Posts Tagged ‘Teatro

22
Abr
18

Blackbird, de David Harrower

Irene Escolar en BlackbirdBlackbird, de David Harrower

Dirección: Carlota Ferrer
Traducción: José Manuel Mora
Intérpretes: Irene Escolar y José Luis Torrijo

Teatro Barakaldo, 21 de abril de 2018

Los hechos: un hombre de 40 años sucumbe ante la seducción de una niña de 12 años; una niña de 12 años se enamora de un hombre de 40 años y en el torbellino del amor se materializa el encuentro sexual. Después, la denuncia, el juicio y la prisión para el hombre. Después, la confusión, el dolor, los sentimientos de culpa, la presión social y el sentimiento de abandono de la niña.

No existió violación, pero sí abuso de menores. A estas alturas, algo hay meridianamente claro, el amor del adulto y el amor de la niña son verdadero amor, pero en distinto plano. No hay igualdad. Y en ese contexto es el adulto que debe controlar la situación desde su madurez y hacer el esfuerzo de comprender el amor de la niña desde su inmadurez y falta de experiencia. El adulto es responsable de unos actos y unas prácticas para las que no está preparada psicológicamente la niña, en un momento crítico de su desarrollo y que pueden comprometer seriamente la formación de su personalidad. Y consecuentemente, la sociedad, de la que emanan las leyes y forma de hacer justicia, castiga esa conducta.

El caso es que, ahondando en las causas y atendiendo a los resultados, surgen dudas y preguntas que, en el contexto del amor, no tienen respuestas o nos ofrecen explicaciones insatisfactorias. Si ese hombre y esa niña hubieran continuado sus relaciones libremente consentidas y aceptadas, ¿qué habría pasado? ¿La personalidad de la niña hubiera resultado tan dañada como resultó serlo tras haberse hecho justicia? ¿Habría madurado y abandonado al hombre al encontrar más adelante otras relaciones entre iguales? ¿Habría soportado el hombre el posible abandono de la niña ya hecha mujer? ¿Habría sabido amarla, protegiéndola y respetando su evolución?

De situaciones similares disponemos de ejemplos en diferentes épocas, incluida la actual, y diferentes culturas. Niñas entregadas en matrimonio a hombres mayores, por no mencionar los casos aún más denigrantes de su venta y prostitución. Y nos estamos refiriendo a situaciones bien diferentes en lo esencial al tema planteado, en las que el abuso se produce en contextos inhumanos de coacción y violencia.

Irene Escolar y José Luis Torrijo.- BlackbirdNuestra sociedad ha percibido un peligro en estas conductas. Y se han dictado leyes. Se trata de proteger al más débil, en este caso la niña, y castigar la conducta impropia del adulto, calificada como delictiva.

El asunto es que, aunque socialmente parece darse ejemplo y un aviso claro para navegantes, nos topamos con que, en realidad, no se resuelve el problema, no se recompone el estado emocional, ni restablece la dignidad, ni promueve una vida más sana y equilibrada para los protagonistas. La niña se hace adulta con un amor enfermizo, angustioso, dependiente y obsesivo; el hombre arrastrará su confusión y miedo, su sentimiento de culpa, su amor reprimido, tratando de rehacer su vida, organizar una familia, conseguir estabilidad económica y granjearse la aceptación social.

Pero los sentimientos profundos, irracionales, laten en las almas de ambos y sus vidas son frágiles, barcos de vela abandonados a las aguas de un océano inabarcable, conviviendo con problemas no resueltos que exigen soluciones en el encuentro de muchos años más tarde, sedientos de explicaciones, asustados, tremendamente heridos y maltratados. Huir parece una solución tentadora, ¿pero cómo hacerlo arrastrando ese lastre profundo en sus bodegas? Quisieran desposeerse de tanta carga, pero adivinan que les acompañará ya toda la vida.

La obra, llena de matices y bellas metáforas, no nos regala respuestas ni hace juicios de valor. Cada espectador, pienso, buscará las suyas. El caso es que ese pájaro negro del pasado seguirá sobrevolando la vida de estas personas posiblemente para siempre.

