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02
Ago
17

Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2017

Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2017

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro está de cumpleaños; nada menos que puede brindar por la cuadragésima convocatoria; cuarenta celebraciones que hacen toda una historia en favor del teatro y que ha supuesto la dinamización de la vida cultural, artística y económica de la ciudad en torno a los espacios del Corral de Comedias, el Teatro Municipal, el Teatro Hospital de San Juan, la Antigua Universidad Renacentista, el Espacio Miguel Narros o el Claustro Museo del Teatro. ¡Felicidades!

Molière: Los enredos de Scapín (Versión en hebreo de Nathan Alterman)
Lope de Vega: El perro del hortelano
Entremeses: La sarna de los banquetes.-Vélez de Guevara; El entremés nuevo del cochino de San Antón (Anónimo)

 

Los enredos de Scapin, de Molière en versión de Nathan Alterman y dirigida por Udi Ben-Moshe. La puesta en escena correspondió a The Jerusalem Khan Theatre.

La compañía israelita The Jerusalem Khan Theatre abrió las puertas de la creatividad en el Espacio Miguel Narros con una versión en hebreo de la obra de Molière a la que pudimos acceder salvando la dificultad del idioma para disfrutar de cada matiz de esta comedia con el clásico final feliz.

Los enredos amorosos de cuatro jóvenes y los inevitables y previsibles problemas y rompederos de cabeza de sus respectivos padres, que deseaban otra cosa bien distinta para cada uno de sus respectivos hijos, acaban resolviéndose gracias a los buenos oficios de una especie de “celestina” llamado Scapín que consigue, no sólo que los jóvenes se salgan con la suya, sino que sus propios padres lo paguen de sus dineros con mucho dolor de sus almas. De paso, Scapin se tomará algunas pequeñas venganzas personales con su amo –uno de los padres del enredo- de las que también saldrá escarmentado.

Enredo, situaciones cómicas, risas y sano divertimento del que puede sacarse alguna lectura práctica, como lo inútil que resulta oponerse a las decisiones del amor, así como aprender de la eterna discrepancia de pareceres entre generaciones.

Del resultado final no será el único responsable su autor, Molière, sino la excepcional labor de interpretación y puesta en escena del elenco israelita siguiendo la adaptación del poeta hebreo Nathan Alterman. La excepcionalidad cómica de los actores y actrices, su expresividad y el acertado manejo del ritmo y el espacio escénico, nos hicieron olvidar que escuchábamos los diálogos en una lengua desconocida para –supongo- la inmensa mayoría de los espectadores y disfrutar plenamente de una buena noche de teatro en el Espacio Miguel Narros de Almagro.

 

El perro del hortelano, de Lope de Vega y puesta en escena por la Compañía Nacional de Teatro en la versión de Álvaro Tato y dirigida por Helena Pimenta.

La Compañía Nacional de Teatro siempre es garantía, en todos los sentidos, de buen teatro. A Lope de Vega no se le puede poner pega. Y Helena Pimenta en la dirección es una apuesta segura. El reparto, impecable.

Y con todo, es difícil sustraerse al trabajo que para el cine realizó Pilar Miró de esta comedia. En la comparación tal vez el que sale peor parado es el papel de Teodoro y el que mejor resultó fue el de Marcela. Nada que objetar, se entiende, a la muy buena interpretación de todo el conjunto.

La comedia que discurre por tierras de Nápoles está bien armada en su escenografía y el bien estudiado espacio escénico con una gestión de la acción y el manejo de los tiempos que hacen muy atractiva la representación sólidamente apoyada por la realización musical y la iluminación. Otra característica corresponde al vestuario, adelantando la comedia del Renacimiento al Barroco.

La historia de Lope de Vega cuenta cómo una hermosa y joven condesa se enamora de su humilde secretario. En el camino de este amor se interpone la diferencia de clase, el honor, la ilusión, las dudas y los celos. La condesa quiere y no quiere el amor de su secretario, facilita e impide el amor de éste con Marcela, una criada de la casa, dispone, hace y deshace sin acabar de decidirse, hasta que el amigo del enamorado y contrariado Teodoro, el secretario, discurre una estratagema para buscarle un padre noble y rico a Teodoro. La argucia complace a todas las partes, incluido el supuesto padre que había perdido a su hijo y cree y quiere encontrarlo en la figura del secretario de la condesa.

