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Futuros difuntos.(Eusebio Calonge) Compañía La Zaranda.

 

Futuros difuntos.-La Zaranda

He podido leer numerosos comentarios y críticas sobre esta magnífica pieza teatral; todas han tocado aspectos reseñables de manera inteligente, pero todas han pasado por alto lo más obvio y a la vez sustancial, lo medular de la obra, que es, a mi entender, cómo este trabajo nos mete de bruces en el espinoso asunto de la organización de las relaciones humanas en las sociedades  y en todo aquello que  hace posible y tolerable la convivencia: cómo se articula el poder y quién manda. Ese es el tema y el drama.

Hablar de poder y de mandar puede puerilmente remitirnos a ideas sobre la naturaleza del autoritarismo, de las dictaduras o las autocracias. Nada de eso. Cualquier sociedad moderna, democrática, liberal, progresista, capitalista o comunista, está asentada en una organización del poder y la delegación -de grado o por fuerza- de la autoridad en algunos individuos, ciudadanos y partidos políticos que organizarán la convivencia, mandando. Hasta la más utópica sociedad libertaria no podría serlo sin este requisito para que verdaderamente sea la Anarquía la máxima expresión del orden, como expresó Eliseo Reclús. Incluso para el orden, reclamará Proudhon la máxima dignidad e importancia al afirmar que  la libertad no es la hija, sino la madre del orden. Conviene, al efecto, no juzgar de forma maniquea estos conceptos de orden, libertad, mandar y poder.

El texto de Eusebio Calonge nos remite a un país en el que hasta ese momento la convivencia estaba organizada por un dictador que ejercía una autoridad sin escrúpulos y en el  vacío de poder que sobreviene tras su muerte. El mundo de los locos y el manicomio como institución serán los materiales con los que construir este discurso áspero sobre el poder. Tal vez por la plasticidad que brindan, el dramatismo consecuente a la duda que sobre lo verdadero y lo falso representa la conciencia del loco; también porque tememos la palabra del loco, de quien se asegura que dice la verdad desnuda de lo que ve, liberado de las trabas racionales y el temor a las consecuencias por lo que dice, de las que no pueden escapar los cuerdos, o porque -sea como sea- vivimos al dictado de las opiniones que se nos imponen desde los medios del poder constituido: gobiernos, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales, radio, televisión, prensa, la red o internet, etc. Parece que pensamos y opinamos, pero no deja de ser algo ilusorio, de tal modo que podemos reconocernos sin demasiados ascos en un verdadero mundo de locos en el que vamos haciendo lo que se nos va dictando.

Ocurre, no obstante, que si en una sociedad, un país, el gobierno del mismo duda de que manda, entre los mandados se extenderá inexorablemente la incertidumbre  de que realmente mande, y se abrirá una brecha en la confianza, creciendo la duda sobre las opiniones de quienes mandan y su validez o necesidad de aceptarlas.

Tengamos en cuenta  que mandar es, sobre todo, sustentar una opinión y cargar o poner en manos de alguien algo que hacer (1) Se trata, siguiendo a Ortega y Gasset, de disponer de un sistema de opiniones, ideas, preferencias, opiniones y propósitos, desde los que mandar.

En la obra Futuros Difuntos se produce la desaparición del director de la institución. En el manicomio no hay nadie que mande (2) y ocurre lo que también Ortega y Gasset describe que ocurriría en cualquier escuela de la que desaparece el maestro; los alumnos, viéndose y sintiéndose libres de nadie que les mande, se expresarán a su gusto, dejarán sus trabajos, se entregarán -en fin- a la cabriola, que es -justamente- lo que les ocurre en un primer momento a los locos de la obra de E. Calonge. Pero pasado un tiempo, sin nada que hacer, surgirá el aburrimiento, el vacío, el desconcierto, y ya nada funcionará. Los locos desempolvarán sus antiguos trajes, rememorarán sus historias más antiguas, se preguntarán quién les va a dar de comer, quién les va a dirigir, incluso acariciarán la idea de ser dueños de su propio destino, y cuando se entregan a ello, volverán a repetir los mismos errores, eregirán tiranos, harán revoluciones, pasarán por la guillotina a otros autócratas, intentarán democracias y ensayarán guerras que finalmente les conducirán a la autodestrucción y la muerte en la lucha por el poder.

