17
Feb
12

Torre guardiana

.

La vieja y la muerte

.
Los ojos manantiales de azul, más grandes,
dueños ya del recuerdo
en miradas sin ira. En las manos
el tiempo, dibujo de sangre detenida
sobre la piel fría. Regueros abiertos
los labios a palabras disolviéndose en el aire
de la sonrisa breve;
en el pulso congelado de los chopos
polen viejo de primavera,
ausente pálpito de vida;
sólo los pájaros ponen un poco de calor
de verano,
luz, torre guardiana de los sueños;
veneros de aguas cristalinas los abesales,
sombra.

Julio G. Alonso
.

La joven y la muerte

.

   Traducción al portugués por la escritora Tania Alegría del poema Torre guardiana en el cuaderno Um Oásis de Palavras, dirigido por Ana Muela Sopeña:

http://www.umoasisdepalavras.com/2012/03/torre-guardia.html

 

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8 Responses to “Torre guardiana”


  1. 1 Santiago Fernández
    febrero 17, 2012 en 20:45

    Querido amigo Julio:
    Con tu bello poema te deslizas por la tristeza, una tristeza infinita manifiesta en un cuerpo inerme y unos recuerdos ilimitados en el tiempo. Es un poema etéreo: el aire, los chopos, los pájaros ; juegas con la quietud y el reposo: sangre detenida, pulso congelado, torre guardiana de los sueños; con la naturaleza: los pájaros, abesales, …el conjunto me gusta; pero me deja una sensación agridulce.
    La muerte es unos de los grandes problemas filosóficos, algunos como el griego Epicuro, quien planteó la ataraxia (teoría que cultivaba el placer, entendiendo por tal la ausencia de dolor y la liberación de las perturbaciones en el alma) , nos otorga una solución evasiva ante la muerte, dice que no hay que temer a la muerte “La muerte no es nada para nosotros, porque mientras vivimos, no existe la muerte, y cuando la muerte existe, ya no somos “
    Otros pueblos y culturas, se enfrentan a la muerte de manera existencial: se trata de saber cómo vivir una vida a sabiendas temporal, pero con sentido.
    Aprender esta lección en nuestra cultura es difícil, la muerte la entendemos como el fin de un camino, el punto y final de una vida, el precipio no deseado.

    Siempre me han gustado los escritos antiguos, y en especial aquellos que están lejos de nuestra cultura tecnificada. Traigo aquí uno de los cantares atribuida con ocasión de la muerte del príncipe Tlacahuepan (1493-98)

    Áurea mariposa ya libando está:
    la flor que se ha abierto es mi corazón,
    oh amigos míos, es una flor fragante,
    ya la esparzo en lluvia

    Con un cariñoso saludo
    Santi

    • febrero 18, 2012 en 20:28

      Amigo Santi:

      Se trata de un poema triste, sí. La pesadumbre de la muerte se hace palpable cuando, según Freud, Eros cede ante Tánatos, la muerte no violenta, hermana del sueño. Ese momento es el que capté en una circunstancia concreta y que me impactó. No es algo momentáneo, sino gradual y progresivo, pero imparable; entonces la vida se alarga por un periodo indeterminado en la cual cada vez tiene mayor espacio Tánatos. Las sonrisas son una evocación de ayeres ya irrecuperables, las miradas se hacen diferentes, de una profundidad inalcanzable y todo el ser se recluye en sí mismo. A partir se construye el poema a modo de despedida desde una torre guardiana cada vez menos inexpugnable. Gracias por tus aportaciones, Santi, que enriquecen y completan el sentido de un poema que, desde su encriptamiento, creo que deja traslucir la realidad de la que intento hablar. Con un abrazo.
      Salud.

  2. febrero 19, 2012 en 22:28

    …. uno puede unirse fácilmente, Julio, amigo, a lo ya afirmado por otros compañeros con anterioridad, pero el siguiente verso “veneros de aguas cristalinas los abesales“, fulge por sí mismo puesto que es en sí una maravilla florecida; mis felicitaciones sinceras; Orión

    • febrero 20, 2012 en 23:49

      Amigo Orión, bien sabes que tu visita siempre es para mí el regalo de un premio; saberme leído por ti me llena de satisfacción mal disimulada. Sencillamente, sólo sé agradecerte esta atención con pocas palabras pero con una gran alegría de ánimo. Con un abrazo.
      Salud.

