CARTA A LEÓN FELIPE
(Felipe Camino Galicia.- 1884/1968)
Felipe Camino; León Felipe porque tú lo quisiste así, zamorano y leonés universal. Muchos dudan si encuadrarte en la Generación del 27 o no; yo te veo en todas las generaciones con la voz personalísima y difícilmente encasillable en estilos o corrientes al uso. La vena libertaria desborda tus versos de acero y verdad. Tu vida se hace bohemia en la búsqueda incansable de tu identidad, pues que siempre recorriste los caminos con el peso de la duda a cuestas para la que jamás encontraste una respuesta definitiva preguntándote obstinadamente, ¿quién soy yo? Una cárcel, no por motivos políticos, sino por el azar embarazoso de unos negocios mal gestionados. El alma del poeta sabe poco de cuentas; las cuentas del poeta están en el mundo de la condición humana y hablan de libertad, justicia social y solidaridad.
Sé que en tu búsqueda honesta de respuestas a tu razón de existir, llegaste a definirte como “el poeta del barro”, con toda la grandiosa humildad de quien se sabe materia elemental y efímera. No elegiste ser mármol de Macael o Carrara para esculpir tu alma de nobleza, sino barro, arcilla de la tierra de tus mayores. Lo dijiste y cantaste y proclamaste:
Así es mi vida,
piedra, como tú. Como tú
piedra pequeña;
como tú…[ ]
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas…
Admiré de ti, y ahora admiro, la radicalidad profética de tus poemas. Es posible, tanto en tus experiencias vitales como en las lecturas de tus versos encontrar esa forma tuya drástica de expresión. Max Aub, que te conoció bien y te quiso bien dice que las fuentes de tu poesía manan de los versículos de la Biblia tanto como de los versos de Walt Whitman o los más arrebatados de William Shakespeare para el teatro. Y algo de todo ello habrá, que también pasaste por ser, si no actor, al menos cómico por en tiempo.
Tal vez estés preguntándote a estas alturas quién es el impertinente que te escribe sin que nadie le diera vela en este entierro. No te negaré la respuesta. Soy también un leonés más o menos errante por los suelos de España que participó de la experiencia del teatro en la temprana juventud, dirigiendo e interpretando a Thornton Wilder, Albert Camus, Bertolt Brecht, Fernando Arrabal, junto a una breve experiencia con los Cátaros de Alberto Miralles en Barcelona. Todo, teatro de juventud. Incluso de muy temprana juventud con la primera experiencia dirigiendo e interpretando a Ladislao Fodor en “Suspenso en amor”, asignatura que –proféticamente- quedó pendiente en cada convocatoria. Luego, también, me ha dado por impartir clases como profesor con más provecho en aprender que en enseñar y en esto de escribir, sobre todo poesía. Por si te pareciera poca coincidencia, también tomé parte en la utopía anarquista de los años 70.
Espero, en fin, que encuentres razones suficientes que expliquen la razón de esta carta. Ni mi teatro, ni mis años de enseñanza, ni mis libros de poemas, ni los ideales con tanta pasión defendidos, me parece a mí que lleguen a nada, arriben a buen puerto o merezcan ser recordados. Pero forman parte de lo que viene a ser mi vida y a dar respuesta de algún modo a la pregunta que tú te hiciste durante toda la tuya: ¿quién soy yo?
Hay algo esencial que no quisiera dejar pasar por alto antes de firmar la despedida de esta carta, y es España. Con elocuente rotundidad supiste expresar el desgarrador final de la II República Española tras la sublevación militar y fascista de 1936. Tampoco te callaste ante la barbarie de la II Guerra Mundial. Recuerdo los duros versos para nombrar la vergüenza de Austzwich criticando la vacuidad del arte estético ante el verdadero horror:
(A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos)
Esos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud…
Que hablen más bajo…
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso!…
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
Y solo.
¡Solo!
Aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, «gran cicerone»)
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue una aventura divertida
de música y turismo.
Del dictador Francisco Franco, que hizo de España un solar de terror, dijiste, llamándole “sapo Iscariote y ladrón” (mi padre le llamaba siempre “el Verdugo”. Jamás lo mencionó por su nombre de pila):
Hay dos españas, la del soldado y la del poeta.
La de la espada fratricida y la de la canción vagabunda.
Hay dos españas y una sola canción.
Y ésta es la canción del poeta vagabundo:
Franco, tuya es la hacienda, la casa, el caballo, la pistola.
Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo y me dejas desnudo y errante por el mundo…
mas yo te dejo mudo… ¡Mudo!
¿Y cómo vas a recoger el trigo y a alimentar el fuego si yo me llevo la canción?
Y en otras circunstancias se repetirán los mismos epítetos, como ante la indignación por la alianza de la Iglesia con la sublevación militar determinando que los republicanos no tenían dios ( ¡Sólo los republicanos españoles no teníamos Dios!, protesta León Felipe):
La verdad es… que cuando Franco, el sapo Iscariote ladrón
con su gran escuadrón de cardenales y banqueros
se atrevió a decir que la guerra de España era una cruzada religiosa
y que Dios estaba con ellos…
al poeta le entraron unas ganas irrefrenables de blasfemar.
Pues termino, compañero León Felipe, con una de cal y otra de arena. Se acordó una Constitución en 1978 que, con sus más y sus menos, sostiene un orden democrático de libertades que ha facilitado el progreso formando parte de Europa. No están curadas todas la heridas de los vencidos, ni hechas todas las justicias, cuando nuevamente comienza a resonar y rugir el odio, el racismo, la xenofobia y el nacionalismo rancio de sueños imperiales con el brazo en alto de un fascismo renovado. No son buenas noticias, y siento despedirme con el sabor agridulce de lo confuso de un panorama mundial al que España no es ajena. Por eso, y todo lo demás, hoy te he querido recordar. Porque, como ayer, hoy estamos necesitados de tu acción decidida, tu testimonio valiente y siempre la profunda y rotunda verdad de tu palabra, Salud.
Julio González Alonso
Uno de mis poetas favoritos, mis primeras lecturas de poesía, junto a Machado y Lorca, pero él más moderno, más cercano, porque también vivió en la provincia de Guadalajara y luego casualmente en el tiempo, nos encontramos a través de Ella Goldberg Wolfe, su protectora en México, Ella, lo acogió en el exilio, eran, amigos de Frida y Diego Rivera… una historia larga y hermosa… hoy me hiciste recordarla. Hermoso artículo basado en su vida, en su obra… Gracias Julio. Salud y Amor. Lo que siempre necesitamos. Mi abrazo.
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¡Cuánto me alegra tu comentario! Te agradezco las noticias que me das sobre León Felipe y sus experiencias que ayudarán, sin duda, a hacerse una idea más completa del poeta a los lectores. Muchas, muchas gracias, Julie. Un abrazo grande. Salud.
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