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07
Oct
18

¿Quién es el señor Schmitt?- Sébastien Thiéry

¿Quién es el señor Schmitt? teatro¿Quién es el señor Schmitt?Sébastian Thiéry

Barco Pirata, compañía

Dirección y adaptación: Sergio Peris Mencheta

Reparto:

Javier Gutiérrez, Cristina Castaño, Xabier Murua, Quique Fernández y Armando Buika  

Teatro Barakaldo, 6 de octubre de 2018

La primera consideración a la que debo referirme es el público. El cine y la televisión arrastran a buen número de personas al teatro como espectadores ocasionales. Van con la risa puesta y creen estar en el salón de su casa ante la serie de turno de la cadena televisiva de turno. Y surge el fracaso. Resulta patético comprobar que no entienden nada. Ríen antes de que el actor o la actriz inicien el mínimo gesto, aplauden a deshora escenas intrascendentes y encajan con desconcierto las escenas de calado. Un público, en fin, encasillado en la comedia casposa televisiva de chiste fácil incapaz de entender el teatro y al que prestan un flaco favor. Eso incomoda y perjudica al espectáculo. Imagino la perplejidad de los actores ante reacciones tan fuera de lugar.

Pero la obra del francés Sébastian Thiéry es buena; diría más, es muy buena. Parece rara, pero sólo si queremos encasillarla en un género; de otro modo, nos encontraremos ante un planteamiento complejo que transita por los recovecos del teatro del absurdo con pinceladas irónicas al estilo de un inteligente Darío Fóo. La trama, que arranca con un suspense inicial, se sumerge en el humor de la comedia para acabar en un drama con un final amargo que invita a la reflexión, o un final –si lo preferimos- abierto.

Javier Gutiérrez y Cristina Castaño en ¿Qué es lo que cuestiona esta propuesta teatral? Pues, en principio, la imagen que tenemos de nosotros mismos, lo real y lo inventado, así como la imagen que de nosotros mismos tienen los demás. ¿Qué somos? ¿Cómo adaptarnos al entorno y la presión social? Y como respuesta ante el desconcierto, el riesgo, la amenaza y el miedo, nos ofrece una hermosa metáfora: nadar a favor de la corriente; no hacer como los salmones, que remontan el río contra corriente para encontrar la muerte. Me parece acertada y oportuna la cita de H.P. Lovecraft del programa de mano de la obra: “Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad”.

Me gustó la dirección de Sergio Peris Mencheta y el planteamiento de la acción en los espacios de un decorado clásico, pero tan inestable como la vida y la personalidad de los personajes protagonistas, con sutiles cambios sin que nada cambie, como la puerta de la casa que se desplaza a lo largo de la pared y ya no es la misma puerta que antes no se podía abrir, pero sigue siendo –paradójicamente- la misma puerta. El argumento: una feliz y acostumbrada –quizás aburrida- pareja de mediana edad se encuentran en su casa desayunando y empiezan a percatarse de que ni aquella es su casa ni ellos son ellos. Suena un teléfono que no tenían, preguntan por un señor que no conocen, parecen estar en un país que no es el suyo, les aparece un hijo negro y edad imposible, las ropas, libros, cuadros y recuerdos resultan ser los de otras personas que ahora son ellas mismas ante la inevitable sorpresa, dudas y el pánico desatado.

Me gustó la interpretación. Descuella Javier Gutiérrez en el personaje principal del señor Schmitt. Reconozco la labor de Cristina Castaño como señora Schmitt. No se puede considerar el corto e inapreciable papel, secundario y testimonial, de Armando Buika y Xabier Murua. Y magnífica –tal vez, en mi opinión, la más acertada actuación teatral- la interpretación de Quique Fernández en su doble papel de policía y psiquiatra. No me gustó el público. Pero no es responsabilidad del cuadro escénico de la compañía Barco Pirata.

Lo demás, un teatro lleno a rebosar, una tarde agradable de casi otoño y un nuevo encuentro con el siempre mágico y alentador mundo de las tablas. Y hasta la próxima.