El pesimismo de esta obra no es más que un grito desgarrador llamando a la conciencia colectiva a estar alerta sobre lo que significa el poder, la libertad y la organización en libertad de ese poder. Resulta clara y dramáticamente reconocible la historia de España en todo el discurso teatral, con un manejo de la ironía que roza el sarcasmo en ocasiones, con una interpretación desgarradora, esperpéntica al más puro estilo de Valle Inclán, en ocasiones instalada en el teatro del absurdo o sin salir de sus espacios, según se mire. Pero si la realidad española ha servido y hecho los mimbres de la creación literaria, su mensaje no deja de ser universal -de ahí la grandeza de este texto- y cualquier pueblo, nación o país, puede reconocerse en él y aprender de él.

Cómo no mencionar, sería imperdonable, el trabajo de los tres actores que recrean este mundo de locos visto con tanta lucidez desde la obra teatral de Eusebio Calonge. Estos actores,  Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos, son merecedores de todo el reconocimiento y los aplausos a los que renunciaron en la representación del Teatro Barakaldo (Vizcaya) el pasado día 9, dejándonos ir, abandonar la sala, con unas lúgubres campanadas de fondo. Genial. Creo que hay trabajos a los que engrandece la interpretación. Este es el caso de la puesta en escena por el grupo teatral La Zaranda (Cádiz). En una entrega total, sin dejar decaer ni un instante el ritmo, atrapan al espectador, lo zarandean y sacuden y lo ponen frente a cada situación y cada encrucijada, ayudándonos a encontrar la clave y la solución a la desolación de la muerte y la destrucción, que es ayudarnos a encontrar una opinión propia sobre la que sustentar nuestra cabeza y el funcionamiento de la maquinaria de nuestra sociedad. O de lo contrario, sí seremos los futuros difuntos.

Julio G. Alonso

(1) Mandar es dar quehacer a las gentes, meterlas en su destino, en su quicio: impedir su extravagancia, la cual suele ser vagancia, vida vacía, desolación
(2) El que manda es, sin remisión, cargante [  ] Tal vez cansados de tanto cargarles y que les encarguen, pueden las gentes sentir como una fiesta la ausencia de que manda. Pero la fiesta dura poco y pronto las mismas gentes sentirán su vida en pura disponibilidad, de tal modo que -como ocurre desde hace mucho tiempo con la juventud- de puro sentirse libres, exentos de trabas, se sienten vacíos, porque vivir es tener que hacer algo determinado, es cumplir un encargo, y en la medida en que eludamos poner a algo nuestra existencia, evacuamos nuestra vida.
(Ortega y Gasset: La rebelión de las masas)
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14 Responses to “Futuros difuntos.(Eusebio Calonge) Compañía La Zaranda.”


  1. mayo 11, 2010 en 22:48

    Madre mia Julio, que post más interesante nos muestras hoy…y si…en la clave del mandar, tal vez pueda estar ese futuro de difuntos…o al menos acercarse. Muy interesante. No lo conocía asi es que gracias por acercarmela.