¿Qué decir –más allá- de la dirección de Carlota Ferrer? ¿Qué comentar de las interpretaciones de Irene Escolar y José Luis Torrijo? Pues, sinceramente, que han conseguido hacer algo realmente José Luis Torreijo e Irene Escolar.- Blackbirdde excepción, muy difícil, muy artístico, sin concesiones ni guiños gratuitos en un planteamiento exigente, muy bien arropado con el diseño escenográfico, de iluminación y del espacio sonoro. Nada que objetar y sí agradecer el recurso a la imagen cinematográfica tanto en el inicio de la sesión como al final de la misma aportando un matiz actual y trayéndonos la situación hasta la butaca del teatro, envolviéndonos en las imágenes amplificadas.

Nada, como digo, que objetar y sí mucho que agradecer y aplaudir en una tarde de teatro con menor afluencia de la deseada y merecida -¡ay, el fútbol y la tentación callejera del buen tiempo!-, pero con todo el reconocimiento de todo el público a un trabajo que nos devuelve la dignidad como espectadores tratándonos como adultos libres, sin monsergas, juicios morales o moralejas. Más aplausos.

González Alonso

 

Irene Escolar y José Luis Torrijo.- Blackbird

Nota:

“Blackbird” es una canción de los Beatles compuesta por Paul McCartney y grabada en el album doble blanco en 1968. Paul confiesa que al componerla no había pensado en un pájaro, sino en una mujer negra y como homenaje a cualquier mujer negra en el contexto de las luchas raciales de esos años en Estados Unidos de América. Ha pasado a convertirse en un símbolo representando la muerte con el color negro y la vida mediante el pájaro, la lucha entre la vida y la muerte. Cualquier pájaro negro, mirlo o cuervo, se entiende de este modo como los sucesos traumáticos y penosos de nuestra existencia y la lucha por superarlos.

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11
Mar
18

El sermón del bufón, de Albert Boadella

El sermón del bufón
Albert Boadella

Teatro Barakaldo, 10 de marzo de 2018

La primera recomendación, que debería ir al final a modo de conclusión, es –si se puede- acudir a ver esta representación de Albert Boadella haciendo de Albert y de Boadella sobre las tablas. Por pura higiene mental. Porque resulta ser un refrescón terapéutico de primer orden para la limpieza emocional y la toxicidad de las ideas sociales progres o reaccionarias, abanderadas de consignas y pancartas de todo signo, sibilinas o esperpénticas, pero todas disparando en la misma dirección de la imposición del pensamiento único.

A todos hace bien esta medicina. Sales del teatro más ligero, liviano, con la sensación de haber descargado el alma de la pesada carga de las verdades absolutas de los iluminados que, cogiendo el rábano por las hojas, te obligan –puesto contra la pared de frente o espaldas- a sufrir el dedo acusador de la disidencia o a convertirte en palmero de sus estupideces. Muy recomendable, por descontado, para los nacionalistas de todo cuño, aunque estos salgan con un retortijón de tripas que les conduzca a ser sepultados en su propia mierda –con perdón-. Un ejercicio higiénico imprescindible.

¿Obra de teatro o conferencia? No sé. Unos verán una conferencia teatralizada, otros un teatro en formato de conferencia y habrá quien lo tilde de monólogo o algo por el estilo. ¡Qué más da! Lo importante, lo medular, es que Albert Boadella, a través de la conversación establecida consigo mismo desdoblado en el niño Albert y el adulto Boadella, pone de relieve mediante el tono burlesco o bufonesco adoptado como reto, desafío y respuesta a quienes lo tildan –especialmente desde Cataluña- de bufón entre otros insultos bastante más gruesos y vulgares. Asume el personaje del bufón capaz de denunciar lo que pasa y hacerlo por encima de las convenciones, usando el humor como pretexto –muy al estilo cervantino- para proclamar abiertamente las verdades incurables usando la broma que desde siempre disculpa al tonto, al loco y al borracho.

Boadella y Albert saben que el teatro es el arte de lo efímero, pues lo que sucede en el momento de la representación sólo permanecerá como una parte, más o menos deformada, en el recuerdo.