González Alonso

Javier Rodríguez y Cristina Castaño en la obra

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17
Jul
18

El burlador de Sevilla.- Tirso de Molina.- Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2018

El burlador de Sevilla
Tirso de Molina

Compañía Nacional de Teatro Clásico
Directora: Helena Pimenta
Versión: Borja Ortiz de Gondra
Dirección del montaje: Josep María Mestres

Reparto encabezado por Elvira Cuadrupani en Isabela, Raúl Prieto en Don Juan, Ricardo Reguera como Rey de Nápoles y Fabio, Pedro Miguel Martínez es Don Pedro y Rey de Castilla, Samuel Viyuela en Ripio y Anfriso, Egoitz Sánchez  interpretando al Duque Octavio, Mamen Camacho en Tisbea y Pepe Viyuela haciendo de Catalinón y seguido en los demás personajes por Paco Lahoz, Irene Serrano, Juan Calot, Ángel Pardo, José Juan Rodríguez, Lara Grube y José Ramón Iglesias.

Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2018
13 de julio de 2018

Hablamos de teatro clásico. Nos separan de “El burlador de Sevilla” cerca de 400 años, de aquella sociedad, sus costumbres, formas de gobierno y visión del mundo. ¡Y está, sin embargo, tan cerca de nosotros este burlador!

El personaje de Tirso de Molina, pseudónimo del fraile mercedario Gabriel José López Téllez (Madrid, 1579), se mueve impelido por un hedonismo absoluto; la búsqueda del placer lo justifica todo y no existe norma que se oponga a ello que no se rompa. A don Juan no le importan sus víctimas, con las que no empatiza, sino solamente alcanzar el éxito, satisfacer su ego, disfrutar la felicidad de sentirse dominador y poderoso a costa de lo que sea, el engaño, la amenaza, el chantaje, la extorsión o la violencia que se deslizará por el terreno escabroso del asesinato. Seduce y miente, mata y engaña sin reparos, sin límites. La rebeldía de don Juan, desde su íntimo y profundo desasosiego vital, nos intranquiliza e inquieta. En cierto modo, el personaje creado por Tirso de Molina puede significar un precedente de los postulados del Marqués de Sade del siglo XVIII y la Revolución francesa.

Como sabemos, el dramaturgo madrileño entregará a su personaje al castigo del infierno, arrastrado por una de sus víctimas, el padre de Ana de Ulloa, que lo invitará a una cena con él en el cementerio donde está sepultado. El castigo del infierno, más allá de su vocación ejemplarizante, podemos entenderlo como una sentencia de muerte impuesta por la justicia divina a la que don Juan se enfrentará de manera inaudita para demostrar que nada le causa temor y dispuesto a desafiar y superar cielos e infiernos.

Dos aspectos más a tener en consideración, como son la catadura moral de los demás personajes y la actitud de las mujeres víctimas de don Juan.

Del primer aspecto observamos cómo se constata que los personajes que rodean a don Juan Tenorio cojean de la misma pata que el burlador, y el abuso de poder de los nobles, la corrupción, la prevaricación, la ambición, la violencia, la muerte y el asesinato, las conspiraciones, están a la orden del día y justificadas por razones espurias. La única diferencia con don Juan es que a éste no le hace falta buscar justificación alguna y reúne todos y cada uno de los crímenes en su persona.

¿Y las mujeres? Digamos que, en principio, no se salvan de la quema. Son seducidas a medias, más por el interés de alcanzar un estatus o posición social envidiable en brazos de un atractivo mozo que por el amor generoso y desinteresadamente entregado. Ponen precio a sus servicios más carnales y son estafadas. Pero también se aprecia en ellas una actitud beligerante en su actividad, pues saben lo que quieren, deciden y se enfrentan a su agresor denunciándolo públicamente y ante la autoridad del rey al que pedirán la reparación de la justicia.

Aparte de la novedosa y avanzada visión para la época de la mujer reivindicativa y activa, cabe la pena subrayar la profundidad psicológica que Tirso de Molina realiza en el tratamiento de todos y cada uno de sus personajes, fundamentando sus conductas y decisiones en las motivaciones personales y los sentimientos.