Superadas las formas, ya no importa que sea real o no la ascendencia de Teodoro y el amor se abre hueco entre las estrechas exigencias de la sociedad y sus convencionalismos. Todos saben que es una farsa. Pero la sociedad misma está montada como una farsa. Lo único verdadero es el amor, el de de Teodoro y Diana, y el amor paterno del marqués que vuelve a sentir la presencia del hijo que le faltaba. Con esto basta para este perro del hortelano que, por fin, come él y deja comer al amo.

 

El entremés nuevo del cochino de San Antón (Anónimo)
La sarna de los banquetes.- Vélez de Guevara

Con el anuncio de los Microrrelatos, la compañía TCA (Teatro Clásico de Almagro) inaugura un nuevo espacio, un pequeño patio semiderruido y en venta, dos portales más allá del espectacular Corral de Comedias en la misma plaza de Almagro; es la otra cara del Festival Internacional de Teatro Clásico, la que abre sus puertas y su buen hacer con los diferentes y divertidos entremeses a los que el público responde agradecido llenando cada representación, que no va más allá de la media hora de duración.

La compañía es muy conocida y experta en este tipo de puestas en escena, desarrollando una amplia e intensa actividad teatral y educativa a lo largo del año. Además de haber disfrutado sus interpretaciones en años anteriores, también hemos podido ver y aplaudir a este elenco en el Museo Guggenheim de Bilbao con El vizcaíno fingido y El retablo de las maravillas de Miguel de Cervantes, el pasado 19 de diciembre de 2016.

En esta ocasión nos hicieron reír y disfrutar con el conocido entremés nuevo del cochino de San Antón, de autoría desconocida, y los líos y ocurrentes trucos para ocultar ante su marido las infidelidades de una mujer casada con el sacristán de turno, así como el escarmiento de ambos cuando el marido descubre el engaño y confirma sus sospechas de traición y condición de cornudo.

El segundo entremés corresponde a Vélez de Guevara, titulado “La sarna de los banquetes”. El argumento se centra en el modo de vida picaresco de un soldado que se hace invitar cada día a la mesa de un hidalgo rico y cómo los criados de la casa hacen ver al dueño que está siendo objeto de engaño y desangrado por el autoinvitado que, con cualquier pretexto en cada visita, se quedará a comer en la casa. Serán los mismos criados quienes, de acuerdo con el amo, le procuren el escarmiento suficiente para alejarlo definitivamente de la casa.

Tarde apacible, alegre y distendida en este pequeño patio de comedias, rústico, elemental, incluso precario, pero lleno de riqueza humana y artística gracias al empeño de esta compañía, contrapunto y entremés del Festival de Teatro Clásico de Almagro.

González Alonso

 

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17
Jul
17

La puerta de al lado

La puerta de al lado
Fabrice Roger Lacan

Teatro Barakaldo
15 de julio de 2017

Dirección y adaptación.- Sergio Peris Mencheta

Intérpretes.- Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez (músico y narrador)

La puerta de al lado” es una comedia escrita por F.Roger Lacan, nieto del psicoanalista francés Jackes Lacan, adaptada y dirigida por Sergio Peris Mencheta e interpretada por Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez  como músico y narrador. La producción es de Barco Pirata Producciones.

La definición de “comedia” nos remite a una clase de obra dramática, opuesta a la tragedia, que muestra lo ridículo con elementos que divierten y hacen reír, y con final feliz.

Desde Aristófanes al teatro español del XVII y la actualidad, los elementos que definen la comedia permanecen inmutables en la búsqueda de entretenimiento, la exageración de los defectos o  los vicios de los personajes que responden a estereotipos de los que se amplifican y caricaturizan sus conductas, y que pueden tener un tono moralizante o de denuncia social.

¿Qué diferencia, entonces, a una buena comedida griega de una española del Siglo de Oro o de otra actual? Pues, básicamente, el modo de vida de las personas representadas, la complejidad del desarrollo tecnológico de la sociedad y el modo de vida. Lo demás, incluidos los problemas existenciales, vitales y de intereses de las sociedades, son –básicamente- los mismos.