Albert y Boadella disparan sus críticas en todas direcciones: la represión franquista, los militares, la Iglesia, sus obispos y sus papas, los izquierdismos progres, los políticos y las políticas españolas, el rey, el arte modernista y los nacionalismos, estos últimos representados en el nacionalismo e independentismo catalán con alguna alusión al vasco, sin ahorrarse epítetos para definirlos, tales como tribu, chusma regionalista, régimen, y hacernos ver que cuanto él denunció y denuncia en sus obras es siempre superado por la realidad. A modo de ejemplo repasa las escenas del presidente Pujol, banquero corrupto y político aún más corrupto, que en compañía de sus hijos, siendo todavía niños, deja al descubierto el contenido de unos maletines negros con los que pretendían llegar a Suiza. Simultáneamente el mismo Pujol le recriminará al actor no ser buen catalán con los temas de sus obras y no pagar una pequeña deuda contraída por la compañía Els Joglars. Lo que se visualizaba en la pieza escénica Ubu President resulta ser un juego inocente comparado con lo descubierto a día de hoy sobre la actuación mafiosa de Jordi Pujol en lo personal y en el ámbito de la política de su partido.

Un episodio capital en la vida y obra de Albert Boadella resultó ser su encarcelamiento y la fuga del Hospital Clínico de Barcelona en febrero de 1978 a raíz de la puesta en escena de “La torna” que, contando la ejecución por garrote vil del apátrida Heinz Ches, explicaba la misma pena de muerte impuesta al joven anarquista Salvador Puig Antich en marzo de 1974.

A la sazón tuve ocasión de vivir estos acontecimientos en Barcelona. Si la detención de Puig Antich y su ejecución me conmovieron, la reacción ante la obra de Albert Boadella, su detención, juicio militar y fuga creo que me decidieron a formar parte del movimiento anarquista de aquellos años. Sin participar, por supuesto, de la violencia y la lucha armada. El ambiente generado en Barcelona tras aquellos acontecimientos era muy propicio para tomar decisiones como las que tomamos muchos jóvenes y entrar en organizaciones obreras como la CNT.

Pero volviendo a Albert y a Boadella, digamos que dejan clara su reivindicación, como actores, de engañar al espectador. A mayor engaño, mayor éxito. Este placer del engaño que disfruta el actor ante unos centenares de personas es incomparable al del político que engaña a todo un país, asegura Albert y corrobora Boadella.

Resultaría harto prolija la enumeración de virtudes puestas en escena y proclamadas desde el púlpito por el actor no muy bueno, estupendo dramaturgo y buen director que es Albert Boadella. Digamos, no obstante, que el final de la representación, o la conferencia o lo que sea, se cierra con la vuelta a la patria de la infancia; Albert Boadella rescatará del pozo de la edad ese cochecito de juguete, lo lúdico y lo lúcido de la vida, para regalarnos una única verdad que todos atesoramos en nuestros corazones, la mirada del niño que no podemos dejar de ser.

González Alonso

08
Mar
18

Amor eterno, de Fernando Labordeta


Fernando Labordeta

Intérpretes: Fernando Labordeta y Dita Ruiz

Teatro Municipal de Carboneras (Almería)
3 de febrero de 2018

El teatro no es grande ni pequeño. Es teatro o no lo es. Cuando los recursos escénicos de luz, sonido y decorados son grandes, el efecto producido es también mayor. Pero no hay recursos capaces de tapar una mala dirección o una desacertada interpretación. Cuando hay menos recursos, el efecto puede parecer menor, pero con una interpretación y dirección acertadas, la magia del teatro aparecerá siempre y contagiará al espectador. Luego, hay que considerar la consistencia del texto.

En el caso de “Amor eterno”, definido por su autor como “tragicomedia”, el texto no es una pieza de excepción, toca uno tras otro todos los tópicos de la vejez y se resuelve en un final poco afortunado que evoca a pieza de W. Shakespeare, “Romeo y Julieta” como remache a ese amor eterno que es el de toda una vida de un matrimonio humilde subsistiendo con una pensión humilde.