Tirso de Molina nos deja en “El burlador de Sevilla” un buen puñado de costumbres y conductas machistas, convicciones y prejuicios que no nos cuesta mucho reconocer y de los que aún no nos hemos desprendido hoy día a pesar de los innegables cambios habidos, pero que resurgen en episodios lamentables en forma de abusos y violaciones, en solitario o en grupo, en el maltrato y los asesinatos de mujeres casi a diario.

La Compañía Nacional de Teatro Clásico, impecable, nos traslada con su excelente trabajo lo que Josep María Mestres subraya en el programa de mano de la función, que “El burlador de Sevilla” sigue interesándonos por todo lo antedicho “y porque hay tanta poesía, tanta belleza, tanta magia, tanto sentido del humor, tanta teatralidad en el cuento de Tirso que no nos cansamos de escucharlo. Quizás sí siga siendo un mito…” Y cómo no, podemos asegurar que junto a otros muchos personajes como don Quijote de la Mancha, Sancho Panza, Hamlet, Ulises, Scherezade, Robinsón Crusoe, Romeo y Julieta, Emma Bobary, Peter Pan, Dorian Grey, Lázaro de Tormes, Godot, La Celestina, Lady Macbeth, Ana Karenina y etc. etc., don Juan Tenorio es también un mito universal. Sin dudarlo.

González Alonso

02
May
18

VOCES DEL NERVIÓN. Una antología de poetas bilbaínos actuales.-Editorial Vitruvio

Voces del Nervión.- Portada.- Ediciones Vitruvio.- Madrid 2018“VOCES DEL NERVIÓN” una antología de poetas bilbaínos actuales
Ediciones Vitruvio (Colección Baños del Carmen, nº 710.-Madrid, 2018)

El 27 de abril y en las Aulas de la Experiencia de la Universidad del País Vasco (C/ Banco de España, 9) se llevaba a cabo la presentación de un libro, en este caso una antología, con la firma de 14 autores, 5 mujeres y 9 hombres, de edad muy variada, voces personales distintas, amplia gama de estilos y la pasión de la ría del Nervión y la villa de Bilbao, en la que nacieron, enraizaron, vivieron o viven, padecen y disfrutan día a día para dejar los posos de la poesía en muchos de sus versos.

La antología ha sido organizada en la selección de autores, prólogo y comentarios, por Alberto Infante. La edición, afrontada por la editorial Vitruvio. El resto son las voces de cada poeta y la aventura de las páginas que se mueven como velas de un bajel buscando el mar aguas abajo del Nervión; una singladura que llega cerca de veinte años más tarde de la que reunió a algunos que repiten en ésta y otros que no están porque la condición era la de “poetas actuales“, o sea, vivos; aún hubo otra anterior de 1974 con el título de “17 Poetas de Bilbao” (Ediciones de Arte y Literatura-Bilbao).

Como explica muy bien el antologista, Alberto Infante, cualquier antología no puede pretender ser exhaustiva y necesariamente se han de echar en falta algunas ausencias; pero la premisa de la calidad literaria debe ser exigida a los que están para que, además de estar, sean. Y en ese sentido, sin recurrir a la falsa modestia, puedo decir que el listón ha sido alto. Siempre cabe otra antología, que en esto nunca está de más abundar en lo bueno. Y es muy probable que venga, dada la animación poética de los últimos años en el ambiente de Bilbao.