Así, tenemos a un F. Roger Lacan escribiendo una comedia y encontramos a unos intérpretes representándola por última vez, última ilusión, últimos aplausos, en el Teatro Barakaldo.  Decimos que es una comedia porque entretiene, hace reír de manera saludable y nos ofrece la representación de dos personajes que obedecen a las características mencionadas exigidas para una comedia.

De la profesionalidad de los intérpretes, dos actores y una actriz, no cabe ningún género de duda; es más, es de justicia alabar, además de la precitada profesionalidad, el arte y el dominio de la interpretación para aprovechar sin estridencias, ni caer en lo grotesco, las situaciones cómicas y su capacidad para mantener sin descanso el alto nivel de exigencia del guión y su ritmo.

He dicho que “La puerta de al lado” es una comedia, y no de las malas. Pero debo explicar que si a los finales de las comedias se les exige que sean felices, en este caso no es así, no hay final feliz. Porque no hay solución al conflicto; a lo más, se puede atisbar una triste aceptación de lo inevitable.

Por partes. Esta comedia se diferencia de otras en su puesta en escena y el estilo narrativo introducido a base de dos elementos: un narrador y la música que ese narrador interpreta y que sirve de hilo conductor amplificando o subrayando las emociones o las situaciones cómicas y paradójicas muy al estilo televisivo. Esta comedia es una historia de amor y se diferencia de las demás en que la búsqueda del amor no se centra en la acostumbrada oposición de sexos, infidelidades matrimoniales, equívocas orientaciones sexuales y situaciones similares. En este caso, y usando un humor sin el recurso a demasiados tópicos y lugares comunes, nos encontramos ubicados en el espacio de la pareja en sus intentos fallidos de aproximación vistos desde la psicología y como una especie de terapia y búsqueda personal, influencia evidente del psicoanálisis y el psicoanalista Jackes Lacan que, en cierto momento de la representación, es citado en la obra, además de las abundantes e inevitables referencias a Sigmund Freud.

Estamos, pues, ante una obra psicológica escrita desde la Psicología. El personaje femenino, terapeuta de profesión, es una persona dominada por la racionalidad, viendo y enjuiciando el mundo y a las personas a través de un agotador y permanente análisis de las motivaciones de las acciones, las propias y las de los demás, que no deja de ser –finalmente- nada más que una coraza para defender sus puntos débiles y que la inhabilita para abrirse, celebrar y vivir el vértigo de entregarse al otro y el huracán del amor. Miedo e inseguridad.

El personaje masculino, hedonista, superficial, directo, seductor más enamorado de sí mismo que capaz de enamorarse de su pareja, que no quiere conocer lo más humano de su objeto amoroso y que ni siquiera se conoce a sí mismo, se encuentra igualmente impedido para acceder al amor.

El prototipo femenino expuesto en la comedia me ha recordado mucho a las actitudes personales de los años sesenta y setenta ante la dictadura en España, cuando todo se veía a través de la ideología, de izquierdas, marxista o anarquista, en los círculos progresistas del país. Todo era analizado desde los textos de los teóricos de la revolución, pretendiendo hacer la revolución social y la personal a un tiempo, pero sin detenerse a encontrarse a uno mismo, hablar de uno mismo, expresar los sentimientos de uno mismo. Todo era externo, lo que debía ser. Un dogmatismo que imposibilitó la verdadera expresión de la manera de ser y sentir y la posibilidad de cualquier logro que no fuera lo que fue, un fracaso generalizado en lo personal. En lo político se hizo la transición democrática.

Pero volviendo a nuestros personajes y la comedia, ¿qué encontramos? La respuesta es esa interminable historia de la soledad en que se convierten sus respectivas vidas. Teniéndose al lado, sintiendo la pulsión sexual que los atrae, son incapaces –en cambio- de acercarse el uno al otro y buscarán –inútilmente también- a la persona ideal a través de la ilusión del mundo virtual de internet. Un fracaso amargo.

