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Jul
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La era

Trilla en la era

.

Las tardes eran seco sol, polvo en la parva
de la era, y los trillos danzaban círculos lentos
a golpes de astas en el yugo; materia de aire
de infinitas partículas de paja
y el grano en la ceranda, saltando en el tamiz
el oro de la vida.

 

Julio G. Alonso
.

Aventando la parva

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34 Responses to “La era”


  1. 1 Santiago Fernández
    julio 11, 2011 en 22:25

    Querido amigo Julio.
    Qué bien has descrito esa rutina veraniega y ahora perdida en la noche de los tiempos. Tus palabras, acompañadas de unas fotos tan evocadoras, han sido capaces de dibujar un ritual fundamental en tiempos pasados.
    El calor sofocante, los trillos danzarines dibujando círculos y más círculos, la parva (qué palabra más bonita),… la ceranda, el oro de la vida.
    Como muy bien has descrito, la parva hay que esparcirla sobre la ERA y luego hacerla pasar por encima bueyes o vacas repetidamente para aplastarla, estrujárla, romperla, dándola vueltas cada cierto tiempo para que toda ella sea pisada uniformemente, así se consigue reducir el volumen, y quebrar la paja, a la vez que se van desgranando las espigas y mediante la ceranda, usada también para aventar la paja, seamos capaces de separar la paja del oro amarillo.
    Cuando tenía 9 años pasé un mes veraniego, que recuerdo muy sofocante, en un pueblo palentino y tuve la oportunidad de asistir varios días a una era próxima. Para mí era una atracción ir a aquella ERA. He tratado muchas veces de recordar aquellos momentos qué tú tan magníficamente has descrito con breves pinceladas poéticas.
    Tratando de evocar imágenes y recuerdos de aquella época me he encontrado, por casualidad, con un poema que recoge estos momentos. Su autor es Julio Guzmán Sanchis, dice así:

    Por los anchurosos campos de Castilla,
    el trigo y el hombre, quizá
    juntos crecían
    en forma de espiga, espiga
    espigada verde:
    Después dorada, madura espiga
    desaparecida bajo la trilla
    cuando era parva,
    aventada al viento y separada
    grano de paja, cuerpo de alma
    que ella tenía cuando era espiga,
    cuando era vida,
    allá en los campos de Castilla.

    Gracias por tus magníficos escritos
    Santi

    • julio 15, 2011 en 17:38

      Amigo Santiago:

      El poema de Julio Guzmán, ambientado en el verano del campo, respira en su costumbrismo una saludable esperanza: la vida se sigue del alimento que el trigo, en nuestra cultura, simboliza a la perfección. He revivido en tus palabras las experiencias propias de la infancia, sobre los trillos para hacer peso y conseguir que el pedernal cortara la parva y la desmenuzara y poder separar el grano de la paja al aventarla. Hemos comentado telefónicamente aquella dedicación nuestra, de pie en el trillo y con la pala en la mano, atentos a las necesidades higiénicas de las vacas para evitar que los excrementos cayeran en la parva, así como otras circunstancias que el poema -breve- no explicita pero que puede hacer evocar a quienes vivimos los últimos tiempos de aquellos tiempos

      Siempre un placer y una sorpresa, siempre agradable. Con un abrazo.
      Salud

    • 3 Julio Guzmán Sanchis
      julio 19, 2011 en 21:37

      El que ha escrito el poema soy yo, Julio Guzmán Sanchis, y que además, ahí, está incompleto, y no Santi.
      Luego parece que desaparezco y queda como un poema de Julio G. Alonso y que no es.
      Me gustaría una rectificación. También les puedo enviar el poema completo para que lo pongan ahí, y que se llama “El Trigo y el Hombre; quizá Castilla”, por supuesto que lo tengo registrado. Un saludo, Julio Guzmán Sanchis.