Estar, formar parte de la nómina de los autores de “Voces del Nervión” es, para el que escribe, un orgullo y motivo de felicidad indisimulada. No esperaba este honor y me sorprendió la llamada de la editorial solicitando mi participación. Como natural de León, leonés a todos los efectos, me parecía una intromisión descarada; pero, como me hicieron ver, tras más de 40 años viviendo de cara a la ría del Nervión, viendo pasar sus barcos -cada vez menos- por delante de las ventanas de mi casa,  inspirándome no pocos poemas, habiendo enraizado en esta tierra formando parte de una familia con mi mujer, vasca, y mis tres hijas “vascoleonesas” (si ellas así lo quieren), y desarrollar aquí prácticamente toda mi vida laboral ¿por qué no aceptar esta adopción que se me ofrece de buena fe y con tantas buenas intenciones? Además, según se dice y me dijeron en tono desenfadado, ¿es que los de Bilbao no nacen donde les da la gana? Argumento definitivo para no dudarlo más. Quise, por todo ello, aportar también la voz poética en euskera con un par de poemas inéditos, como tributo admirado y reconocimiento a las gentes que supieron acogerme, su lengua y su idiosincrasia, abierta y generosa, alejada de sectarismos políticos y culturales propios de los nacionalistas que utilizan el idioma como arma arrojadiza en lugar de abrirlo al abrazo de la tolerancia, el respeto y la solidaridad. Y así van, como leonés, los dos poemas escritos en euskera para celebrar mi adscripción al mundo poético bilbaíno.

Y aquí van los nombres, en el orden en el que aparecen en la antología:

Blanca Sarasúa
Julio González Alonso
Jon Juaristi
Julián Borao
José Fernández de la Sota
Pablo Müller
María Maizkurrena
Amalia Iglesias
Pedro Ugarte
Itziar Mínguez
Ritxi Poo
Aitor Francos
Amaia Barrena
Álvaro Petit Zarzalejos

Todos ellos, al decir del prologuista y como puede comprobarse tras la lectura de sus textos, pulcros y cuidadosos con el lenguaje y la corrección dentro del género poético, sin descuidos ni arbitrariedades gratuitas, como quien sabe y ama la herramienta con la que trabaja, la cuida, mima y enriquece, pues el idioma es nuestro patrimonio y obligación del poeta enriquecerlo y ampliarlo para que, cada vez más, abarque mayor número de expresiones capaces de comunicar la belleza y adentrarse en los recovecos del alma, las sensaciones y las emociones. Y no va más.

Julio González Alonso

Julio González Alonso..........

Entrevista en Tele7, Objetivo Bizkaia, con Susana Porras

 

11
Mar
18

El sermón del bufón, de Albert Boadella

El sermón del bufón
Albert Boadella

Teatro Barakaldo, 10 de marzo de 2018

La primera recomendación, que debería ir al final a modo de conclusión, es –si se puede- acudir a ver esta representación de Albert Boadella haciendo de Albert y de Boadella sobre las tablas. Por pura higiene mental. Porque resulta ser un refrescón terapéutico de primer orden para la limpieza emocional y la toxicidad de las ideas sociales progres o reaccionarias, abanderadas de consignas y pancartas de todo signo, sibilinas o esperpénticas, pero todas disparando en la misma dirección de la imposición del pensamiento único.

A todos hace bien esta medicina. Sales del teatro más ligero, liviano, con la sensación de haber descargado el alma de la pesada carga de las verdades absolutas de los iluminados que, cogiendo el rábano por las hojas, te obligan –puesto contra la pared de frente o espaldas- a sufrir el dedo acusador de la disidencia o a convertirte en palmero de sus estupideces. Muy recomendable, por descontado, para los nacionalistas de todo cuño, aunque estos salgan con un retortijón de tripas que les conduzca a ser sepultados en su propia mierda –con perdón-. Un ejercicio higiénico imprescindible.

¿Obra de teatro o conferencia? No sé. Unos verán una conferencia teatralizada, otros un teatro en formato de conferencia y habrá quien lo tilde de monólogo o algo por el estilo. ¡Qué más da! Lo importante, lo medular, es que Albert Boadella, a través de la conversación establecida consigo mismo desdoblado en el niño Albert y el adulto Boadella, pone de relieve mediante el tono burlesco o bufonesco adoptado como reto, desafío y respuesta a quienes lo tildan –especialmente desde Cataluña- de bufón entre otros insultos bastante más gruesos y vulgares. Asume el personaje del bufón capaz de denunciar lo que pasa y hacerlo por encima de las convenciones, usando el humor como pretexto –muy al estilo cervantino- para proclamar abiertamente las verdades incurables usando la broma que desde siempre disculpa al tonto, al loco y al borracho.