Y porque, aunque finalmente se abracen y se entreguen sexualmente, seguirán estando solos y reprochándose un rosario de faltas que ven el uno en el otro, pero no en sí mismos; lo que viene a decir, en fin, el conocido refrán de “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el suyo”.

¿Había dicho que “La puerta de al lado” era una comedia? Corrijo y concluyo: no hay comedia, sino una divertida e inteligente ventana abierta a la tragedia. Eso sí, que cada cual saque las conclusiones o moraleja que le convengan. Aplausos sinceros por este trabajo teatral excelente para una tarde amena y veraniega del mes de julio.

González Alonso

01
May
17

Marat Sade (Peter Weiss) por el grupo teatral Atalaya

Marat  Sade
Peter Weiss

Teatro Barakaldo, 29 de abril de 2017

Atalaya Teatro

Nos encontramos ante una obra de teatro difícil, compleja, de una intensidad dramática que para cualquier actor supone un gran desafío. ¿Quién puede, de manera excepcional, enfrentarse a un hecho teatral de esta naturaleza? En su momento lo hicieron posible nada menos que Alfonso Sastre adaptando la versión en español de Peter Weiss (1963) y Adolfo Marsillach (1968) con la inestimable colaboración del grupo teatral Los Cátaros dirigido por Alberto Miralles, grupo con el que –brevemente, pero de manera intensa- tuve la suerte de actuar un par de años más tarde y cuya experiencia forma parte de la buena memoria que conservo del teatro.

Pero, anécdotas y recuerdos aparte, se puede decir que hoy día solamente puede afrontar el reto de poner en escena una obra como Marat Sade un elenco teatral de la talla indiscutible del grupo Atalaya, Premio Nacional de Teatro 2008. Y con eso, respecto a la calidad del espectáculo, está todo dicho.

Encabezando el reparto del grupo dirigido por Ricardo Iniesta nos encontramos con actores de excepción, como Jerónimo Arenal (Marat) y Manuel Asensio (Sade), seguidos de actrices y actores tan fantásticos como Silvia Garzón, María Sanz, Raúl Vera, Lidia Mauduit, Carmen Gallardo, Raúl Sirio y Joaquín Galán, capaces de hacer del mínimo gesto y la menor articulación un gran personaje. Sorprende el trabajo  realizado en equipo para una coreografía compleja y llena de contrastes y matices. Y dentro de la labor escenográfica cabe destacar el inspirado trabajo de iluminación detrás del que está, también, Ricardo Iniesta, así como en la concepción del espacio escénico. Iluminación y sonido operan con la eficacia de un disciplinado actor más para contribuir al resultado final ante el cual sólo  cabe la ovación cerrada.

Aparte de los indiscutibles méritos de los actores y actrices del reparto, resulta imprescindible tener en cuenta la actualización de un mensaje que nos llega desde un convulso siglo XVIII de la mano de un autor tan controvertido como resultó ser el Marqués de Sade. Nada de cuanto pasa por la escena nos resulta ajeno. Nada está resuelto ni amortizado en la historia. Y así, inteligentemente, se nos hace ver y sentir, al descubrir el texto de Sade enfrentándonos al sentido de la revolución, sus logros y sus aparatosos fracasos. Frente al planteamiento idealista y radical de Jean Paul Marat, poniendo el acento en las conquistas colectivas, Sade opone su individualismo, el cambio personal, la radicalidad de la libertad frente a la uniformidad igualitaria. Las muertes, las traiciones, las contradicciones revolucionarias, desfilan con crudeza y desesperación ante un pueblo que aspira a no pasar hambre y a vivir bien, pero que es consciente de haber sido utilizado por la burguesía para acabar con la nobleza y sus privilegios e instaurar un régimen al servicio de sus intereses de clase y no a los del pueblo. Marat, que entiende todo esto, tratará de llevar más lejos la revolución con sus proclamas en un parlamento dividido y controlado por la clase ascendiente de la burguesía, para ser perseguido y, finalmente, asesinado.

