UN DELICADO EQUILIBRIO
Edward Albee
Producciones Teatrales Contemporáneas
Dirección de Nelson Valente
Intérpretes: Alicia Borrachero; Ben Temple; Manuela Velasco; Joan Bentallé; Cristina de Inza; Anna Moliner
Teatro Barakaldo.- 25 de febrero de 2024
Edward Albee (1928/2016), uno de los reconocidos representantes del teatro clásico americano de los años 60 del siglo XX, sigue la estela –siendo más joven- de autores como Tennessee Williams, Eugene O´Nell, Thornton Wilder o Arthur Miller y sus imperativos éticos. Es un teatro en el cual el texto y el contenido adquieren un protagonismo crucial en el desarrollo de la trama marcando el curso de la acción de la obra, con gran profundidad, carga crítica y análisis psicológico de los personajes. En ese universo dramático
nos resultan próximas obras como El zoo de cristal, Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc (Tennessee Williams), Todos eran mis hijos y Muerte de un viajante (Arthur Miller), Á Electra le sienta bien el luto, (Eugene O´Neill, Premio Nobel 1936) o Nuestro pueblo (Thornton Wilder).
¿Qué se nos presenta en Un delicado equilibrio? En cierto modo, por lo menos en lo que concierne al alcohol y las relaciones tóxicas, podemos decir que estamos ante el melodrama descarnado del mismo autor, ¿Quién teme a Virginia Woolf?, aunque con menor intensidad. La familia media americana de los años 60 es puesta contra las cuerdas del resentimiento y los reproches como modo habitual de comunicación, y a través de ella se nos revela la crisis del mundo occidental, al menos en los Estados Unidos, con la angustiosa sensación de vivir el fin de la seguridad, ese sentimiento que abarca lo confortable, lo seguro y permanente de la vida cotidiana, lo que cabe esperar de ella en cuanto a estabilidad y que se tambalea entregando a sus protagonistas a un mar embravecido como bajeles a la deriva.
No hay resquicio de esperanza para esta familia acomodada, una institución familiar dominada por las apariencias y obsesionada con la conducta correcta, pero carente de afectos, sentimientos y ternura que hace que todo se convierta en una lucha agónica por sobrevivir sin ahogarse en el marasmo de la desidia y la soledad.

Los protagonistas de este melodrama mantienen como pueden una coexistencia repleta de reproches, agresiones verbales y amenazas reales como la de la hija armada con una pistola amenazando de forma histérica a la pareja de amigos de sus padres instalados en la casa debido a un terror indefinido que apunta al vacío de sus vidas.
El alcohol aparece asociado de manera continua a las relaciones sociales y personales, y el problema del alcoholismo hará acto de presencia con su carga amenazante para la estabilidad de la familia formada por el matrimonio, la cuñada y una hija que vuelve a casa una vez más después del fracaso de su cuarto matrimonio. A ésta situación se sumará la desestabilizante llegada del matrimonio amigo para instalarse en la casa.
Todo representa una dura puesta a prueba de los límites de las relaciones familiares y la definición de los borrosos límites que abarca para conocer quiénes son parte de la familia y quiénes no. Los amigos de toda la vida, los parientes consanguíneos de dentro y fuera de la casa, ¿son lo mismo?, ¿se les debe el mismo reconocimiento, derechos y afecto? No podemos asegurar que esté muy claro y, evidentemente, la institución familiar de la clase media americana se tambalea y parece estar al borde del abismo.
La interpretación se representó en el único escenario del salón familiar con gran acierto; actrices y actores se identificaron magistralmente con el perfil de cada personaje confiriendo dramatismo y exquisita sensibilidad a cada escena. Un trabajo difícil, poco al uso del teatro actual, pero tan necesario siempre. Aplausos.
González Alonso