Boadella y Albert saben que el teatro es el arte de lo efímero, pues lo que sucede en el momento de la representación sólo permanecerá como una parte, más o menos deformada, en el recuerdo.

Albert y Boadella disparan sus críticas en todas direcciones: la represión franquista, los militares, la Iglesia, sus obispos y sus papas, los izquierdismos progres, los políticos y las políticas españolas, el rey, el arte modernista y los nacionalismos, estos últimos representados en el nacionalismo e independentismo catalán con alguna alusión al vasco, sin ahorrarse epítetos para definirlos, tales como tribu, chusma regionalista, régimen, y hacernos ver que cuanto él denunció y denuncia en sus obras es siempre superado por la realidad. A modo de ejemplo repasa las escenas del presidente Pujol, banquero corrupto y político aún más corrupto, que en compañía de sus hijos, siendo todavía niños, deja al descubierto el contenido de unos maletines negros con los que pretendían llegar a Suiza. Simultáneamente el mismo Pujol le recriminará al actor no ser buen catalán con los temas de sus obras y no pagar una pequeña deuda contraída por la compañía Els Joglars. Lo que se visualizaba en la pieza escénica Ubu President resulta ser un juego inocente comparado con lo descubierto a día de hoy sobre la actuación mafiosa de Jordi Pujol en lo personal y en el ámbito de la política de su partido.

Un episodio capital en la vida y obra de Albert Boadella resultó ser su encarcelamiento y la fuga del Hospital Clínico de Barcelona en febrero de 1978 a raíz de la puesta en escena de “La torna” que, contando la ejecución por garrote vil del apátrida Heinz Ches, explicaba la misma pena de muerte impuesta al joven anarquista Salvador Puig Antich en marzo de 1974.

A la sazón tuve ocasión de vivir estos acontecimientos en Barcelona. Si la detención de Puig Antich y su ejecución me conmovieron, la reacción ante la obra de Albert Boadella, su detención, juicio militar y fuga creo que me decidieron a formar parte del movimiento anarquista de aquellos años. Sin participar, por supuesto, de la violencia y la lucha armada. El ambiente generado en Barcelona tras aquellos acontecimientos era muy propicio para tomar decisiones como las que tomamos muchos jóvenes y entrar en organizaciones obreras como la CNT.

Pero volviendo a Albert y a Boadella, digamos que dejan clara su reivindicación, como actores, de engañar al espectador. A mayor engaño, mayor éxito. Este placer del engaño que disfruta el actor ante unos centenares de personas es incomparable al del político que engaña a todo un país, asegura Albert y corrobora Boadella.

Resultaría harto prolija la enumeración de virtudes puestas en escena y proclamadas desde el púlpito por el actor no muy bueno, estupendo dramaturgo y buen director que es Albert Boadella. Digamos, no obstante, que el final de la representación, o la conferencia o lo que sea, se cierra con la vuelta a la patria de la infancia; Albert Boadella rescatará del pozo de la edad ese cochecito de juguete, lo lúdico y lo lúcido de la vida, para regalarnos una única verdad que todos atesoramos en nuestros corazones, la mirada del niño que no podemos dejar de ser.

González Alonso

08
Mar
18

Amor eterno, de Fernando Labordeta


Fernando Labordeta

Intérpretes: Fernando Labordeta y Dita Ruiz

Teatro Municipal de Carboneras (Almería)
3 de febrero de 2018

El teatro no es grande ni pequeño. Es teatro o no lo es. Cuando los recursos escénicos de luz, sonido y decorados son grandes, el efecto producido es también mayor. Pero no hay recursos capaces de tapar una mala dirección o una desacertada interpretación. Cuando hay menos recursos, el efecto puede parecer menor, pero con una interpretación y dirección acertadas, la magia del teatro aparecerá siempre y contagiará al espectador. Luego, hay que considerar la consistencia del texto.

