Lisístrata
Aristófanes

Versión y traducción de Pedro Sáenz Almeida
Signatura Ediciones S.L. ISBN 84-95122-74-X
Depósito legal: SE-129-02

Hace poco pude ver en la televisión una película francesa titulada “La fuente de las mujeres” (director: Radu Michaileanu; actrices: Leïla Bekhti y Hafsia Herzi) en la que, para resolver el problema del agua en el pueblo, las mujeres inician una huelga de sexo. Las costumbres ancestrales de la aldea, situada en un lugar indeterminado del norte de África, mandaban realizar los trabajos más duros a las mujeres, incluido el de ir a buscar el agua a una fuente ubicada a varios kilómetros en la ladera de un monte. Los hombres, mientras tanto, pasan el tiempo reunidos en la taberna. Otras costumbres vigentes, como la obligada sumisión de las mujeres al padre y al marido, lo que incluye aceptar los casamientos impuestos, empiezan a resquebrajarse con la huelga de las mujeres. Película tierna, dramáticamente actual, seria e incómoda para las sociedades patriarcales, que apunta con acierto a los problemas derivados de las desigualdades en mujeres y hombres. Una hermosa y eficaz película reivindicativa para acabar con las injusticias derivadas de la desigualdad.

Aristófanes, en el siglo IV antes de Cristo, hace ahora 2.428 años, estrenaba en Atenas “Lisístrata”, también conocida como “La Asamblea de las mujeres”, en el año 411 a.C. en plena guerra del Peloponeso que enfrentó a las ciudades griegas. Como en la película, las mujeres griegas reunidas en Asamblea deciden llevar a cabo una huelga de sexo para detener la guerra. Para ello, además, tomarán la Acrópolis y controlarán las arcas del tesoro de Atenas, impidiendo que los hombres usaran una sola moneda par financiar el enfrentamiento entre los griegos.

“Lisístrata” (que significa “la que disuelve  los ejércitos”), nombre de la protagonista, está escrita en forma de “comedia” y es un ejemplo de cómo el teatro se enfrenta a los problemas de las sociedades en que se desarrolla, los trata, expone y reflexiona sobre ellos. Pero es algo más. Desde su desenfadado humor y con un lenguaje directo y explícito sobre el sexo, “Lisístrata” plantea el grave problema de toda la humanidad: la lacra de la guerra y sus consecuencias en un alegato vibrante en el que deja al descubierto la estupidez humana en un llamamiento al sentido común y la cordura.

Respira el texto de Aristófanes sabiduría al darnos a entender a través de la protagonista de su comedia después de haber perdido su marido en la guerra, el sinsentido de reivindicar a los muertos como héroes cuando sólo son víctimas.

Aristófanes aboga por la utopía frente a la realidad. La paz es posible; es necesario superar “los falsos patriotismos de aldea”, y lo hace desde un claro sentimiento panhelénico.

En la comedia todo se resuelve bien. Lo malo es que la historia de los pueblos prefiera la tragedia, y los gobernantes de turno, políticos tan rancios y estrechos de miras como corruptos, ignoren el valor de la enseñanza de la comedia y elijan el camino del drama buscando el enfrentamiento, la construcción de fronteras, la exaltación de las pasiones identitarias de un “patrioterismo de aldea” que Aristófanes y las mujeres de su “Lisístrata” ya denunciaban hace dos milenios y medio.

Si leer resulta raro porque leer significa tranquilidad, atención, algo de tiempo y compromiso, cuando es más fácil lo superficial de las imágenes, las frases hechas, los tópicos, la desgana y el excusarse de pensar, leer teatro ya es una aventura inimaginada. Si la novela se lee poco y mal y  la poesía es minoritaria, el teatro sólo queda al alcance de algunos locos. Sea como sea, con esta obra o con otras, atrévete a cambiar de locura.

González Alonso

 



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