “Copenhague.- Michael Frayn”


  1. enero 17, 2020 de 01:51

    Querido Julio:
    No conozco la obra de la que haces tan extensa y magnífica reseña, pero sí a los actores y estoy convencida de que con ellos el éxito es seguro. (A Carlos Hipólito hace tiempo que no lo veo actuar en teatro a pesar de lo mucho que me gusta. Por cierto que cuando era niño veraneó en Palmeira).
    Si cada uno se pensase a sí mismo -como apuntas- en un acto de verdadera introspección, todo estaría en su sitio. Por desgracia, la historia se repite y cada vez con métodos más sofisticados. ¿Crees que aún queda tiempo para la reflexión?
    Un abrazo y salud entre tanto desatino.

    Le gusta a 1 persona

    • enero 17, 2020 de 13:21

      Empezando por tu pregunta final, honestamente te diré que no lo sé y que no tendré tiempo para verlo. Me gustaría pensar que queda algún resquicio de cordura en algún lugar, aunque los hechos cotidianos parezcan desmentirlo. Gracias por tupaso y lectura, Carmen, y mi abrazo de enero.
      Salud.

      Me gusta

  2. enero 16, 2020 de 20:38

    Desconozco la obra de la que hablas, pero muy ilustrativo y didáctico tu artículo. Invita a la reflexión. Un saludo

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  3. 5 magdapalmeira
    enero 14, 2020 de 18:04

    Feliz año, Julio.
    He estado unos días sin ordenador y ya echaba en falta tu buena letra. Nada más puedo añadir a lo que te dice Santiago.
    Mucha salud para todos desde Palmeira.

    Le gusta a 1 persona

  4. 7 santiagoff
    enero 13, 2020 de 20:48

    Gracias Julio por esta magnífica crónica de un momento estelar de la Ciencia. No he visto la obra de teatro, pero me imagino su contenido.

    Dos grandes genios de la Física discuten sobre la posibilidad de ayudar o no a su pueblo generando armas atómicas con el fin de ganar la guerra. Un dilema moral.
    Este encuentro generó una gran polémica y fue el germen de una manifiesto científico a favor de la paz.
    El llamado manifiesto Russell – Einstein(1955). Extraigo algunos de sus párrafos:

    ¨…Ante la trágica situación que enfrenta la humanidad, creemos que los científicos deben reunirse en una conferencia, para valorar los peligros crecientes que se desprenden del desarrollo de las armas de destrucción masiva, y para discutir

    “Ante nosotros está, si lo escogemos, un continuo progreso en términos de felicidad, conocimiento y sabiduría. ¿Escogeremos la muerte como alternativa, sólo porque somos incapaces de suprimir nuestras querellas? Hacemos, como seres humanos, un llamamiento a los seres humanos: Recuerda que eres humano y olvida el resto. Si los hombres obramos así, se abrirá ante nosotros el camino hacia un nuevo paraíso, en caso
    contrario, quedará con nosotros el peligro de la muerte universal.”

    El gran Mario Benedetti, reflexionaba de manera más poética:
    Mi amigo
    que es un poeta
    convocó a los poetas.

    Hay que escribir un poema
    sobre la bomba atómica
    es un horror,
    nos dijo,
    un horror horroroso,
    es el fin es la nada,
    es la muerte.

    Nos dijo,
    no es que te mueras sólo
    en tu cama,
    rodeado
    del llanto y la familia,
    del techo y las paredes.

    No es que llegue una bala
    perdida o encontrada
    a cortarte el aliento,
    a meterse en tu sueño.

    No es que el cáncer te marque
    te perfore,
    te borre.

    No es tu muerte,
    la tuya,
    la nada que ganaste,
    es el aire viciado,
    es la ruina de todo
    lo que existe,
    de todo.

    Nadie llorará a nadie,
    nadie tendrá sus lágrimas.

    Y eso es lo más horrible,
    la muerte sin testigos,
    sin últimas palabras
    y sin sobrevivientes.
    La muerte toda muerte,
    toda muerte.

    ¿Me entienden?

    Hay que escribir un poema
    sobre la bomba atómica.

    Quedamos en silencio
    con las bocas abiertas,
    tragamos el terror
    como saliva helada,
    luego nos fuimos todos
    a cumplir la consigna.

    Juro que lo he intentado
    que lo estoy intentando,
    pero pienso en la bomba
    y el lápiz se me cae
    de la mano.

    No puedo.

    A mi amigo el poeta,
    le diré que no puedo

    Un abrazo Julio
    Santi

    Le gusta a 1 persona

    • enero 14, 2020 de 12:10

      Amigo Santiago:
      Desde tu condición de matemático creo que entiendes mejor que yo los conflictos históricos de los científicos, como el caso de los físicos Bohr y Heisenberg en ese momento crucial de la guerra europea y mundial. Casualmente ayer veía la película sobre otro gran físico muerto recientemente, Stephen Hawking, y sus aportaciones sobre la naturaleza y el comportamiento de los agujeros negros. La cuestión está en que, como también fue el caso de Einstein, las mentes privilegiadas que tanto aportan al conocimiento y el progreso de la humanidad no están al margen de los avatares políticos y forman parte del devenir de la historia con sus encrucijadas éticas y trágicas. Salvando las distancias, es la misma realidad que vive el soldado que empuña su arma, la del ciudadano que vota una determinada opción ideológica, el escritor que arma sus artículos o novelas, o el científico desde su laboratorio y espacio de investigación. Nadie está a salvo ni por encima del bien y del mal. Por eso es necesaria la poesía de Bemedetti que tan oportunamente y al hilo de la cuestión nos regalas.Un comentario esclarecedor e inteligente que nos ayuda a comprender un poco mejor lo endiabladamente intrincado de nuestra realidad. Muchas gracias por tus reflexiones, con mi abrazo. Salud.

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