En el caso de “Amor eterno”, definido por su autor como “tragicomedia”, el texto no es una pieza de excepción, toca uno tras otro todos los tópicos de la vejez y se resuelve en un final poco afortunado que evoca a pieza de W. Shakespeare, “Romeo y Julieta” como remache a ese amor eterno que es el de toda una vida de un matrimonio humilde subsistiendo con una pensión humilde.

Pero si todo lo dicho anteriormente pudiera interpretarse como la falta de interés de esta pieza teatral, debo explicar que no es así. Estamos ante una obra que trata los problemas cotidianos de las personas mayores con humor y ternura; conecta con el público desatando la risa y la sonrisa y moviendo a la comprensión y el respeto de los sentimientos profundos revelados. En este aspecto, el texto fluye con soltura e inteligencia destapando sin amargura pero con la consciencia de la edad nuestra vida íntima, desposeída de disimulos o caretas. Y nos descubre una vida rica, llena de contradicciones en el camino difícil de amar y ser amado.

Esta tragicomedia de Fernando Labordeta que interpreta junto a la actriz Dita Ruiz, toca con acierto el tema de la soledad, la existencia gris y anodina, las lamentaciones, las sevicias de la edad con sus pastillas para todas las dolencias y el océano de los recuerdos en que termina el río de la vida.

Todos podemos identificarnos fácilmente y más o menos según la edad, con esta pareja de jubilados y años para perder la memoria que repite cada día sus rutinas, practican sus manías, viven sus frustraciones, se defienden de sus miedos, se necesitan y se odian, se quieren e incluso se aman evocando los tiempos pasados que siempre fueron mejores.

Así, un buen día, decidirán hacer un viaje a esos tiempos en la aventura de salir de casa para irse a pasar el día en la playa, con su sombrilla, sus bocadillos, la sangría, las pastillas y los recuerdos de los días felices entre los que aparecerán sus hijos jugando con la arena y entre las olas del mar. Por un momento ni su hija ha muerto prematuramente ni su hijo vive alejado de ellos en Alemania y podrán seguir evocando los días de pasión, de excitación sexual, de los sueños con los que dormir o morir, que, a la postre, viene a ser la misma cosa.

Lo dicho, el teatro siempre es teatro y siempre es grande hecho desde la honestidad y la profesionalidad. Y éste, lo es.

González Alonso

 

21
Oct
17

Libertino.- Compañía Marco Vargas y Chloé Brûlé

Libertino
Compañía Marco Vargas y Chloé Brûlé

Teatro de Santurtzi (Santurce)
20 de octubre de 2017

Libertino de la Compañía Marco Vargas y Chloé BrûléDirección, coreografía y baile: Marco Vargas y Chloé Brûlé
Textos e interpretación: Fernando Mansilla
Cante: Juan José Amador
Composición musical: Gabriel Vargas

 

No me gusta el flamenco. El actor, poeta y autor del texto lo escribía y decía y repetía desde el inicio del espectáculo. El actor, poeta y autor del texto poético bailado, tenía un problema con el ritmo; perdía el compás y la vida se le iba. Con una novia del Penedés se fue a Sevilla, y su novia, que entendía el ritmo de la vida, se fue con su profesor de baile flamenco, que era gitano aunque no lo era. Y el poeta, autor y actor, se quedó solo con el canario que, además, cantaba bien. Tuvo otra novia, que también bailaba flamenco mientras él escuchaba a todo volumen blues y rock and roll para sufrimiento y queja de los vecinos.

Libertino” es un poema de la soledad y el pulso de la existencia en el cual los recuerdos nos empujan a abandonar “el dorado aislamiento” para “participar en el flujo de la vida”, conscientes de que “al fin y al cabo / somos el compás que llevamos”, en palabras de actor, autor y poeta Fernando Mansilla.