    En lo que me dices de las fotos, están configuradas justo al tamaño de la plantilla de mi blogg,en mi pantalla se ve el blog completo,me parece que tienes mal configurado el tamaño de tu pantalla,conozco más casos que les pasa eso habitualmente,con páginas que abren, yo aunque quiera ayudarte no se de temas informáticos, pero creo que es un momentín de nada y luego se te ven todas las pantallas de lujo….es que esas fotos de naturaleza, quedan más chulonas asi en grandote…
    Hoy me han hecho una entrevista en la SER sobre mi otro blog, no se si lo conoces, te invito si te apetece, a que te pases por aquí a escucharla.
    Un abrazo

    http://corazonleon.blogspot.com/

    • mayo 12, 2010 en 17:01

      Gracias, Sara. Me alegra que te haya parecido de interés el contenido del artículo sobre esta puesta en escena de La Zaranda. Son muchas más las cosas que se pueden decir de esta obra y muchas más las que se pueden aprender; pero no es cuestión de hacer más pesada la lectura en una bitácora que, pienso, debe tener un mínimo de agilidad y frescura; eso sí, sin que lo que se diga resulte superficial o intrascendente. Bueno, esas son las intenciones.

      Tomo nota de cuanto me indicas sobre tus otros trabajos y la cuestión de dimensiones de la página. Con las gracias y un abrazo.

      Salud.

  2. mayo 17, 2010 en 00:58

    Amigo, Julio:

    De teatro no tengo ni idea (y de la humanidad, menos), pero lo que sí puedo asegurarte es que una reflexión como la tuya sobre la obra pasa muy de largo la superficialidad que temes.

    Al respecto se ha escrito mucho -No sólo en teatro- y creo que es uno de esos temas casi metafilosóficos en donde la respuesta es más abstracta que la cuestión. Yo pienso que el autogobierno del hombre como comunidad será el idóneo cuando no sea necesaria la regencia de otro/s hombre/s (y no valen los ideales populistas, sino los prinipios verdaderamente asumidos y consumados; un estado de madurez forjado a base de conciencia), pero, claro, esa sigue siendo una utopía porque los principios los confecciona el hombre y no a la inversa.

    En resumidas cuentas, que la obra no sé cómo habrá sido pero tu análisis… ¡De diez!

    Recibe un abrazo,

    Juanjo

    • mayo 18, 2010 en 21:02

      Amigo Juanjo:

      Admiro tu humildad declarándote lego en materia de teatro y, sobre todo, de humanidad. Sin pretender ser yo un entendido, sino sólo sincero aficionado al arte de Talia, voy dejando mis reflexiones sobre lo que veo y me hace pensar, me inquieta intelectualmente, me incomoda y mueve a la acción. La reflexión que sigue a tus palabras nos lleva a modelos de sociedades libertarias con las que me ilusioné hace algún tiempo y a las que -al menos como ejercicio de pensamiento- siempre está uno tentado de volver, cansado de tanto pragmatismo. Y gracias por el diez. Con un abrazo.

      Salud.

      Julio G. Alonso

  3. 5 Enrique Díaz Lezcona
    mayo 17, 2010 en 09:39

    Estoy de acuerdo en que esta obra de La Zaranda retrata la lucha por el poder, y lo retrata magistralmente, reflejado en ese espejo de las Meninas. Un bufón pintado por Velázquez, Sebastian de Morras recuerda a Heine, “Nosotros le daremos sentido a la historia…” el entramado entre poder e historia en esta obra es genial, vamos de Velázquez a Goya, como pasamos del idealismo al nihilismo más atroz, el de las matanzas. La historia que entró de todos modos, la historia convertida en infierno…sin que podamos hacer nada. Futuros Difuntos me pareció un grito, al fin un grito en un mundo aletargado. Tremenda la obra, no es extraño que sean los franceses quienes la produzcan, ya que habla de España y aqui seguimos de una u otra manera con la pandereta. Una buena crítica la tuya Julio.

    • mayo 18, 2010 en 21:08

      Enrique:

      Me agrada que hayas traído a colación la imagen de Velázquez y de Goya al hilo del comentario de esta obra. Lo había dejado deliberadamente de lado, subsumiendo todo el comentario en la Historia general de España. Pero es evidente la relación plástica del trabajo teatral con las creaciones de los grandes pintores de nuestras mayores miserias y grandezas. Un apunte que te agradezco, porque así queda más claro el sentido de la crítica de la obra de Calonge puesta en escena por La Zaranda. Con todas las gracias.