      • julio 19, 2011 en 22:07

        Si lees con atención, Julio, observarás que el amigo Santi hace cita de tu poema poniendo el nombre completo del autor, cuando escribe : Su autor es Julio Guzmán Sanchis, dice así: como puedes comprobar en el final de párrafo que antecede a tus versos. Y yo mismo, en la respuesta, hago alusión directa a la autoría del poema, poniendo tu nombre al referirme al mismo. Creo que está claro que nadie intenta ocultar ni apropiarse de tu obra, ¡faltaría más! Es más, el poema y por ende su autor son valorados y comentados de manera muy positiva y respetuosa. Lo que no sabía es que el poema estuviera incompleto, aunque supongo que al tratarse de una cita al hilo del poema La era publicado en la bitácora, Santi tal vez escogió los versos o parte del poema que consideró más relevantes para la cita y el comentario. No tendré inconveniente en publicar el poema completo; es más, estaría encantado -y supongo que los demás lectores- de poder hacerlo. Si así lo deseas puedes publicarlo tú mismo en este hilo de respuestas.
        Disculpa si te has sentido molesto por traer tus versos a este espacio. Queda clara la intención de todo ello y reconocida nuevamente la autoría del poema El Trigo y el Hombre; quizá Castilla.
        Salud

  2. julio 11, 2011 en 22:48

    Precioso poema, Julio, las imágenes están tan conseguidas que por un momento una se zambulle en el poema, sintiendo el calor, el polvo, el olor de la paja…. Realmente evocador. Siempre un placer leerte.

    Un beso

    Ana

    PD. te leo siempre aunque no pueda siempre dejar mi huella.

    • julio 15, 2011 en 17:30

      Amiga Ana:

      Saber de ti y tu paso por esta bitácora es un motivo de especial alegría. También te sigo en esa singular coreografía que entretejes de emociones. Poco a poco, con deleite y sin pausa. Gracias por tus palabras de hoy. Con un abrazo.
      Salud

  3. julio 12, 2011 en 00:51

    Qué placer leerte desde esta era, relajada y al solecito, recordando aquellos tiempos, aquellas tardes de verano de nuestros antepasados que también son parte nuestra.
    abrazotedecisivo y buena semanita veraniega.

    • julio 15, 2011 en 17:27

      ¡Qué felicidad saber que alguien, todavía, pisa las eras aunque sea para evocar los tiempos de nuestros antepasados y algunos de nuestra infancia! Un placer, Sara. Felices vacaciones.
      Salud

  4. julio 12, 2011 en 13:31

    Tal parece, que a todos nos vienen recuerdos de nuestra niñez. Lastima que estas imagenes y estas sensaciones de trilla, sol y estrellas, ya no puedan ser experiencia de las nuevas generaciones. No sé si serían nuestro pocos años, pero aquellas faenas a todos nos trae, en toda su profunda impresión, la vida del verano y del campo.
    Como siempre, un acierto con tu poema, Julio.

    Un abrazo.

    • julio 15, 2011 en 17:24

      Tal vez seamos la memoria de lo que nuestros hijos y nietos ya sólo podrán conocer a través de fotografías, relatos o exhibiciones (como ahora se hace con la matanza del gocho) fuera de contexto. Ahora sé que nunca podrá ser igual, pues nuestra infancia se hizo de horizontes de eras y juegos de salguerales. Desde la videoconsola, el ordenador y los teléfonos móviles nuestros jóvenes no podrán entender todo esto. Ahora sé, también, lo que se ha quedado por el camino cuando contemplo fotografías de mis padres, abuelos, tíos y bisabuelos y rememoro algunas historias. Ley de vida. Progreso. La poesía sólo puede acercar un aliento de lo que fue, una brisa suave en el rostro de la historia, un pequeño dolor de pérdida. O algo así. Tampoco sé.
      Con un abrazo, Perfecto.
      Salud

  5. 11 daniela
    julio 13, 2011 en 00:20

    Hola Julio:

    Aprecio que de vacaciones sigas imparable. “La Era” ha tocado sutilmente mi fibra sensible, infantil casi remota que has aupado hasta este presente de bytes, kilobytes, megabytes, no vacas, no mulas, no bueyes, no sol…y acercándome a un descolorido cuaderno azul, ajado y rotas sus pastas leo esto que comparto contigo y que “copiaba” su título a las de Machado (¡jesús!)

    SOLEDADES

    En un pueblo castellano me he
    perdido entre trigales y alfalfas,
    entre tractores y trillos mi corazón
    se ha quedado dormido.

    Viento fuerte, campos de oro, juncos verdes.