Pero si todo lo dicho anteriormente pudiera interpretarse como la falta de interés de esta pieza teatral, debo explicar que no es así. Estamos ante una obra que trata los problemas cotidianos de las personas mayores con humor y ternura; conecta con el público desatando la risa y la sonrisa y moviendo a la comprensión y el respeto de los sentimientos profundos revelados. En este aspecto, el texto fluye con soltura e inteligencia destapando sin amargura pero con la consciencia de la edad nuestra vida íntima, desposeída de disimulos o caretas. Y nos descubre una vida rica, llena de contradicciones en el camino difícil de amar y ser amado.

Esta tragicomedia de Fernando Labordeta que interpreta junto a la actriz Dita Ruiz, toca con acierto el tema de la soledad, la existencia gris y anodina, las lamentaciones, las sevicias de la edad con sus pastillas para todas las dolencias y el océano de los recuerdos en que termina el río de la vida.

Todos podemos identificarnos fácilmente y más o menos según la edad, con esta pareja de jubilados y años para perder la memoria que repite cada día sus rutinas, practican sus manías, viven sus frustraciones, se defienden de sus miedos, se necesitan y se odian, se quieren e incluso se aman evocando los tiempos pasados que siempre fueron mejores.

Así, un buen día, decidirán hacer un viaje a esos tiempos en la aventura de salir de casa para irse a pasar el día en la playa, con su sombrilla, sus bocadillos, la sangría, las pastillas y los recuerdos de los días felices entre los que aparecerán sus hijos jugando con la arena y entre las olas del mar. Por un momento ni su hija ha muerto prematuramente ni su hijo vive alejado de ellos en Alemania y podrán seguir evocando los días de pasión, de excitación sexual, de los sueños con los que dormir o morir, que, a la postre, viene a ser la misma cosa.

Lo dicho, el teatro siempre es teatro y siempre es grande hecho desde la honestidad y la profesionalidad. Y éste, lo es.

González Alonso

 

04
Feb
18

Tristana, de Benito Pérez Galdós

Tristana
Benito Pérez Galdós

Teatro Barakaldo, 3 de febrero de 2018

Dirección:  Alberto Castrillo-Ferrer
Adaptación: Eduardo Galán
Intérpretes: Olivia Molina en el papel de Tristana, Diana Palazón en Saturna, José Luis Ferrer es Don Lope y Alejandro Arestegui es Horacio.

La primera impresión al enfrentar este texto de Pérez Galdós adaptado al teatro es que el tiempo, que corre tan deprisa en nuestras vidas, lo hace lentamente en el discurso de la Historia. A fin de cuentas, el personaje de Tristana encarna el paradigma de la lucha de la mujer por la igualdad y conserva la actualidad y la frescura de haber sido escrito tal que ayer mismo. Tan acertado es.

Extrayendo del texto algunas de las palabras expresadas por Tristana nos podemos dar cuenta del valor de ellas en cuanto a la reivindicación de la libertad y la igualdad de las mujeres: “Ya sé que es difícil esto de ser libre… y honrada [  ] Si nos hiciéramos médicos, abogadas, profesoras, siquiera boticarias o escribanas, ya que no ministras y senadoras, vamos, podríamos… Yo quiero vivir, ver mundo [  ] Yo quiero vivir y ser libre [  ] quiero ser algo en el mundo, cultivar un arte, vivir de mí misma”. Tristana aspira a no depender de un hombre para ser honradamente libre, aspira a vivir sola y compartir parte de su tiempo con el hombre al que ame, e incluso reivindica el derecho a darle su apellido a su hijo. Entre los anhelos de la joven sobresale el de acceder a la educación, el estudio y la formación, como armas de liberación.

Todo lo antedicho lo expone Benito Pérez Galdós en su novela Tristana avanzado el siglo XIX y entrado el XX. Este hombre políticamente republicano, literariamente de la talla de Miguel de Cervantes, canario de nacimiento y español universal, alejándose del romanticismo inaugura la novela realista en la que prevalecen la expresividad y la hondura psicológica de sus personajes, adentrándose en las reflexiones sobre el papel y la función de la mujer en la sociedad. Con un estilo directo e impregnado de naturalidad le confiere al texto un tratamiento coloquial en el manejo del lenguaje al estilo cervantino, trabajando los planos culto y popular con maestría.

