El filósofo que llora

EL FILÓSOFO  QUE LLORA

Te dijeron, no llores,
no es para tanto, los hombres
no lloran. Y cerraste los ojos,
apretaste el nudo que ahogaba tu garganta,
contuviste el aire que oprimía tu pecho
tantas veces como las lágrimas
se asomaron al brocal de la tristeza,
la pena de una pérdida, la humillación
sufrida, el dolor de la soledad
y el amor que olvidó tu nombre.

Se marchitaron las flores en el jardín de la vida
sin llanto.

Pero algo andaba mal
en el ánimo y el fondo de las cosas,
y las sonrisas no encajaban en los labios.

Cómo organizar los sentimientos,
cómo limpiar el alma
atrapado en la nostalgia de un pretérito
imperfecto idealizado, y en un futuro pintado
de expectativas
de augusta felicidad.

Así me hicieron una y cien veces cien
aquellos que pasan por la vida
oyendo sin escuchar
y mirando sin ver lo que tienen delante.

Y ya sólo quiero el silencio
y el deleite del descanso, la pausa que me socorre
depurando experiencias, organizando las noticias
del mundo; y, al fin poder, serenamente,
advertir mis emociones
junto a Heráclito de Éfeso,
el filósofo
que llora.

González Alonso

11 comentarios en “El filósofo que llora”

  1. Desde luego sin llanto se marchitan las flores en el jardín de la vida como igualmente se ahogan si solo reciben llanto. La vida está o se alimenta, me parece, y creo que es lo que viene a decir Heráclito, de ese fluir oscuro que contiene todo. Esa última estrofa, ese ermitaño que al parecer fue Heráclito, me ha recordado a Hölderlin que también escribió una novela muy «heraclitea», si se puede decir así, el Hiperión. Solo que él mismo, el poeta, por desgracias de la vida, quizás por un desborde de emociones, de sensibilidad, un desborde de realidad, una imposibilidad quizás, un no poder canalizar el dolor y el llanto, la rabia, la frustración… terminó aislado en una torre, no como eremita que se observa y observa el mundo desde una posición escogida voluntariamente, sino como persona con problemas, diríamos hoy, de salud mental. Ojalá haya podido «serenamente advertir» «sus» «emociones», ¿o quizás es la locura un mecanismo desde el que se defiende la vida?
    Un poema estupendo, Julio, para sentir y reflexionar. Saludos.

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    • Tu estupendo comentario, Esther, no solamente profundiza en las motivaciones del poema, sino que introduce una variable importante como es la locura, la salud mental que pasa tan desatendida, ignorada o vergonzosamente ocultada por la sociedad. Hay personas, muchas, que sufren en soledad ese sufrimiento que, en tantas ocasiones, las llevan a la orilla de la muerte o acaban en la muerte misma. Un reto, el de la atención a la salud mental, que tenemos por delante. Gracias por tu aportación al tema. Un abrazo, y salud.

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  2. Un poema muy bueno que nos invita a reflexionar, Julio. Llorar es el desahogo del alma y está lejos de ser un signo de debilidad. Y la importancia que tiene el aprender a escuchar en vez de solo oír y mirar sin ver, sin apreciar los detalles. Genial. Un abrazo.

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