    Hasta un pueblo campesino he venido
    para dejar por un mes, mi Bilbao “botxo”
    querido, humo, polución y ruido
    por un poquito de paz en trigo.

    Viento fuerte, campos de oro, juncos verdes.

    Vagar por la carretera con Delibes bajo
    el brazo en mi coche de dos ruedas,
    pedaleándo, pedaleándo, me fascina
    siento que me está llevando…

    Viento fuerte, campos de oro, juncos verdes.

    D. B.

    Gracias Julio, bss

    daniela

    • julio 15, 2011 en 17:19

      Daniela, empiezo por donde termina tu estupendo comentario, por ese poema absolutamente lleno de sensaciones tan naturales como el viento, los juncos, el agua, los trigales… Un amor compartido con la ciudad, Bilbao, felizmente rescatada de mucha contaminación y suciedad, maravillosamente resplandeciente de avenidas llenas de luz y gentes amables. Me ha hecho feliz leer tu comentario veraniego y de vacaciones. Con un abrazo.
      Salud

  6. julio 15, 2011 en 02:59

    Querido Julio:
    Leer tus publicaciones se ha vuelto un doble placer. El primero, admirar e interiorizar en el fondo de tu propuesta; el segundo, leer los gentiles e inteligentes comentarios. Dualidad difícil de encontrar.
    Ambos, como si fuesen partes suplementarias, van desgranando el poema y lo van tamizando por su propia razón (la de cada uno de los actores)
    No dudo ni por un instante que tú también debes gozar el proceso de intercambio.
    Ahora bien, ya lo dice Perfecto Herrera Ramos, que a todos nos vienen recuerdos de nuestra niñez.
    Hago pausa pues es allí exactamente adonde quiero ir.
    Si nos apegamos al sentido menos estricto de una introspección retrospectiva, daremos cuenta que son sensaciones tan profundas, tan humanas, tan símbolo de la naturaleza sencilla de la vida, que quedan grabadas como imágenes perennes de etapas dulces de nuestra existencia.
    Si ello es cierto, comprenderemos por qué, en nuestra etapa de vida adulta, poemas de esta naturaleza nos traen reminiscencias bellísimas de aquellos días dorados de nuestra infancia.
    Es justo intentar retomar esas manifestaciones tan genuinas, tan provincianas, tan acendradas en el corazón, que al igual que un engrama (dianética), cualquier sonido, imagen, roce de la piel, saltan recuerdos a la pasarela mental e iluminan de nostalgia la escena completa.
    Mi profundo reconocimiento a tan soberbio equipo (autor-lectores).
    Un abrazo:
    Arturo Juárez Muñoz

    • julio 15, 2011 en 17:13

      Amigo Arturo:

      Si de algo puedo presumir y presumo es, como bien apuntas, de las personas que se paran a leer en Lucernarios y, de entre ellas, de aquellas que con generosidad y entrega escriben sus comentarios a pie de mis propuestas. Ortega y Gasset acuñó la idea de lo que como seres vivos nos hace personas en sociedad al escribir yo soy yo y mis circunstancias; en este caso, se ve claramente que el escritor es él y sus lectores, parafraseando a Ortega. Absolutamente de acuerdo contigo y feliz de contarte entre quienes han decidido enriquecer estos trabajos con sus comentarios con los que disfruto en ese intercambio al que aludes, como con el resto de los recibidos. En cierto modo, con tu trabajo sobre los poemas visuales publicados en esta bitácora, tú has descubierto la verdadera realidad de la creación cuando en Literalia – México publicas tu artículo sentándonos en tu torno y poniendo de relieve el contenido de los trabajos a través de los ojos y la palabra de los lectores, verdaderos artífices de la poesía.
      Con un abrazo agradecido.
      Salud

  7. 15 andrea
    julio 17, 2011 en 13:16

    ¡Qué lejos quedan las imágenes que me devuelven estos versos! En mi niñez tuve la suerte de pasar algunos veranos en tierras de Burgos y La Rioja. Mi ignorancia en lo relativo al campo me permitía disfrutar de costumbres, olores, sabores, gentes, faenas y holganzas desconocidas para mi. Recuerdo el interés que me suscitaba todo aquello unido en ocasiones a un cierto temor fruto del desconocimiento.

