Archivo por meses: julio 2025
La herida
LA HERIDA
El tiempo emerge de tu herida vivo,
don Quijote del Mundo, y Sancho Panza
seguirá la aventura de tu andanza
como fiel escudero compasivo.
No se rindió tu aliento combativo
ante el mago Frestón en su mudanza
ni cediste ni un punto en la templanza
de un amor singular contemplativo.
Ejemplo de entereza en las desgracias
y humilde en las victorias siempre fuiste
como admirables fueron tus audacias.
No será necesario de tus gracias
hacer loas si el siglo que sufriste
fue dueño de injusticias y falacias.
González Alonso
*Sobre el dibujo a lápiz de Santiago Fernández. amigo y matemático
Despedida
Marianela.- Benito Pérez Galdós
En el Quijote, la muerte de la ilusión del caballero andante y la cura de su ceguera para ver la realidad, acaba con la vida de don Quijote de la Mancha y su alter ego, Alonso Quijano el Bueno, enfrentado a la oscura y externa realidad una vez perdida la luz de su realidad interior. La desilusión que mató a don Quijote es la misma que acabará con la vida de Marianela, el personaje de Benito Pérez Galdós.
La novela de Galdós, de un dramatismo naturalista muy acusado, con diálogos en los que los personajes transitan de lo espontáneo, natural e incluso pueril, a lo profundo de los pensamientos y hondos sentimientos, es mucho más que la historia de amor de una muchacha como Marianela, pobre, huérfana, fea y desamparada, y de Pablo, joven rico, guapo y ciego a quien servía de lazarillo. El amor del ciego siente la belleza del alma desnuda y primitiva de Marianela. Marianela siente, a su vez, el amor del joven Pablo que la eleva con su trato a la categoría humana de persona que la vida le tenía negada.
Pero la recuperación de la vista trastocará los sentimientos del joven y la apreciación de la belleza exterior que no tiene nada que ver en la mayoría de las ocasiones con la interior, por lo que se romperá el mundo ideal de Marianela. Todo lo que era posible en la oscuridad de la ceguera ya es imposible ante la realidad revelada por la luz. En la novela cervantina es don Quijote el que muere al recuperar la luz de la razón; en la de Galdós, la víctima será la encarnación que de Dulcinea hace el ciego en la persona de Marianela.
La capacidad descriptiva del autor canario, en la que menudean los detalles paisajísticos y naturales, convierte al mismo paisaje y la misma naturaleza en un personaje más de la novela. Las minas, las montañas, los arroyos, la vegetación, cobran la misma vida que los hombres, mujeres, viejos y niños que pueblan y habitan estos ámbitos, mimetizados con ellos. Se vive un apasionado discurso a favor del progreso y la igualdad de oportunidades a través de la denuncia de las formas de vida precarias y miserables de la clase obrera y campesina, desposeídos de toda oportunidad de formación y progreso, condenados –como dice Galdós- “a ser piedra” y vivir como animales y los instintos de supervivencia de los animales. En frente encontramos las clases acomodadas y burguesas, hechas a sí mismas con duro esfuerzo y con cierta conciencia social ejercida a través de actos caritativos o de la ayuda directa al necesitado más cercano dejando entrever formulaciones de solidaridad y reivindicación de una justicia social e igualdad que enlazan con las primeras ideas socialistas, comunistas o incluso anarquistas. También entre los desheredados surge alguna rebeldía contra el estado de cosas que los mantiene en la miseria y la esclavitud para escapar a su destino y progresar tomando como ejemplos a los personajes cercanos que han conseguido progresar material y culturalmente, como el médico que cura la ceguera de Pablo o el hermano del mismo, el ingeniero que dirige el trabajo de las minas. Sigue leyendo
El Quijote de Avellaneda
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
Alonso Fernández de Avellaneda
Colección Clásicos de Biblioteca Nueva
Madrid.-Segunda edición, mayo de 2005
“Malo es todo aquello que para el fin deseado vale poco” (El Quijote de Avellaneda, cap. XVII)
Si hacemos buena la cita de la entradilla, podemos dar por terminado este artículo. Pero sin hacerla mala, la novela apócrifa El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Alonso Fernández de Avellaneda, sólo por el hecho de haber sido escrita al calor del Quijote de Cervantes merece, cuanto menos, nuestra atención y, sin duda, nuestro respeto.
Una vez concluida la lectura de este Quijote, y aún mucho antes, tuve la certeza de que, de haber sido éstas las aventuras dadas a conocer en primer lugar del hidalgo manchego, habrían pasado, aventuras y caballero, sin mayor pena ni gloria por el mundo.
Pero la lectura de este Quijote de Avellaneda es muy recomendable. La edición de Luis Gómez Canseco es extraordinaria, seria, rigurosa y bien documentada con el estudio en profundidad de los recursos que
Avellaneda utilizó y desarrolló a lo largo de su obra. Otro aspecto interesante de esta edición es la profusión de notas y datos que permiten aventurar con garantía la identidad del autor que se esconde tras Alonso Fernández de Avellaneda. Partiendo de la imposibilidad a día de hoy de una demostración categórica, yo no tengo escrúpulos en dar por descartada y por cierta la autoría de Lope de Vega. No sólo las circunstancias conocidas de las difíciles relaciones entre éste y Miguel de Cervantes, sino todas y cada una de las pistas dejadas por Avellaneda, referencias, estilo, fraseo, citas y lo escrito en el prólogo con las alusiones al Santo Oficio del que formaba parte, además de los elogiosos párrafos dedicados sin pudor al teatro de Lope de Vega, nos inclina a pensar que así fue.
Profunda tuvo que ser la enemistad y largo el rencor para lanzarse a escribir un tomo de treinta y seis largos capítulos usurpando la obra de Miguel de Cervantes. El éxito de las comedias de Lope de Vega, que arrinconó en la marginalidad al teatro de Cervantes, no debió parecerle suficiente al intentar relegarlo también en el género novelístico con esta segunda parte de un Quijote que había empezado a medrar y conseguir reconocimientos en la primera de Miguel de Cervantes.
¿Pero qué encontramos y qué no encontramos en esta novela presentada por Avellaneda? En primer lugar, y no es poca cosa, vemos desaparecer de la novela a Dulcinea del Toboso. El Caballero de la Triste Figura se convierte en el Caballero Desamorado, negando y rechazando el amor de Dulcinea.
La desaparición de Dulcinea es un cañonazo en toda la línea de flotación de la novela. El personaje de don Quijote, alter ego de Alonso Quijano, existe en la obra de Cervantes por la existencia de la dama de sus sueños; sin Dulcinea del Toboso, alter ego de Aldonza Lorenzo, el personaje de don Quijote se resquebraja y sus actuaciones dejan de ser creíbles para percibirse como novelescas y sobreactuadas, con reacciones desmesuradas, violentas y de una agresividad gratuita que produce rechazo. El personaje se deshumaniza. Las respuestas a cualquier crítica o comentario siempre serán iguales por parte del ingenioso hidalgo: la exaltación de la caballería andante y su identificación con los diferentes caballeros de las distintas novelas de caballería y sus métodos de actuación. La novela se encasquilla y no avanza. El discurso de don Quijote se hace monotemático y resulta ser más militarista que caballeresco. Sigue leyendo