Pero la afortunada tarde de teatro se debió, además de al autor de Tristana, a la elaborada adaptación para el teatro de Eduardo Galán. Un trabajo dramático excelente muy bien dirigido por Alberto Castrillo-Ferrer que nos ofrece la acción simultánea en dos espacios diferentes y el diálogo entre ellos; así las escenas amorosas de Tristana con el pintor Horacio en la casa de éste y la escena que transcurre en la casa del tutor de Tristana, don Lope, con los reproches y amenazas que profiere sospechando el abandono de su tutelada y el alejamiento afectivo de la misma. Un constante pasar de una escena a otra de la protagonista dando respuesta a uno y a otro, con las dudas, planteamientos y actitudes de la joven en busca de una vida auténtica, libre y de la que sentirse dueña.

El triángulo amoroso entre el viejo tutor don Lope, especie de trasnochado seductor al estilo de don Juan Tenorio y que entiende el honor en su provecho, Tristana y el joven artista que confunde el amor con la pasión y la seducción ante la belleza y la juventud, terminará con el fracaso de los hombres que no entienden las aspiraciones de Tristana de vivir la vida como una experiencia de libertad e igualdad de la mujer con el hombre, aspirando a tener una educación, formación, la capacidad de elegir un trabajo y experimentar el amor fuera de los cánones sociales y las convenciones del matrimonio.

El papel de Saturna resulta ser el contrapeso con su actitud práctica y positiva, en absoluto ajena a la censurable doble moral de don Lope ni al desmayado y aparente amor de Horacio, siempre atenta y preocupada por el bienestar de Tristana, cómplice de sus anhelos y recelosa de los resultados.

Luis Buñuel realizó una película en 1970 en la que introduce un final trágico al plantear la muerte de don Lope, finalmente casado con Tristana tras perder ésta una pierna afectada de cáncer de rodilla y abandonarla el joven Horacio que acabará casándose con otra joven  lejos de Madrid, y hacerlo con la intervención de Tristana que, estando enfermo don Lope, finge llamar por teléfono al médico y deja abierta la ventana en una noche de tormenta y nieve.

La obra de teatro respeta el medio final feliz de Pérez Galdós cerrando la representación con la escena de la boda de Tristana y don Lope en un matrimonio de conveniencia.

El teatro siempre es oportuno. Si, además, el texto proviene de un gran escritor como Benito Pérez Galdós y la adaptación, dirección e interpretación nos llega del excelente hacer del grupo de personas precitadas, más las que no hemos citado y que cuidan los aspectos de la música, luminotecnia, vestuario, coreografías, etc. el éxito está asegurado y como espectadores sólo nos queda levantarnos del asiento, aplaudir, agradecer y dar por muy bien empleados los 15 o 20 euros de la entrada.

González Alonso

 

 

 

 

 

 

21
Ene
18

Oleanna, de David Mamet

OLEANNA.- David Mamet
Pentación Espectáculos, El Cuervo y Txalo Producciones

Reparto: Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez
Dirección: Luís Luque

Teatro Barakaldo
20 de enero de 2018

Esta pieza teatral del dramaturgo estadounidense se sustenta en la realidad cotidiana de los abusos sexuales cometidos contra las mujeres desde la diferencia de poder en una relación social o laboral. En este caso se tomará el ejemplo de un profesor y su relación con una de sus alumnas.

Pero sería intrascendente, anecdótico o panfletario si la obra no profundizara en las razones que conducen a cualquier tipo de abuso en las relaciones establecidas entre jefes y empleados, personas que ejercen el poder y personas subordinadas a ese poder.

En el escenario vemos cómo la mesa del profesor, tras la cual se escuda y le confiere simbólicamente el estatus y la capacidad de ejercer su poder, se va desplazando hacia el centro del escenario para llegar finalmente al otro extremo, acabando por detentar ese poder la alumna y todo lo que representa. El poder ha cambiado de manos. Y el poder y su ejercicio siguen resultando igualmente injustos y arbitrarios. Por eso, al final de la representación, nos sentiremos incómodos y confundidos. Esperamos discernir con nitidez dónde están el bien y el mal, lo justo y lo injusto, y nos encontramos con verdades y mentiras en cada una de las dos mitades en las que se divide la vida.