    Tus versos, cargados de elementos primarios, básicos, enraizados en la vida rural, ayudan a sentir la solana, el sudor y la fatiga, pero también la gratitud de aquellas gentes por la riqueza que la tierra les proporcionaba.

    Hoy, en esta sociedad en la que lo que no cotiza en bolsa no interesa, se hace difícil entender que un humilde grano de cereal sea un pequeño tesoro. También tú,con humildes ingredientes, consigues un exquisito manjar gracias a tu buen hacer.

    Degustado y disfrutado este plato veraniego, quedo a la espera de una nueva vianda.

    Mil sonrisas para disfrutar este lluviosos día gris.
    Andrea

    • julio 17, 2011 en 23:27

      Me parece que vamos siendo cada vez menos los que podemos contar experiencias como las que nos cuentas, Andrea. Yo no sé si será importante o no el que otras generaciones sepan de aquellos modos de vida; los tiempos van cambiando y cambiando las costumbres y con ellas los valores. Pienso que no son malos los cambios que nos traen mayor bienestar, pero también hay que pagar algún precio, como es la falta de comunicación entre los vecinos, la ayuda que se prestaban, la compañía que se hacían y las cosas que compartían alrededor de aquellas cocinas de carbón o leña, el fuego bajo y las tertulias de silla o banqueta a la puerta de casa; tiempos en que no se trancaba la puerta de casa y que se escuchaba la radio en familia y con la familia del vecino. No es cuestión de ponerse nostálgico con estas cosas, ni reivindicar la vuelta a modos de vida de especial dureza en los trabajos domésticos. La cuestión es rescatar lo mejor de aquel modo de vivir, de reinventar los filandones y la manera de conocer y tratar a los vecinos o a la familia o de encontrar en la semilla de cereal la esencia de lo que nos alimenta. Con otras tantas mil sonrisas para los días de lluvia.
      Salud

  8. julio 20, 2011 en 00:13

    … hola, Julio, soy Orión; salud, querido amigo; sabes que leerte, saludarte y conversar aunque sea un momentín contigo es siempre un placer, un sello de amistad, que no es poco; pero añado otras dos cosas: 1ª) Que al enterarme por email directo a mi dirección de las afirmaciones del compañero Julio Guzmán Sanchís, he tomado velocidad para entrar en Lucernarios y ver dónde o de qué modo se producía el presunto y enorme equívoco tocante al poema traído en plan de honor (aunque fuese en parte por motivos de descripción puntual) por Santiago Fernández a tu página para corroborar instantes citados en las eras; así que, una vez leído el comentario de respuesta que tú mismo has efectuado, renuncio, obviamente, a dejar aquí otra cosa que reafirmarme contigo en lo dicho y que resumidamente haré llegar al compañero Guzmán Sanchís, pues el malentendido – me parece a mí – es tremendo y un tanto doloroso; y el 2ª cosa es tocante al nombre de “parva”, pues fíjate que yo soy de muy cerca y llamábamos “parva” a “la trilla” una vez molida y “apañada” utilizando el “cambón”, rastrillo enorme, tirado por los bueyes o caballerías; el arrastre de “la trilla” se juntaba bien en montones – a modo de conos – o bien en “parva”, la cual se distinguía porque ésta era en forma de proyección cónica, es decir, como un “montón” alargado; nosotros, a lo que estáis llamando “parva” lo denominábamos “meda”, es decir, el conjunto almacenado u ordenado de los “manojos” o “mañizos”, por ejemplo de trigo, de donde sucesivamente íbamos extrayendo un número determinado de ellos, una vez recogida la “trilla” a fin de conformar una nueva “trilla”, para lo cual se cortaban con una hoz los atados o atadijos de cada mañizo y con las tornaderas los deshacíamos y los mezclábamos disponiéndolos para que los trillos volvieran a pasar sus piedras pedernales y sus minúsculas sierras añadidas y acompañantes; obvio es, creo, que sabemos bien lo que llamábamos “tornidar”, es decir, detener el trillo o los trillos y, con la especial pala curva de madera, ir dándole la vuelta a la masa de trilla para que la paja fuese molida de forma homogénea hasta el final, justo antes de ser arrastrada, o sea, recogida, tal y como ya hemos tratado, bien en montón, bien en parva. Me gustaría saber si en realidad existe también equívoco en los términos o por qué realmente la “meda” nuestra es la “parva” vuestra, por qué. Digo, porque muchos kilómetros tuve que dar en los trillos del Señor, amigo, muchos. Tal vez, hagamos alguna luz. Desde Vecilla de la Polvorosa (Zamora), casi en las lindes, en medio de este verano, un fuerte abrazo; Antonio Justel