  3. febrero 22, 2012 en 02:20

    Querido Julio:
    Difícil, muy difícil agregar un comentario a la altura de los anteriormente expuestos.
    Interminable discusión; infatigable cavilación; sorda incertidumbre que nos sacude el el seso y la osamenta, y que sin embargo, como seres emocionales, tamizamos la razón y la esperanza por el mismo cedazo.
    Quiero referirme al momento liminar, al instante sublime en que traspasamos la barrera de la existencia para pasar a otro estado, incierto, imaginario, sublime.
    llama mi atención por qué los eruditos nos mencionan paz, armonía, resignación en dicho momento. No creo que porque no haya opción, sino probablemente porque haya aceptación dado lo que se avizora como futuro cumplido en ese instante.
    Ya muchos científicos y filósofos han separado la mente del cuerpo. Me quedo con ello, con la idea que nuestra mente, espiritualidad, esencia, quedan a salvo de la descomposición orgánica, para dar paso al sublime acto de volver a nacer en otra forma más perfecta.
    En torno al poema, que bien debiera ser eje toral de esta breve acotación, la belleza metafórica de tus versos es magistral. La solidez de lo dicho parece más dar fe que esperanza; constar lo que ya se sabe, no lo que se desea.
    En fin, hermoso tema, más hermoso poema.
    Un abrazo desde México:
    Arturo

    • febrero 22, 2012 en 14:40

      Amigo Arturo:

      Aunque ves difícil superar lo dicho por algunos de los comentaristas de este espacio, encuentro que siempre consigues poner el listón aún más alto y escudriñar en el fondo de los temas con acierto. Me quedo, resumiendo el conjunto bien articulado de tu comentario, con la frase que dejas sobre la actitud del más escribidor que escribiente del poema: La solidez de lo dicho parece más dar fe que esperanza; constar lo que ya se sabe, no lo que se desea Y es que has dado en el clavo, pues dar fe de algo es apuntar lo cierto, sin escamotear la verdad; la esperanza se corresponde con ese estado de ánimo mediante el cual podemos esperar encontrar lo que se desea. No hay esperanza. No la hay en el poema que contempla la muerte porque ésta se presenta como una disolución de lo vivido, de la memoria y lo que las cosas que nos rodean significan en nuestra experiencia. Hay muchos poemas que tratan el tema de la muerte incardinando ideas y sentimientos de esperanza en otra vida, en la memoria de lo que aquí se deja como otro tipo de vida; pero todas esas maneras de afrontar la muerte siempre son un modo de huir de ella proponiendo seguir vivos, del modo que sea pero teniendo en cuenta la vida que conocemos y de la que realmente no deseamos despegarnos, y a ese modo es al que quiero renunciar para quedarme con lo inexorable, lo que verdaderamente experimentamos cada día en nuestro propio cuerpo y en los finales de los demás, de quienes nos rodean. Veo las calles de las ciudades y los pueblos que habité cada vez más llenos de transeuntes invisibles, más llenas de huecos cuyo vacío llena la memoria y la nostalgia. Los jóvenes, los niños, las ven llenas de personas que pueden tocar, oler, escuchar y sentir. Las mismas ciudades.

      Gracias por tu interesante y siempre bien argumentado comentario, Arturo. Un abrazo hasta el inmenso México.
      Salud.

  4. 7 Agurtzane
    febrero 25, 2012 en 13:51

    La muerte, tan presente en nuestras vidas y tan silenciada. Siempre agradezco tu forma de acercarnos a ella porque nos ayuda a oir su voz de una manera más natural: en mañanas de invierno, en vuelo junto a pájaros, en barcos herrumbrosos, en árboles deshojados o en albas despuntadas.
    Nos acercas a la muerte con crudeza, sin eufemismos, pero con sutiles guiños que la matizan, aliviando así la turbación e incertidumbre que suscita.

    En esta ocasión la presencia clara y explícita de tu madre , Sinda , hace que cada palabra se materialice en momentos compartidos siendo difícil contener las emociones. Digo contener pero no creo que sea lo mejor que se pueda hacer con ellas. Dejemos fluir las emociones al igual que la vida. Fluir hasta el último latido.

    Gracias por suscitar emociones con este ramillete de versos. Un beso.

    Agurtzane

    • febrero 25, 2012 en 19:18

      Es cierto, como bien adivinaste, que el motivo del poema está en la situación de mi madre y su tránsito por ese final que no sé cuánto puede durar, pero en el que el anuncio de la muerte es tan patente. Ser testigo de esa presencia te obliga a tomar una actitud, y creo que nombrar a la muerte es la mejor manera de entenderla como algo consustancial al hecho de vivir. La disolución de los mundos que coforman la experiencia vital de cada persona es algo que me llama la atención; ya deja de haber futuro, ilusión, para recrearse y refugiarse en los territorios de la infancia y los primeros afectos. Tal vez sean ellos los últimos vigias de la torre guardiana que cuida los sueños antes de que todo sea sombra. No sé.

      Gracias por dejar estas palabras al lado de un poema tan personal, aunque no deba ser reconocido así por el resto de lectores. Con un beso.
      Salud.


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