El acierto de Sade fue decidir que el pueblo estuviera representado por los internos del manicomio, haciendo tomar parte en el desarrollo de la obra al director de la institución como representante del nuevo orden revolucionario. La tensión generada en el curso de la puesta en escena de este teatro dentro del teatro, parece amenazar constantemente su desarrollo, y en medio del caos aflorarán las reivindicaciones traicionadas de las clases populares, la denuncia de la corrupción y el sometimiento social a unas políticas que ponen el poder en manos de los banqueros y los empresarios para consolidar un orden económico capitalista en el que la clase obrera pasará a sufrir la explotación.

Si el arte y la literatura han de servir para algo, lo será para entender que es imprescindible luchar contra el adormecimiento de las conciencias y la entrega derrotista, aceptando como irremediable el orden de cosas impuesto. Empecemos, con Sade, la revolución de cambiarnos a nosotros mismos, para seguir, con Marat, cambiando la sociedad. Eso es y debe ser el teatro como arte, herramienta de transformación, revulsivo, testimonio, piedra de toque al servicio de la humanidad y todo lo que nos hace dignos como personas. En este caso, ha sido así.

González Alonso

01
Abr
17

Cervantina, de Ron Lalá coproducido con la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Cervantina
Ron Lalá en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Teatro Serantes de Santurce / Santurtzi
29 de marzo de 2017

La ironía y la risa, hijas naturales del humor y hermanastras de la locura, fueron arma y bandera de Miguel de Cervantes en sus obras, particularmente en el Quijote, y herramienta al servicio de la “defensa de la libertad” que Ron Lalá convierte en virus cervantina con “ataques de risa inteligente, lucidez lúdica e ironía aguda” como síntomas más destacados, según sus propias declaraciones.

Cervantina tiene muchos aciertos; se trata de un ambicioso montaje armado sobre un soporte musical de canciones que enlazan y comentan la obra. Su ritmo resulta vibrante en un trabajo agotador para los actores y exigentemente grato para los espectadores. La recopilación de textos cervantinos y el repaso de la vida del autor de las Novelas Ejemplares son exhaustivos y oportunos; las adaptaciones al lenguaje de hoy están hechas con naturalidad, el trabajo creativo de los textos volcados por el grupo es excelente. Todo es de aplaudir. Pero me gustaría comentar que, mientras seguía el discurso de la obra teatral, pensaba que estaba escuchando y entendiendo a Cervantes tal y como lo escuchaban y entendían sus coetáneos, sólo que cuatrocientos años después. Me refiero a la inmediatez de lo que se decía, a su ubicación en la vida cotidiana; es decir, que los Ron Lalá han sabido leer a Cervantes para decirnos lo que hoy nos pasa y vivimos, o sufrimos.

No es la primera vez que Ron Lalá se ocupa del mundo cervantino. Hace unos tres años ya nos asombraron con el montaje “En un lugar del Quijote”. Si entonces como ahora digo que no se les puede poner ninguna pega, no exagero. Bueno, si hay que ponerles un pero, diré que se puede hacer bien, pero mejor, imposible.

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11
Mar
17

Una casa de muñecas sobre la “casa de muñecas” de Ibsen

Una casa de muñecas
Producción del Teatro Arriaga (Bilbao)

Auditórium municipal de Leioa (Vizcaya)
10 de marzo de 2017

Son de agradecer y aplaudir el entusiasmo y la profesionalidad del cuadro escénico, así como la loable intención de Revueltas y Mirou de acercarnos al dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906) y su “Casa de muñecas”. Pero no puedo dejar pasar por alto algunas críticas y opiniones personales sobre el resultado final del intento.

Digo que, salvado el aspecto de la interpretación con una nota alta, la obra “Una casa de muñecas” sobre la “Casa de muñecas” de Ibsen, se resiente en muchos aspectos y en otros muchos consigue meritorios aciertos. Así, la parte del trabajo que se desarrolla en un plano argumental actual y realista, dejando fluir la libertad expresiva cargada de naturalidad en las escenas de los debates sobre la obra a representar, se percibe pueril en el uso del lenguaje obsesionado con los genéricos en un los-las, todos-todas, hasta la estupidez “progre” del “les reunidos reunidas” y etc. etc. y, de igual modo, flaquea en el desarrollo ideológico desde un marxismo mal planteado o planteado como pretexto y un feminismo peor entendido. Las circunstancias precitadas provocan un distanciamiento muy pronunciado del calado de denuncia de la obra de Ibsen. La superficialidad, irracionalidad del intento estéril de sexualizar el lenguaje y convertirlo en algo para lo que no está hecho, así como la estulticia de las actitudes exhibidas y mantenidas dogmáticamente hoy día ante el problema de los roles sexuales y sus consecuencias para mujeres y hombres en su vida afectiva y social aparecen como una parodia salpicada de salidas ingeniosas y discusiones infructuosas frente a la hondura del texto original.