    • julio 22, 2011 en 15:13

      Caro amigo Antonio:

      Nada me produce mayor alegría que poderte contestar desde este rincón de Lucernarios, que, sinceramente, se honran con tu presencia. Te agradezco de corazón la inquietud e intención de aclarar la confusión en torno a los versos de Julio Guzmán Sanchís publicados en esta entrada al hilo de un comentario de Santi en torno al poema La era. Son cosas que ocurren a veces y no se deben a mala intención, sino sólo -imagino- a una lectura rápida que da lugar a estos errores. Nada que agregar sobre el particular.

      En cuanto a las palabras que compartimos por haberlas utilizado en nuestra infancia presenciando o participando en las tareas del campo, sólo puedo decirte que la meda era la hierba recogida y puesta en forma de cono alrededor de un palo largo, de considerable altura. La mayor parte de la hierba era llevada a los pajares, tenadas o heniles, pero había la que se quedaba en el campo apilada en medas. La parva era la mies tendida para la trilla o ésta una vez trillada antes de ser amontonada para ser aventada.

      Es curioso, amigo Antonio, porque ambos tenemos las mismas raíces, ya que yo, aunque nacido en la ciudad de León, me crié en la montaña y mi familia por parte materna procede de tierras zamoranas y vallisoletanas, territorios todos que, comprendidos en el área lingüística del leonés (desde Asturias a Extremadura y parte de Portugal -Miranda-), comparten la misma lengua en sus diferentes variantes o bables. Pero, a veces, hay vocablos que adquieren un significado particular en una comarca o en algunas comarcas en concreto. Me ha hecho ilusión aprovechar este poema para recuperar algunos de esos vocablos que aquí nos dejas y rememorar otros que creía tener olvidados. Un abrazo veraniego, amigo mío, y que las musas que vagan por tierras zamoranas, sobre todo Meletea, te llenen de satisfacciones.
      Salud

      • julio 24, 2011 en 23:04

        … sí, realmente, tal y como dices, parece pasmoso que en lugares tan cercanos, las denominaciones puedan variar de forma tan notable; pero la historia es así y nosotros la hemos recibido y vivido tal cual y aquí la traemos, con respeto y cariño para nombres, usos y personas actuales y venideras; ah, y no, no me quejo de Meletea, pues ayer mismo he podido concluir el poema nº 50 del libro 21 que pasaré a registrar en breve y que llevará por título “Todos los fuegos”; no, no me quejo en absoluto; desde Vecilla de la Polvorosa, mi amistad y saludo de siempre; a. justel/Orión

      • julio 25, 2011 en 16:31

        Amigo Antonio, ¡qué buena noticia la próxima finalización de Todos los fuegos! Un abrazo hasta Vecilla de la Polvorosa y que las musas sigan encariñadas contigo.
        Salud

