Herencia

 

Herencia

Fui  la señal del cielo
y aquél que advirtió un lugar
en las estrellas
y os dio un universo
de palabras.

No era ángel ni profeta
ni era dueño de los mapas
del mundo
y el caudal antiguo de la vida.

Sólo un amor desconocido
corrió por mis venas
y los pulsos,
se alzó a las savias
de mis ramas. Vosotras, hijas mías,
sabréis qué hacer con todo aquello
que una vez llegó a vuestra alma
y canta y duerme
con la alondra que anuncia
la hora primera
de la madrugada.

González Alonso

27 comentarios en “Herencia

  1. Un cajón de versos llenos de nuestra luz dejaremos. Será nuestra pequeña eternidad. Iremos de rincón en rincón del tiempo, hasta que, quizá, una noche, unos ojos que aún no han nacido se pare en un viejo renglón nuestro y nos remueva en el olvido. Me ha gustado el lirismo que tiene el poema.

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    • Gracias, Rubén. Dentro de la inmensa minoría en que nuestros versos se mueven y moverán, me resulta alentadora la idea que dejas en tu comentario y soñaré con esos ojos que en un futuro, cuando ya no estemos, lean y la lectura emocione algo el alma de quien lea, o tal vez sean el hilillo de agua fresca y antigua que alivie la sed de alguien que ya no conoceremos. En cualquier caso, ojalá sirvan a alguien, acompañen a alguien, sirvan de consuelo, tal vez, a alguien alguna vez. Salud.

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  2. La hora primera de la madrugada me la anuncia el alegre graznido de las gaviotas. No será comparable al melodioso canto de la alondra, pero a mí me suena a música celestial. Como me suenan tus hermosas poesías, que no necesitan rimar para llegar al rincón más recóndito del alma.
    ¡Ay, poeta! Si pudieses contemplar el magnífico y cambiante panorama que tengo ante la vista, fluirían de tu pluma las más bellas composiciones. A mí queda exclamar (plagiando a Campoamor): “¡Quién supiera escribir…!” Y comparar los destellos de los innumerables faros, que resulta muy entretenido.
    Te envío saludables «airiños mareiros».

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    • La alondra se quedó en tierras leonesas; desde aquí, ocasionalmente, también son las gaviotas las que ría arriba animan el paisaje, incluso se acercan a la ventana para coger los trozos de pan que les lanzo al aire.
      Indudablemente los paisajes que tienes ante ti inspirarían al más duro e insensible, estoy seguro. Disfrútalo y escríbelo, amiga Carmen, y todos veremos por tus palabras Un abrazo marinero.
      Salud.

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    • Eso es, Vicente. Para fortuna de los que se van, no son testigos de cómo se arruinan, despilfarran o se pierden muchas herencias. Tampoco, naturalmente, pueden alegrarse con las que se usan bien. Por eso, pienso, algunas personas tratan de no dejar nada… salvo los malos o buenos recuerdos.
      Salud.

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