El trujamán entre Cervantes y Shakespeare.- Pepe Zapata

 

EL TRUJAMÁN ENTRE CERVANTES Y SHAKESPEARE
Pepe Zapata

Autor e intérprete: Pepe Zapata
Dirección: Ignasi Camprodón
Música: Gerard Vázquez

Compañía: Teatro De Dos

Teatro Barakaldo
17 de octubre de 2026

Vivimos en un mundo de mediadores, de intérpretes de los deseos de unos y los otros, de trujamanes, de personajes anónimos que sostienen el nombre de los personajes de éxito y reconocimiento. De eso va la historia.

Pepe Zapata nos deja un texto bellísimo; la poesía lo impregna todo junto a la ironía y la reivindicación de sí mismo en el papel de trujamán hecho de razas y credos entre dos mundos, el de Miguel de Cervantes y el de William Shakespeare. Nos lo explica a través de una metáfora repetida, la del puente que une dos orillas y es pateado por quienes lo cruzan mientras permanece invisible.

Pero el puente también tiene alma y sus piedras sostienen el derecho a ser reconocido mientras deja discurrir las aguas a sus pies. Y así, con paciencia y humildad, el trujamán nos va dejando caer sus idas y venidas, las ideas que va dejando a un lado y otro del puente y que recogerán Cervantes y Shakespeare como suyas olvidando quién una vez se las susurró al oído.

Es posible que el autor del Quijote y el de Hamlet supieran uno del otro. O no. Pero sí es verdad que los dos genios de la literatura universal compartieron época y hasta fecha de muerte en un 23 de abril de 1616, aunque con calendarios distintos. La propuesta de Pepe Zapata hace real este encuentro en el espacio del teatro donde –como él mismo expresa- todo es mentira y todo es verdad.

Si al oficio de mediador, trujamán de intereses, informaciones y acuerdos, se le añade la de ser morisco o judío en España con los austrias, Felipe II y Felipe III, y el catolicismo, el anonimato se convertía en una forma de protección, la cautela en seguridad y la confesión pública de la fe cristiana en salvación. La expulsión de los credos diferentes al oficial fue moneda de cambio en Europa y lo sigue siendo en países musulmanes junto con persecuciones y muertes. Parece mentira, pero es así y también entre los países democráticos avanzados sigue existiendo la pena de muerte o, de manera sutil o abiertamente hostil, se juzga y rechaza al mestizo, a las personas de otras razas o religiones, creando guetos. ¿De qué nos extrañaremos entonces cuando el mismo Cervantes –igual que hizo Cristóbal Colón- ocultó su origen pretendiendo toda su vida el reconocimiento de su limpieza de sangre a través de papeles?

Pero volviendo al teatro, nuestro trujamán morisco se hace invisible para los autores a los que sirve, Cervantes y Shakespeare, y no para las autoridades que lo encuentran sospechoso de cualquier cosa mala que ocurra a su alrededor; así que, silenciado su nombre, viajará por gusto y deseos de medrar unas veces, y otras por necesidad para escapar de las amenazas y acusaciones que, finalmente, acabarán con su existencia. Sevilla, Madrid, Londres; Londres, Madrid, Sevilla, y así las veces necesarias, de grado o por fuerza, trayendo y llevando información, encontrando o perdiendo el amor, escondiendo o entregando la vida.

Y en medio de todo ello, el amor. Y será el amor quien lo llamará por su nombre en el encuentro con la joven mora londinense. La descripción de ese encuentro se desliza con gran ternura por los recitados de la obra, porque es el encuentro consigo mismo y su verdad. El amor lo salva y lo condena. Pero con su nombre verdadero.

Una interpretación soberbia acompaña a un texto soberbio. Este trujamán, el puente que une las dos orillas de Cervantes y Shakespeare, une también dos mundos, el clásico y el contemporáneo. Entenderemos el valor de los puentes cuando vemos que las guerras es lo primero que destruyen. Hoy, gracias a Pepe Zapata, nos hemos hecho más conscientes de ello. Su discurso poético nos habla sin afectación y en un lenguaje limpio del Siglo de Oro del valor del encuentro y el diálogo, y del mérito de quienes de manera anónima lo hacen posible. Y no es literatura.

Quien tenga la oportunidad de disfrutar la belleza de esta propuesta teatral, que lo haga. Es todo cuanto me queda por decir. Con un gran aplauso.

González Alonso

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