Dramaturgia y letras: Álvaro Tato
Dirección: Yayo Cáceres
Reparto: Juan Cañas; Miguel Magdalena; Diego Morales; Luis Retona; Daniel Rovalher
Teatro Serantes de Santurce / Santurtzi
23 de octubre de 2026
Dos cronistas nos dan fe del viaje en busca del Nuevo Mundo de casi tres náufragos en un cascarón mal armado de vela y remos. Tres personajes que huyen de su país y su propia realidad; tres impostores por necesidad, pues ninguno es lo que aparenta y dice ser; ni el fraile es fraile sino monja, ni el capitán es capitán o soldado sino mozo sin oficio, ni el marinero es tal sino reo huido de la justicia y supuesto rey preso de su propio imperio como fue Felipe II.
Todo el disparatado viaje al Nuevo Mundo con sus calamidades y amenazas acabará, por error fatal de la navegación sin instrumentos de orientación, en las costas españolas que tomarán en posesión y darán nombre. Pero el indio que hace aparición les abre los ojos, pues tampoco es indio americano sino un español disfrazado de carnaval. Porque todo se resumirá al final en un deseo de paz y vida carnavalesca y festiva sin fin.
No obstante el viaje ha servido, al menos, para descubrir la propia identidad de los aventureros y el nuevo mundo que será su vida en su patria. Viaje liberador en el que cabe reconocer el valor de la libertad con la reafirmación del valor personal a salvo de prejuicios.
Estamos ante un trabajo propio del estilo Ron Lalá abordando el tema histórico del descubrimiento de América y la conquista por parte del Imperio Español. Y en este repaso de las crónicas de indias no se dejan la tinta en el tintero para apuntar los intereses espurios de los autores y difusores de la leyenda negra ni la de los impulsores de la leyenda blanca o rosa de la conquista, ni pasarán por alto la realidad de imperios como el azteca o maya opresores de otros pueblos indígenas y el ejercicio macabro de los sacrificios humanos en nombre de sus dioses como medio de control por el terror, ni las motivaciones de frailes y conquistadores con sus excesos en el celo de la fe o de la ambición desmedida y sin escrúpulos. Todo se presta a ser puesto en tela de juicio, pues todo se ha explicado y se explica para justificar lo injustificable o desacreditar las acciones rectas, más rectas en sus intenciones que en sus resultados en numerosas ocasiones.
Sea como sea, resulta valiente y necesario –incluso como terapia colectiva- abordar estos temas que se han hecho tabú para descubrirnos a nosotros mismos, tanto como españoles de esta parte de Europa como hispanoamericanos de la parte de América. Y mirar al futuro.
Todo transcurre al modo de una comedia musical en verso; música en directo magistralmente interpretada por los actores, y versos clásicos, redondillas, cuartetas, décimas y romances, de impecable factura y excelente declamación. Y todo en esta comedia será sátira burlesca y mordaz con un humor desbordado que tira de recursos carnavalescos de chirigota en el que se incluye un número flamenco, el culto a la humilde patata, la lucha contra tiburones y mosquitos y que no excluye –sin embargo- momentos poéticos como la delicada nana interpretada para calmar al rey niño Felipe II. Sigue leyendo


El argumento: Un grupo de amigos acostumbran a invitar a cenar a una persona que consideran idiota para burlarse de ella dejándola hablar y provocando sus explicaciones, a veces engorrosas; pero finalmente el supuesto idiota pone en evidencia a los burladores generando un verdadero caos al quebrarse las intenciones de estos amigos de la risa a costa de los demás.
Desobedientes 18/98
Vamos a ver. Para empezar, teatro, teatro… no. Creo que sería mejor definir este espectáculo como “conferencia dramatizada” para hablar sobre la desobediencia civil y la insumisión. A partir de ahí, con el texto como principal protagonista y los argumentos esgrimidos a favor de una actividad social como es el impulso de la desobediencia civil tendremos lo que se presenta como obra de teatro.
No cuestionaré la natural necesidad del ejercicio de la libertad para oponerse a leyes injustas; lo que resulta problemático es decidir quién tiene la facultad de definir una ley como injusta y desobedecerla. Y no tengo una respuesta, pero sí muchas dudas. También tengo la certeza de que, democráticamente, las leyes van cambiando y adaptándose a las necesidades del pueblo y su voluntad. Así la ley del aborto, el divorcio, la eutanasia, los matrimonios homosexuales, etc. se van abriendo paso y aplicándose con mejor o peor acierto. Siempre se ha dicho que las leyes van por detrás del desarrollo de la sociedad. Es la misma sociedad en su conjunto la que finalmente impulsa los cambios. Por eso en la obra representada se dice que no es Martin Luther King quien crea el movimiento contra la discriminación de los negros, sino la sociedad quien crea a Martin Luther King. El papel de asociaciones y movimientos pacifistas es importante en cuanto a la organización y extensión de la sensibilidad social para el cambio. Ocurrió en España con la obligatoriedad de la mili o con la paralización en Euskadi de la central nuclear de Lemoniz, a pesar de la nefasta injerencia de ETA. 