  9. 21 Julio Guzmán Sanchis
    julio 23, 2011 en 15:45

    Distinguido señor D. Julio G. Alonso: Disculpas. Sí, lo leí e interpreté mal; y con las explicaciones tan ponderadas, mesuradas y bien dadas que me has dado – me tomo la libertad de tutearte por aquello de “quitar tensión”, aún más, de la poca que ya hay – considero, y como tú bien dices o eso creo entender, que por tu parte, este tema está zanjado, por la mía también lo está. Y, que pudiera ser el inicio de una amistad entre dos hombres que aman el arte, la poesía, tal vez por un igual. No obstante en mi defensa diré, por ver sin duda mi imagen, sin duda deteriorada, por dar la impresión tal vez, de que yo, no sé, ni tan siquiera leer; ver pues de mejorarla “un poco”, pues alguien pudiera decir tal vez, y con razón…¿Cómo este señor, puede ser escritor sin tan siquiera saber leer?…¡Burro!…Pudiera decirme más de uno, con razón, tal vez. Mas pudiera ser que todo se debiera a que yo, no sabía que parte de mi poema estaba allí, en tu Blog – y partido además – pero que estaba allí, sin yo saber. Eso tal vez pudiera llegar a ser, lo que nublara mi cabeza y con ello mi pensar, por mis sentidos perder, la orientación necesaría que creo tener y tengo, pero que no tuviera por perder, de esa manera; perder, por este hecho singular, al ver parte de mi poema, allí, sin yo saber, tal vez, esa fuera la razón.
    Para mí, será motivo de orgullo, el que mi susodicho poema, tan reiterada y exageradamente nombrado, sin duda, fuera publicado en tu Blog, por lo que veré la manera de que en formato de Word, te llegue, no sé cómo, la verdad, lo veo muy complicado, pero lo intentaré, al menos a tu disposición lo pongo. Y, agradecido te estaré por ello. Como prueba de amistad y para poner mi granito de arena al tema tratado por ti en tu Blog, tema interesante, he escrito este sencillo poema que hace alusión, a la “era”. Recibe un cordial saludo, Julio.

    • julio 23, 2011 en 18:07

      Amigo y tocayo Julio:

      Te agradezco las palabras y el gesto de regalarnos tus versos con el tema de la era, una visión personal que ambienta esos recuerdos que a tantos nos resultan tan gratos. Por lo demás no tienes que tener motivo de preocupación; todos sufrimos a veces enojosas confusiones, máxime manejando estos medios de internet y los programas de ordenador. Me alegra que todo esté aclarado y podamos disfrutar de la poesía. Con un abrazo.
      Salud

  10. 23 Julio Guzmán Sanchis
    julio 23, 2011 en 15:55

    “Era”
    Círculo plano en el suelo,
    inmenso, acotado y, repleto
    de infinitos anillos concéntricos
    que dan vueltas entre ellos
    manteniéndose en sus puestos.
    Bueyes, mulos, caballos o asnos
    giran y giran sin cesar como
    la noria en la huerta, y que
    en vez de agua, trigo dan.

    Trotan a su pesar, alegres;
    sus amos los premian, acarician
    con comprensión y bondad:
    Mientras se les corta el resuello
    al arrastrar el trillo repleto
    de cuchillos lleno con que
    a las mieses matar, y así
    dar la vida,
    al vivo y crujiente pan.

    Autor: Julio Guzmán Sanchis.

    • julio 23, 2011 en 18:10

      Gracias, Julio. La fotografía en versos que nos dejas ilustra muy a lo vivo lo que fueron aquellas costumbres en torno a las cosechas, cuando había que trillar y recoger el grano en los veranos cortos y calurosos, siempre mirando de reojo al cielo y la amenaza de tormenta.
      Salud

  11. 25 Julio Guzmán Sanchis
    julio 24, 2011 en 19:15

    No sé enviar el documento, lo transcribiré, espero no confundirme al teclear. Gracias Julio por todo. Julio.
    “Yo, no conozco Castilla, ni he pisado nunca un trigal, ni un atardecer he visto de allá, de Castilla. Sólo sé,
    que mi bisabuelo era de Castilla…me lo dijeron de niño. Yo nací en Valencia capital.

    El trigo y el hombre; quizá Castilla.

    Para separarte
    primero hay que segarte,
    como trigo que tú eres, verde,
    como separar cuerpo de alma, muerte,
    y que es segar la vida del hombre
    como si fuera una espiga, verde.

    Cuerpo y grano consistentes,
    livianas, alma y paja.
    Separar grano de paja,
    como separar cuerpo de alma.

    Los dos hechos de la tierra,
    tierra mojada, barro,
    la espiga encima del barro, florece,
    el hombre del barro hecho, crece.

    El hombre te cria a ti,
    a cambio tú lo sustentas,
    círculo de pan y amor eterno.

    Por los anchurosos campos de Castilla,
    el trigo y el hombre quizá,
    juntos crecían,
    en forma de espiga,
    espiga espigada verde,
    después dorada, madura espiga,
    desaparecida bajo la trilla
    cuando era parva,
    aventada al viento y separada
    grano de paja, cuerpo de alma
    que ella tenía
    cuando era espiga, cuando era vida,
    allá en los campos
    de Castilla.