Si poner de manifiesto semejante brecha forma parte de las intenciones y objetivos del montaje, debo admitir que lo consiguen con total solvencia. El estado de la cuestión en la actualidad se refleja en su simplicidad con tremendo acierto al lado de la profundidad de los planteamientos y discurso valioso para el debate de Ibsen en las postrimerías del siglo XIX. Digamos, pues, que todas las escenas preparatorias del ensayo de “Casa de muñecas” no pasan de ser una algarada huera y con poco sentido, llenas de las inevitables contradicciones y planteamientos erráticos y erróneos para encontrar el meollo de la cuestión y el fundamento dramático en las escenas y los cuadros de la obra de Ibsen que se representan como ensayos en la obra.

Dicho lo anterior y pasando por alto las concesiones y guiños al euskera, con la acertada denuncia de que “Casa de muñecas” no haya sido traducida todavía a esta lengua, las alusiones al Teatro Arriaga (promotor de la obra) y otras circunstancias anecdóticas de carácter localista, hay que reconocer el indiscutible y meritorio trabajo de interpretación y la puesta en escena de una obra de texto y una duración importante. Hechos estos reconocimientos y agradecimientos merecidos, sólo puedo agregar que al salir del teatro lo hice pensando que, a veces, es mejor dejar a un lado las recreaciones e ir directamente al producto original.

González Alonso

29
Ene
17

El Retablo de las Maravillas (Cervantes)- Morfeo Teatro

El retablo de las Maravillas
Miguel de Cervantes

Morfeo Teatro
Burgos

Adaptación y recreación dramática de Francisco Negro

Dirección: Francisco Negro

Cuadro escénico: Francisco Negro, Mayte  Bona, Felipe Santiago, Adolfo Pastor, Santiago Nogués, Mamen Godoy y Joan Llaneras en el papel de Cervantes.

Nos encontramos ante una sátira sobre la hipocresía,  la pieza original del entremés de Miguel de Cervantes que da título a la obra y que Morfeo Teatro proyecta de manera amplificada y actual a partir de textos escogidos de una selección de  obras  cervantinas como otros entremeses (El juez de los divorcios), el prólogo de las Novelas ejemplares, distintos capítulos del Quijote, El coloquio de los perros, La elección de los alcaldes de Daganzo, textos como el Discurso de la edad de Oro, etc.

A partir del carácter humanista con influencia erasmista de Miguel de Cervantes, la puesta en escena de este Retablo enfrentará a los personajes ante la corrupción y las bajezas de la sociedad para la que el aforismo “entre la virtud y el dinero, lo segundo es lo primero” estaba entonces, igual que hoy, totalmente justificado. Todo es válido mara medrar a costa del ciudadano. El paralelismo con la situación que vivimos y padecemos los españoles de este siglo XXI, a 400 años del de Cervantes, es evidente. Una casta política, empresarial y financiera sin escrúpulos, enriquecida con la pobreza general, falta de honestidad, carencia de vergüenza, demasiada prepotencia y –sobre todo- una miserable vida interior y cultural, una ignorancia supina para una existencia cuyo mayor ideal es acumular lo más rápidamente posible más riqueza y detentar mayor poder. Y al otro lado, una masa cada vez más grande de clases medias empobrecidas y una clase obrera embrutecida persiguiendo la zanahoria del consumo, la mediocridad y el éxito sin esfuerzo ni trabajo personal, para lo cual la educación es un estorbo. Existen, por otro lado, grupos sociales con inquietudes erráticas, posturas maximalistas y demagógicas, carentes de verdadera reflexión, conocimiento y análisis, que se presentan como alternativa guiados por  impulsos primarios, apelación a lo afectivo y lo irracional, que hacen las delicias de las castas dominantes, pues desde su oposición, les hacen un gran servicio. Y existen, desafortunadamente menos, aquellos que como Cervantes, elevan la voz contra este estado de cosas y –como se subraya en el programa de mano de la obra- “la crítica de la rapiña en los negocios, el engaño, la prevaricación, la hipocresía, el premio a los necios y el olvido de los honrados, la envidia como pecado nacional”, los gigantes contra los que don Quijote creyó necesario luchar.