El acierto del trabajo dramático de David Mamet consiste, pienso, en reflejar la base en que se sustentan las relaciones humanas; cuando estas relaciones se establecen sobre los presupuestos del poder, irremediablemente fracasan. Porque antes que del poder deberíamos hablar de la autoridad. Un profesor debe tener autoridad, basada en la calidad y la competencia que, según Aristóteles, consistiría en la capacidad de organizar, programar y decidir en beneficio de los demás; es decir, realizar acciones orientadas al bien común, lo que otorgará el derecho a exigir a los demás el buen ejercicio de sus funciones.

Del concepto de autoridad dimanará el concepto de poder. Un poder sin autoridad intelectual, social o moral, derivará en autoritarismo, arbitrariedad, imposición, abuso y violencia. El poder así ejercido atropella la dignidad porque cosifica a las personas convirtiéndolas en mercancías y las convierte en subordinados al hacer desaparecer las relaciones de igualdad. El poder que no dimana de una autoridad ganada se ejerce de manera impositiva.

Estamos, pues, ante un profesor sin autoridad que ni siquiera cree en el sistema educativo del que vive y le otorga un estatus privilegiado, que menosprecia la enseñanza y a su alumnado. A partir de ahí, todas sus acciones se dirigirán a servir a sus propios intereses y prosperar despreciando los derechos de los demás. Se siente un dios, y como cualquier dios, todopoderoso.

Pero los dioses no infunden respeto, sino miedo. Y la alumna se rebela contra ese miedo. De lo mucho que el profesor dice, en una sola cosa tenía razón. La alumna era muy inteligente. Le plantea la imposibilidad de entender las vaciedades de los conceptos vertidos en su libro de obligada lectura. La inteligencia de la alumna que el profesor menosprecia internamente, como menosprecia su propio trabajo y el valor de la institución escolar, descubrirá y pondrá en evidencia las contradicciones del docente y el uso espurio del poder que le otorga su estatus, lo lleva a los tribunales y una vez tomado ella misma el control del poder lo ejercerá de la misma forma violenta contra él. Las condiciones que pretende imponerle van más allá de perseguir la reparación del daño para regodearse en la venganza y la humillación hasta la exigencia de conductas irrelevantes al caso que se extienden a cuestiones personales. Eso sí, todo desde una actitud de víctima justiciera amparada en la presión social de la denuncia que alcanzará a culparle hasta de las intenciones, como el supuesto intento de violación derivado de la aproximación física en actitudes provocadoras. Otro error.

¿Y qué decir de la interpretación de Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez bajo la dirección de Luís Luque? Es muy fácil imaginarlo; el resultado fue tan acertado como fantástico ante un teatro abarrotado y entregado a su trabajo. Una tarde feliz, muy feliz, de teatro y algo más.

González Alonso

10
Dic
17

La cantante calva.- Eugène Ionesco

Cartel de La cantante calva
Eugène Ionesco

Teatro Arriaga (Bilbao)
9 de diciembre de 2017

Pentación Espectáculos, con:

Adriana Ozores, Joaquín Climent, Carmen Ruíz, Helena Lanza, Fernando Tejero y Javier Pereira

Dirección: Luís Luque
Versión de: Natalia Méndez

Pongamos por delante la acertada dirección y planteamiento de la pieza teatral por parte de Luís Luque; digamos que el elenco encargado de ponerla sobre el escenario, con la sobresaliente  actuación de Adriana Ozores y Joaquín Climent, cumplieron sobradamente con la difícil misión de llevar el texto y su complejo contenido al espectador; admitamos lo conveniente de la escenografía, la iluminación, la música y los efectos especiales. Todo realizado de manera impecable y extraordinaria al servicio de esta obra, paradigma del teatro del absurdo, desde la que se eleva una severa crítica del modelo de familia burguesa mediante el recurso a los diálogos vacíos y sin sentido de los protagonistas atrapados en la incapacidad de comunicar sus ideas, expresar sus sentimientos, elaborar opiniones coherentes. Cada personaje de este drama se escucha sólo a sí mismo sin entenderse siquiera a sí mismo.