    Los dos se tienen, el uno al otro;
    el trigo al hombre y el hombre al trigo,
    sustento son uno del otro,
    los dos se cuidan
    como si uno fueran,
    el trigo y el hombre,
    los dos en uno.

    Llegará el día
    en que el trigo muera
    y con su muerte traerá la vida,
    la vida al hombre su compañero,
    y otro día morirá el hombre
    y su cuerpo de imagen vacía
    será alimento de los trigales
    de la espiga su compañera.

    Los dos son vida,
    son grano y paja
    son cuerpo y alma
    separadas
    cuando ellos mueran.

    El cuerpo y grano
    para la tierra.
    El alma y paja
    para los cielos:

    Cielos azules del mediodía,
    cielos ocres
    de los atardeceres mágicos
    de mi Castilla.

    Autor: Julio Guzmán Sanchis.
    ¡Un saludo a todos!, Julio.

    • julio 25, 2011 en 16:41

      Amigo y tocayo Julio:
      Ante todo, las gracias por regalarnos completo el poema El trigo y el hombre; quizá Castilla, comentado en este espacio y que viene a poner broche de oro a un tema costumbrista, aunque de mayor alcance en estos versos que reivindican y sueñan un paisaje, un paisanaje y un modo de vida. Me asombra que hayas podido captar tan bien la esencia de esa castilla de tus ancestros solamente a través de lo que te han contado. Yo soy leonés y he vivido en un pueblo de montaña, con mis padres oriundos de otros pueblos leoneses en los que pude pasar algún tiempo y, con toda esa experiencia, no soy capaz de llegar tan profunda y sentidamente a mi tierra. Te felicito, Julio, y te agradezco de nuevo.
      Salud

  12. 27 Julio Guzmán Sanchis
    julio 25, 2011 en 22:20

    Gracias a ti Julio: ¿Cómo? Pues a través de la imaginación. Yo amo la realidad sobre todo, y he llegado a la conclusión de que sólo se la puede describir con la imaginación y con la pasión que uno pone, el sentimiento; si no, es imposible: parece un contrasentido, “realidad contrario a imaginar” – la realidad, siempre supera a la ficción, se dice – y yo, me digo, “mucha ficción, hay que superar a la realidad, alcanzarla”. Para lograrlo, está el arte, la poesía que con sus recursos permite de forma implícita, impactar en la mente humana, y ver la realidad tal como es, con su lenguaje; la expresividad. Llevo 2,5 años escribiendo, hace poco que he pasado de los 60 años de edad, soy ingeniero de profesión “de toda la vida”; y hace 3 años, era impensable en mí, la sola idea de escribir. Ahora escribo sin parar, horas y horas – novela y poesía – siento el vértigo de no llegar, y escribo como un caballo desbocado corre, sin final…y si no me quitas “el micrófono de las manos” ¡no paro!
    Recibe un fuerte abrazo de tu tocayo amigo, Julio II. – tú, Julio I.

    • julio 26, 2011 en 22:56

      Me alegra, Julio, que coincidamos en algo más que en el gusto por escribir, pues creo que rondamos la misma edad; aunque, eso sí, mi vida laboral se ha desarrollado dentro de la Enseñanza y a nivel de vida universitaria hice Psicología, pero sólo por gusto, pues nunca creí en la Psicología ni me dediqué profesionalmente a ella. Lo de escribir, no obstante y por contra, me viene de más lejos, de los primeros tiempos infantiles y de adolescencia, con largos años de pausa que terminan hace ahora unos seis años cuando por accidente me tropiezo en la red con algunos foros interesantes. Y ya no hay quien lo pare. Con un abrazo.
      Salud

  13. 29 Julio Guzmán Sanchis
    julio 27, 2011 en 16:05

    Despedida. Julio, de tu hospitalidad, de tu Blog, no quisiera abusar, y aunque tú, me has abierto la puerta con generosidad, el Blog es tuyo, para tus bellos poemas mostrar y dar felicidad a muchos, entre los que yo, me incluyo. Algún día, en Castilla nos veremos, nos sentaremos junto a un Trigal, que debe ser como si fuera un mar, que con la brisa hace olas y con el viento oleaje: y, como dos viejos amigos, sentiremos de cerca el Trigal temblar, cuando el Sol lo bese al bajar, en un atardecer mágico, de la Mágica Castilla. Como poetas, nadie sabrá lo que tú y yo hayamos visto, pues en frase de mi admirado y querido, Oscar Wilde, del que bebo cada día un sorbo…y otro de Homero: “Ningún artista ve las cosas tal como son en realidad; si las viese así dejaría de ser un artista”. Julio, un abrazo, Julio.