      Salud.

      Julio G. Alonso

  4. 7 Castillo
    mayo 17, 2010 en 19:21

    …sea como sea- vivimos al dictado de las opiniones que se nos imponen desde los medios del poder constituido: gobiernos, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales, radio, televisión, prensa, la red o internet, etc. Parece que pensamos y opinamos, pero no deja de ser algo ilusorio, de tal modo que podemos reconocernos sin demasiados ascos en un verdadero mundo de locos en el que vamos haciendo lo que se nos va dictando.
    ——————————————-
    Julio, con este párrafo creo que has definido completamente la vivencia de la sociedad desde el principio de los tiempos hasta estos días. Por ello creo que tener tendencias de una parte o de otra es lo de menos, la importancia para el ser humano sería, que los que mandaran, no mandaran y si mandan… que manden bien.
    Un abrazo

    • mayo 18, 2010 en 21:11

      Castillo:

      No sé si con un sólo párrafo se puede resumir la historia de nuestras sociedades, sería demasiado pretencioso por mi parte el sólo hecho de intentarlo, pero comparto tu comentario. Siempre agradecido. Con un abrazo.

      Salud.

      Julio G. Alonso

  5. 9 Guillermo Santiesteban
    mayo 18, 2010 en 12:49

    Vi esta obra en El Español de Madrid 2 veces, en verdad La Zaranda es de las pocas cosas que voy a ver, quiero comentar que lo que yo resaltaría más que la lucha por el poder es el fin de la historia.
    Creo que el texto del Dies Irae, y los textos del Apocalipsis, nos ponen ante el abismo de la historia, ese laberinto de sombras dice un personaje perdido y ciego…
    Una obra densa, poliédrica, que se puede ver desde muchos puntos de vista, La Zaranda es un lujo en la mediocridad de nuestros escenarios.

    salud

    • mayo 18, 2010 en 21:20

      Guillermo:

      Aprecio en tus palabras una verdadera pasión por el teatro, por el buen teatro. De tus dos ocasiones de disfrutar -y sufrir- con la representación de Futuros difuntos, has podido acumular mayor información y llegado a percibir detalles que a mí se me habrán pasado por alto en la única representación del teatro Barakaldo de Vizcaya. Por ello te agradezco los juicios que sobre esta obra dejas aquí, ofreciendo la posibilidad de aprender y ampliar la visión sobre la misma. Comparto la valoración, creo que muy justa, que haces de la compañía La Zaranda, para la que envío desde este rincón mi aplauso. Gracias a ti por acercarte a comentar y compartir.

      Salud.

      Julio G. Alonso

  6. 11 Fabián Texeidor
    mayo 22, 2010 en 19:13

    para mi este trabajo de La Zaranda sin dejar de tener todo eso que decís: un discurso sobre el poder o el fin de la historia, una plástica española,etc, etc… Tiene sobre todo unas grandes referencias actuales, sobre esos dos bandos que siempre dividen España, sobre las luchas fraticidas que parecen regresan… Futuros difuntos me dió un gran escalofrío porque parece profética. el arte cuando de verdad es grande también es un oráculo. Sin duda La Zaranda es el mejor grupo, de lejos, de la geografía ibérica.

    saludos a todos

  7. mayo 25, 2010 en 22:52

    Fabián, espero sinceramente que la alusión a las dos Españas no signifique retomar el sendero equivocado de la Historia y que todo quede en escalofrío, como mencionas. Comparto tu opinión sobre el extraordinario valor del grupo teatral La Zaranda.

    Con las gracias por tu aportación al tema.

    Salud.

  8. abril 29, 2012 en 06:53

    Nice! Everything I wanted written in a very concise way. In my view, it’s the most excellent work I have ever viewed. Good job!


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