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El perro del hojalatero

                            

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.

Sobre el suelo de tierra del soportal
cada mañana coloca el hojalatero su banqueta,
los remiendos de su traje de pana, la boina a la cabeza
y el cigarrillo amarillento en la comisura de los labios.
Las vigas ennegrecidas sostienen en lo alto
las tablas astilladas e irregulares del techo
y se apoyan en los torcidos
postes de madera
arrancados a los chopos viejos.

Todo es raro equilibrio en blanco y negro.

El humo de la lumbre que sale del portalón
a bocanadas grises
pone un tono ácido al amargo martillar de los remaches;
así,
mientras tapona el estaño la luz en el fondo de las potas
y el culo de las cazuelas
con el constante golpear del martillo en los metales,
el perro del hojalatero permanece tendido y como ausente
al lado de su trabajo,
con la mirada triste y taciturna de sus pequeños ojos,
las orejas caídas, el pelo negro ensortijado y sucio,
estirando el hocico al aire de los sueños
y royendo con el amo el hueso de la vida.

Julio G. Alonso

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16 Responses to “El perro del hojalatero”


  1. 1 sandra garrido
    agosto 19, 2013 en 15:44

    Una mirada en blanco y negro. Como si fuera el oficio mas viejo del mundo como el del poeta. Besos

    • agosto 19, 2013 en 17:37

      La mirada no puede ser más que en blanco y negro ya que en aquellos años la fotografía en color nos era desconocida todavía. En cuanto a ser oficio antiguo, aunque no tanto como el de poeta, hay que admitir que lo fue y que hoy día resulta ya desaparecido al igual que otros muchos como sereno, carbonero, deshollinador, farolero, etc. Los tiempos cambian y sus necesidades también, así que los oficios los siguen.
      Gracias, Sandra, por tu comentario desde el verano agosteño. Con un abrazo.
      Salud.

  2. 3 Eloy J.
    agosto 20, 2013 en 11:09

    Hola Julio, preciosa semblanza; tal cual, en blanco y negro.
    Por cierto ¿te acuerdas de Juanpijón?, Ángel el hojalatero de Pola. Lo reflejas tal como era en tu poema, e incluso el perro era así: lanudo, de ojos pequeños y tapados por el pelo, orejas caídas…,echado en el suelo dormitando, pero siempre mirando hacia él.
    Bonita membranza.
    Un abrazo.
    E.J.

    • agosto 23, 2013 en 10:24

      Amigo Eloy, no recordaba el nombre del hojalatero al que hace alusión el poema, pero no podía olvidar su imagen y el cuadro que componía con su perro en los soportales de la plaza de los nombres, hoy de Cardenal Aguirre, en el espacio que ahora ocupa la Biblioteca Municipal Antonio Gamoneda. Me alegra que lo hayas reconocido y haber andado acertado con la descripción del can. De todos modos, como me has hecho recordar en otro comentario dejado en Facebook, su nombre era el de Argimiro; hombre humilde y buena persona siempre entregado a su trabajo.
      Un abrazo.
      Salud.

  3. agosto 22, 2013 en 17:25

    Hola Julio, hoy tu poema le encantará a Manuel, belleza de homenaje que haces a la profesión de su abuelo hace muuuuuuuucho tiempo, él no tenía perro, tenía un borriquillo.
    Mi abrazotedecisivo recién llegada de unas vacaciones extrañas, muy deseadas pero no muy disfrutadas. Mañana comienza el periplo de médicos y pruebas que me harán, para saber por qué persiste este ligero mareo.
    Un gustazo volver a tu casa…siempre hermosa.
    Mi abrazotedecisivo

    • agosto 23, 2013 en 10:15

      Espero, Sara, que pronto determinen la causa de tus males y te libres de esas preocupaciones. En cuanto al poema y el personaje o los personajes del mismo pues me alegraría que fuera del agrado de Manolo haciéndole recordar una parte de su pasado familiar. Gracias por tu abrazotedecisivo; con estas palabras va otro para ti.
      Salud.

  4. agosto 23, 2013 en 01:44

    Querido Julio:
    Sabor a amor, a costumbre, a recuerdo.
    Amor a la fidelidad extrema, al emblemático ladrido que parece inicio y fin de un poema que se lee entre líneas y nada más.
    Allí, metido entre el enjambre maravilloso de tus palabras, yace el sereno placer de cruzarte con su mirada siempre atenta, seguro que será el compañero perfecto a la hora de decir adiós a la cotidiana vida.
    Siempre, siempre juntos…
    Un abrazo:
    Arturo

    • agosto 23, 2013 en 10:10

      Gracias, Arturo. Esta pequeña historia tiene un trasfondo real, pues los personajes formaron parte de la vida del pueblo de La Pola de Gordón en los años 50 del pasado siglo. Lo demás lo da la vida, como bien sabes. La fidelidad de los perros lo es aun en la pobreza más extrema.
      Con un abrazo.
      Salud.

  5. agosto 23, 2013 en 13:12

    Me gustan estos poemas que traen a la memoria lo antiguo y que al leer te llevan a escenas vividas y reconocibles, lo describes de forma magistral, las fotos entrañables también, recibe mi abrazo.

    • agosto 23, 2013 en 17:22

      Pues no puedo decirte otra cosa que te estoy agradecido por pararte a leer y dejar tus palabras en este poema, Isabel. Las fotos están sacadas de la red, pues no tengo ninguna del hojalatero de La Pola de Gordón al que alude el poema.
      Con un abrazo.
      Salud.

  6. agosto 26, 2013 en 07:42

    Buenas tardes, ¿os ha dicho alguien que vuestro blog puede ser adictivo ? Estoy preocupada, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y estoy muy feliz cuando recibo uno más; sois lo mejor en español, me encanta vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y abrazos, MUCHAS GRACIAS POR VUESTRO TRABAJO, nos alegrais la vida.

    Saludos

    • agosto 29, 2013 en 18:40

      Me alegra tu comentario desde Casa Rural Cruz, un lugar que promete sosiego y buena estancia. Lo de resultar adictivo este cuaderno no me parece que vaya a ser así, pero si lo fuera bien sabemos que se trataría de una adicción benigna, apegada a la cultura, el arte y la poesía; nada, en fin, que requiriese otro tratamiento que el de la lectura. Detrás de las publicaciones sí hay trabajo, pero resulta gratificante cuando se reciben comentarios tan optimistas como el tuyo, Luisa. Gracias a ti.
      Salud.

  7. septiembre 2, 2013 en 17:49

    Describes la escena con tanta maestría que la visualizo como si estuvieras allí dentro
    Un abrazo

    • septiembre 3, 2013 en 17:44

      Muy amable, Rubén. Esta escena la presencié numerosas veces siendo un guaje. Mi madre me enviaba de vez en cuando para reparar alguna pota y la curiosidad siempre me pudo. Era un hombre que vivía solo con su mujer y su perro, muy pobres cuando todos éramos pobres, y muy buena gente cuando no todo el mundo era buena gente. Cosas de pueblos.
      Salud.

  8. 15 FLORY
    septiembre 14, 2013 en 21:00

    Buenas noches , primo Julio, qué idea tan fantástica recordar estos oficios perdidos ,

    y hacerlo así de bien . ¡¡¡ Felicidades .!!! .

    Con un abrazo .

    • septiembre 15, 2013 en 16:52

      Son oficios que desaparecieron ya, pero que formaron parte de nuestra infancia, que nos ayudaron a vivir mejor, o a vivir más dignamente, y que siempre tendrán un espacio en nuestra memoria. Un abrazo y todas las gracias del mundo, Flory.
      Salud.


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