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El grito en el cielo.- La Zaranda

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El grito en el cielo

La Zaranda.- Teatro Inestable de Andalucía La Baja

Texto e Iluminación: Eusebio Calonge
Espacio escénico y Dirección: Paco de la Zaranda
Cuadro escénico: Celia Bermejo, Iosune Onraita, Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez

Teatro Barakaldo.- 24 de enero de 2015

La fórmula completa de La Zaranda para conseguir obras dramáticas de tanta calidad no la sabemos; apuntan, sin embargo, la capacidad de trabajo, el análisis riguroso de los recovecos de la sociedad, el sarcasmo, la consolidación de un elenco teatral de altísimo nivel y la puesta en escena de trabajos sólidos, emotivos y capaces de empujarnos a la reflexión.

El grito en el cielo, es una inmersión en el alma de la vejez, la soledad de los viejos recluídos en asilos llamados eufemísticamente residencias o geriátricos. La percepción que los ancianos tienen de su destino es el de estar apartados de la sociedad esperando la muerte, una espera en la que son atiborrados de medicamentos para todo y contra todo –menos contra la soledad y la implacable irreversibilidad de la naturaleza- que alargan su condena llenándoles de angustia, el propio miedo de su situación, alteraciones y pérdida de la memoria y otras sevicias de la edad, a lo que se suma el miedo a la institución de acogida, la organización médica y los familiares.

La toma de conciencia por parte de los ancianos de su situación, aun dentro de sus limitaciones, les lleva a confesar que realmente no temen la muerte, sino que los maten. Para ello, nada más absurdo que someterlos a programas físicos, pedagógicos, psicológicos y culturales dirigidos al mantenimiento de la forma física, la memoria, la ilusión y el bienestar. Resulta patético. Nada de cuanto se les ofrece y se les obliga a realizar sintoniza con sus necesidades, preocupaciones y capacidades. En cierto modo podría establecerse un paralelismo entre estos programas orientados a la vejez y los programas del sistema educativo destinados a la infancia y la formación de la juventud. Casi nada de lo ofrecido resulta ser significativo, ni para los viejos, ni para los niños. En un caso, hablaremos de fracaso escolar; en el otro, de fracaso de la vejez. Quizás alguien sugiera la idea del fracaso del sistema. Pero no hay que equivocarse; el sistema funciona bien para conseguir lo que  se espera de él: que ciertos tipos de población no molesten y se mantengan sumisos. Lo demás, suena a hipocresía.

La tarde de teatro se llena de la magia desbordante de una interpretación magnífica a la que arropan elementos tan esenciales y bien manejados como la iluminación, el movimiento escénico y la música, que en los acordes de Wagner se impone sobre la atmósfera creada, realzando cada escena y cada gesto de los actores para imprimir mayor dramatismo a la fuerza de la palabra. Cuando, en medio del caos, los ancianos deciden huir a través de los estrechos corredores que les llevan a los hornos crematorios, la poesía se apodera de los actos de estas personas decididas a conquistar su derecho a soñar y reconquistar su libertad. La escena final resulta ser extraordinaria. Han llegado a descubrir el agua de la fuente sobre la que se derraman las estrellas; alzados sobre sus jaulas terminan sus días mirando extasiados el cielo. Han llegado.

González Alonso

****.

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6 Responses to “El grito en el cielo.- La Zaranda”


  1. enero 27, 2015 en 19:49

    buen apunte y reseña sobre esta obra dejas Julio
    gracias por compartirla
    y gracias por tu huella en un poema del 2007

    acá es tiempo de teatro también ,
    el verano se viven muchas obras y festivales a lo largo de chilito lindo 😀
    me he perdido de muchas por cuestiones familiares
    en fin ya habrá tiempo para ello

    abrazos gorditos

    • enero 27, 2015 en 20:12

      Me encanta el teatro, como es de ver por la actividad en Lucernarios. En mi estancia en Chile no tuve ocasión de presenciar ninguna obra teatral, pero lo cierto es que la estancia en Santiago fue breve, que es donde -imagino- habrá mayor actividad de este tipo, y en Valparaíso nos dedicamos a disfrutar la calle y el arte en las calles. El resto fue una borrachera increíble de naturaleza, paisajes espectaculares, volcanes, lagos, cascadas, bosques, desiertos… ¡una maravilla! Pero… tendré que volver para satisfacer otras curiosidades, entre ellas ésta del teatro.
      Con un abrazo.
      Salud.