Eugène Ionesco

Eugène Ionesco

Estamos ante la dolorosa muestra de la incapacidad de establecer una comunicación efectiva; una atmósfera angustiosa en la que los personajes permanecerán próximos físicamente, pero en soledad. Todo se hace incomprensible y la existencia transcurre a cuestas de actos convencionales, hueros, sin valor para el conocimiento de la persona; así puede plantearse la vida en común de un matrimonio y su hija durante muchos años  sin que se conozcan y solamente recuerden los datos anecdóticos de los lugares donde coincidieron, pero con inseguridad. Llegan juntos a una casa como dos perfectos desconocidos y solamente tras un arduo ejercicio de reconocimiento se dan cuenta de que viven juntos, aunque no se conocen de nada.

Sobre el escenario los personajen hablan, pronuncian palabras, elaboran discursos sin sentido o cuentan historias disparatadas; pero no se hablan unos a otros porque se produce la ausencia de diálogo que es sustituido por meras conversaciones inconexas. Las conversaciones llenan el tiempo; da igual qué tiempo, y llenan un espacio, aunque nadie es dueño de ese espacio. Al no existir el diálogo no existirá ninguna historia. La obra podría acabar en cualquier momento o seguir indefinidamente. De hecho, la escena final es la repetición de la escena inicial protagonizada por el matrimonio que llega de visita y que ocupará la casa.

La fragmentación del lenguaje se acentúa a medida que la pieza dramática avanza, llegando a establecer simulacros de diálogos a base de palabras sueltas e inconexas o de sílabas carentes de sentido.

Cuando en 1950 se estrenó la obra en París, Ionesco se sorprendió Escena de de las risas de los espectadores. Hoy, 67 años después, seguiría sorprendiéndose. Porque, pasado el tiempo en ese reloj que se adelanta y retrasa y mide las horas sin sentido, “La cantante calva” es una tragedia, la del fracaso del ser humano en su proyecto vital, envuelta en el celofán de la comedia. La risa ni siquiera sirve de vía de escape ante la complejidad del problema al que nos enfrenta.

En cierto modo y en este mundo virtual en el que recientemente nos hallamos inmersos, lo absurdo ha cobrado dimensiones universales alcanzando a todas las clases sociales, y no sólo a la burguesía. En el despliegue de frases, mensajes, publicaciones nobles o bastardas que corren por la red o internet, solamente se percibe la soledad del ser humano en su griterío por llamar la atención sin que nadie escuche o sea escuchado. Entre todo este vocerío, “La cantante calva” de Eugène Ionesco (rumano de nacimiento y escritor en francés) nos pone en nuestro sitio haciendo –por un instante- el silencio necesario desde el que ser conscientes de los efectos devastadores de la incomunicación, tanto en el terreno personal (trastornos psicológicos) como en el social (ascensión de populismos y nacionalismos de todo pelo). No es exagerar. A fin de cuentas el existencialismo que surgirá a partir de las dos grandes guerras mundiales desarrolladas en Europa viene a llamarnos la atención –en este caso en forma de teatro llamado del absurdo- sobre los riesgos mencionados y a expresar su denuncia y su condena.

En el mismo sentido señalado en el párrafo precedente, recordemos cómo ante la amenaza de problemas graves, psicológicos o sociales, suele aparecer la voz de “necesitamos hablar”, “esto hay que arreglarlo hablando”, “hablemos”, “cuéntame”, “es necesario dialogar”, “las cosas se arreglan dialogando”, etc. Los últimos sucesos en España ante el curso de los acontecimientos con el nacionalismo e independentismo catalán, pueden servirnos de ejemplo.