Todo el drama desarrollado a partir de lo que se presenta como un ligero y entretenido entremés, abarca a toda España y toda su realidad histórica, de modo que Cervantes y su ingenio son reconocidos en Pablo Picasso y su pintura; o Pablo Picasso y su pintura nacen en el mismo Cervantes y su ingenio. El caballo desquiciado por el horror de la guerra galopa en las patas de Rocinante. Resulta asombroso el acierto de la puesta en escena en la cual se utilizan las imágenes picassianas para encajar con las cervantinas en un difícil puzle llamado España.

En el entremés de Miguel de Cervantes, serán los necios regidores del pueblo, el gobernador, el alcalde y el aspirante a clérigo los que, para salvaguardar sus privilegios y mantener su estatus, afirmarán ver lo que no existe, mintiendo en sus exageraciones para resultar más convincentes. En el entremés que Morfeo Teatro nos abre a través de la mano de Francisco Negro, serán esos mismos cretinos los que se empeñarán en no ver lo que se les aparece, negando y mintiendo una vez más ante la severa realidad que Cervantes pone ante sus ojos.

A la luz de este soberbio trabajo dramático, tanto en su concepción como en su realización e interpretación, se entiende cabalmente que la obra del autor del Quijote sea universal, pues es una obra capaz de hacerse a sí misma en cada lectura a través de los siglos, capaz de generar nuevas imágenes y conectar directamente con la actualidad. Los textos cervantinos, manejados tan inteligentemente, han sido la ocasión de abrirnos las puertas de otro retablo, y lo ha hecho con tal fuerza, que el primero –concluida la función- se percibe como un bello prólogo, una entradilla, a la gran representación del segundo.

No importan las celebraciones centenarias, siempre ocasión para los hipócritas que nada entendieron ni entienden de Cervantes rasgándose las vestiduras con la muerte del autor para loarlo de español ejemplar. Si de verdad hubieran entendido algo –entonces y ahora- se habrían callado y escondido en sus ratoneras. O tal vez resulte ser la misma estupidez la que los empuje a actuar de este modo, tergiversando el significado de la obra de Cervantes y manipulándola con la intención de ponerla al servicio de sus intereses más espurios o bastardos.

Decía que las celebraciones centenarias son anecdóticas. Cualquier día, semana, mes o año, son ocasión apropiada para adentrarse en el humanismo cervantino por la puerta de su teatro, sus entremeses, su poesía y sus novelas. La lectura inteligente y creativa de Morfeo Teatro, en la que la picaresca del Siglo de Oro se cuela por los arlequines y los cuadros de Picasso, nos demuestra que otro mundo es posible y nos abre las puertas a la esperanza de adentrarnos en él haciendo posibles los ideales del “hombre que creía en el honor, los principios y la justicia”, superando la mediocridad, el embrutecimiento y la ignorancia de quienes conducen y empujan a la sociedad hacia la mediocridad, la ignorancia y el embrutecimiento o la barbarie. Por todo ello, contra la estupidez y a favor de la inteligencia, aplaudimos sin reservas el final de la representación del elenco burgalés Morfeo Teatro, principio de la visión de los monstruos y amenazas de este retablo de las maravillas que es nuestro país. A partir de aquí, todo es posible.

González Alonso

20
Dic
16

El TCA en el Guggenheim de Bilbao: Entremeses cervantinos

Entremeses de Miguel de Cervantes

TCA.- Teatro Clásico de Almagro
Gestión y dirección artística: Antonio León Fernández

Museo Guggenheim de Bilbao
19 de diciembre de 2016

Los conocidos entremeses, destinados a llenar agradablemente el hueco entre las grandes comidas, cumplían la misma función en las representaciones teatrales cuando el teatro llenaba toda la tarde, y aun el día, de la vida de la ciudad o villa donde hubiera corral de comedias.