  2. enero 29, 2015 en 17:23

    Me ha encantado leerte, Julio. Tu crítica me ha parecido acertadísima. No conozco los programas orientados a la vejez, aunque los imagino, pero en toda mi vida dedicada a la enseñanza, nunca estuve de acuerdo con los programas del sistema educativo, de los que habría mucho para hablar…

    Por otro lado, adoro el teatro, una de mis aficiones predilectas. Preparé, siempre que pude, obras con los chicos de la escuela y después de mi jubilación, participé en talleres. Actualmente, y a pesar de ser “tan mayor” participo en una obra. Ya ves

    Un abrazo

    • enero 29, 2015 en 18:57

      Amiga Soco, compartimos -al menos- tres cosas: la jubilación, la dedicación a la Enseñanza y la pasión por el teatro.

      Bien, de la jubilación lo único que puedo decir es que me parece una oportunidad; de mi trabajo en la Enseñanza, que fue feliz, entregado y generoso por parte de todos mis alumnos que me regalaron tanta vida; del teatro, que lo practiqué en los años más jóvenes. Dirigí grupos, creé y ayudé a crear otros, interpreté y participé por poco tiempo en las aventuras de Los Cátaros que dirigía Alberto Miralles en Barcelona, lamentablemente fallecido. Del teatro me queda -como puedes observar- una gran afición que hace que no me pierda lo que tengo a tiro aquí, en Barakaldo, y que me guste acudir a los festivales de Almagro en el verano y ocasionalmente al teatro de Mérida.

      Ha sido un placer. Me alegra que estés tomando parte en el montaje de una obra. ¿Se puede saber título, autor y lugar de -imagino- futura representación? No es seguro, pero la tentación de veros es grande.

      Con un abrazo. Salud.

  3. febrero 23, 2015 en 19:39

    … ah Dios mío, apoyando el tema teatral de fondo de La Zaranda, del que dejas una nota admirable y maravillosa, y a pesar de que creo que ya lo has visto, permíteme (por una vez, Julio, amigo) adjuntar aquí el siguiente poemita de Orión:

    VIEJOS

    ¡ … tanto y tanto pueden ser maltratados y torturados los viejos,
    tanto y tanto !
    un viejo es animal cansado que escruta entre terrores cada paso, cada ruido y voz,
    cada estrépito del mundo;
    [¿ habéis visto sus ojos…?]
    … porque un viejo puede ser humillado, impunemente reprimido, empujado y golpeado sin piedad,
    derribado y escupido incluso;
    puede asimismo ser preso, o recluido, cerrársele las puertas
    y serle administrada la comida atrasada
    de los perros;
    … a menudo, un viejo es sólo un bol de huesos, un muladar o pestilencia,
    un tedio a combatir, 70, 80 o 100 años sin voz, sin canción ni luz,
    lo que fue, un olvido;
    ¡ … tanto y tanto, digo, pueden ser maltratados y torturados los viejos,
    tanto y tanto !
    … frente a un viejo, se instruyen y derrotan los valientes.

    • febrero 23, 2015 en 21:25

      un viejo es animal cansado que escruta entre terrores cada paso, cada ruido y voz,
      cada estrépito del mundo

      Qué precisión. Cómo duele esta realidad que nos revelas, Antonio. Con un abrazo.
      Salud.


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