El teatro del absurdo, del que “La cantante calva” es un imprescindible referente, ahonda en la propuesta de la inutilidad del lenguaje como vehículo de expresión comunicativa, lo que imposibilita el diálogo y la reciprocidad en la emisión y recepción de mensajes conduciéndonos a la imposibilidad de conocer al otro ni conocernos a nosotros mismos. Se usa el lenguaje como una coraza desde los prejuicios y el miedo a enfrentar la existencia desnuda de artificios e imposturas, lo que nos empuja a los límites de la violencia: “¡Oh, palabras, cuántos crímenes se cometen en vuestro nombre!” (E. Ionesco)

Pues eso; “La cantante calva” nos remite a la decisión de armarnos de un lenguaje para la comunicación, a usar las lenguas o idiomas no como armas ideológicas al servicio del sectarismo y el enfrentamiento, sino del entendimiento (lo cual implica aceptar al otro) y la solidaridad. Desarmemos, en fin, la anquilosada y narcisista sociedad burguesa con sus valores, prejuicios y sus derivados. Esa es la lectura, hoy, de la tremenda propuesta de Eugène Ionesco, de Samuel Beckett, Harold Pinter, Miguel Mihura, Jean Genet, Arthur Adamov, Fernando Arrabal, Virgilio Piñera o sus mentores James Joyce, Franz Kafka, Alfred Jarry, Antonin Artaud, Albert Camus… O esa es mi opinión, mientras nos ahogamos a la deriva en un océano de olas que braman y se destruyen en su propia agua.
A propósito, ¿y la cantante calva?
Sigue peinándose de la misma manera.

González Alonso

Artículo de interés: “El anti-teatro en La cantante calva” de María del Carmen Bobes Naves (Universidad de Oviedo”

Texto de  “La cantante calva” Eugène Ionesco

Escena de

22
Nov
17

La Extinta Poética.- Eusebio Calonge

La Extinta PoéticaLa Extinta Poética
Eusebio Calonge

Teatro Municipal de Leioa (Lejona)
1 de noviembre de 2017

Dirección.- Paco de la Zaranda

Intérpretes.- Carmen Barrantes, Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Magrinyà, Rafael Ponce

Nueve de Nueve Teatro

La primera escena, con la visión de la novia esperando inmóvil con su ramo de flores en la mano, es como un primer verso magistral e La muerte del cisneimpactante; la última escena, con la danza de la muerte del cisne (Camille Saint-Saens), resultará ser la escritura de un inmejorable verso de cierre. En medio, el poema. Y la poesía.

La inspirada propuesta de Eusebio Calonge y la dirección de Paco de la Zaranda se proyectan sobre el escenario de la mano del elenco Nueve de Nueve.

Si me pusiera a buscar adjetivos para este espectáculo teatral, mencionaría el esperpento, la tragedia, el hondo lirismo, el fracaso existencial, el absurdo, el hastío y otros muchos envueltos todos ellos en la expresión de un lenguaje vestido de una brutal realidad. Todo gira en el torbellino emocional de una familia de clase media baja abrumada por las circunstancias, padre, madre y dos hijas, una de ellas con una grave discapacidad que la tiene postrada y con una limitada capacidad de movimiento y habla.

La extinta PoéticaAfrontar con escasos recursos económicos una situación severa acaba por liquidar los recursos humanos, resquebrajándose la dignidad, los sentimientos y la capacidad de resistencia. Todos quieren y anhelan vivir más allá de los límites impuestos por la necesidad. El amor, los sueños, la esperanza, acabarán en frustración y el recurso a la farmacopea como dique de contención a la ansiedad y la desesperación provocadas por la consciencia de estar pasando toda la vida soñando todo lo que nunca se va a alcanzar. El dique se agrieta, sobreviene la inundación devastadora y en medio del caos, desde la fragilidad y la entereza del ser más débil y limitado, surge la vida y se alza la belleza. Es la poesía.

La obra, interpretada –como no podía ser de otro modo- con la marcada impronta de La Zaranda, va más allá de la conmoción y la emoción; explora quirúrgicamente la vida cotidiana abrumada de pequeñas heroicidades y atroces miserias.

Nada que objetar. Autor, director, técnicos de sonido e iluminación, intérpretes y público, conforman un espacio y oportunidad únicos e irrepetibles en cada actuación. Sólo conviene, a estas alturas, recomendar que público, intérpretes, director, técnicos y texto de su autor, se encuentren nuevamente en nuevos y numerosos teatros para facilitar la catarsis existencial de que estamos necesitados, hacerlo con la voz de la poesía y entender que si la vida es puro teatro, el teatro nunca deja de ser pura vida.

González Alonso

La extinta poética




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