  14. agosto 31, 2011 en 23:28

    … desde Vecilla de la Polvorosa mi saludo fraterno, querido amigo; el verano comienza su agonía después de la tormenta acaecida el pasado 21 y ya no tiene retorno; salud para lo que quede y un abrazo, Orión

  15. 33 Julio Guzmán Sanchis
    septiembre 9, 2011 en 21:13

    Buenas tardes, Julio: Aprovechando que ya hace 2 meses que sacaste este tema de la Era, creo que ahora puedo pasar desapercibido y ser visto por pocos, con lo que me quedo más tranquilo. Hay un diminuto ser que a mí, me encanta, lo veo por todas partes, en los pinares y prados, luego me enteré que “es el dueño del trigal”, y le hice este poema sencillo, creo que se merece entrar en tu esplendido programa dedicado a la Era, al trigal, al pan, creo que la significación es la misma. Espero te guste, y mi iniciativa – que no te sorprende, pues conoces mi “capacidad de intromisión” – sirva para rendir un homenaje a la Abubilla, y para ti, un abrazo.

    Abubilla en el trigal.

    Quiza fueras un mar, o tal vez
    lo seas ya, trigal; profuso mar,
    de espigas verdes, doradas,
    que con la brisa hacen olas
    y con el viento, oleaje.
    Y que el Sol, alumbra ese mar,
    desde lo alto te mira, trigal,
    bajará y bajará, hasta que
    al atardecer a ti,
    te pueda besar, al ras.
    Entre el inmenso trigal, por
    ese anchuroso mar, deambula
    un minúsculo pajarillo ancestral,
    que debió aparecer antes
    incluso que tú, trigal, allá
    la noche de los tiempos o más.
    Solitario, independiente, bonito…
    …Y, cuándo los trigales verdes
    rubios sean, y, de amapolas
    se vistan, aparecerás tú, Abubilla,
    como desde siglos haces.
    Por encima vuelas tú, o quizá nadas,
    Abubilla, en el mar de los trigales:
    Abubilla, como la que vi, cuando
    era niño, y ahora de viejo vuelvo
    a ver, como mis nietos verán
    y mis abuelos vieron, pues
    siempre estás tú allí, Abubilla,
    entre los trigales, trigales que
    más tarde, al hombre darán pan.
    Hombre que te mira, y de
    su asombro no sale al ver lo bella
    que eres, tu presencia lo sorprende,
    pues novedad eres siempre.
    Hermosa vestimenta, Abubilla llevas tú,
    prestancia y color; tus plumas coloreadas,
    pardas y rosadas, tus alas blancas
    listadas sobre fondo negro
    se vuelven alas rayadas, perfectas.
    Y con tu penacho eréctil que
    recuerda a un abanico presto
    a abrirse al Sol, en una mañana
    febril, de un ferragosto sin fin.
    El trigo, será segado y sólo
    las raices quedarán de ti, trigal;
    convertido en tierra arcillosa, seca
    como un secarral, por el que tú,
    Abubilla irás con tu peculiar
    caminar, dando saltos o quizá
    sea volando, o tal vez a
    ras de tierra, ya que tú,
    separarte no quisieras de esa tierra,
    que es tu tierra, más tuya que
    de cualquiera, ¡Abubilla señera!

    Autor: Julio Guzmán Sanchis.

    • septiembre 10, 2011 en 11:28

      Amigo y tocayo:
      Se desprende de tus versos un enorme amor por la Naturaleza y gran capacidad de observación. Me ha gustado ese cierre de poema en el que la abubilla se siente apegada a la tierra, igual que todos sentimos el apego por la nuestra; y es que, en cierto modo, somos un poco abubillas en el canto del breve soplo de la vida.
      Con un abrazo.
      Salud


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