Libertino de la Compañía Marco Vargas y Chloé BrûléA mí, que tampoco me gusta el flamenco, me pareció un espectáculo de una ética y estética admirable; confieso que no sé dónde empezaba el baile flamenco y dónde terminaba la danza, el paso de ballet, el desgarro del gesto, en un lenguaje corporal y gestual apoyado en el ritmo del taconeo, las palmas, las percusiones sobre el cuerpo y los objetos. Y  todo ello, cuando la música electrónica se desborda como una catarata arrolladora en forma de rock, se funde de manera hermosa y atronadora. Al final, ¿qué estamos viendo y sintiendo? Pues, sencillamente, la expresión del lenguaje poético de la música y la danza leyendo los versos de la vida. Algo mágico. La voz del cante se alza desnuda, rota y sola, sin apoyo instrumental; los cuerpos se apoderan del espacio y los objetos para despertar las emociones; un abanico es mariposa, amor, feminidad,  sensualidad; una cacha es afirmación, masculinidad, firme ternura.

A mí, que no me gusta el flamenco ni intento dar unas palmas, me enamoró “Libertino” y el trabajo excepcional sobre el escenario del bailarín Marco Vargas y la bailarina Chloé Brûlé, la voz de Juan José Amador, el ritmo poético de Fernando Mansilla. Y, sinceramente, no me importaría volver a verlo y aplaudirlo.

González Alonso

Libertino de la Compañía Marco Vargas y Chloé Brûlé

02
Ago
17

Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2017

Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2017

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro está de cumpleaños; nada menos que puede brindar por la cuadragésima convocatoria; cuarenta celebraciones que hacen toda una historia en favor del teatro y que ha supuesto la dinamización de la vida cultural, artística y económica de la ciudad en torno a los espacios del Corral de Comedias, el Teatro Municipal, el Teatro Hospital de San Juan, la Antigua Universidad Renacentista, el Espacio Miguel Narros o el Claustro Museo del Teatro. ¡Felicidades!

Molière: Los enredos de Scapín (Versión en hebreo de Nathan Alterman)
Lope de Vega: El perro del hortelano
Entremeses: La sarna de los banquetes.-Vélez de Guevara; El entremés nuevo del cochino de San Antón (Anónimo)

 

Los enredos de Scapin, de Molière en versión de Nathan Alterman y dirigida por Udi Ben-Moshe. La puesta en escena correspondió a The Jerusalem Khan Theatre.

La compañía israelita The Jerusalem Khan Theatre abrió las puertas de la creatividad en el Espacio Miguel Narros con una versión en hebreo de la obra de Molière a la que pudimos acceder salvando la dificultad del idioma para disfrutar de cada matiz de esta comedia con el clásico final feliz.

Los enredos amorosos de cuatro jóvenes y los inevitables y previsibles problemas y rompederos de cabeza de sus respectivos padres, que deseaban otra cosa bien distinta para cada uno de sus respectivos hijos, acaban resolviéndose gracias a los buenos oficios de una especie de “celestina” llamado Scapín que consigue, no sólo que los jóvenes se salgan con la suya, sino que sus propios padres lo paguen de sus dineros con mucho dolor de sus almas. De paso, Scapin se tomará algunas pequeñas venganzas personales con su amo –uno de los padres del enredo- de las que también saldrá escarmentado.

Enredo, situaciones cómicas, risas y sano divertimento del que puede sacarse alguna lectura práctica, como lo inútil que resulta oponerse a las decisiones del amor, así como aprender de la eterna discrepancia de pareceres entre generaciones.

Del resultado final no será el único responsable su autor, Molière, sino la excepcional labor de interpretación y puesta en escena del elenco israelita siguiendo la adaptación del poeta hebreo Nathan Alterman. La excepcionalidad cómica de los actores y actrices, su expresividad y el acertado manejo del ritmo y el espacio escénico, nos hicieron olvidar que escuchábamos los diálogos en una lengua desconocida para –supongo- la inmensa mayoría de los espectadores y disfrutar plenamente de una buena noche de teatro en el Espacio Miguel Narros de Almagro.

 

El perro del hortelano, de Lope de Vega y puesta en escena por la Compañía Nacional de Teatro en la versión de Álvaro Tato y dirigida por Helena Pimenta.

La Compañía Nacional de Teatro siempre es garantía, en todos los sentidos, de buen teatro. A Lope de Vega no se le puede poner pega. Y Helena Pimenta en la dirección es una apuesta segura. El reparto, impecable.