Lope de Rueda ya los había cultivado y dado impulso con el nombre de “pasos”. Miguel de Cervantes se suma a este género considerado menor, pero muy aceptado por el público, porque estaban hechos para hacer reír y eran breves. Pero, además de su carácter de entretenimiento, los entremeses encierran en su interior una resuelta crítica de los aspectos más relevantes de la sociedad de la época que, con el pretexto de la broma, ponen ante el público don desenfado y desparpajo.

El grupo teatral que gestiona y dirige Antonio León Fernández desde Almagro, el TCA (Teatro Clásico de Almagro), nos ha traído a Bilbao y el museo Guggenheim dos de los ocho entremeses cervantinos en este final de año en el que el museo cumple sus primeros veinte años de andadura y en el que se cumplen los cuatrocientos de la muerte del genial autor del Quijote.

Antonio León y su elenco teatral, en el que se cuentan nombres de actores como los de Norton Palacio, Vicente Nové, Félix Espinosa, Daniel Moncada y actrices tales como Covadonga Calderón, Elena Alcaide o Luna Almansa, entre otras, llegadas las fechas veraniegas del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, cumplen esa función de las representaciones de los entremeses ofreciendo, entre unas y otras puestas en escena de las obras grandes en los distintos teatros de la ciudad –incluido el Corral de Comedias- sus puestas en escena en un “corralillo” emplazado en una de las callejuelas adyacentes a la Plaza Mayor.

En esta ocasión, sobre el escenario formado por un carromato al estilo de los usados en tiempos de Lope de Rueda –según explicó Antonio León- los actores, con desenvuelta maestría, nos dejaron dos joyas en forma de entremés: El vizcaíno fingido y El retablo de las maravillas.

En El vizcaíno fingido, muy al estilo de Lope de Rueda, los actores y actrices del reparto subrayaron con gran acierto las insinuaciones de los personajes en este episodio que  –sin intenciones satíricas- nos ofrece la historia de un par de villanos o pequeños truhanes decididos a estafar a una prostituta aprovechándose de la circunstancia de que ésta –dada su condición- no podría acudir a la justicia. La buena actuación de los cómicos, bien apoyada en el extraordinario texto cervantino, desarrolla acertadamente en el tratamiento dramático, tanto el fingimiento del vizcaíno como la psicología de las mujeres.

El retablo de las maravillas, segundo entremés puesto en escena, basado posiblemente en un texto de El Conde Lucanor (Don Juan Manuel, 1330) tiene un marcado carácter moral y didáctico. En este episodio se cuenta cómo unos cómicos muestran un tapiz mágico en el que el público puede contemplar escenas extraordinarias que no podrán ver los bastardos. En el caso de Cervantes, agregará la limpieza de sangre y el ser cristiano viejo a las condiciones para poder ser testigos del prodigioso retablo. En medio del enraizado prejuicio de considerarse, por encima de todo, cristiano viejo –aun a costa de declarar ver lo que no existe- Cervantes apuesta por la valentía del cristiano nuevo, que será el que desmonte toda la farsa. Bien conocida es la preocupación de Miguel de Cervantes en este aspecto que tanto le afectaba por su ascendencia judía y que tan bien reflejó –como pudo y mejor supo- en el Quijote.

La tarde de entremeses cervantinos en el Guggenheim concluyó de la manera más amable y agradecida que pueda imaginarse por el público que llenaba la sala, con el regalo para el que esto escribe y su compañera de recibir el saludo personal del cuadro escénico y de Antonio León personalmente, gesto que les agradezco sinceramente y ocasión que aprovechamos para trasladarles nuestra admiración junto con la firme decisión de seguir acudiendo a la cita teatral de Almagro en su festival veraniego, y de nuevo allí ofrecerles nuestro aplauso que vaya, ahora, con nuestro abrazo y el reconocimiento a una labor tan importante y necesaria para la vida e “instrumento de hacer gran bien a la república” –que diría Cervantes-, labor tan sacrificada como difícil en todos los tiempos que corrieron y que corren.

González Alonso




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