En la aparición de la atracción amorosa se da una variable a considerar no prevista durante la experimentación, y es que la pareja se ve y tiene interrelación antes de iniciar el ensayo. ¿Pudo darse en ese momento el inicio del enamoramiento? ¿Qué efectos pudo producir la posterior administración de dopamina en esa atracción? ¿Se podría realmente comercializar un elixir de amor? Se abren así otros interrogantes en torno a la verdadera naturaleza del sentimiento amoroso. Otro problema a considerar será si a los efectos terapéuticos buscados se les puede añadir otros efectos secundarios o efectos adversos graves por una sobreexposición accidental o mal calculada. En el caso que se nos presenta, el joven sufrirá una amnesia general temporal de pronóstico incierto.
La obra, de carácter circular, se abre y se cierra con la misma escena, la del asesinato de Desdémona a manos del celoso Otelo; la diferencia entre una y otra es que en la primera el crimen tiene un carácter tragicómico haciendo reír al espectador; en la segunda ocasión, la que cierra la representación, el carácter trágico no deja lugar a la risa. Por medio queda en suspenso la realidad del personaje de la operadora de luz y sonido –que antes fue actriz- alcohólica y depresiva tras una historia personal de acoso sexual sin resolver; la realidad de la joven actriz debutante viviendo también una situación de acoso por parte del actor principal, con cierta fama e influencias y muchas promesas de trabajo para la debutante; también se nos muestran las miserias y resentimientos de una pareja rota y la situación del eterno y frustrado actor de segunda fila. 




Las locuras por el veraneo
La intención de Eduardo Vasco para esta versión de “Las locuras por el veraneo”, fue acercar la comedia a nuestro pasado más reciente ubicando su acción en el ambiente europeo de los años 20 del pasado siglo. Con una escenografía sencilla y eficaz recreará el ambiente adecuado a cada una de las escenas desarrolladas. Destaca el acierto del vestuario y es reseñable la interpretación coral de las canciones que forman parte de la obra. No estamos, sin embargo, ante un musical.
Estamos descubriendo la idea del veraneo del siglo XVIII, un lujo reservado a las clases altas, burguesía y aristocracia, con unos veranos que duraban tres meses retirados a la vida campestre en grandes mansiones rodeados de amigos e invitados, grandes fiestas y un montón de criados. La obsesión por ser quien viste mejor y más a la moda, quién celebra mejores festejos y ofrece las mejores y más abundantes comidas o quién tiene más invitados, dará pie al derroche, los enredos, y la realidad de unas deudas que no se pagan nunca. A todo ello vienen a sumarse los asuntos amorosos con su maleta cargada de celos y la esperanza equivocada de resolver los problemas económicos con una buena dote en el matrimonio.
POLAR
Pues bien, esta noche nos hemos encontrado con un matrimonio divorciado enredado en una discusión de carácter profesional, reiterativa y con rasgos cómicos, en la que al final ya no saben de qué discuten, si de ellos mismos o del proyecto de trabajo del ex marido. La cosa es que, inesperadamente, la historia termina siendo comidos por un oso polar en el jardín de la casa, en una escena muy bien llevada a cabo con una realización ingeniosa y efectista. Seguidamente, tras correr y descorrer un telón poblado por un bosque de pinos, una joven vegana acompañada de la guitarra de su novio desaparecido llega, sin un euro y en un día muy lluvioso, al bar de un cazador en un lugar de la nada para enzarzarse la una con el otro, bronco él de modales y machista de formas sin compostura. Más adelante, un biólogo ecologista perdido en la Patagonia buscando
rastros de animales exóticos será comido por una osa polar tras las presentaciones y razonamientos sobre el sentido y esencia de la naturaleza, pues el hambre es el hambre y la comida es la comida. Podía haber sido también a la inversa, comiéndose el hombre a la osa. Entre tanto, y entre escena y escena, una voz en off nos contará la carrera imparable y angustiada de una madre que había perdido a su hija pequeña a manos y boca de otro oso, se supone que también polar. Esta mujer acabará llegando al bar del cazador en el que se encuentra la vegana que, tras entrar en calor a base de orujo, se desahogará destrozando la guitarra de su novio, que sabe que ya no vendrá, colgando sus restos en la pared como un trofeo.
De todo ello, me pregunto –como espectador- qué me pareció a mí esta comedia. Trataré de ser conciso. Más que divertida, entretenida; más que teatral, metateatral y pretendidamente actual, en la que no se aprecia –si no es superficialmente- la relación entre la acción humana, y la humanidad en general, y la realidad de la naturaleza a una escala que justifique lo presentado y representado. Todo, en fin, lo entendí más como un conjunto de ocurrencias que como buen humor inteligente para hacer la pretendida denuncia del cambio climático y sus consecuencias.
UN DELICADO EQUILIBRIO
nos resultan próximas obras como El zoo de cristal, Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc (Tennessee Williams), Todos eran mis hijos y Muerte de un viajante (Arthur Miller), Á Electra le sienta bien el luto, (Eugene O´Neill, Premio Nobel 1936) o Nuestro pueblo (Thornton Wilder).