Y con todo, es difícil sustraerse al trabajo que para el cine realizó Pilar Miró de esta comedia. En la comparación tal vez el que sale peor parado es el papel de Teodoro y el que mejor resultó fue el de Marcela. Nada que objetar, se entiende, a la muy buena interpretación de todo el conjunto.

La comedia que discurre por tierras de Nápoles está bien armada en su escenografía y el bien estudiado espacio escénico con una gestión de la acción y el manejo de los tiempos que hacen muy atractiva la representación sólidamente apoyada por la realización musical y la iluminación. Otra característica corresponde al vestuario, adelantando la comedia del Renacimiento al Barroco.

La historia de Lope de Vega cuenta cómo una hermosa y joven condesa se enamora de su humilde secretario. En el camino de este amor se interpone la diferencia de clase, el honor, la ilusión, las dudas y los celos. La condesa quiere y no quiere el amor de su secretario, facilita e impide el amor de éste con Marcela, una criada de la casa, dispone, hace y deshace sin acabar de decidirse, hasta que el amigo del enamorado y contrariado Teodoro, el secretario, discurre una estratagema para buscarle un padre noble y rico a Teodoro. La argucia complace a todas las partes, incluido el supuesto padre que había perdido a su hijo y cree y quiere encontrarlo en la figura del secretario de la condesa.

Superadas las formas, ya no importa que sea real o no la ascendencia de Teodoro y el amor se abre hueco entre las estrechas exigencias de la sociedad y sus convencionalismos. Todos saben que es una farsa. Pero la sociedad misma está montada como una farsa. Lo único verdadero es el amor, el de de Teodoro y Diana, y el amor paterno del marqués que vuelve a sentir la presencia del hijo que le faltaba. Con esto basta para este perro del hortelano que, por fin, come él y deja comer al amo.

 

El entremés nuevo del cochino de San Antón (Anónimo)
La sarna de los banquetes.- Vélez de Guevara

Con el anuncio de los Microrrelatos, la compañía TCA (Teatro Clásico de Almagro) inaugura un nuevo espacio, un pequeño patio semiderruido y en venta, dos portales más allá del espectacular Corral de Comedias en la misma plaza de Almagro; es la otra cara del Festival Internacional de Teatro Clásico, la que abre sus puertas y su buen hacer con los diferentes y divertidos entremeses a los que el público responde agradecido llenando cada representación, que no va más allá de la media hora de duración.

La compañía es muy conocida y experta en este tipo de puestas en escena, desarrollando una amplia e intensa actividad teatral y educativa a lo largo del año. Además de haber disfrutado sus interpretaciones en años anteriores, también hemos podido ver y aplaudir a este elenco en el Museo Guggenheim de Bilbao con El vizcaíno fingido y El retablo de las maravillas de Miguel de Cervantes, el pasado 19 de diciembre de 2016.

En esta ocasión nos hicieron reír y disfrutar con el conocido entremés nuevo del cochino de San Antón, de autoría desconocida, y los líos y ocurrentes trucos para ocultar ante su marido las infidelidades de una mujer casada con el sacristán de turno, así como el escarmiento de ambos cuando el marido descubre el engaño y confirma sus sospechas de traición y condición de cornudo.

El segundo entremés corresponde a Vélez de Guevara, titulado “La sarna de los banquetes”. El argumento se centra en el modo de vida picaresco de un soldado que se hace invitar cada día a la mesa de un hidalgo rico y cómo los criados de la casa hacen ver al dueño que está siendo objeto de engaño y desangrado por el autoinvitado que, con cualquier pretexto en cada visita, se quedará a comer en la casa. Serán los mismos criados quienes, de acuerdo con el amo, le procuren el escarmiento suficiente para alejarlo definitivamente de la casa.

Tarde apacible, alegre y distendida en este pequeño patio de comedias, rústico, elemental, incluso precario, pero lleno de riqueza humana y artística gracias al empeño de esta compañía, contrapunto y entremés del Festival de Teatro Clásico de Almagro.

González Alonso

 




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